El Clima en Santiago del Estero

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23/1/23

EL HABITAR

 Por Arq. Roberto R. Delgado


De los diversos legados que tenemos para conocer e interpretar la Historia, los elementos arquitectónicos son documentos de fundamental importancia.

Entendamos como Arquitectura no la simple construcción de algo, sino la organización de un espacio destinado at habitar. Puede ser un techo protector, una pared o una senda que permite comunicación entre los hombres.

El espacio para habitar involucra todas sus consecuencias: arraigo, costumbre y tradición, religión, cobijo, hogar, etc.

Así como marcamos un rastro al caminar modificando el suelo natural, el habitar produce alteraciones en el contexto, sea, por incorporación de elementos extraños o adaptación al mismo. Esta posibilidad la logramos mediante una técnica que nos acercará al hecho de la Arquitectura.

Esta técnica no surge del abstracto, posee una subordinación al medio ambiente, por ser el que nos facilitará la materia prima y por consiguiente el tipo de herramienta para su manufactura. Para comprender esta expresión imaginémonos con qué elementos construye su hábitat el hombre de la montaña, bosque, río, hielo o desierto.

Fuente: Santiago del Estero. Recorrido por una ciudad Histórica


BARRO Y PAISAJE

 Por Arq. Roberto R. Delgado


Desde siglos la Arquitectura de Santiago del Estero se hizo de barro: en crudo (adobe) o cocido (ladrillo). A pesar de la nobleza de estos materiales al dejarlos en abandono se descomponen y vuelven a su estado original: tierra. Tierra que está presente en la trágica historia de Santiago del Estero en su lucha por ser y permanecer.

Si bien toda Arquitectura, como construcción tiene por misión resguardar al hombre y sus manifestaciones, en Santiago su Arquitectura fue el Paisaje, la Naturaleza.

"Vivir en el paisaje santiagueño es entregarse a él, es dejar de ser, es ser el paisaje". (Di Lullo).

No existen construcciones que puedan testimoniar épocas de esplendor o no; ejemplos para establecer una cronología y justificar tantas historias narradas. Nada, sólo el hombre con sus leyendas.

¿Sería que el santiagueño no tuvo tiempo?.

¿Acaso le cambiaron sus tintas del ornato en cerámica y tejidos por armas haciéndolo guerrero, o le dieron el hacha haciéndolo hachero?

Nota relacionada: PECULIAR ORIGEN DE LA CIUDAD

Fuente: Santiago del Estero. Recorrido por una ciudad Histórica


PECULIAR ORIGEN DE LA CIUDAD

 Por Arq. Roberto R. Delgado




El hombre para poder vivir en comunidad crea una "Segunda Naturaleza": la Ciudad.

La ciudad de Santiago del Estero tuvo varios intentos de nacimiento hasta que quedó localizada estratégicamente en un bajo de llanura, lamida por las aguas de un caudaloso río. Una llanura definida por accidentes del suelo y una caprichosa curva del río, huaico hondo (Depresión Pronunciada), que juntaba flora y fauna cuando se retiraban las aguas y dejaban al alcance de la mano lo necesario para la vida: alimento y cobijo. Todas la ciudades fundadas en la época de la conquista española respondían a un trazado dictado en las Leyes de Indias, por Felipe II Rey de España, en 1573.

Santiago del Estero fue fundada 20 años antes, ¿qué patrón de trazado la definió?.

Una ciudad sin casas, sin calles, no es nada. La única razón atendible para comprender el asentamiento de esta ciudad, es la posibilidad de riego aprovechando la curva del río, la pendiente natural y el escaso esfuerzo para lograrlo tanto en su toma como en su recorrido.

Los primeros Padres Jesuitas que se radicaron en ella, que de esto sabían mucho, usaron el principio básico que a todo suelo además de regarlo hay que drenarlo, por ello hicieron la famosa Acequia Real (la desaparecida Acequia Bel- grano), en 1577. Hacia el este regaban, del oeste drenaban, generando un sistema de terrazas! Con posterioridad otras acequias complementarían el complejo hídrico.

Este fue el fundamento de la ciudad de Santiago del Este- ro, una supercuadrícula irregular originada por el serpenteo de las acequias y no la traza ortogonal, "a tiro de cañón", que establecía las Leyes de Indias.

Poco se puede decir de cómo era la arquitectura y construcciones de entonces implantadas dentro de esa cuadrícula, no quedaron vestigios materiales y los documentos escritos son escasos, contrapuestos y de relativa validez para el tema que nos ocupa. Se supone que el asentamiento fue precario pues durante dos centurias la ciudad fue azotada por inundaciones que arrasaron casi la totalidad de lo plantado (años 1628, 1663, 1670, 1723, 1730), además de varios intentos de levantarla para trasladarla a otros parajes, como sucedió en 1606 cuando el capitán Gaspar Doncel reclutó gran parte de los vecinos y los llevó a reedificar, lo que más tarde sería el pueblo de "San Juan Bautista de la Ribera de Londres" (Catamarca).

En 1570 había una Iglesia a cargo de los Mercedarios que fue erigida Catedral por Bula del Papa Pío V. Mucho antes había una ermita bajo la advocación de los Mártires de San Sebastián y San Fabián que era centro de oración y culto.(1554).

La Iglesia matriz o catedral debió estar frente a la plaza principal. ¿Dónde estaba la plaza principal?. En 1583 Bartolomé de Mansilla confirma en escritura pública que el terreno del convento y Escuela de la Orden de San Francisco estaba frente a la plaza. ¿Había más de una?. La ciudad se componía de no más de medio centenar de casas ocupadas por 66 vecinos principales.

Por dos Centurias, a partir del primer asentamiento, la ciudad se caracterizó por períodos de conquista, pero fluctuante, sujetos a la decisión de los Gobernadores que se sucedieron vertiginosamente, planteándose discrepancias entre el poder civil y el religioso, poblándose y despoblándose continuamente. Es el período de la creación de la primera diócesis, de la primera Universidad en esta región, de un Hospital, Seminario, etc., todos ellos de vida efímera.

Nota relacionada: ÉPOCA DE MISERIA

Fuente: Santiago del Estero. Recorrido por una ciudad Histórica


21/1/23

ÉPOCA DE MISERIA

 Por Arq. Roberto R. Delgado


A comienzos del 1600 ya existían 3 conventos: San Francisco, el de la Compañía de Jesús (hoy Santo Domingo) y La Merced, cuyas construcciones eran, probablemente, de poca envergadura. La escasa población que habitaba la ciudad atravesó el momento más difícil desde su definitivo asentamiento; casi abandonada, pobrísima y con unos pocos clérigos harapientos. El Gobernador don Alonso de Rivera, enfermo; principales vecinos cometiendo abusos con los indios, a quienes, por defenderlos, los jesuitas fueron obligados a abandonar la ciudad. Fueron momentos de extrema miseria.

Cuando un crudo invierno parecía el encargado de mar- chitar los pocos vestigios de vida, con los soles de la prima- vera de 1611 volvieron los jesuitas, también nuevos clérigos, nuevo Gobernador y comenzó un período más estable calificado como de verdadero asentamiento de evangelización y cultura. La ciudad tuvo otras aspiraciones. Un orden más preciso en el parcelamiento de la tierra, un nuevo trazado, su aspecto era el de un villorrio rodeado de chacras, casas de tres patios, casas "patriarcales", insinuando ya el posterior período de la colonia, el comercio habría de tener una importante actividad por la calidad de sus productos y por las pequeñas industrias (viñedos, ingenios, olivares.).

A fines del siglo XVII asediaban la región santiagueña los bravos indios del Bermejo y del Gran Chaco, que viniendo desde el norte y el este llegaba hasta las cercanías de la ciudad.

El siglo XVIII traería malos augurios, migraciones de familias más al sur, total pesimismo, falta de autoridad civil y religiosa. Poco a poco la ciudad se fue destruyendo, lo único importante era la Catedral con dos torres que despertó la admiración de un recién llegado: el gobernador Esteban de Urizar y Arespacochaga, en 1707.

Los gobernadores se sucedieron como "hojas de almanaque" pasando la ciudad a pertenecer a Salta y a Tucumán alternativamente, dejando de ser Gobernación. Santiago del Estero iba muriendo. Para colmo de males los tesoneros "constructores" de la Compañía de Jesús, los jesuitas, fueron expulsados y deportados en 1767.

A los comercios, alguna plaza, calles, la naturaleza las irá tapando; alguna que otra casa quedará como testigo junto a sus moradores. Los sacerdotes trataron de conservar los escombros de sus templos. Desolación y miedo. La ciudad fue varias veces saqueada y abandonada a partir de 1790.

Quedaron únicamente 76 propiedades de dimensiones va- riadas a lo largo de la Acequia Real (Avenida Belgrano), 11 pertenecían a las Órdenes Religiosas; 12 que no registraban dueños; 1 a Solar de Curaciones (Hospital y Asilo) y el resto propiedad de gentiles que alternaban su residencia con otros centros poblados: licenciado Thomas de Figueroa; los sucesores de Bravo de Zamora; Antonio Arias; Capitán Antonio del Campo, etc.

Una calle quedaría como principal: la que une los conventos de Santo Domingo y La Merced.

A pesar de todo Santiago del Estero y su ciudad Madre de Ciudades, durante los siglos XVI y XVII fue un verdadero hito para Hispanoamérica, fue centro y partida de lo que hoy es la Argentina. Mientras se gestaba algo, Santiago ya había sido.

¿Dónde estaba el Santiago del esplendor? ¿Dónde estaba "La Muy Noble y Leal Ciudad", "La Tierra de Promisión" de la que tanto se habló en los siglos precedentes? Estaba en otro sitio, porque la ciudad fue paso; paso de gobernadores, de clérigos, de expediciones, de plagas, aguas, etc.

Nota relacionada: LAS ESTANCIAS. LAS SALAS

Fuente: Santiago del Estero. Recorrido por una ciudad Histórica


19/1/23

LAS ESTANCIAS. LAS SALAS

 Por Arq. Roberto R. Delgado


Sí, Santiago y el santiagueño se formaba en otro lado. Fue pasando de la pubertad a la madurez sobre los antiguos asentamientos indígenas, junto a los dos ríos que cruzan la provincia el Dulce y el Salado (Mishky Mayu y Cachi Mayu en quichua).

Los dos ríos tienen características particulares y distintas, se dijo que Santiago "es ser el paisaje". Estos ríos definieron el carácter del santiagueño. El Dulce es el clásico río de llanura, cuando no es período de lluvia casi desaparece Una extensa playa indica que por ahí pasa agua, nada más, algún albardón (montículo) cada tanto, indicará la entrada de la "zanja" o cañadón que terminará en una laguna o bañado. Estas zanjas y bañados son durante la mayor parte del año de un "verdor" increíble, hasta flores silvestres, que lo hacen verdaderas praderas de pastoreo. Cuando llega el verano, con las lluvias, es otra cosa, el bramido del gran caudal espantará al más porfiado, se verá pasar dentro de los turbios remolinos, añosos árboles como si fueran de papel. La prudencia aconseja retirarse para los "altos". Cambia constantemente su cauce, una vez azota a la derecha otra a la izquierda, recorriendo una variada geografía: entre cañadas, saladillos y montes fundamentalmente de maderas blandas: talas, seibos, anckochis, etc.

El Salado, un río angosto, profundo, de orillas arcillosas, surca en su mayor parte por un bosque agreste. En períodos de creciente forma laberintos de enredaderas y plantas pará- sitas. Al igual que el Dulce cuando las aguas se retiran en época de poca lluvia, las márgenes son ideales para el cultivo y el pastoreo.

Veremos al santiagueño que no es ajeno a la influencia de estos ríos: el Dulceño, manso, altivo, de mirada lejana, de un andar casi elegante y de modales de un "bien portao". El otro, el Shalako (de la orilla del Salado) un poco "retacón" de tanto andar agachado por los montes. Dirán, ladino, pero valiente como el tigre.

Durante la conquista se establecieron las Encomiendas, botines de guerra que adquirían capitanes y caballeros por sus servicios a la corona, donde el dueño o "encomendero". Cometía las injusticias más graves a indígenas o encomendados; ante tamaña barbarie los jesuitas crearán las "reducciones" con el propósito de redimirlos. Ambas desaparecieron con el tiempo por razones diversas.

A fines del siglo XVI se fueron formando las Estancias que de alguna manera suplieron la función de los anteriores, pero con la particularidad de gran familia, donde había un protector y protegidos, donde todo sistema feudal no existia, Era una perfecta unidad económica auto sustentada, un pueblo disperso, auto protegido e independiente. Al protector se lo llamó "patrón".

Las estancias se ubicaron próximas a los dos ríos. El Dulce y el Salado se constituyeron en los mejores vecinos de estas verdaderas colonias,

Las del Salado, no menos de 400 a lo largo de la costa, poseían como avanzada defensiva fortines: Inquiliguala, Calarax, Chincho, Lasco, Higuerillas. De renombre en esos lares, eran las estancias de los descendientes de Pedro Díaz de Figueroa, Juan de Figueroa y Figueroa de Mendoza. Con el tiempo fueron famosas las de don Leandro Taboada y la de don Felipe Matias Ibarra y doña María Antonia de la Paz y Figueroa (progenitores del brigadier Felipe Ibarra).

Similar cantidad había a lo largo del Dulce, desde Tomagasta (hoy Tuama) al sur. Las más importantes pertenecían a los sucesores de Francisco de Avendaño y Valdivia y de don Bartolomé Hernández.

Ese era el verdadero Santiago donde se consolidaba una nueva cultura y el quichua era lengua corriente. Leyendas, danzas y música contarán y cantarán al variado paisaje, de allí saldrá el ganado y la tropa de caballos para los Ejércitos de la Independencia, serán esos los montes de pastura para las mulas del Potosi,

La Estancia es "un vasto taller donde se organizaron todas las industrias al amparo generador de la riqueza agrícola y pastoral, que proveía de cueros, de lanas, de leche, de carnes, de granos, de algodón y de frutas, en digna competencia con la naturaleza inmensamente pródiga de maderas, de cera, de miel, de aves, peces y otros animales de la selva (Orestes Di Lullo).

Otro establecimiento similar a la Estancia era la Sala, construcción que se destacaba en un establecimiento cuya actividad principal era la cría de ganado. I

Estaban retiradas de los ríos, por lo que necesitaba otro tipo de infraestructura: represas, corrales, depósito de forrajes, etc. Las salas se ubicaron en el sector oeste de la provincia y su data se remonta a fines del siglo XVIII. Era una construcción de envergadura, de predominio longitudinal y techo a dos aguas en la mayoría de los casos. Altas paredes perimetrales de adobe sin aberturas salvo en el frente y contrafrente. Se componian de un gran salón, por eso el nombre de Sala, con un local en ambos extremos destinado a dormitorio o escritorio. Las más renombradas fueron las de las familias Montenegro, Beltrán, Barrionuevo, Gómez y Gómez e Infantes.

Desde el punto de vista técnico, las construcciones de las Estancias tenían una estructura independiente de troncos de madera (quebrachos colorado y blanco) que soportaba un entramado de techo también de madera, formando una empalizada cubierta de barro a manera de revoque. La construcción de la Sala era distinta, sobre una plataforma sobreelevada se levantaban muros de adobe o ladrillos que portaban el techo. Sólo el interior de los muros eran revoca- dos con barro o mezcla con cal.

El santiagueño de antaño supo gustar de las cosas coloreadas en todo lo que es intimo y de mucho afecto: las prendas de vestir; su cobija para dormir así como los aperos de sus caballos; los utensilios de comer, tinajas para agua, urnas funerarias, etc.. Debido a ello conoció el arte de extraer y preparar colores de las plantas de su entorno. Obtenía la gama de amarillos del chañar, aguaribay, balda, amor seco, molle, etc. Los rojos de las pencas, piquillin, flor de verdolaga, sauce, etc. Los blancos y grises de la algarroba de tusca, púnua, atamisqui, etc. El negro del algarrobo blanco, churqui, mistol, etc. Del quebracho colorado el color plomo y rojo moreno. De los liquenes, el crema.

El color café, del tala. De los gajos de la jarilla el verde y así muchos otros colores "para según la ocasión".

De la observación de taperas y antiguas construcciones derruidas del interior de la provincia, hace presumir que en las edificaciones de las Salas y las Estancias, los muros perimetrales tanto exteriores como interiores, eran pintados perdiéndose con el tiempo, o bien, porque el "extranjero" que se radicó en estas tierras usó los colores claros del Mediterráneo. Por imitación quizás, el santiagueño los adoptó. También esto se puede constatar en el uso del color rosado en el periodo colonial, obtenido de secar la sangre de tore, hidratarla con orina como mordiente y espesarla con aguas a la cal o arcillas tamizadas, procedimiento atípicos en esta zona.

¿Por qué la importancia de estas construcciones?. Porque permitió una evolución inmediata de los hogares arcaicos creando el origen de nuestra vivienda autóctona: el rancho. Producto cultural de estos lugares hecho con elementos de un contexto donde quien lo realiza se adapta fisiológica y tecnológicamente a esa realidad. Además esta tecnología fue transferida a las primitivas construcciones de la ciudad, que basta un poco de imaginación para suponer cual era la imagen de la urbe de entonces.

Nota relacionada: LAS SALAS EN LA CIUDAD

Fuente: Santiago del Estero. Recorrido por una ciudad Histórica


LAS SALAS EN LA CIUDAD

 Por Arq. Roberto R. Delgado


La morfología de las Salas se consolidó en la ciudad incipiente, localizándose en su periferia; eran en cierta medida prolongaciones de estos establecimientos, cumplían la función de barracas, depósitos, abrevadero de animales, reparación de carruajes, etc... Desde que se tiene memoria cuatro marcaron el límite a la ciudad en 1810. Dispuestas en línea recta, eje norte-sur en los fondos de las propiedades que daban a la Acequia Real, eran llegada de los caminos que los vinculaban con la región alta o del oeste: Pampa Muyoj, Remes, Tunas Puncu, Puñunita, Guampacha, Tajamar, San Be- nito, etc.

Para dar idea actual de su localización, la primera se ubica en la intersección de las calles Alsina y Colón; la segunda en Pedro León Gallo y Colón; la tercera en Sáenz Peña y Colón y la cuarta en Formosa y Colón.

Lugares y asentamientos que, con el tiempo, variarían sus destinos, por ejemplo: la segunda pasar a ser el polvorín de la ciudad; la tercera terminal de un camino, hoy calle Islas Malvinas, que llegaba de Remes.

Otro límite de esa época era marcado por un abrevadero en una hondonada donde terminaba el camino que vinculaba con el sector sur de la ciudad, hoy plaza Independencia, éste venía de separarse de la Acequia Real, hacia una diagonal rumbo norte-este, (hoy calle Arturo Illia), bordeaba una plantación de moras y frutales, sector, hoy, del Hogar Escuela, para concluir en el mencionado que después fue Plaza de Armas.

Nota relacionada: ÉPOCA COLONIAL

Fuente: Santiago del Estero. Recorrido por una ciudad Histórica


18/1/23

EPOCA COLONIAL

Por Arq. Roberto R. Delgado



El comienzo del siglo XIX mostró una ciudad habitada por sirvientes. Los "señoritos" apenas pernoctaban unos días para controlar sus bienes.

Estos "ciudadanos" se ocuparon más de las intrigas y acontecimientos de Tucumán, Córdoba y Buenos Aires. Se copiaban estilos de vida, modales, se buscaba el acomodo dentro de la seudo dirigencia que pretendió conducir los destinos de una nueva Nación. Pasaban de un bando a otro según la conveniencia. Es la época de la Colonia, de balcones con rejas, de fachadas. Otra calle, la actual 24 de Setiembre, paralela a la Acequia Real, insinuó un nuevo perfil urbano, unir el templo de la Merced con el predio de la Catedral. Al frente, de orientación este de la Catedral, una gran explana- da servía de patio público (hoy Plaza Libertad) de donde partía un senda en comunicación con el convento San Fran- cisco.

Comenzó a insinuarse una cuadrícula regular, algunos documentos nos dicen de la ubicación del Ayuntamiento en el frente norte del patio público contiguo a unos comercios; el nuevo Cabildo orientó su fachada hacia esta nueva plaza, en 1808. Hasta ese entonces, las autoridades atendían en sus respectivos domicilios. Sobre las calles principales se agrupaban casas con frente, como queriendo limitar el espacio público del privado, característica urbana que fue dando un estilo más completo a las construcciones importadas de las Estancias y Salas. Algunas veredas remataban en "palos" con argollas a manera de palenques; insinuando esquinas, un frente se "quebraba" en dos, ochavado, modo argentino, boliviano y centro americano de rematar una esquina. Como es época de imitación, estas construcciones de esquinas en su concepto, fueron transportadas a las poblaciones del interior como pretendiendo que las mismas adquirieran un perfil urbano, a igualdad del centro político de la provincia.

Viviendas en dos plantas buscaban jerarquizar la morada de los principales ciudadanos. Un corto recorrido daba imagen de ciudad. El siglo XIX fue importante para la ciudad sólo a partir de la segunda mitad en adelante. Para el territorio provincial es el período de consolidación de todas las instituciones, de la formación del carácter y personalidad del criollo santiagueño.

Hasta 1810 la ciudad adormecida, confundida y carcomida hasta sus zócalos tendría un mal sueño y un destino desgraciado. Absolutamente pobre. Dependía de la intendencia de Salta, la desazón que sufría el ciudadano es contraria al orgullo del poblador de la campaña. Hay constantes movimientos en el interior provincial, ya eran conocidos los actos heroicos, en batallas por la libertad, del joven coronel don Juan Francisco Borges, y del comandante don Juan Felipe Ibarra, ambos hijos de la localidad de Matará. Muchas poblaciones se desdoblaron buscando nuevos parajes para pre- parar reservas ante algo que se avecinaba. Aquí nomás, Chumillo formó línea con Maco; Tuama sería cabecera de San Pedro; Manogasta de Upianita y Silípica de Sumamao. 

Nota relacionada: INTERÉS POR LA CIUDAD

Fuente: Santiago del Estero. Recorrido por una ciudad Histórica


16/1/23

INTERÉS POR LA CIUDAD

 Por Arq. Roberto R. Delgado



La Ciudad salió de su pereza con la entrada del coronel Juan Francisco Borges y sus soldados: Los Patricios Santiagueños. Otra vez Santiago primero con la proclama del 6 de Setiembre de 1810. Borges asumió el espíritu del 25 de Mayo apoyando la Libertad del yugo español insinuando la Autonomía de la Provincia de Santiago del Estero.

La "Sociedad Urbana" interesada en su pequeño y cómo do mundo no lo comprendió.

Llegada la noticia al interior provocó un interés a "Señoritos y Caballeros" que comenzaron a instalarse en la ciudad. Los atrajo la idea de algún beneficio político y los posibles "negocios". Sus residencias eran importantes, pretendiendo reflejar las aspiraciones de sus habitantes. La de don Pedro Díaz Gallo fue una de ellas (hoy Museo Histórico de la Provincia).

Nuevas calles se sumaron a la traza urbana, tomando como centro la plaza principal (hoy Plaza Libertad); sus arterias perimetrales se prolongaron la del norte (hoy Libertad) hasta las barracas de terminal del camino a Remes (hoy zona de encuentro entre calles Sáenz Peña y avenida Colón). La del este (hoy calle Independencia) hasta el abrevadero sur (plaza Independencia) y vinculado con el camino del medio. Estas calles fueron los principales accesos al centro urbano.

En 1816, por pedido popular, el coronel Juan Francisco Borges fue nombrado Gobernador, Fiesta en la campaña santiagueña, existió un motivo para "acercarse" a la ciudad.

La "Sociedad Urbana", molesta, no tarda en entretejer intrigas, las que llegadas a oídos del general Manuel Belgrano, encargado de los ejércitos del Norte, víctima de engaños, ordenó en acuerdo a lo dispuesto a cualquier sublevación, fusilar al patriota santiagueño, hecho que se concreta el 1° de enero de 1817.

Ese verano fue trágico para la ciudad, que no sólo lloró su muerte, sino que fue azotada por huracanes y un terremoto extraño acabará destruyéndola en gran parte. Otra vez desolación e incertidumbre. Los traidores esbozaron una sonrisa.

Santiago del Estero tenía suficiente reservas espirituales y físicas y conocerá por mucho tiempo el sufrimiento. El criollo estaba preparado, se había formado en las Estancias y Salas donde siempre había un altar armado por las matronas, listo para el rezo o la confianza de amigo dada por su patrón y protector.

Quizás éste sea el origen o el acrecentamiento de la religiosidad popular santiagueña que se ve- nía dando por acción de los clérigos y de la herencia española. La costumbre de tener un santo protector en cada Estancia o paraje, cotidianamente invocado, no sólo a mejoras materiales, sino para el robustecimiento del temple, iluminación para los actos desconocidos y las gracias por "un día más". El santo tenía un "dueño", este hecho hacía, a la persona poseedora, consejera y depositaria de los bienes cuando se entraba en "campaña" o por el desarraigo constante que las tareas requerían.

Nota relacionada: LA CIUDAD EN ÉPOCA DE IBARRA

Fuente: Santiago del Estero. Recorrido por una ciudad Histórica


13/1/23

LA CIUDAD EN ÉPOCA DE IBARRA

 Por Arq. Roberto R. Delgado

Comandante Juan Felipe Ibarra

Corría el año 1820 y la ciudad celebraba la Semana Santa, cuando se enteró de un levantamiento armado y el triunfo de tropas santiagueñas sobre tucumanas. No bien comprendieron lo sucedido, el ruido de fusilería anunció la entrada del comandante Juan Felipe Ibarra, quien inmediatamente asumió la conducción del gobierno.

El 27 de abril, se proclamó la Autonomía de la Provincia resucitando la causa de Borges. Ibarra, astuto militar, de fina instrucción, educado en el Colegio de Monserrat de Córdoba, conocía a su pueblo, sus aspiraciones y se dedicó a su defensa.

Un dato interesante en el Acta de Proclamación de la Autonomía, dice: "...que el censo del año 1815 resultaron sesenta mil habitantes que no los tiene Tucumán". La ciudad no superaba los 4.000 habitantes.

A partir de Ibarra, la ciudad y la provincia tomaron otro rumbo, volvió a ser centro del norte, pero a costa de mucha sangre santiagueña. Será invadida por fuerzas cordobesas, tucumanas y catamarqueñas que buscaban someterla. Más de una vez los pobladores evacuaron la ciudad como precaución y táctica de guerra. Siempre salió airosa. La "Sociedad Urbana" que tanto daño hizo a Borges, hizo lo mismo con Ibarra, pero éste reaccionó con mano dura, persiguiendo a los intolerantes de la Autonomía hasta el destierro, hechos por los que, con posterioridad, será calumniado.

La ciudad tuvo otros accesos de importancia, esta vez por orientación al este. Uno ya era conocido, relacionaba ambas márgenes del río a la altura de la prolongación de la actual avenida Alsina y continuaba con un camino rumbo sur-este hasta Sabagasta, también a Matará y a la región de Vilelas. En este cruce, se levantó en 1824-25 un precario puente donde se cobraba un peaje como renta al gobierno.


Plano indicativo del asentamiento poblacional y los principales elementos que definieron el perfil de la ciudad en 1825. 

Se puede afirmar, por cotas del suelo, estratos, geológicos y carencias de vestigios de radicación humana, que durante siglos, incluso antes de la fundación del definitivo asentamiento de la ciudad, en la zona sur-este del centro urbano era conflictivo arraigarse por los constantes cambios del curso del río, que generaba zanjas y erosiones creando un ámbito de bañado. Por ello se mantuvo como límite sur de la ciudad la actual avenida Alsina, se hacía una diagonal de orientación sur-oeste, bus- cando los altos, para vincularlos con el camino Real y continuar a Maco, Tuama, Upianita, etc.

Más al Norte, en la prolongación de la actual calle Salta, que al cruzar el río continuaba a San Isidro (campo propiedad de los Taboada), al llegar al Saladillo se abría en varias sendas hasta la costa del Salado. Este camino fue muy frecuentado por troperos, en especial caballar. Muy comenta- da, incluso en el cancionero popular, era una posta a orillas del Rio Dulce atendida por la "Rubia Moreno".

Las memorias recuerdan el recorrido desde el Río Salado al Dulce. Se lo practicaba en dos tiempos: al amanecer se partía de las poblaciones ribereñas del Salado, con el crepúsculo se buscaba amparo en el Saladillo. Al día siguiente, con la "fresca" se trotaba algunas leguas para llegar por la noche a la "lucesita" de la Rubia Moreno. Ahí se descansaba y cuando era prudente, se cruzaba el río con la tropa o sin ella. En las "sombras" de la orilla, en la Tara-Paya (hoy sector B° Sargento Cabral y Juan XXIII) se acampaba en espera del "hombre" para negociar. Cuando se traía miel o artesanías se "llegaba" hasta el viejo cementerio, se supone su localización en la zona aledaña a la actual Casa de Gobierno y Palacio de Tribunales, donde se "truequeaba" o se vendía. En la misma zona, en un terreno frente a la acequia Real donado por el presbitero Juan José Lami y por iniciativa de la madre Ana María Taboada, comienza en 1823 la construcción de un convento que en honor al Niño Jesús, se lo llamó Casa de Belén, que se fundó el 25 de diciembre de 1821. Con el trabajo del pueblo, Ibarra mejoró las defensas sobre el río, en 1825 ante una inminente inundación, abrió un nuevo cauce permitiendo que las corrientes de aguas se replegaran sobre la margen opuesta a la ciudad.

Ibarra vivía en la zona "alta" en los terrenos hoy ocupados por el Colegio Nacional.

Próximos a la barraca que se ubicaba en la intersección de las actuales calles Pedro León Gallo y Colón, había una casa de estilo colonial que mandó a remozar instalando el polvorin y depósito para arsenal. Constaba de dos amplios salones para armas, un local para guardia, amplia galería frente a un aljibe y un campo de adiestramiento. Hacia el poniente de- pósitos y corrales para animales; hacia el sur, como defensa natural, existían unas lagunas bordeadas por un gran salitral con suelo pantanoso.

De las características de la casa habitada por Juan Felipe Ibarra no hay antecedentes, pero debió ser similar a la de los Díaz Gallo.

Como sede del Gobierno, Ibarra utilizaba una casa de numerosas habitaciones, se ubicaba donde está hoy el Teatro

25 de Mayo, ignorándose si fue construida para tal fin.

En 1824, a dos años de haberse reconstruido la iglesia de La Merced, se derrumbó por mala construcción. Ibarra mandó reconstruirla nuevamente en 1835, como pago de "confiscaciones" que había realizado a las quintas de la orden. Mercedaria que poseían en Tipiro.

En 1847, con su ayuda, se construye por tercera vez la iglesia del convento de San Francisco. Esta época corresponde a la radicación de un grupo de familias, cuyos apellidos fueron Ríos, Díaz, Juárez o Silva en zonas vecinas a la barraca que estaba cerca de las actuales calles Formosa y Colón. Estas familias cultivaron en pequeños cercos algodón y maíz, trayendo para su riego una acequia (hoy Colón) cuya toma estaba contigua a la acequia Real. En la parte alta de esta "colonia" (oeste) cultivaron plantaciones de tunas. Por decenios se consumieron los frutos y el arrope elabora- do por estas familias.

Es posible que esta acequia continuara hasta la propiedad de Ibarra y se vinculara con otra, la desaparecida acequia de calle Sáenz Peña, a la principal o Acequia Real. También es probable que sirvieran para drenar unas lagunas que había en la zona del actual barrio Rivadavia, a las que identificaban como "barroso, barrosa, barro negro", denominación utilizada por gentes que venían del oeste: Remes, Luján y Guasayán. Juan Felipe Ibarra se preocupó más por la totalidad de la provincia que por su ciudad principal. En razón de las frecuentes interrupciones a su gobierno, por intrigas, traiciones, invasiones de provincias vecinas, por sucesivos interregnos de delegados de gobernadores, tenientes gobernadores, que obligaban su retiro y repliegue de la ciudad. Guerrear en los montes, armar su ejército hizo que no le quedara tiempo ni tranquilidad para considerar la urbe. Recién a partir de 1840 y hasta su muerte en 1851, sus realizaciones darán pie al entusiasmo de los mentores de la cruzada por la paz y la organización.

Por recorridos, lecturas e investigaciones, cual- quiera puede suponer una cronología de hechos, pero muchas preguntas surgirán: ¿Qué designios acurrucaba esta ciudad centenaria para no ser lo que merecía? ¿Acaso sus habitantes no querían libertad, independencia y ser gestores de sus propios destinos sin buscar tutelajes? o tal vez, con intrigas y traiciones escondían perversas ambiciones.

En el territorio nacional en sus comienzos de organización política independiente, sus habitantes se dividieron entre simpatizantes de los "godos" y por otra de los criollos. Más tarde entre federa- les y unitarios. Santiago del Estero no era ajeno, ¿Qué pasaba en esta ciudad que no era nada, solo un paso de todo, como se expresó anteriormente? ¿Acaso la ciudad pretendía ignorar el verdadero Santiago nacido en los pueblos junto a sus dos ríos?.

La ciudad nació junto al Dulce y poco a poco por el Camino Real, familias de poblaciones y estancias "dulceñas" se arrimaron y con su prole armaron comunidad, estableciendo contacto con el sur y el noroeste de país ligándolos un interés económico y social. Terratenientes de rancio abolengo, caballeros de probada fidelidad a la corona española, no "mestizados" con sus sirvientes.

Con la revolución por la Independencia se convulsionó la tranquilidad social, el patio hogareño, el paseo de las niñas. Llegaron a la ciudad, los "Shalakos" del Salado; "guerreros de frontera, mestizos, ignorantes, acaudillados por tipos que respondían a las características en el estado de atraso en que se encontraban", diría Paul Groussac en sus escritos.

¿Así era Borges, el joven de ojos azules que llevaba su insignia otorgada como Caballero Cruzado de la orden de Santiago por la corte española?. ¿Así fue Ibarra que luchó por la Revolución de Mayo, contra los realistas en Potosí bajo las órdenes de Viamonte, Pueyrredón y Belgrano?.

¿Así eran los criollos de nuestra mesopotamia provincial que sembraron con sus cadáveres los campos de batalla? Indudablemente no. La ciudad no evolucionaba y se fragmentaba no por la guerra fraticida del período por la independen- cia, sino por la intolerancia social. La dirigencia ciudadana se consideraba con derechos por ser cultos e ilustrados. Los guerreros por su sangre derramada.

El barrio de Las Catalinas, aledaño al templo de los Dominicos, representaba un círculo cerrado, conservador, a pesar de sus calles maltrechas por el paso. Sus casas con patios de grama, enredaderas de madreselvas y jazmines, juncos y ro- sales, daban idea de grandeza y prosperidad. En contraste, la inmediata periferia, el olor a guano y cuero perfumaba las brisas, los corrales, enramadas que servían como techo, alguna pieza como vivienda, mostraban la realidad del momento. Todo transitorio. Alerta.

El criollo santiagueño, muerto su máximo caudillo, se afincaba como podía. Esperaba la orden para ser llamado, órdenes que no le llegaban. Había abandonado su pago, olvidado su oficio de labriego y criador. Más de 40 años lo habían formado como guerrero, baquiano y visteador.

Antes lo aclamaban cuando paseaba su triunfo, que en definitiva no era para él, lo gozaban los otros. Ahora lo despreciaban. Como queriendo estar junto y perpetuar la memoria de su caudillo, se ubicaron en la zona alta de la ciudad, al oeste, cerca de la residencia de Ibarra.

Si bien el aspecto de la ciudad en ese entonces era reflejo de los acontecimientos vividos ya no se podía volver atrás y hacer un replanteo de organización, tampoco había quien la pusiera en práctica. Todo se consolidaba en razón de la necesidad del caso. Construcciones existentes en los siglos pasa- dos (residencias, postas) habían desaparecido o se transformaron para un nuevo destino en talleres de carruajes, herrerías, quizás almacenes de ramos generales, edificios públicos. Solo en las inmediaciones de los templos el orden de las construcciones simulaba una urbanización, el resto del asentamiento era anárquico, sin límites precisos y de surgimiento espontáneo.

Solo las construcciones influenciadas por los clérigos y por los residentes con experiencias cosmopolitas poseían un criterio estético. Lo otro netamente funcional y austero con la tecnología importada de las estancias, construcciones de poca envergadura y extendida en el plano paralelo al suelo.

El escaso crecimiento edilicio de los años anteriores negó la posibilidad de formación de especialistas en construcciones, bastó únicamente la buena voluntad y la experiencia adquirida en las estancias y salas.

Toda población que crece requiere nuevas necesidades, nuevos hábitos. Todas las tareas de mantenimiento que se circunscribían al recinto de las residencias, adquirieron dimensión social-urbana y aparecieron nuevos oficios al servicio de la comunidad: tabiqueros, carpinteros, herreros, albañiles, lecheros, vendedores ambulantes, etc. Estos dieron otro ritmo y paisaje a la Ciudad.

Nota relacionada: LA CIUDAD CON LOS TABOADA

Fuente: Santiago del Estero. Recorrido por una ciudad Histórica


LA CIUDAD CON LOS TABOADA

 Por Arq. Roberto R. Delgado


Desplazados los breves gobiernos de Mauro Carranza y de Carlos Achával, herederos de Ibarra, por los hermanos. Manuel y Antonino Taboada, la sociedad cambió, la ciudad. también. Se acabó la guerra civil gaucha, las reemplazó las revoluciones organizadas con motines de cuartel. La civilización cede paso al progreso.

Los Taboada se dividieron el trabajo: Manuel se dedicó a gobernar y mejorar la ciudad, Antonino, a quien el criollo reconoce como su nuevo caudillo, seguirá guerreando, ya con el indio hostil del Chaco formando una línea de fortines como: Doña Lorenza, Abipones, Islas del Toro, etc., ya contra el invasor a la Provincia. Será el héroe de Pozo de Vargas.

Santiago del Estero otra vez primero en el concierto nacional. Esta vez en su organización política jurídica sancionando la Constitución Provincial en julio de 1856. La ciudad pretendiendo ser más y olvidar definitivamente su situación. de ser paso, ampliará sus calles públicas. A las calles principales (hoy Urquiza y 24 de Setiembre) las acompañarán las trazas de sus inmediatas paralelas. Se enfatizará la plaza, una columna con remate piramidal construida en su centro, simbolizará la Libertad (1865).

Las ruinosas mamposterías de la Catedral serán reemplazadas por una nueva en el mismo lugar inaugurándose el 14 de julio de 1876. Se construye la Casa de Gobierno (hoy Jefatura de Policía). Frente a una de las esquinas de la plaza principal, junto a la Catedral (hoy Libertad y 24 de Setiembre), en una casa de estilo con reminiscencias colonial y algunas molduras románicas, vivió don Manuel Taboada, el Gobernador. Solar que pasó a ser Hotel Paris después de su muerte en 1870.

Gaspar Taboada, otro hermano del Gobernador, construyó en 1860 la casa N° 46, este número surge porque tenía 46 habitaciones, única numerada en la ciudad cita, en calle Buenos Aires. Se la reconocerá hasta en la actualidad como "Casa de los Taboadas", hoy Monumento Histórico. Aproximadamente en 1857 comenzó a funcionar la primera escuela provincial en un "edificio público" llamada "9 de Julio", luego "Manuel Taboada", después "Colegio Bel- grano". En 1868 Taboada la ofrece a las autoridades nacionales para que funcione la escuela Normal, hecho que se concreta en 1880. Hasta ese momento dictaban clases regular- mente dos escuelas religiosas: la Casa de Belén y la Escuela del Convento de Santo Domingo dirigida por el fray Juan Grande.

El 3 de octubre de 1869 se fundó el primer establecimiento de enseñanza secundaria: el Colegio Nacional que funcionó en la antigua sede de Casa de Gobierno (hoy ubicación del Teatro 25 de Mayo), más una biblioteca pública en el mismo edificio.

Después de largo tiempo la ciudad creció ediliciamente. Llegaron inmigrantes italianos y españoles que radicaron comercios, chacras, fincas y establecimientos agricola-ganaderos. Nuevos oficios mostrarán una colorida vestimenta en sus ejecutores. Plantas frutales traídas de otros lares reemplazaron los perfumes pasados. La primavera mostró otro paisaje. Un periodo de sequía (1860) agotó una represa natural ubicada junto al cementerio, primer enterratorio secular de la ciudad a partir de 1859 (hoy predio comprendido entre las calles Santa Fe, Granadero Saavedra, Sarmiento y San Martin).

El trabajo de particulares prolongó la acequia (hoy Colón) hasta la carbonera, parada de carretas y arreos (hoy terrenos del club Central Córdoba y estación de Terminal de Omnibus), uniendo la Acequia Real con otra, a cuyos costa- dos inmigrantes que todavía no habían hecho familia, sembraban ajos, zanahorias y plantas aromáticas en pequeña escala. Esta acequia era la desaparecida Pedro León Gallo. Las prolongaciones eran para llenar la represa donde tabiqueros extraían agua para el barro de sus fábricas.

El cementerio ocupaba la manzana de la actual plaza (Absalón Rojas) frente al club Central Córdoba.

Este periodo feliz y de progreso en la ciudad fue corto, espíritu pujante de estas gentes se vio frenado por una epidemia de cólera en 1868. La tragedia despobló la ciudad ya por migraciones o mortalidad. No hubo familia que no lamentara su pérdida. Los enfermos, de a cientos, eran trasladados en carro a los conventos en búsqueda de curación. Todo era ineficaz, a pesar que el gobierno tomó medidas profilácticas, todos los hogares se transformaron en lazaretos. El bravo Río Dulce "colaboró" en el desastre. La ciudad estaba herida e impotente esta vez. El agua socavó los cimientos del convento San Francisco y arrastró los caseríos del sur posterior al límite de la ciudad (hoy calle Alsina). Vanos resultaron los estudios y precauciones de los comisionados de gobierno nacional para el estudio de las defensas del río, ingenieros Hidebraudo (1863-1869) y Dahequist (1872). Como si todo esto fuera poco, la provincia fue intervenida militarmente en 1875 por el coronel Olascoaga. El general Antonino Taboada es desterrado a Tucumán, donde muere como todos nuestros patriotas, humillado y en el olvido. Es el año 1883.

Por estos últimos hechos la ciudad se convirtió en un villorio triste y asustado. Triste por la desesperanza causada por burdos gobiernos, 8 gobernadores en 10 años (1876- 1886). Asustada por el acecho de las montoneras taboadistas que saqueaban y asesinaban a los "amigos" del gobierno, a todos aquellos que el criollo recordaba cuando profanaron la tumba y esparcieron los restos de su idolatrado caudillo brigadier Juan Felipe Ibarra.

Solo un día, el 12 de octubre de 1884, la ciudad salió de su apatía y con sus mejores galas e ignorando el pasado concurrió a la plaza principal. El "progreso" había llegado. La máquina ferroviaria se detuvo frente a la Casa de Gobierno. Humo de vapores, cintas de colores, pitos y cornetas, orna- mentaron la visita del "extraño": el ferrocarril Central Córdoba.

Su estación se ubicó en un barrio de criollos donde pre- paraban el ladrillo para construir la ciudad. Criollos que serán reclutados por el propio Gobernador y enviados en carros, a caballo y a pie, a Buenos Aires en defensa del Gobierno Nacional en la Revolución de Tejedor (año 1880). El gobernador era don Pedro Gallo.

Las tabiqueras quedaron por un tiempo abandonadas. Serán sus guardias el croar de miles de ranas. El barrio Cantarranas había nacido.

Los constructores del ferrocarril, fundamentalmente de origen inglés, introdujeron nuevos modelos arquitectónicos, algunos de estilo neoclásico como las estaciones; estilos anglo-normandos en viviendas de funcionarios principales y estilos surgidos de la revolución industrial europea, en las viviendas y talleres de trabajadores. Una fuerte incorporación del hierro en el sistema constructivo reemplazó el forjado por el remachado y abulonado en unión de partes. Piezas de hierro moldeado o hierro fundido se usaban en cañerías y mesadas de cocina. También elementos enlozados (distintos tipos de cerámica y vitrificados) y decorativos en zinc estampado, enriquecieron las posibilidades estéticas.

La ciudad imitó estas novedades. Casas de imagen sólida perfilarán las calles. Los inmigrantes españoles e italianos, aparte de sus costumbres, también trajeron la novedad en los muebles de tapicería. Otra, las palomas y palomares pasarán a ser miembros de la ciudad.

Al sur de la ciudad, a unos cinco kilómetros de la plaza principal, en una propiedad que había sido otorgada en el Siglo XVII al capitán Alonso Contreras, se inaugura públicamente el ingenio Contreras de Don Pedro Saint Germes, el 31 de julio de 1879. Instalación modelo y moderna con maquinarias inéditas para la República.

Más de 450 hectáreas con sembrado de caña de azúcar lo hacían parecer un oasis.

Poseía electrificación y riego propio, con un sistema sofisticado en base a máquinas de vapor. Las construcciones de estas instalaciones también llamaron la atención de los inquietos pobladores que copiando formas de terminaciones generaron otro aporte a la arquitectura. Son de una mezcla de estilos del tradicional inglés, folclore de los países bajos europeos y partes prefabricadas de la revolución industrial. Este pionero industrial, el 17 de febrero de 1887, obtuvo un préstamo del Banco Hipotecario Nacional, operación que posibilitó la radicación de una sucursal bancaria en esta ciudad. Acosado por las deudas y la escasa ayuda en el fomento, don Pedro Saint Germes se suicidó en 1893. Otra víctima de la incomprensión ciudadana. En 1886 por gestión de los hermanos Ruperto y Juan Figueroa se instaló la primera central telefónica en la casa N° 46 que ellos alquilaban. En 1884 con el ferrocarril ya estaba el telégrafo como vínculo de comunicación. La primera oficina de correos funcionó en una habitación de la casa de los Díaz Gallo (hoy Museo Histórico) en el año 1865. Un año después don Abelardo Gallo la trasladó a la casa N° 46. El servicio era irregular y ello motivó que en años posteriores el ferrocarril, con su instalación de comunicación por telégrafo, supliera la falencia.

La ciudad se venía formando sin ningún reglamento o patrón que la guiara. Sólo los rústicos conocimientos de trazas y formas urbanísticas de los pioneros extranjeros ordenaban algunos espacios. Los limites y referencias por la que se guiaban eran las acequias, los templos y el río. El resto era todo intuición.

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Fuente: Santiago del Estero. Recorrido por una ciudad Histórica


5/1/23

LA CIUDAD CON ABSALON ROJAS

 Por Arq. Roberto R. Delgado




Recién en 1886 cuando fue ungido Gobernador don Absalón Rojas se intentó por primera vez organizar racionalmente la ciudad mediante ley del 6 de diciembre de 1887. Se dividió el área de influencia de la ciudad en tres sectores. El primero para edificios públicos y privados, comprendido lo que es hoy, al norte el barrio Sargento Cabral, al oeste la avenida Colón, al este el barrio y Parque Aguirre y al sur los actuales barrios Cabildo, Juramento y Tradición.

El segundo sector al sur, a partir de calles Juncal y Suárez hasta la actual calle Solís, para destino de casas-quintas, y el tercer sector periférico a los anteriores para chacras y sembradíos.

Se delimitó con cuatro avenidas de 20 metros de ancho las hoy avenida Rivadavia al norte, avenida Alsina al sur; al este avenida Roca y avenida Moreno al oeste, configurando un rectángulo alargado sobre el eje norte-sur donde quedó circunscripto el centro urbano, remarcando las sendas y calles existentes en su interior.

Ninguna de las manzanas delimitadas fueron de forma regular e iguales, pues eran producto de trazados intuitivos siguiendo las direcciones acorde a las conveniencias y el res- peto a hijuelas de riego que partían de la acequia Real.

Absalón Rojas, con espíritu de constructor y urbanista implementó, en su corto gobierno de 3 años, un sin número de medidas y ordenanzas que mejoraron la ciudad en todos sus aspectos. Dejó de ser una aldea. Se trasladó el cementerio "La Piedad" a su actual emplazamiento sobre el camino a Remes. Se fundaron 215 escuelas en la provincia; tres de ellas en la ciudad: escuelas Laprida, Sarmiento y Zorrilla ubicadas en el lugar actual. Estas construcciones de envergadura para esa época eran mezcla de estilos neoclásico con algunas particularidades que recuerdan el colonial america no en su parte interna. En los frontis que rematan los accesos principales, se usó por primera vez en un edificio público el escudo de la provincia en relieve, los mismos eran imitaciones de timbres y sellos frecuentes en la papelería pertenecientes a la Tesorería y Rentas de la Provincia durante la década de 1880-1890 siendo reemplazados muchos años después por el escudo oficial fijado por ley en sesión de Honorable Legislatura el día 27 de octubre de 1915.

Se fundó el Banco de la Provincia que, por politiquería y favoritismo, el 5 de noviembre de 1913 cerró sus puertas fundido. Por ley del 4 de agosto de 1887 se crearon las plazas Belgrano, Independencia, General Roca (hoy Lugones) y Absalón Rojas (hoy San Martín).

El 7 de octubre de 1888 se inauguró el Hospital de Cari- dad, después Mixto, hoy denominado Hospital Diego Alcorta, con capacidad para 50 enfermos. En estos años continuó la llegada de inmigrantes, algunos se radicaron en el centro urbano dedicándose al comercio y pequeñas industrias: las tiendas y bazares de Samuel Paz, Carlos Masure; almacenes generales de Hermanos González, Lucas Bravo, Luis Gardela; roperías de Pedro Zain, de Martínez y Arce; aserraderos de zy Cesareo Viena y Otto Wolf; fábrica de carros y carruajes de Dalmacio Villar, Américo Perramesa, etc.

Ya en 1887 había una fábrica de hielo y soda en "Cachi Pampa" (sector de la actual capilla San Roque) de propiedad de don Enrique Nelson, más tarde de la firma, Christensen y Compañía.

Fundamentalmente los inmigrantes italianos se dedicaron a tareas de granja, tambo y agricultura, en terrenos periféricos a la ciudad.

A comienzos de 1892, la acequia Aguirre cuya toma estaba en Tarapaya junto a la de la Colón, regaba una extensa colonia llamada del Vinalar. Allí se erigió el santuario de Santa Lucía años después.

El Mercado Armonía, previsto por Absalón Rojas en el mismo lugar de nuestros días, era centro de comercio de los productos de fincas y chacras, centro de atracción y relación social de fusión de costumbres y tradiciones. Era un paseo obligado y de pregunta por la salud de algún enfermo.

Por ley de 7 de julio de 1887, Absalón Rojas, creó la In- tendencia Municipal, determinando que en su función el intendente deberá: "cuidar en general de todo lo que corresponde al aseo, higiene y ornato de la ciudad, extendiéndose su acción hasta los límites del municipio de la capital".

¿Cuáles eran los límites del municipio? l este la margen derecha del río Dulce. Al norte, una calle de 24 metros de ancho que partía del río cortando el eje de la calle Independencia a la altura del lado sur de la propiedad llamada Tarapaya. Al oeste, otra calle de igual ancho y en ángulo de 90° con la anterior, cortando el eje prolongado de la calle Libertad a 130 metros (dirección oeste) de la acequia Colón; y al sur con una tercera calle de igual ancho cortando el eje de prolongación de la avenida Belgrano a 130 metros (dirección sur) de la plaza del mismo nombre. Este trazado quedó como teórico ya que no se concretó fisicamente. Dentro de las normas de higiene la provisión de agua mediante carros para llenado de aljibes y tanques, se implementó como servicio.

En esta administración se nomencló numerosas calles: Urquiza, Sarmiento, Avellaneda, Juárez Celman, etc. El gobernador Rojas recordaba una de las crecientes mayores que registró el rio Dulce (1883) llamada "volcanes" y decidió encarar definitivamente este problema de siglos. Con aportes económicos y técnicos del Gobierno Nacional a través del ingeniero C. Cossú, se construyeron defensas en la curva de Tarapaya y otra a la altura de Chumillo (hoy barrios Independencia y Ulluas). En estas tareas colaboró el ingeniero Sumau.

Pero el rio Dulce con su capricho, trató de penetrar hasta el centro urbano en 1889 arrastrando árboles y precarias casas. Esta vez bajo la dirección del ingeniero Cassaffousth se hizo un terraplén como defensa paralelo al lecho del río, con una longitud de 500 metros y 2 metros de alto respecto al cauce, partiendo desde la calle Rivadavia al sur. Terminado su período de gobierno, Absalón Rojas es electo Senador Nacional. Renunció en 1892 para ser nombrado Gobernador. Nuevamente esta "Sociedad Urbana" que merece un estudio aparte, y que está presente con un legado de tragedias, intrigas y ambiciones egoistas, provocó una revuelta y despojó de su cargo al Gobernador.

Otro prominente santiagueño que quería una gran provincia, tiene que alejarse para morir pobre y amargado en Buenos Aires en 1893.

Prácticamente con Absalón Rojas la ciudad capital quedará configurada. Organizó, urbanizó e implementó los servicios públicos básicos. Alentó la calidad en las construcciones arquitectónicas y exaltó el espíritu hospitalario de sus habitantes hacia todo recién llegado.

Los inmigrantes sintieron a esta ciudad como su hogar y contribuirían a las bases que apuntalaron el nuevo siglo que comenzaba.

Sucedió a Rojas en la gobernación D. Maximio Ruiz, el doctor Gelacio Lagar hasta 1895; luego don Adolfo Ruiz que olvidó la ciudad poniendo énfasis en políticas de explotación de bosques hasta 1898.

El gobernador Dámaso E. Palacio ingresó a los albores del nuevo siglo de manera tímida y envuelto en una lucha entre numerosos grupos que pretendían conducir las riquezas del suelo santiagueño.

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Fuente: Santiago del Estero. Recorrido por una ciudad Histórica


30/12/22

EL SIGLO XX

Por Arq. Roberto R. Delgado



Después de la muerte del gobernador Rojas, la ciudad decayó en su ritmo creciente, incluso no habría tranquilidad. La política se adueñó del centro urbano, la intriga y la entrega crearon un clima de intolerancia.

Recordemos la tragedia de don Pedro Saint Germes. La inestabilidad de los bancos oficiales. Recordemos las consecuencias del "progreso" con el ferrocarril: desaparición de antiguas poblaciones, devastación del bosque, explotación y éxodo del criollo. Aniquilación de las últimas montoneras. Es el comienzo del empobrecimiento de la provincia de Santiago del Estero. Las estancias agrícola-ganaderas serán obrajes forestales.

A comienzos de siglo la arquitectura había sufrido un impacto, un cambio en su organización espacial sobre todo en las casas unifamiliares de la ciudad. Este impacto se produjo por la incorporación de accesorios importados: Planchas, hornallas, rejillas y artefactos para fuego de hierro fundido en cocinas; calderas y artefactos sanitarios para baños (inodoro, lavabos y bañeras, el bidet se usó después de 1915). Estas incorporaciones, prácticamente, hacen desaparecer el sector de servicio como construcción y espacio aislado de la edificación madre.

Hasta ese momento la cocina como el baño estaban relegados a un plano secundario con desorden funcional y estético, en comparación al resto de las edificaciones, a pesar de la gran actividad que en ellas se desarrollaban. Era el lugar de los sirvientes, de los entenados, de los "inocentes del otro patio" (se llamaba así a los minusválidos que realizaban tareas menores: moler maíz, acarrear agua, recoger la ropa lavada, etc.).

Los accesorios importados dan un nuevo status a los moradores. La cocina dejó de ser un fogón de ollas negras "al humo", convirtiéndose en lugar de encuentro familiar, de con- versaciones de entrecasa. Por sus amplias dimensiones, el comedor "de diario", se sumó como actividad complementaria.

El baño de paredes revestidas con materiales decorados dio idea de "templo" de higiene, dirían: "Es el espejo del hogar".

1900 entró castigando a la ciudad con una nueva epidemia: el paludismo o "chucho" (denominación vulgar). Mal producido por el estancamiento de las aguas de un brazo muerto del Río, que quedó después de realizarse la defensa "Cassaffousth" y una prolongación del mismo en dirección de Tarapaya que en el gobierno de Palacio, se conoció como "Dique Palacio". Se sumó la gran cantidad de lagunas al sur- oeste de la ciudad, donde la proliferación de mosquitos anófeles era alarmante. Comentaron que el zumbido de los mosquitos "tapaba" el bramar del río.

Jamás ciudad argentina alguna tuvo tanta mortalidad, en 5 años, de 1896 a 1901, murieron 66 mil personas. Más del 50% de los mismos por causas infecto-contagiosas: tifoidea, tuberculosis y paludismo. De cada 100 personas 88 eran palúdicas.

La imaginación podría superar cualquier fantasía, si cerráramos los ojos y nos trasladáramos a esa época, ¿cómo sería el paisaje de la ciudad?.

Numerosas ideas y proyectos surgieron para evitar el flagelo, todas basadas en el dragado de lagunas y relleno del brazo muerto, entre las que se contaban la de los ingenieros Cassafousth y Thais.

La iniciativa corrió por cuenta del doctor Antenor Alvarez, médico higienista que sugirió al gobernador Barraza el relleno, desmalezamiento y plantación de especies arbóreas que absorbieran la humedad del suelo.

Nació así el Parque Aguirre con la plantación de 1.600 eucaliptos, producto de un diseño del ingeniero Thais, la prédica del doctor Alvarez y la voluntad del intendente don Andrés A. Figueroa (1902-1904).

El trabajo continuó con obras de servicio sanitario, el 1° de diciembre de 1904 se inauguró el servicio de agua corriente siendo su primer beneficiario la casa de don Pablo Berdaguer sobre la calle 9 de Julio a una cuadra de la plaza Libertad. En 1913 se complementó con obras de servicio de cloacas.

Los motivos escultóricos que adornaron en primera instancia los jardines y pergolados del Parque Aguirre fueron reproducciones en hierro fundido de obras clásicas en escala menor respecto a las originales. Las mismas fueron adquiridas junto con la reja que delimitaba por calle Olaechea, entre Libertad y Urquiza, el ingreso al Parque (1906). Se distribuyeron 12 esculturas, más tarde en 1918 aproximadamente, se colocaron las figuras de las "Cuatro Estaciones", en mármol, frente a los cuatro accesos: calles Libertad, Avellaneda, 9 de Julio y Urquiza. Hoy rodean la fuente del Kakuy.

Desde 1899 en las calles principales había alumbrado eléctrico. La Compañía Eléctrica pertenecía al señor Otto Semmelak y funcionó en la calle Garibaldi a altura del N° 50. Esta empresa funcionó hasta 1906, poco a poco fue re- emplazada con una nueva usina, propiedad de don Belisario García que se instaló frente al Parque Aguirre. Se conserva en la actualidad parte de la construcción sobre esquina de calle Libertad.

La ciudad de Santiago del Estero fue la segunda en el país en iniciar el servicio eléctrico el 6 de febrero de 1889 con 10 focos públicos. Cuatro en la plaza Libertad y el resto en calles aledañas al mercado Armonía vitalizando un sector (sobre actual calle La Plata) donde se ubicaban almacenes de ramos generales (propietarios familia de la Vega) conocido durante décadas posteriores como "La Bola de Oro". Contribuyó a este sector, un espontáneo servicio de fletes por medio de "chatas" (carro alargado con una plataforma sin laterales tirado por dos o cuatro caballos percherones).

Esta actividad sumada al servicio de cocheros o "Mateos" (transporte de tracción a sangre para personas) concentraba un movimiento de cosas y gentes generando un centro de atención que no sólo fue hito en la Ciudad sino en la provincia toda.

Por ley del 26 de octubre de 1903 se creó la plaza de ejercicios físicos, en el parque Aguirre, se llamó después Gimnasio Newbery. Hoy ocupa esos terrenos la escuela Técnica N° 2 "Santiago Maradona". En el lado izquierdo del límite de la Catedral había, en 1904, un teatro de rústica construcción de fachada revocada a la cal, lisa, con una puerta y 2 ventanas de generosas dimensiones, techo metálico sobre tirantes de madera, 25 banquetas frente a un tarimado; detrás de un muro que servía de fondo, 2 habitaciones. Era el teatro Ollantay, antes fue de don Antonio Zanetti, el local llevaba su nombre comenzando su funcionamiento en 1891. Siete años después dejó de funcionar como Teatro por estar preso su dueño al herir a don Semmelak (dueño de la electricidad). Este lugar fue uno de los primeros dedicados al espectáculo y entretenimientos públicos. Era común la presencia de un "forzudo" levantando pesas y troncos, los magos e improvisados sainetes.

El gobernador Dámaso Palacio en 1899 suprimió por razones de austeridad la Intendencia. El gobernador Pedro Barraza la organizó nuevamente acorde a la reforma de la Constitución de 1903, donde se especificó la Ley Orgánica de Municipalidades. La Intendencia de la ciudad capital comenzó en forma independiente su gobierno el 1 de abril de 1904.

Los numerosos inmigrantes llegados a fines del siglo XIX se organizaron en Sociedades de Socorros Mutuos: los es- pañoles el 16 de octubre de 1889, los italianos unos pocos años después.

Los inmigrantes no sólo trajeron a la ciudad un número notable de la población, sino el conocimiento de saber habitar en ciudades consolidadas, el concepto de urbanidad, de las relaciones públicas, que sumado al de la hospitalidad de los nativos dio la fama con que se reconoce hasta hoy de ciudad acogedora, de "gran familia".

Entre ellos vinieron constructores y artesanos del hacer arquitectónico, con experiencias disimiles en organización estética, pero de extraordinaria calidad en su parte fáctica. Al no haber profesionales arquitectos (recién a partir de 1920 aproximadamente, con Aníbal Oberlander, comienzan su labor los arquitectos). Son estos expertos en construcciones los que inciden en el estilo arquitectónico de edificios que modelaron el espacio urbano.

Al no ser especialistas, sino prácticos, mezclaron estilos, (clásico, neo-clásico, renacentista florentino o español, art decó, art nouveau, catalán, etc.), naciendo un eclecticismo más elemental y sencillo que los practicados en ese momento en ciudades importantes del país, fundamentalmente Buenos Aires y Rosario. Eran personas que el proceso de industrialización y las vanguardias modernas de las naciones europeas habían marginado o el tiempo no les permitió una adaptación, al venir a "hacer América" encontraron campo virgen para plasmar, en fachadas y ornatos, sus conocimientos. Y sin quererlo fueron los pioneros de las grandes obras que identificaron la ciudad.

Algunas de las obras más importantes de esa época fueron: en 1905 el Banco de la Nación, (edificio demolido y reemplazado por el actual); el Matadero Municipal en 1907, (hoy Mercado de Abasto); Colegio Nacional inaugurado el 12 de octubre de 1908; Banco Español, el 5 de junio de 1911, que se inauguró en un local de 24 de Setiembre esquina Avellaneda, trasladándose a su nuevo local el 3 de marzo de 1914 (hoy Banco Francés); el 28 de octubre de 1912 se des- cubre el monumento al general Belgrano en Plaza Libertad; el 25 de mayo de 1910 abrió su escenario el teatro y complejo cultural "25 de Mayo"; la estatua ecuestre del general San Martín se inauguró el 24 de setiembre de 1911; en 1906 se terminó el suntuoso edificio del Consejo General de Educación de la Provincia que el 25 de junio de 1915 cambió de destino para ser la Biblioteca Pública "9 de Julio" (edificio demolido y reemplazado por el actual Banco Provincia); en 1915 comenzó la construcción del Hospital Independencia: el Cuartel del Regimiento de calle Roca se inauguró el 9 de julio de 1915; en 1916 se terminó totalmente la construcción de la Escuela Centenario comenzada en 1910; la pavimentación de calles principales utilizando adoquinados comenzó en 1916 antes solo había alrededor de la plaza principal. El hormigón se utilizó a partir de 1934. El primer trazado de desagüe pluvial de la ciudad se ejecutó en 1914, mediante cunetas alrededor de la plaza y derivación por calle Independencia. En 1940 la ciudad contó con los desagües actuales, obra iniciada por la Intervención Federal del Dr. Manuel Bonastre.

La ciudad creció bajo aspectos contrastantes, suntuosos edificios, algunos chalets jerarquizaron una zona residencial sobre la avenida Belgrano. Las cuatro avenidas principales marcaron hacia adentro una diferencia, se densificó y las costumbres ciudadanas cobraron fuerza: el ocio en las confiterías y billares, el paseo de las tardes, reunión de intelectuales, los domingos de misa, etc.

El oeste y norte de la ciudad, era otra cosa, los criollos siguirían siendo perseguidos, esta vez por "batidas" de la policía, que por insistencia, hacen migrar a los asustados a otras provincias. Los que quedan serían peones o "carne de cañón" para la política.

Mientras unos construyen otros siguen gestando "revoluciones". Las enemistades provocaban retos a duelos despertando la curiosidad de los habitantes.

En 1920 es moda "hacerse" un panteón. Imponentes mausoleos distinguían a las prestigiosas familias contrastando con las pequeñas cruces que identificaban a los pobres. El cementerio era motivo de paseo y encuentros sociales. Los cortejos fúnebres, aparte de extraño espectáculo, eran un desfile que servía para muchos días de comentarios: "si fulana lloró bien", "cómo iba la viuda", "si el doctor había dado propinas", "qué buen discurso de despedida", etc.

Quizás esa costumbre era donde se notó en mayor pro- porción la fusión cultural indígena-latina. La ciudad participaba en la muerte del habitante y todos, de alguna manera, le rendían culto.

Las primeras casas revocadas con cemento Portland fue- ron las de don Juvenal Pinto y don Lino Beltrán ubicadas frente a la plaza Libertad, en 1904. La primera que tuvo placard (ropero embutido) para ropa fue el chalet de los Cáceres en avenida Belgrano (1914).

La ciudad continuó su ritmo de crecimiento a pesar de no haber un código o reglamento de construcciones que ordenara las mismas, sólo la Municipalidad marcaba la línea de edificación del frente desde 1920 y el resto corría bajo responsabilidad de los constructores. Más precisión y control se practicaba en las cuestiones sanitarias: agua corriente y cloacas.

Se construyó tanto, pero tanto, hasta los años 30, que el centro urbano quedó definido hasta el presente. Importaba el frente, es así, que por ahí se iniciaban las obras y podían pasar años hasta la total terminación de las mismas. Por lo general a medida que se alejaba del plano de fachada la calidad disminuía.

El motivo de este concepto se debió al uso de aplicaciones y molduras que venían listas para ser empotradas y con stock limitado. Se hacía un pedido general para 10 o más frentes, de acuerdo a un catálogo provisto por fabricantes o importadores. Mientras llegaba el material, una vez dada la línea de edificación, procedían con el "tirado" de los andamios, que eran tablones de pino importado de aproximada- mente 6 metros de longitud, colocándolos contiguos en una dirección hasta lograr un tendido de 30 metros. Todo el personal de obra se abocaba al trabajo dentro de ese parámetro, construyendo simultáneamente frentes pares, simétricos e idénticos hasta de 4 casas. Quizás esta metodología influyó para el parcelamiento de los terrenos urbanos dando origen a las dimensiones de frentes de muchas propiedades del microcentro.

Todavía se puede contemplar esta particularidad en fachadas de construcciones en calle Salta (entre Absalón Rojas y avenida Belgrano) y calles Entre Ríos y Córdoba. Ese ímpetu por la construcción fue facilitado por el Banco Edificador que, desde 1912, financiaba y promovía. En 1919 fue Banco Comercial y Edificador con capital mixto, luego se transformó en Banco de la Provincia.

La necesidad o moda de los elementos de ornatos para frente hizo que surgieran fábricas dedicadas a este rubro. El piamontés Pablo Gallizia fue el precursor, radicado frente al F.F.C.C. Central Córdoba, con una fábrica de yesos de piedra de yacimientos santiagueños y piezas pre-moldeadas en cementos de frentes. También el escultor español Rafael Del- gado Castro, integrado a la comunidad constructora desde 1914, contribuyó al diseño y ejecución de las decoraciones artísticas, ejemplos: Biblioteca Sarmiento, Sociedad Española (hoy Dirección de Turismo y Honorable Concejo Deliberante), Escuela Técnica N° 3 de calle Buenos Aires, Banco Hipotecario, demolidas confiterías Cóndor Huasi (hoy Grand Hotel) y El Aguila, etc. El 23 de agosto de 1923 se formó el Consejo de Ingenieros, por decreto B N° 1087 de junio de 1927 entró en vigencia a consecuencia de la gran demanda de obras de arquitectura.

A los pocos meses de funcionamiento el presidente de la institución, ingeniero Carlos Colombo, denunció ante el Po- der Ejecutivo Provincial la falta de idoneidad de los responsables de las construcciones: «<...estos señores son simplementes albañiles, los que obtienen patente como maestros de obra, según se los denomina aquí, y no obstante la humildad del oficio, sabemos que especialmente el último (da un listado de nombres) ha sobrepasado la medida de toda tolerancia. Así vemos en la puerta de su domicilio dos placas que dicen: Fulano -ingeniero-arquitecto-». En su defensa algunos "albañiles" alegaron haber "perdido" sus títulos cuando en el barco trasladaban sus pertenencias desde los países de origen. Excusas que despertaron la sorna de los habitantes de la ciudad, así como también la aparición de otras profesiones bajo el mismo pretexto.

Lo hecho, hecho estaba. Era indudable que al no haber normas precisas en un comienzo, dio pie para un sinnúmero de errores que el tiempo fue decantando. Incluso y a pesar que existía una ordenanza de loteo del 13 de noviembre de 1923, no se la respetaba, y muchos "señores" se apropiaban de terrenos y construcciones precarias resultando engendros de formas y dimensiones inverosímiles.

Los constructores o maestros de obras, llegados después de la guerra de 1914, eran consultados por los "adelantos" que traían. En ruedas de diálogos comentaron el uso de espejos en las construcciones de las bocacalles por razones de seguridad. Ubicadas estratégicamente frente a frente, permitían ver hacia atrás y hacia los costados como precaución ante posibles asaltantes o por alertarse del paso de vehículos. Las desaparecidas tiendas "El Siglo" y confitería "El Aguila", de esquinas calles 24 de Septiembre y Avellaneda, confitería "Condor Huasi", de esquina Independencia y Avellaneda, tienda "Casa Rosa" y café "Tokio", de esquinas Libertad e Independencia y otros solares cercanos a la Plaza Libertad, al ser edificadas (1915-1944) asimilaron los "adelantos" poniendo generosos paños de espejos en sus fachadas.

Las costumbres de los inmigrantes hicieron nacer necesidades que se incorporaron al espacio arquitectónico y urbano. La mayoría de ellos, por su origen latino, eran amantes de la música y el canto. Un nuevo "intruso" integró la familia: el piano. Este instrumento de regular tamaño requirió un espacio adecuado más el lugar del posible auditorio. También en la decoración del ámbito, nuevos accesorios enriquecieron el patrimonio: relojes a péndulo, cristaleros, ventiladores de techo, espejos, percheros, etc. Las melodías del piano se oyeron por cuadras para deleite de vecinos y ocasionales. Fue una moda en esos años, junto al mueble escritorio, definieron el nivel social concentrado en los límites del actual micro centro.

Fuente: Santiago del Estero. Recorrido por una ciudad Histórica