
Según Decreto del 8 de Enero de 1904 el Gobernador de la Provincia Don Pedro Barraza designa Intendente Municipal a Andrés Figueroa. La Municipalidad de la Capital comenzó su gobierno en forma independiente el 1 de Abril de 1904.

"El arte no es un espejo para reflejar la realidad, sino un martillo para darle forma." - Beretolt Brecht -


Publicado en FBK por Fernando Ramiro Godoy
Esta historia comienza con la llegada de don José Heliberto Vignolo, boticario que llegó a Santiago a principios de SXX. En 1907, inauguró Farmacia Nacional", ubicada en Bs.As y Avellaneda, donde estaba la calesita de Mario Maffini. Al año, se traslado al domicilio de Avellaneda 312, donde se estuvo instalada hasta su desaparición. Don José, se casó con Ángela Juárez Prados, con quien tuvieron dos hijas, Juana Hermelinda y Lubina.
Durante el gobierno de
Perón, cambia el nombre por Farmacia Argentina, debido a que todo lo que
llevaba el nombre de nacional, debía pertenecer al Estado. (Según la fuente).
Es en este lugar donde
Vignolo, preparaba con su mortero, su balanza, sus medidas, sus ampollitas los
remedios que recetaban los médicos.
Aquí podían encontrar miel
rosada para los fogajes, jarabe de achicoria para la tos, alcohol alcanforado
para los dolores musculares, aceite de almendras dulces para la sequedad del
cabello, zarzaparrilla, oleo calcáreo, tintura de yodo, agua de rosas, agua de
alibur para los granos y el ungüento de soldado, para la pediculosis entre
tantas otras pócimas.
Eran otras épocas de un
Santiago, con pocas calles empedradas. Fuente: Nuevo Diario. Texto: Juan Manuel
Aragón.
Por Arq. Roberto R. Delgado
De los diversos legados que tenemos para conocer e interpretar la Historia, los elementos arquitectónicos son documentos de fundamental importancia.
Entendamos como Arquitectura
no la simple construcción de algo, sino la organización de un espacio destinado
at habitar. Puede ser un techo protector, una pared o una senda que permite
comunicación entre los hombres.
El espacio para habitar
involucra todas sus consecuencias: arraigo, costumbre y tradición, religión,
cobijo, hogar, etc.
Así como marcamos un rastro
al caminar modificando el suelo natural, el habitar produce alteraciones en el
contexto, sea, por incorporación de elementos extraños o adaptación al mismo.
Esta posibilidad la logramos mediante una técnica que nos acercará al hecho de
la Arquitectura.
Esta técnica no surge del
abstracto, posee una subordinación al medio ambiente, por ser el que nos
facilitará la materia prima y por consiguiente el tipo de herramienta para su
manufactura. Para comprender esta expresión imaginémonos con qué elementos
construye su hábitat el hombre de la montaña, bosque, río, hielo o desierto.
Fuente: Santiago del Estero.
Recorrido por una ciudad Histórica
Por Arq. Roberto R. Delgado
Desde siglos la Arquitectura de Santiago del Estero se hizo de barro: en crudo (adobe) o cocido (ladrillo). A pesar de la nobleza de estos materiales al dejarlos en abandono se descomponen y vuelven a su estado original: tierra. Tierra que está presente en la trágica historia de Santiago del Estero en su lucha por ser y permanecer.
Si bien toda Arquitectura,
como construcción tiene por misión resguardar al hombre y sus manifestaciones,
en Santiago su Arquitectura fue el Paisaje, la Naturaleza.
"Vivir en el paisaje
santiagueño es entregarse a él, es dejar de ser, es ser el paisaje". (Di
Lullo).
No existen construcciones
que puedan testimoniar épocas de esplendor o no; ejemplos para establecer una
cronología y justificar tantas historias narradas. Nada, sólo el hombre con sus
leyendas.
¿Sería que el santiagueño no
tuvo tiempo?.
¿Acaso le cambiaron sus
tintas del ornato en cerámica y tejidos por armas haciéndolo guerrero, o le
dieron el hacha haciéndolo hachero?
Nota relacionada:
Fuente: Santiago del Estero.
Recorrido por una ciudad Histórica
Por Arq. Roberto R. Delgado
El hombre para poder vivir en comunidad crea una "Segunda Naturaleza": la Ciudad.
La ciudad de Santiago del
Estero tuvo varios intentos de nacimiento hasta que quedó localizada
estratégicamente en un bajo de llanura, lamida por las aguas de un caudaloso
río. Una llanura definida por accidentes del suelo y una caprichosa curva del
río, huaico hondo (Depresión Pronunciada), que juntaba flora y fauna cuando se
retiraban las aguas y dejaban al alcance de la mano lo necesario para la vida:
alimento y cobijo. Todas la ciudades fundadas en la época de la conquista
española respondían a un trazado dictado en las Leyes de Indias, por Felipe II
Rey de España, en 1573.
Santiago del Estero fue
fundada 20 años antes, ¿qué patrón de trazado la definió?.
Una ciudad sin casas, sin
calles, no es nada. La única razón atendible para comprender el asentamiento de
esta ciudad, es la posibilidad de riego aprovechando la curva del río, la
pendiente natural y el escaso esfuerzo para lograrlo tanto en su toma como en
su recorrido.
Los primeros Padres Jesuitas
que se radicaron en ella, que de esto sabían mucho, usaron el principio básico
que a todo suelo además de regarlo hay que drenarlo, por ello hicieron la
famosa Acequia Real (la desaparecida Acequia Bel- grano), en 1577. Hacia el
este regaban, del oeste drenaban, generando un sistema de terrazas! Con
posterioridad otras acequias complementarían el complejo hídrico.
Este fue el fundamento de la
ciudad de Santiago del Este- ro, una supercuadrícula irregular originada por el
serpenteo de las acequias y no la traza ortogonal, "a tiro de cañón",
que establecía las Leyes de Indias.
Poco se puede decir de cómo
era la arquitectura y construcciones de entonces implantadas dentro de esa
cuadrícula, no quedaron vestigios materiales y los documentos escritos son
escasos, contrapuestos y de relativa validez para el tema que nos ocupa. Se
supone que el asentamiento fue precario pues durante dos centurias la ciudad
fue azotada por inundaciones que arrasaron casi la totalidad de lo plantado
(años 1628, 1663, 1670, 1723, 1730), además de varios intentos de levantarla
para trasladarla a otros parajes, como sucedió en 1606 cuando el capitán Gaspar
Doncel reclutó gran parte de los vecinos y los llevó a reedificar, lo que más
tarde sería el pueblo de "San Juan Bautista de la Ribera de Londres"
(Catamarca).
En 1570 había una Iglesia a
cargo de los Mercedarios que fue erigida Catedral por Bula del Papa Pío V.
Mucho antes había una ermita bajo la advocación de los Mártires de San Sebastián
y San Fabián que era centro de oración y culto.(1554).
La Iglesia matriz o catedral
debió estar frente a la plaza principal. ¿Dónde estaba la plaza principal?. En
1583 Bartolomé de Mansilla confirma en escritura pública que el terreno del
convento y Escuela de la Orden de San Francisco estaba frente a la plaza.
¿Había más de una?. La ciudad se componía de no más de medio centenar de casas
ocupadas por 66 vecinos principales.
Por dos Centurias, a partir
del primer asentamiento, la ciudad se caracterizó por períodos de conquista,
pero fluctuante, sujetos a la decisión de los Gobernadores que se sucedieron
vertiginosamente, planteándose discrepancias entre el poder civil y el
religioso, poblándose y despoblándose continuamente. Es el período de la
creación de la primera diócesis, de la primera Universidad en esta región, de
un Hospital, Seminario, etc., todos ellos de vida efímera.
Nota relacionada:
Fuente: Santiago del Estero.
Recorrido por una ciudad Histórica
Por Arq. Roberto R. Delgado
A comienzos del 1600 ya
existían 3 conventos: San Francisco, el de la Compañía de Jesús (hoy Santo
Domingo) y La Merced, cuyas construcciones eran, probablemente, de poca
envergadura. La escasa población que habitaba la ciudad atravesó el momento más
difícil desde su definitivo asentamiento; casi abandonada, pobrísima y con unos
pocos clérigos harapientos. El Gobernador don Alonso de Rivera, enfermo; principales
vecinos cometiendo abusos con los indios, a quienes, por defenderlos, los
jesuitas fueron obligados a abandonar la ciudad. Fueron momentos de extrema
miseria.
Cuando un crudo invierno
parecía el encargado de mar- chitar los pocos vestigios de vida, con los soles
de la prima- vera de 1611 volvieron los jesuitas, también nuevos clérigos,
nuevo Gobernador y comenzó un período más estable calificado como de verdadero
asentamiento de evangelización y cultura. La ciudad tuvo otras aspiraciones. Un
orden más preciso en el parcelamiento de la tierra, un nuevo trazado, su
aspecto era el de un villorrio rodeado de chacras, casas de tres patios, casas
"patriarcales", insinuando ya el posterior período de la colonia, el
comercio habría de tener una importante actividad por la calidad de sus
productos y por las pequeñas industrias (viñedos, ingenios, olivares.).
A fines del siglo XVII
asediaban la región santiagueña los bravos indios del Bermejo y del Gran Chaco,
que viniendo desde el norte y el este llegaba hasta las cercanías de la ciudad.
El siglo XVIII traería malos
augurios, migraciones de familias más al sur, total pesimismo, falta de
autoridad civil y religiosa. Poco a poco la ciudad se fue destruyendo, lo único
importante era la Catedral con dos torres que despertó la admiración de un
recién llegado: el gobernador Esteban de Urizar y Arespacochaga, en 1707.
Los gobernadores se
sucedieron como "hojas de almanaque" pasando la ciudad a pertenecer a
Salta y a Tucumán alternativamente, dejando de ser Gobernación. Santiago del
Estero iba muriendo. Para colmo de males los tesoneros
"constructores" de la Compañía de Jesús, los jesuitas, fueron expulsados
y deportados en 1767.
A los comercios, alguna
plaza, calles, la naturaleza las irá tapando; alguna que otra casa quedará como
testigo junto a sus moradores. Los sacerdotes trataron de conservar los escombros
de sus templos. Desolación y miedo. La ciudad fue varias veces saqueada y
abandonada a partir de 1790.
Quedaron únicamente 76
propiedades de dimensiones va- riadas a lo largo de la Acequia Real (Avenida
Belgrano), 11 pertenecían a las Órdenes Religiosas; 12 que no registraban
dueños; 1 a Solar de Curaciones (Hospital y Asilo) y el resto propiedad de
gentiles que alternaban su residencia con otros centros poblados: licenciado
Thomas de Figueroa; los sucesores de Bravo de Zamora; Antonio Arias; Capitán
Antonio del Campo, etc.
Una calle quedaría como
principal: la que une los conventos de Santo Domingo y La Merced.
A pesar de todo Santiago del
Estero y su ciudad Madre de Ciudades, durante los siglos XVI y XVII fue un
verdadero hito para Hispanoamérica, fue centro y partida de lo que hoy es la Argentina.
Mientras se gestaba algo, Santiago ya había sido.
¿Dónde estaba el Santiago del esplendor? ¿Dónde estaba "La Muy Noble y Leal Ciudad", "La Tierra de Promisión" de la que tanto se habló en los siglos precedentes? Estaba en otro sitio, porque la ciudad fue paso; paso de gobernadores, de clérigos, de expediciones, de plagas, aguas, etc.
Nota relacionada: LAS ESTANCIAS. LAS SALAS
Fuente: Santiago del Estero.
Recorrido por una ciudad Histórica
Por Arq. Roberto R. Delgado
Sí, Santiago y el santiagueño se formaba en otro lado. Fue pasando de la pubertad a la madurez sobre los antiguos asentamientos indígenas, junto a los dos ríos que cruzan la provincia el Dulce y el Salado (Mishky Mayu y Cachi Mayu en quichua).
Los dos ríos tienen características
particulares y distintas, se dijo que Santiago "es ser el paisaje".
Estos ríos definieron el carácter del santiagueño. El Dulce es el clásico río
de llanura, cuando no es período de lluvia casi desaparece Una extensa playa
indica que por ahí pasa agua, nada más, algún albardón (montículo) cada tanto,
indicará la entrada de la "zanja" o cañadón que terminará en una
laguna o bañado. Estas zanjas y bañados son durante la mayor parte del año de
un "verdor" increíble, hasta flores silvestres, que lo hacen
verdaderas praderas de pastoreo. Cuando llega el verano, con las lluvias, es
otra cosa, el bramido del gran caudal espantará al más porfiado, se verá pasar
dentro de los turbios remolinos, añosos árboles como si fueran de papel. La prudencia
aconseja retirarse para los "altos". Cambia constantemente su cauce,
una vez azota a la derecha otra a la izquierda, recorriendo una variada geografía:
entre cañadas, saladillos y montes fundamentalmente de maderas blandas: talas,
seibos, anckochis, etc.
El Salado, un río angosto,
profundo, de orillas arcillosas, surca en su mayor parte por un bosque agreste.
En períodos de creciente forma laberintos de enredaderas y plantas pará- sitas.
Al igual que el Dulce cuando las aguas se retiran en época de poca lluvia, las
márgenes son ideales para el cultivo y el pastoreo.
Veremos al santiagueño que
no es ajeno a la influencia de estos ríos: el Dulceño, manso, altivo, de mirada
lejana, de un andar casi elegante y de modales de un "bien portao".
El otro, el Shalako (de la orilla del Salado) un poco "retacón" de
tanto andar agachado por los montes. Dirán, ladino, pero valiente como el
tigre.
Durante la conquista se
establecieron las Encomiendas, botines de guerra que adquirían capitanes y
caballeros por sus servicios a la corona, donde el dueño o
"encomendero". Cometía las injusticias más graves a indígenas o
encomendados; ante tamaña barbarie los jesuitas crearán las "reducciones"
con el propósito de redimirlos. Ambas desaparecieron con el tiempo por razones
diversas.
A fines del siglo XVI se
fueron formando las Estancias que de alguna manera suplieron la función de los
anteriores, pero con la particularidad de gran familia, donde había un
protector y protegidos, donde todo sistema feudal no existia, Era una perfecta
unidad económica auto sustentada, un pueblo disperso, auto protegido e
independiente. Al protector se lo llamó "patrón".
Las estancias se ubicaron
próximas a los dos ríos. El Dulce y el Salado se constituyeron en los mejores
vecinos de estas verdaderas colonias,
Las del Salado, no menos de
400 a lo largo de la costa, poseían como avanzada defensiva fortines:
Inquiliguala, Calarax, Chincho, Lasco, Higuerillas. De renombre en esos lares,
eran las estancias de los descendientes de Pedro Díaz de Figueroa, Juan de
Figueroa y Figueroa de Mendoza. Con el tiempo fueron famosas las de don Leandro
Taboada y la de don Felipe Matias Ibarra y doña María Antonia de la Paz y
Figueroa (progenitores del brigadier Felipe Ibarra).
Similar cantidad había a lo
largo del Dulce, desde Tomagasta (hoy Tuama) al sur. Las más importantes pertenecían
a los sucesores de Francisco de Avendaño y Valdivia y de don Bartolomé
Hernández.
Ese era el verdadero
Santiago donde se consolidaba una nueva cultura y el quichua era lengua
corriente. Leyendas, danzas y música contarán y cantarán al variado paisaje, de
allí saldrá el ganado y la tropa de caballos para los Ejércitos de la
Independencia, serán esos los montes de pastura para las mulas del Potosi,
La Estancia es "un
vasto taller donde se organizaron todas las industrias al amparo generador de
la riqueza agrícola y pastoral, que proveía de cueros, de lanas, de leche, de
carnes, de granos, de algodón y de frutas, en digna competencia con la
naturaleza inmensamente pródiga de maderas, de cera, de miel, de aves, peces y
otros animales de la selva (Orestes Di Lullo).
Otro establecimiento similar
a la Estancia era la Sala, construcción que se destacaba en un establecimiento
cuya actividad principal era la cría de ganado. I
Estaban retiradas de los ríos,
por lo que necesitaba otro tipo de infraestructura: represas, corrales,
depósito de forrajes, etc. Las salas se ubicaron en el sector oeste de la
provincia y su data se remonta a fines del siglo XVIII. Era una construcción de
envergadura, de predominio longitudinal y techo a dos aguas en la mayoría de
los casos. Altas paredes perimetrales de adobe sin aberturas salvo en el frente
y contrafrente. Se componian de un gran salón, por eso el nombre de Sala, con
un local en ambos extremos destinado a dormitorio o escritorio. Las más
renombradas fueron las de las familias Montenegro, Beltrán, Barrionuevo, Gómez
y Gómez e Infantes.
Desde el punto de vista
técnico, las construcciones de las Estancias tenían una estructura
independiente de troncos de madera (quebrachos colorado y blanco) que soportaba
un entramado de techo también de madera, formando una empalizada cubierta de
barro a manera de revoque. La construcción de la Sala era distinta, sobre una
plataforma sobreelevada se levantaban muros de adobe o ladrillos que portaban
el techo. Sólo el interior de los muros eran revoca- dos con barro o mezcla con
cal.
El santiagueño de antaño
supo gustar de las cosas coloreadas en todo lo que es intimo y de mucho afecto:
las prendas de vestir; su cobija para dormir así como los aperos de sus caballos;
los utensilios de comer, tinajas para agua, urnas funerarias, etc.. Debido a
ello conoció el arte de extraer y preparar colores de las plantas de su
entorno. Obtenía la gama de amarillos del chañar, aguaribay, balda, amor seco,
molle, etc. Los rojos de las pencas, piquillin, flor de verdolaga, sauce, etc.
Los blancos y grises de la algarroba de tusca, púnua, atamisqui, etc. El negro
del algarrobo blanco, churqui, mistol, etc. Del quebracho colorado el color
plomo y rojo moreno. De los liquenes, el crema.
El color café, del tala. De
los gajos de la jarilla el verde y así muchos otros colores "para según la
ocasión".
De la observación de taperas
y antiguas construcciones derruidas del interior de la provincia, hace presumir
que en las edificaciones de las Salas y las Estancias, los muros perimetrales
tanto exteriores como interiores, eran pintados perdiéndose con el tiempo, o
bien, porque el "extranjero" que se radicó en estas tierras usó los
colores claros del Mediterráneo. Por imitación quizás, el santiagueño los
adoptó. También esto se puede constatar en el uso del color rosado en el
periodo colonial, obtenido de secar la sangre de tore, hidratarla con orina
como mordiente y espesarla con aguas a la cal o arcillas tamizadas,
procedimiento atípicos en esta zona.
¿Por qué la importancia de
estas construcciones?. Porque permitió una evolución inmediata de los hogares
arcaicos creando el origen de nuestra vivienda autóctona: el rancho. Producto
cultural de estos lugares hecho con elementos de un contexto donde quien lo
realiza se adapta fisiológica y tecnológicamente a esa realidad. Además esta
tecnología fue transferida a las primitivas construcciones de la ciudad, que
basta un poco de imaginación para suponer cual era la imagen de la urbe de
entonces.
Nota relacionada: LAS SALAS EN LA CIUDAD
Fuente: Santiago del Estero.
Recorrido por una ciudad Histórica
Por Arq. Roberto R. Delgado
La morfología de las Salas se consolidó en la ciudad incipiente, localizándose en su periferia; eran en cierta medida prolongaciones de estos establecimientos, cumplían la función de barracas, depósitos, abrevadero de animales, reparación de carruajes, etc... Desde que se tiene memoria cuatro marcaron el límite a la ciudad en 1810. Dispuestas en línea recta, eje norte-sur en los fondos de las propiedades que daban a la Acequia Real, eran llegada de los caminos que los vinculaban con la región alta o del oeste: Pampa Muyoj, Remes, Tunas Puncu, Puñunita, Guampacha, Tajamar, San Be- nito, etc.
Para dar idea actual de su
localización, la primera se ubica en la intersección de las calles Alsina y
Colón; la segunda en Pedro León Gallo y Colón; la tercera en Sáenz Peña y Colón
y la cuarta en Formosa y Colón.
Lugares y asentamientos que,
con el tiempo, variarían sus destinos, por ejemplo: la segunda pasar a ser el
polvorín de la ciudad; la tercera terminal de un camino, hoy calle Islas
Malvinas, que llegaba de Remes.
Otro límite de esa época era
marcado por un abrevadero en una hondonada donde terminaba el camino que
vinculaba con el sector sur de la ciudad, hoy plaza Independencia, éste venía
de separarse de la Acequia Real, hacia una diagonal rumbo norte-este, (hoy
calle Arturo Illia), bordeaba una plantación de moras y frutales, sector, hoy,
del Hogar Escuela, para concluir en el mencionado que después fue Plaza de
Armas.
Nota relacionada: ÉPOCA COLONIAL
Fuente: Santiago del Estero. Recorrido por una ciudad Histórica
Por Arq. Roberto R. Delgado
El comienzo del siglo XIX mostró una ciudad habitada por sirvientes. Los "señoritos" apenas pernoctaban unos días para controlar sus bienes.
Estos "ciudadanos"
se ocuparon más de las intrigas y acontecimientos de Tucumán, Córdoba y Buenos
Aires. Se copiaban estilos de vida, modales, se buscaba el acomodo dentro de la
seudo dirigencia que pretendió conducir los destinos de una nueva Nación.
Pasaban de un bando a otro según la conveniencia. Es la época de la Colonia, de
balcones con rejas, de fachadas. Otra calle, la actual 24 de Setiembre, paralela
a la Acequia Real, insinuó un nuevo perfil urbano, unir el templo de la Merced
con el predio de la Catedral. Al frente, de orientación este de la Catedral,
una gran explana- da servía de patio público (hoy Plaza Libertad) de donde
partía un senda en comunicación con el convento San Fran- cisco.
Comenzó a insinuarse una
cuadrícula regular, algunos documentos nos dicen de la ubicación del
Ayuntamiento en el frente norte del patio público contiguo a unos comercios; el
nuevo Cabildo orientó su fachada hacia esta nueva plaza, en 1808. Hasta ese
entonces, las autoridades atendían en sus respectivos domicilios. Sobre las
calles principales se agrupaban casas con frente, como queriendo limitar el
espacio público del privado, característica urbana que fue dando un estilo más
completo a las construcciones importadas de las Estancias y Salas. Algunas veredas
remataban en "palos" con argollas a manera de palenques; insinuando
esquinas, un frente se "quebraba" en dos, ochavado, modo argentino,
boliviano y centro americano de rematar una esquina. Como es época de
imitación, estas construcciones de esquinas en su concepto, fueron
transportadas a las poblaciones del interior como pretendiendo que las mismas
adquirieran un perfil urbano, a igualdad del centro político de la provincia.
Viviendas en dos plantas
buscaban jerarquizar la morada de los principales ciudadanos. Un corto
recorrido daba imagen de ciudad. El siglo XIX fue importante para la ciudad
sólo a partir de la segunda mitad en adelante. Para el territorio provincial es
el período de consolidación de todas las instituciones, de la formación del
carácter y personalidad del criollo santiagueño.
Hasta 1810 la ciudad adormecida, confundida y carcomida hasta sus zócalos tendría un mal sueño y un destino desgraciado. Absolutamente pobre. Dependía de la intendencia de Salta, la desazón que sufría el ciudadano es contraria al orgullo del poblador de la campaña. Hay constantes movimientos en el interior provincial, ya eran conocidos los actos heroicos, en batallas por la libertad, del joven coronel don Juan Francisco Borges, y del comandante don Juan Felipe Ibarra, ambos hijos de la localidad de Matará. Muchas poblaciones se desdoblaron buscando nuevos parajes para pre- parar reservas ante algo que se avecinaba. Aquí nomás, Chumillo formó línea con Maco; Tuama sería cabecera de San Pedro; Manogasta de Upianita y Silípica de Sumamao.
Nota relacionada: INTERÉS POR LA CIUDAD
Fuente: Santiago del Estero. Recorrido por una ciudad Histórica
Por Arq. Roberto R. Delgado
La Ciudad salió de su pereza con la entrada del coronel Juan Francisco Borges y sus soldados: Los Patricios Santiagueños. Otra vez Santiago primero con la proclama del 6 de Setiembre de 1810. Borges asumió el espíritu del 25 de Mayo apoyando la Libertad del yugo español insinuando la Autonomía de la Provincia de Santiago del Estero.
La "Sociedad
Urbana" interesada en su pequeño y cómo do mundo no lo comprendió.
Llegada la noticia al
interior provocó un interés a "Señoritos y Caballeros" que comenzaron
a instalarse en la ciudad. Los atrajo la idea de algún beneficio político y los
posibles "negocios". Sus residencias eran importantes, pretendiendo
reflejar las aspiraciones de sus habitantes. La de don Pedro Díaz Gallo fue una
de ellas (hoy Museo Histórico de la Provincia).
Nuevas calles se sumaron a
la traza urbana, tomando como centro la plaza principal (hoy Plaza Libertad);
sus arterias perimetrales se prolongaron la del norte (hoy Libertad) hasta las
barracas de terminal del camino a Remes (hoy zona de encuentro entre calles
Sáenz Peña y avenida Colón). La del este (hoy calle Independencia) hasta el
abrevadero sur (plaza Independencia) y vinculado con el camino del medio. Estas
calles fueron los principales accesos al centro urbano.
En 1816, por pedido popular,
el coronel Juan Francisco Borges fue nombrado Gobernador, Fiesta en la campaña
santiagueña, existió un motivo para "acercarse" a la ciudad.
La "Sociedad
Urbana", molesta, no tarda en entretejer intrigas, las que llegadas a oídos
del general Manuel Belgrano, encargado de los ejércitos del Norte, víctima de
engaños, ordenó en acuerdo a lo dispuesto a cualquier sublevación, fusilar al
patriota santiagueño, hecho que se concreta el 1° de enero de 1817.
Ese verano fue trágico para
la ciudad, que no sólo lloró su muerte, sino que fue azotada por huracanes y un
terremoto extraño acabará destruyéndola en gran parte. Otra vez desolación e
incertidumbre. Los traidores esbozaron una sonrisa.
Santiago del Estero tenía
suficiente reservas espirituales y físicas y conocerá por mucho tiempo el
sufrimiento. El criollo estaba preparado, se había formado en las Estancias y
Salas donde siempre había un altar armado por las matronas, listo para el rezo
o la confianza de amigo dada por su patrón y protector.
Quizás éste sea el origen o
el acrecentamiento de la religiosidad popular santiagueña que se ve- nía dando
por acción de los clérigos y de la herencia española. La costumbre de tener un
santo protector en cada Estancia o paraje, cotidianamente invocado, no sólo a
mejoras materiales, sino para el robustecimiento del temple, iluminación para
los actos desconocidos y las gracias por "un día más". El santo tenía
un "dueño", este hecho hacía, a la persona poseedora, consejera y
depositaria de los bienes cuando se entraba en "campaña" o por el
desarraigo constante que las tareas requerían.
Nota relacionada:
Fuente: Santiago del Estero.
Recorrido por una ciudad Histórica
Por Arq. Roberto R. Delgado
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| Comandante Juan Felipe Ibarra |
Corría el año 1820 y la ciudad celebraba la Semana Santa, cuando se enteró de un levantamiento armado y el triunfo de tropas santiagueñas sobre tucumanas. No bien comprendieron lo sucedido, el ruido de fusilería anunció la entrada del comandante Juan Felipe Ibarra, quien inmediatamente asumió la conducción del gobierno.
El 27 de abril, se proclamó
la Autonomía de la Provincia resucitando la causa de Borges. Ibarra, astuto
militar, de fina instrucción, educado en el Colegio de Monserrat de Córdoba,
conocía a su pueblo, sus aspiraciones y se dedicó a su defensa.
Un dato interesante en el
Acta de Proclamación de la Autonomía, dice: "...que el censo del año 1815
resultaron sesenta mil habitantes que no los tiene Tucumán". La ciudad no
superaba los 4.000 habitantes.
A partir de Ibarra, la
ciudad y la provincia tomaron otro rumbo, volvió a ser centro del norte, pero a
costa de mucha sangre santiagueña. Será invadida por fuerzas cordobesas,
tucumanas y catamarqueñas que buscaban someterla. Más de una vez los pobladores
evacuaron la ciudad como precaución y táctica de guerra. Siempre salió airosa.
La "Sociedad Urbana" que tanto daño hizo a Borges, hizo lo mismo con
Ibarra, pero éste reaccionó con mano dura, persiguiendo a los intolerantes de
la Autonomía hasta el destierro, hechos por los que, con posterioridad, será
calumniado.
La ciudad tuvo otros accesos
de importancia, esta vez por orientación al este. Uno ya era conocido, relacionaba
ambas márgenes del río a la altura de la prolongación de la actual avenida
Alsina y continuaba con un camino rumbo sur-este hasta Sabagasta, también a
Matará y a la región de Vilelas. En este cruce, se levantó en 1824-25 un
precario puente donde se cobraba un peaje como renta al gobierno.
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Plano indicativo del asentamiento poblacional y los principales elementos que definieron el perfil de la ciudad en 1825.
Se puede afirmar, por cotas del suelo, estratos, geológicos y carencias de vestigios de radicación humana, que durante siglos, incluso antes de la fundación del definitivo asentamiento de la ciudad, en la zona sur-este del centro urbano era conflictivo arraigarse por los constantes cambios del curso del río, que generaba zanjas y erosiones creando un ámbito de bañado. Por ello se mantuvo como límite sur de la ciudad la actual avenida Alsina, se hacía una diagonal de orientación sur-oeste, bus- cando los altos, para vincularlos con el camino Real y continuar a Maco, Tuama, Upianita, etc.
Más al Norte, en la
prolongación de la actual calle Salta, que al cruzar el río continuaba a San
Isidro (campo propiedad de los Taboada), al llegar al Saladillo se abría en
varias sendas hasta la costa del Salado. Este camino fue muy frecuentado por
troperos, en especial caballar. Muy comenta- da, incluso en el cancionero
popular, era una posta a orillas del Rio Dulce atendida por la "Rubia
Moreno".
Las memorias recuerdan el
recorrido desde el Río Salado al Dulce. Se lo practicaba en dos tiempos: al
amanecer se partía de las poblaciones ribereñas del Salado, con el crepúsculo
se buscaba amparo en el Saladillo. Al día siguiente, con la "fresca"
se trotaba algunas leguas para llegar por la noche a la "lucesita" de
la Rubia Moreno. Ahí se descansaba y cuando era prudente, se cruzaba el río con
la tropa o sin ella. En las "sombras" de la orilla, en la Tara-Paya
(hoy sector B°
Sargento Cabral y Juan XXIII) se acampaba en espera del "hombre" para
negociar. Cuando se traía miel o artesanías se "llegaba" hasta el
viejo cementerio, se supone su localización en la zona aledaña
a la actual Casa de Gobierno y Palacio de Tribunales, donde se
"truequeaba" o se vendía. En la misma zona, en un terreno frente a la
acequia Real donado por el presbitero Juan José Lami y por iniciativa de la
madre Ana María Taboada, comienza en 1823 la construcción de un convento que en
honor al Niño Jesús, se lo llamó Casa de Belén, que se fundó el 25 de diciembre
de 1821. Con el trabajo del pueblo, Ibarra mejoró las defensas sobre el río, en
1825 ante una inminente inundación, abrió un nuevo cauce permitiendo que las
corrientes de aguas se replegaran sobre la margen opuesta a la ciudad.
Ibarra vivía en la zona
"alta" en los terrenos hoy ocupados por el Colegio Nacional.
Próximos a la barraca que se
ubicaba en la intersección de las actuales calles Pedro León Gallo y Colón,
había una casa de estilo colonial que mandó a remozar instalando el polvorin y
depósito para arsenal. Constaba de dos amplios salones para armas, un local
para guardia, amplia galería frente a un aljibe y un campo de adiestramiento.
Hacia el poniente de- pósitos y corrales para animales; hacia el sur, como
defensa natural, existían unas lagunas bordeadas por un gran salitral con suelo
pantanoso.
De las características de la
casa habitada por Juan Felipe Ibarra no hay antecedentes, pero debió ser
similar a la de los Díaz Gallo.
Como sede del Gobierno,
Ibarra utilizaba una casa de numerosas habitaciones, se ubicaba donde está hoy
el Teatro
25 de Mayo, ignorándose si fue
construida para tal fin.
En 1824, a dos años de
haberse reconstruido la iglesia de La Merced, se derrumbó por mala
construcción. Ibarra mandó reconstruirla nuevamente en 1835, como pago de
"confiscaciones" que había realizado a las quintas de la orden.
Mercedaria que poseían en Tipiro.
En 1847, con su ayuda, se
construye por tercera vez la iglesia del convento de San Francisco. Esta época
corresponde a la radicación de un grupo de familias, cuyos apellidos fueron
Ríos, Díaz, Juárez o Silva en zonas vecinas a la barraca que estaba cerca de
las actuales calles Formosa y Colón. Estas familias cultivaron en pequeños
cercos algodón y maíz, trayendo para su riego una acequia (hoy Colón) cuya toma
estaba contigua a la acequia Real. En la parte alta de esta "colonia"
(oeste) cultivaron plantaciones de tunas. Por decenios se consumieron los
frutos y el arrope elabora- do por estas familias.
Es posible que esta acequia
continuara hasta la propiedad de Ibarra y se vinculara con otra, la
desaparecida acequia de calle Sáenz Peña, a la principal o Acequia Real.
También es probable que sirvieran para drenar unas lagunas que había en la zona
del actual barrio Rivadavia, a las que identificaban como "barroso,
barrosa, barro negro", denominación utilizada por gentes que venían del
oeste: Remes, Luján y Guasayán. Juan Felipe Ibarra se preocupó más por la
totalidad de la provincia que por su ciudad principal. En razón de las frecuentes
interrupciones a su gobierno, por intrigas, traiciones, invasiones de
provincias vecinas, por sucesivos interregnos de delegados de gobernadores,
tenientes gobernadores, que obligaban su retiro y repliegue de la ciudad.
Guerrear en los montes, armar su ejército hizo que no le quedara tiempo ni
tranquilidad para considerar la urbe. Recién a partir de 1840 y hasta su muerte
en 1851, sus realizaciones darán pie al entusiasmo de los mentores de la
cruzada por la paz y la organización.
Por recorridos, lecturas e
investigaciones, cual- quiera puede suponer una cronología de hechos, pero
muchas preguntas surgirán: ¿Qué designios acurrucaba esta ciudad centenaria
para no ser lo que merecía? ¿Acaso sus habitantes no querían libertad,
independencia y ser gestores de sus propios destinos sin buscar tutelajes? o
tal vez, con intrigas y traiciones escondían perversas ambiciones.
En el territorio nacional en
sus comienzos de organización política independiente, sus habitantes se
dividieron entre simpatizantes de los "godos" y por otra de los
criollos. Más tarde entre federa- les y unitarios. Santiago del Estero no era
ajeno, ¿Qué pasaba en esta ciudad que no era nada, solo un paso de todo, como
se expresó anteriormente? ¿Acaso la ciudad pretendía ignorar el verdadero
Santiago nacido en los pueblos junto a sus dos ríos?.
La ciudad nació junto al
Dulce y poco a poco por el Camino Real, familias de poblaciones y estancias
"dulceñas" se arrimaron y con su prole armaron comunidad,
estableciendo contacto con el sur y el noroeste de país ligándolos un interés
económico y social. Terratenientes de rancio abolengo, caballeros de probada
fidelidad a la corona española, no "mestizados" con sus sirvientes.
Con la revolución por la
Independencia se convulsionó la tranquilidad social, el patio hogareño, el
paseo de las niñas. Llegaron a la ciudad, los "Shalakos" del Salado;
"guerreros de frontera, mestizos, ignorantes, acaudillados por tipos que
respondían a las características en el estado de atraso en que se
encontraban", diría Paul Groussac en sus escritos.
¿Así era Borges, el joven de
ojos azules que llevaba su insignia otorgada como Caballero Cruzado de la orden
de Santiago por la corte española?. ¿Así fue Ibarra que luchó por la Revolución
de Mayo, contra los realistas en Potosí bajo las órdenes de Viamonte,
Pueyrredón y Belgrano?.
¿Así eran los criollos de
nuestra mesopotamia provincial que sembraron con sus cadáveres los campos de
batalla? Indudablemente no. La ciudad no evolucionaba y se fragmentaba no por
la guerra fraticida del período por la independen- cia, sino por la intolerancia
social. La dirigencia ciudadana se consideraba con derechos por ser cultos e
ilustrados. Los guerreros por su sangre derramada.
El barrio de Las Catalinas,
aledaño al templo de los Dominicos, representaba un círculo cerrado,
conservador, a pesar de sus calles maltrechas por el paso. Sus casas con patios
de grama, enredaderas de madreselvas y jazmines, juncos y ro- sales, daban idea
de grandeza y prosperidad. En contraste, la inmediata periferia, el olor a
guano y cuero perfumaba las brisas, los corrales, enramadas que servían como
techo, alguna pieza como vivienda, mostraban la realidad del momento. Todo
transitorio. Alerta.
El criollo santiagueño,
muerto su máximo caudillo, se afincaba como podía. Esperaba la orden para ser
llamado, órdenes que no le llegaban. Había abandonado su pago, olvidado su
oficio de labriego y criador. Más de 40 años lo habían formado como guerrero,
baquiano y visteador.
Antes lo aclamaban cuando
paseaba su triunfo, que en definitiva no era para él, lo gozaban los otros.
Ahora lo despreciaban. Como queriendo estar junto y perpetuar la memoria de su
caudillo, se ubicaron en la zona alta de la ciudad, al oeste, cerca de la
residencia de Ibarra.
Si bien el aspecto de la ciudad
en ese entonces era reflejo de los acontecimientos vividos ya no se podía
volver atrás y hacer un replanteo de organización, tampoco había quien la
pusiera en práctica. Todo se consolidaba en razón de la necesidad del caso.
Construcciones existentes en los siglos pasa- dos (residencias, postas) habían
desaparecido o se transformaron para un nuevo destino en talleres de carruajes,
herrerías, quizás almacenes de ramos generales, edificios públicos. Solo en las
inmediaciones de los templos el orden de las construcciones simulaba una
urbanización, el resto del asentamiento era anárquico, sin límites precisos y
de surgimiento espontáneo.
Solo las construcciones
influenciadas por los clérigos y por los residentes con experiencias
cosmopolitas poseían un criterio estético. Lo otro netamente funcional y
austero con la tecnología importada de las estancias, construcciones de poca
envergadura y extendida en el plano paralelo al suelo.
El escaso crecimiento
edilicio de los años anteriores negó la posibilidad de formación de
especialistas en construcciones, bastó únicamente la buena voluntad y la
experiencia adquirida en las estancias y salas.
Toda población que crece
requiere nuevas necesidades, nuevos hábitos. Todas las tareas de mantenimiento
que se circunscribían al recinto de las residencias, adquirieron dimensión
social-urbana y aparecieron nuevos oficios al servicio de la comunidad:
tabiqueros, carpinteros, herreros, albañiles, lecheros, vendedores ambulantes,
etc. Estos dieron otro ritmo y paisaje a la Ciudad.
Nota relacionada: LA CIUDAD CON LOS TABOADA
Fuente: Santiago del Estero.
Recorrido por una ciudad Histórica
Por Arq. Roberto R. Delgado
Desplazados los breves gobiernos de Mauro Carranza y de Carlos Achával, herederos de Ibarra, por los hermanos. Manuel y Antonino Taboada, la sociedad cambió, la ciudad. también. Se acabó la guerra civil gaucha, las reemplazó las revoluciones organizadas con motines de cuartel. La civilización cede paso al progreso.
Los Taboada se dividieron el
trabajo: Manuel se dedicó a gobernar y mejorar la ciudad, Antonino, a quien el
criollo reconoce como su nuevo caudillo, seguirá guerreando, ya con el indio
hostil del Chaco formando una línea de fortines como: Doña Lorenza, Abipones,
Islas del Toro, etc., ya contra el invasor a la Provincia. Será el héroe de
Pozo de Vargas.
Santiago del Estero otra vez
primero en el concierto nacional. Esta vez en su organización política jurídica
sancionando la Constitución Provincial en julio de 1856. La ciudad pretendiendo
ser más y olvidar definitivamente su situación. de ser paso, ampliará sus calles
públicas. A las calles principales (hoy Urquiza y 24 de Setiembre) las acompañarán
las trazas de sus inmediatas paralelas. Se enfatizará la plaza, una columna con
remate piramidal construida en su centro, simbolizará la Libertad (1865).
Las ruinosas mamposterías de
la Catedral serán reemplazadas por una nueva en el mismo lugar inaugurándose el
14 de julio de 1876. Se construye la Casa de Gobierno (hoy Jefatura de
Policía). Frente a una de las esquinas de la plaza principal, junto a la
Catedral (hoy Libertad y 24 de Setiembre), en una casa de estilo con
reminiscencias colonial y algunas molduras románicas, vivió don Manuel Taboada,
el Gobernador. Solar que pasó a ser Hotel Paris después de su muerte en 1870.
Gaspar Taboada, otro hermano
del Gobernador, construyó en 1860 la casa N° 46, este número surge porque tenía 46 habitaciones,
única numerada en la ciudad cita, en calle Buenos Aires. Se la reconocerá hasta
en la actualidad como "Casa de los Taboadas", hoy Monumento
Histórico. Aproximadamente en 1857 comenzó a funcionar la primera escuela
provincial en un "edificio público" llamada "9 de Julio",
luego "Manuel Taboada", después "Colegio Bel- grano". En
1868 Taboada la ofrece a las autoridades nacionales para que funcione la
escuela Normal, hecho que se concreta en 1880. Hasta ese momento dictaban
clases regular- mente dos escuelas religiosas: la Casa de Belén y la Escuela
del Convento de Santo Domingo dirigida por el fray Juan Grande.
El 3 de octubre de 1869 se
fundó el primer establecimiento de enseñanza secundaria: el Colegio Nacional
que funcionó en la antigua sede de Casa de Gobierno (hoy ubicación del Teatro
25 de Mayo), más una biblioteca pública en el mismo edificio.
Después de largo tiempo la
ciudad creció ediliciamente. Llegaron inmigrantes italianos y españoles que
radicaron comercios, chacras, fincas y establecimientos agricola-ganaderos.
Nuevos oficios mostrarán una colorida vestimenta en sus ejecutores. Plantas
frutales traídas de otros lares reemplazaron los perfumes pasados. La primavera
mostró otro paisaje. Un periodo de sequía (1860) agotó una represa natural
ubicada junto al cementerio, primer enterratorio secular de la ciudad a partir
de 1859 (hoy predio comprendido entre las calles Santa Fe, Granadero Saavedra,
Sarmiento y San Martin).
El trabajo de particulares
prolongó la acequia (hoy Colón) hasta la carbonera, parada de carretas y arreos
(hoy terrenos del club Central Córdoba y estación de Terminal de Omnibus),
uniendo la Acequia Real con otra, a cuyos costa- dos inmigrantes que todavía no
habían hecho familia, sembraban ajos, zanahorias y plantas aromáticas en
pequeña escala. Esta acequia era la desaparecida Pedro León Gallo. Las
prolongaciones eran para llenar la represa donde tabiqueros extraían agua para
el barro de sus fábricas.
El cementerio ocupaba la
manzana de la actual plaza (Absalón Rojas) frente al club Central Córdoba.
Este periodo feliz y de
progreso en la ciudad fue corto, espíritu pujante de estas gentes se vio
frenado por una epidemia de cólera en 1868. La tragedia despobló la ciudad ya
por migraciones o mortalidad. No hubo familia que no lamentara su pérdida. Los
enfermos, de a cientos, eran trasladados en carro a los conventos en búsqueda
de curación. Todo era ineficaz, a pesar que el gobierno tomó medidas
profilácticas, todos los hogares se transformaron en lazaretos. El bravo Río
Dulce "colaboró" en el desastre. La ciudad estaba herida e impotente
esta vez. El agua socavó los cimientos del convento San Francisco y arrastró
los caseríos del sur posterior al límite de la ciudad (hoy calle Alsina). Vanos
resultaron los estudios y precauciones de los comisionados de gobierno nacional
para el estudio de las defensas del río, ingenieros Hidebraudo (1863-1869) y
Dahequist (1872). Como si todo esto fuera poco, la provincia fue intervenida
militarmente en 1875 por el coronel Olascoaga. El general Antonino Taboada es
desterrado a Tucumán, donde muere como todos nuestros patriotas, humillado y en
el olvido. Es el año 1883.
Por estos últimos hechos la
ciudad se convirtió en un villorio triste y asustado. Triste por la
desesperanza causada por burdos gobiernos, 8 gobernadores en 10 años (1876-
1886). Asustada por el acecho de las montoneras taboadistas que saqueaban y
asesinaban a los "amigos" del gobierno, a todos aquellos que el
criollo recordaba cuando profanaron la tumba y esparcieron los restos de su
idolatrado caudillo brigadier Juan Felipe Ibarra.
Solo un día, el 12 de
octubre de 1884, la ciudad salió de su apatía y con sus mejores galas e
ignorando el pasado concurrió a la plaza principal. El "progreso"
había llegado. La máquina ferroviaria se detuvo frente a la Casa de Gobierno.
Humo de vapores, cintas de colores, pitos y cornetas, orna- mentaron la visita
del "extraño": el ferrocarril Central Córdoba.
Su estación se ubicó en un
barrio de criollos donde pre- paraban el ladrillo para construir la ciudad.
Criollos que serán reclutados por el propio Gobernador y enviados en carros, a
caballo y a pie, a Buenos Aires en defensa del Gobierno Nacional en la
Revolución de Tejedor (año 1880). El gobernador era don Pedro Gallo.
Las tabiqueras quedaron por
un tiempo abandonadas. Serán sus guardias el croar de miles de ranas. El barrio
Cantarranas había nacido.
Los constructores del
ferrocarril, fundamentalmente de origen inglés, introdujeron nuevos modelos
arquitectónicos, algunos de estilo neoclásico como las estaciones; estilos
anglo-normandos en viviendas de funcionarios principales y estilos surgidos de
la revolución industrial europea, en las viviendas y talleres de trabajadores.
Una fuerte incorporación del hierro en el sistema constructivo reemplazó el
forjado por el remachado y abulonado en unión de partes. Piezas de hierro
moldeado o hierro fundido se usaban en cañerías y mesadas de cocina. También
elementos enlozados (distintos tipos de cerámica y vitrificados) y decorativos
en zinc estampado, enriquecieron las posibilidades estéticas.
La ciudad imitó estas
novedades. Casas de imagen sólida perfilarán las calles. Los inmigrantes
españoles e italianos, aparte de sus costumbres, también trajeron la novedad en
los muebles de tapicería. Otra, las palomas y palomares pasarán a ser miembros
de la ciudad.
Al sur de la ciudad, a unos
cinco kilómetros de la plaza principal, en una propiedad que había sido
otorgada en el Siglo XVII al capitán Alonso Contreras, se inaugura públicamente
el ingenio Contreras de Don Pedro Saint Germes, el 31 de julio de 1879.
Instalación modelo y moderna con maquinarias inéditas para la República.
Más de 450 hectáreas con
sembrado de caña de azúcar lo hacían parecer un oasis.
Poseía electrificación y
riego propio, con un sistema sofisticado en base a máquinas de vapor. Las
construcciones de estas instalaciones también llamaron la atención de los
inquietos pobladores que copiando formas de terminaciones generaron otro aporte
a la arquitectura. Son de una mezcla de estilos del tradicional inglés,
folclore de los países bajos europeos y partes prefabricadas de la revolución
industrial. Este pionero industrial, el 17 de febrero de 1887, obtuvo un
préstamo del Banco Hipotecario Nacional, operación que posibilitó la radicación
de una sucursal bancaria en esta ciudad. Acosado por las deudas y la escasa
ayuda en el fomento, don Pedro Saint Germes se suicidó en 1893. Otra víctima de
la incomprensión ciudadana. En 1886 por gestión de los hermanos Ruperto y Juan
Figueroa se instaló la primera central telefónica en la casa N° 46 que ellos alquilaban. En
1884 con el ferrocarril ya estaba el telégrafo como vínculo de comunicación. La
primera oficina de correos funcionó en una habitación de la casa de los Díaz
Gallo (hoy Museo Histórico) en el año 1865. Un año después don Abelardo Gallo
la trasladó a la casa N° 46.
El servicio era irregular y ello motivó que en años posteriores el ferrocarril,
con su instalación de comunicación por telégrafo, supliera la falencia.
La ciudad se venía formando
sin ningún reglamento o patrón que la guiara. Sólo los rústicos conocimientos
de trazas y formas urbanísticas de los pioneros extranjeros ordenaban algunos
espacios. Los limites y referencias por la que se guiaban eran las acequias,
los templos y el río. El resto era todo intuición.
Nota relacionada:
Fuente: Santiago del Estero.
Recorrido por una ciudad Histórica
Por Arq. Roberto R. Delgado
Recién en 1886 cuando fue ungido Gobernador don Absalón Rojas se intentó por primera vez organizar racionalmente la ciudad mediante ley del 6 de diciembre de 1887. Se dividió el área de influencia de la ciudad en tres sectores. El primero para edificios públicos y privados, comprendido lo que es hoy, al norte el barrio Sargento Cabral, al oeste la avenida Colón, al este el barrio y Parque Aguirre y al sur los actuales barrios Cabildo, Juramento y Tradición.
El segundo sector al sur, a
partir de calles Juncal y Suárez hasta la actual calle Solís, para destino de
casas-quintas, y el tercer sector periférico a los anteriores para chacras y
sembradíos.
Se delimitó con cuatro
avenidas de 20 metros de ancho las hoy avenida Rivadavia al norte, avenida
Alsina al sur; al este avenida Roca y avenida Moreno al oeste, configurando un
rectángulo alargado sobre el eje norte-sur donde quedó circunscripto el centro
urbano, remarcando las sendas y calles existentes en su interior.
Ninguna de las manzanas delimitadas
fueron de forma regular e iguales, pues eran producto de trazados intuitivos
siguiendo las direcciones acorde a las conveniencias y el res- peto a hijuelas
de riego que partían de la acequia Real.
Absalón Rojas, con espíritu
de constructor y urbanista implementó, en su corto gobierno de 3 años, un sin
número de medidas y ordenanzas que mejoraron la ciudad en todos sus aspectos.
Dejó de ser una aldea. Se trasladó el cementerio "La Piedad" a su
actual emplazamiento sobre el camino a Remes. Se fundaron 215 escuelas en la
provincia; tres de ellas en la ciudad: escuelas Laprida, Sarmiento y Zorrilla
ubicadas en el lugar actual. Estas construcciones de envergadura para esa época
eran mezcla de estilos neoclásico con algunas particularidades que recuerdan el
colonial america no en su parte interna. En los frontis que rematan los accesos
principales, se usó por primera vez en un edificio público el escudo de la
provincia en relieve, los mismos eran imitaciones de timbres y sellos
frecuentes en la papelería pertenecientes a la Tesorería y Rentas de la
Provincia durante la década de 1880-1890 siendo reemplazados muchos años después
por el escudo oficial fijado por ley en sesión de Honorable Legislatura el día
27 de octubre de 1915.
Se fundó el Banco de la
Provincia que, por politiquería y favoritismo, el 5 de noviembre de 1913 cerró
sus puertas fundido. Por ley del 4 de agosto de 1887 se crearon las plazas
Belgrano, Independencia, General Roca (hoy Lugones) y Absalón Rojas (hoy San
Martín).
El 7 de octubre de 1888 se
inauguró el Hospital de Cari- dad, después Mixto, hoy denominado Hospital Diego
Alcorta, con capacidad para 50 enfermos. En estos años continuó la llegada de
inmigrantes, algunos se radicaron en el centro urbano dedicándose al comercio y
pequeñas industrias: las tiendas y bazares de Samuel Paz, Carlos Masure;
almacenes generales de Hermanos González, Lucas Bravo, Luis Gardela; roperías
de Pedro Zain, de Martínez y Arce; aserraderos de zy Cesareo Viena y Otto Wolf;
fábrica de carros y carruajes de Dalmacio Villar, Américo Perramesa, etc.
Ya en 1887 había una fábrica
de hielo y soda en "Cachi Pampa" (sector de la actual capilla San
Roque) de propiedad de don Enrique Nelson, más tarde de la firma, Christensen y
Compañía.
Fundamentalmente los
inmigrantes italianos se dedicaron a tareas de granja, tambo y agricultura, en
terrenos periféricos a la ciudad.
A comienzos de 1892, la
acequia Aguirre cuya toma estaba en Tarapaya junto a la de la Colón, regaba una
extensa colonia llamada del Vinalar. Allí se erigió el santuario de Santa Lucía
años después.
El Mercado Armonía, previsto
por Absalón Rojas en el mismo lugar de nuestros días, era centro de comercio de
los productos de fincas y chacras, centro de atracción y relación social de
fusión de costumbres y tradiciones. Era un paseo obligado y de pregunta por la
salud de algún enfermo.
Por ley de 7 de julio de
1887, Absalón Rojas, creó la In- tendencia Municipal, determinando que en su
función el intendente deberá: "cuidar en general de todo lo que corresponde
al aseo, higiene y ornato de la ciudad, extendiéndose su acción hasta los
límites del municipio de la capital".
¿Cuáles eran los límites del
municipio? l este la margen derecha del río Dulce. Al norte, una calle de 24
metros de ancho que partía del río cortando el eje de la calle Independencia a
la altura del lado sur de la propiedad llamada Tarapaya. Al oeste, otra calle
de igual ancho y en ángulo de 90° con la anterior, cortando el eje prolongado
de la calle Libertad a 130 metros (dirección oeste) de la acequia Colón; y al
sur con una tercera calle de igual ancho cortando el eje de prolongación de la
avenida Belgrano a 130 metros (dirección sur) de la plaza del mismo nombre.
Este trazado quedó como teórico ya que no se concretó fisicamente. Dentro de
las normas de higiene la provisión de agua mediante carros para llenado de
aljibes y tanques, se implementó como servicio.
En esta administración se
nomencló numerosas calles: Urquiza, Sarmiento, Avellaneda, Juárez Celman, etc.
El gobernador Rojas recordaba una de las crecientes mayores que registró el rio
Dulce (1883) llamada "volcanes" y decidió encarar definitivamente
este problema de siglos. Con aportes económicos y técnicos del Gobierno
Nacional a través del ingeniero C. Cossú, se construyeron defensas en la curva
de Tarapaya y otra a la altura de Chumillo (hoy barrios Independencia y
Ulluas). En estas tareas colaboró el ingeniero Sumau.
Pero el rio Dulce con su
capricho, trató de penetrar hasta el centro urbano en 1889 arrastrando árboles
y precarias casas. Esta vez bajo la dirección del ingeniero Cassaffousth se
hizo un terraplén como defensa paralelo al lecho del río, con una longitud de
500 metros y 2 metros de alto respecto al cauce, partiendo desde la calle
Rivadavia al sur. Terminado su período de gobierno, Absalón Rojas es electo
Senador Nacional. Renunció en 1892 para ser nombrado Gobernador. Nuevamente
esta "Sociedad Urbana" que merece un estudio aparte, y que está
presente con un legado de tragedias, intrigas y ambiciones egoistas, provocó
una revuelta y despojó de su cargo al Gobernador.
Otro prominente santiagueño
que quería una gran provincia, tiene que alejarse para morir pobre y amargado
en Buenos Aires en 1893.
Prácticamente con Absalón
Rojas la ciudad capital quedará configurada. Organizó, urbanizó e implementó
los servicios públicos básicos. Alentó la calidad en las construcciones
arquitectónicas y exaltó el espíritu hospitalario de sus habitantes hacia todo
recién llegado.
Los inmigrantes sintieron a
esta ciudad como su hogar y contribuirían a las bases que apuntalaron el nuevo
siglo que comenzaba.
Sucedió a Rojas en la
gobernación D. Maximio Ruiz, el doctor Gelacio Lagar hasta 1895; luego don
Adolfo Ruiz que olvidó la ciudad poniendo énfasis en políticas de explotación
de bosques hasta 1898.
El gobernador Dámaso E.
Palacio ingresó a los albores del nuevo siglo de manera tímida y envuelto en
una lucha entre numerosos grupos que pretendían conducir las riquezas del suelo
santiagueño.
NOta relacionada: EL SIGLO XX
Fuente: Santiago del Estero.
Recorrido por una ciudad Histórica