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27/4/24

Juan Francisco Borges y el artiguismo

Por el Lic. Daniel Guzmán Alcaraz.


Juan Francisco Borges y su relación con la independencia continental es un tema que podemos rastrear en Gargaro (1938), quien cita que en 1808 se cruzó Borges con José Moldes camino a Salta, el cual le comunicó las noticias de España y las ideas independentistas, que circularon en todo el territorio virreinal. Esta cuestión que será retomada por Di Lullo (1947), ubicando a Borges entre los viajeros que habían propaganda revolucionaria en toda la región norteña. Concuerda con la idea de Gargaro que en 1948, indica la influencia que tuvo Artigas en Borges, a través del eje salteño. Estos contactos con la red artiguista del norte argentino fueron confirmados por Bernardo Frías (1971) quien considera a Borges hombre de José Moldes, lo cual explica su proximidad con Güemes y el artiguismo.   

De todos los temas históricos en Santiago del Estero, el caso Borges no tuvo mucho tratamiento en los primeros tiempos de la práctica histórica en la provincia. Por un lado la etapa colonial parecía más propensa a ser recuperada como parte de una identidad regional, que tocaba a la historia local, lo cual dejaba al siglo XIX en lista de espera, para que después de los años 20, se comenzara a preocuparse por dicho período, en una coyuntura distinta, pues el Archivo provincial y su director Andrés Figueroa, comenzó a construir la primera agenda de una historia local que aún no se terminaba de concretar. La "memoria colectiva" (Philp, 2016, p. 33) santiagueña, en pleno proceso de elaboración, con el acceso a los archivos gracias a Figueroa, puso en jaque, a los primeros libros de historia santiagueña, que sólo contaban con los recuerdos de una época cada vez más lejana.

Baltasar Olaechea y Alcorta en su libro histórico de 1890, dedica un capítulo a Juan F. Borges, con el fin de aclarar algunos errores de aquellas época. En dicho trabajo, ubica a Borges como formando parte de los federales, especialmente con los de "Salta" (2da ed. 1907, p.120), lo que lleva a colocar las revueltas de 1815 y 1816, como un síntoma del avance del artiguismo en el interior argentino. En 1896 Pablo Lascano sale al cruce de Olaechea y Alcorta, acusando a los que han excluido a Borges de la historia local. Es el primer protohistoriador que defiende a Borges. Especialmente su papel cuando elabora su proclama patriótica al deponer al gobernador Ibáñez e iniciar la lucha por la autonomía provincial entre 1815 y 1817. Destaca su "popularidad" (Lascano, 1927, p.12), traducida en su capacidad de levantar un ejército provincial, por lo cual muchos jefes militares lo siguen en sus intentonas autonómicas. En este sentido, la creación de los Patricios Santiagueños, es una obra suya y no tiene otros orígenes. Basando su estudio en los Recuerdos de Lugones, en donde este narra cómo trato de llegar a Belgrano, para lograr el perdón para Borges y como Paz fracaso también con el mismo fin ante Lamadrid. Ese mismo año sale Lugones, de José Biedma, libro que también acude a las Memorias de Lugones, sumando otros documentos los cuales cita el autor. De todas maneras, en esta oportunidad, Borges se levanta contra Tucumán y no contra Buenos Aires, teniendo la compañía de varios pares como el propio Lugones. Este trabajo deja ver, que tanto Paz, como Bustos, se resistieron a concretar la orden del Congreso, que culminaría en el fusilamiento de Borges. Las "ideas anárquicas" (1896, p.29), pues así se llamaba al pensamiento federal, estaban expandiéndose por todo el interior y el uso de la fuerza para impedirlo es una muestra de los problemas que tenía el centralismo para mantener el orden en los territorios controlados por Buenos Aires. Así como Lascano y Biedma, en 1899 Medardo Moreno Saravia, que estaba escribiendo algunos artículos sobre historia local, define a Borges como "libertador" (Moreno Saravia, 1938, p.76), rescatándolo de los ataques de los historiadores liberales, lo cuales no miraban con simpatía sus choques con el gobierno centralista de Buenos Aires. En 1893 se había creado la sociedad cultural Borges y todos los años realizaban un homenaje a este, lo cual despertó en la comunidad intelectual el interés por su historia. En 1899 se realizo este evento ante su tumba, en el cual hubo varios discursos, siendo el principal el de Medardo Moreno Saravia, quien sostuvo que Borges merece una tumba de "oro" (1899, p.2), por lo hecho por su provincia. 

Gracias a este grupo de intelectuales, que es su mayoría eran maestros, Borges y su lucha por la autonomía comenzó a ser recuperado para la historia local, logrando de esa manera una reinvindicación por su actuación en la gesta de Mayo y en la defensa del federalismo. 

En 1909 Baltasar Olaechea y Alcorta vuelve a sostener que Borges encabezo los primeros intentos "separatistas" (1909, p.10) en 1814, ubicándolo como precursor de la autonomía provincial. Al año siguiente lo vuelve repetir en una conferencia, pero separando a Borges de lo que fue la creación de los "Patricios Santiagueños" (1910, p.44) y de la campaña del ejército del norte. Olaechea y Alcorta se basa en el escrito de Marcos Paz, para descalificar a Borges, por su desacato a las autoridades nacionales. Pero de estas apreciaciones, queda claro que Borges tuvo su base operativa en Salta. Esta postura de Olaechea y Alcorta fue seguida por dos autores santiagueños. Pero con interpretaciones distintas. Para Luis Lugones (1920), Buenos Aires nunca pudo controlar con su "autoridad" (1920, p. 68) el resto del país, donde las provincias mandaban, incluso se rebelaban cuando veían sus intereses amenazados. En este caso coloca como ejemplo a Borges y su revuelta contra Belgrano. Por otro lado, Andrés Figueroa, sostiene que Borges fue un "promotor"(1920,p.10) de la constitución provincial de Santiago del Estero, despertando el sentimiento localista contra Tucumán. Basado en Vicente Fidel López, quien veía al levantamiento de Borges como segregacionista, Figueroa cambia la percepción y devuelve a Borges el lugar de un actor central en la lucha por la autonomía santiagueña. 

Por último, Ricardo Rojas, quien en 1927 realiza un relevamiento historiográfico sobre lo escrito en Santiago del Estero, indica que lo producido por Miguel Ángel Garmendia sobre Borges, era el trabajo mejor logrado. A lo que agrega que lo que hace a Borges especial, era su formación en las "logias de España" (1927, p. 123), dato que explica su republicanismo y apoyo a la revolución. Este agregado de Rojas, recién sería retomado por Gargaro en los años 30. Ese mismo año, Andrés Figueroa publica Linajes Santiagueños, una genealogía de las principales familias santiagueñas, cuyo origen s e remonta a la colonia y la independencia. En la introducción aclara Figueroa, que los hijos que proclamaron la independencia, merecen estar en el recuerdo de los santiagueños. Y entre ellos esta Borges, de quien sólo dice que fue comandante y "caballero del Orden de Santiago" (1927, p.19), lo cual viene a ser una especie de reconocimiento a su labor en la historia local, lo cual es un corte con lo que sostenía Baltasar Olaechea y Alcorta y una coincidencia con Pablo Lascano. Por lo tanto, en este breve recorrido, por las visiones sobre el Borges artiguista o federal, queda claro que fue un visionario de nuestro federalismo y un luchador incansable por el bien común del norte argentino. 

Algunas referencias para el lector

Di Lullo. O. (1947). Santiago del Estero. Noble y leal ciudad. Santiago del Estero, Amoroso.

Frías, Bernardo (1971). Historia del General Martín Güemes y de la provincia de Salta o sea de la independencia argentina, tomo 1, Depalma, Buenos Aires.

Gargaro, Alfredo (1938), Pronunciamiento de Santiago del Estero por la Revolución de Mayo, Zampieri, Santiago del Estero.

 (1948), Orígenes de la Autonomía Santiagueña, Amoroso, Santiago del Estero.

Daniel Guzmán Alcaraz es historiador. Profesor Superior y Licenciado en Historia. Magister en Estudios Sociales para América Latina. Docente de la Ucse, ISPP Nº1 carreras de Historia y Filosofía, del ISSF carrera de historia, del Colegio del Centenario, investigador de la UCSE-UNSE-UNC.

Autor de numeroso libros como (2010) Los Inmortales 1917-1920. (2012) Intelectuales positivistas y modernistas en Santiago del Estero 1876-1916. (2014) "El antifascismo en Santiago del Estero. La Brasa 1930-1951". (2014) "Historia crítica de la historiografía. Santiago del Estero1882-1990. Historia de las revistas culturales en Santiago del Estero (2015), Historia del Colegio del Centenario. (2016). Cartas de Ricardo Rojas (2016). Historia de Central Córdoba (2019), Redes intelectuales entre las provincias (2020). 

Autor de numerosos artículos en revistas especializadas en historia, culturales y diarios locales y nacionales

Fuente: El Liberal


26/4/23

EL SIGNIFICADO DE LA AUTONOMÍA SANTIAGUEÑA

Por: María Mercedes Tenti

Producida la revolución de mayo y realizado el pasaje del pacto de sujeción al pacto social para fundamentar el derecho a la emancipación, surgió otro conflicto en torno a la discusión sobre la existencia de una o de varias soberanías. Desde Buenos Aires, la afirmación de una única soberanía como depositaria del pacto social, llevó a la consolidación de una tendencia centralista o unitaria que se contraponía a la sustentada desde el interior del ex Virreinato, que argumentaba la existencia de tantas soberanías como pueblos interiores existían.

Teniendo en cuenta las categorías usadas en la época, la expresión ‘los pueblos’ hacía referencia a las ciudades convocadas por la Primera Junta a participar a través de sus cabildos. ‘Los pueblos’ designaban a las comunidades, a las futuras provincias y también a las ciudades, con sentido político, no territorial. En general implicaba la pertenencia a un grupo humano con lazos comunes, a una colectividad.

Desde el inicio de la revolución coexistieron conflictivamente las soberanías de las ciudades con la de los gobiernos centrales que trataban de delimitar una soberanía única. De allí es que resulta confuso discernir cuáles eran las pretensiones de los pueblos al autogobierno y cuáles procesos que podríamos denominar autonómicos.

En las luchas autonómicas en la provincia de Santiago del Estero podemos distinguir dos momentos. El primero, correspondiente al movimiento encabezado por Juan Francisco Borges, a partir de 1814, y el segundo el liderado por Juan Felipe Ibarra en 1820. Ambos en consonancia con dos etapas diferentes en los que distintos sectores de las élites dirigentes pujaban por conservar espacios de poder y afianzarse en ellos.

En el primero, fueron las antiguas familias afincadas en la capital provinciana, funcionarios del nuevo cabildo surgido a partir de la revolución de mayo integrado por comerciantes y propietarios de tierras cercanas a la capital, con acceso al riego del río Dulce, cuya posesión les venía del pasado colonial. Fueron precisamente estas élites las que se vieron más afectadas, en la primera década revolucionaria, por las consecuencias de la revolución. Como lo señala Tulio Halperin Donghi en Revolución y guerra, su decadencia se precipitó como consecuencia de la ruina del comercio altoperuano, la escasez de mano de obra, por cuanto los hombres útiles eran reclutados por los ejércitos revolucionarios, y la falta de recursos para su reconstrucción.

Contrariamente, el sector ganadero, con propiedades cercanas a la frontera con el indio en las márgenes del río Salado, fue el que menos sufrió los avatares de la revolución. Si bien contribuía con su ganado a los ejércitos patriotas, la coyuntura económica le resultaba favorable como consecuencia de la apertura del puerto de Buenos Aires al comercio libre y la ruina de la ganadería del litoral que trajo como aparejada la demanda de cueros santiagueños.

Frente a esta situación imperante, el cambio del equilibrio político local era inminente ya que la hegemonía de la capital y de los sectores propietarios de las tierras irrigadas del Dulce y funcionarios del cabildo se veía seriamente amenazada.

Esto se agudizó cuando unificado el gobierno nacional en 1814 en la figura de un Director Supremo, el primero en ocupar este cargo, Gervasio Antonio de Posadas, el 8 de octubre suscribió un decreto por el que dividía la antigua Gobernación Intendencia de Salta en dos gobernaciones: Salta, con capital en Salta, e integrada por las provincias de Salta y Jujuy, y Tucumán con capital en San Miguel, conformada por Tucumán, Santiago del Estero y Catamarca. La consecuencia inmediata fue el comienzo de la lucha de Santiago del Estero -nuevamente considerada subalterna- por independizarse de la cabecera tucumana.

Desde enero de 1815 era teniente de gobernador de la provincia, Pedro Domingo Isnardi, simpatizante de la causa del denominado precursor de la autonomía santiagueña, Juan Francisco Borges. En abril, el gobernador de Tucumán, Bernabé Aráoz depuso a Isnardi de su cargo y designó jefe militar al comandante Antonio María Taboada, que apoyaba su gestión. Tanto el cabildo como las milicias locales no aprobaban esta designación y convocaron a un cabildo abierto que envió un petitorio al Director Supremo, expresándole que estaban dispuestos a sostener a su teniente gobernador ya que, decían “... no tuvimos un día más amargo que aquel aciago en que se estableció Tucumán en cabeza de provincia y se nos sometió a este Gobierno bajo el cuál no hemos experimentado otra cosa que vejaciones, insultos y despotismos”. El nuevo jefe del ejecutivo, Álvarez Thomas, contestó al ayuntamiento solicitándole que tuviese resignación para esperar que, una vez que se reuniera el Congreso General -que iba a congregarse en Tucumán al año siguiente-, resolviese en forma definitiva la forma de gobierno que conviniera a todos los pueblos.

 

La sublevación de Borges

Al no recibir apoyo del gobierno nacional, Isnardi renunció a su cargo, hecho que fue aprovechado por los partidarios de Aráoz, que convocaron al Cabildo para elegir un teniente de gobernador provisorio. La elección recayó en Tomás Juan de Taboada, partidario de Aráoz. La reacción no se hizo esperar. El 4 de setiembre de 1815 Juan Francisco Borges, a la cabeza de unos setenta hombres, marchó rumbo a la casa de Taboada al que exigió la renuncia. Luego se dirigió hacia la plaza principal y mediante el tañido de las campanas del Cabildo convocó al vecindario, quien a viva voz lo proclamó gobernador provisorio. Aráoz mandó de inmediato tropas que se enfrentaron con las fuerzas rebeldes en la plaza principal. Borges fue herido y enviado prisionero a Tucumán, aunque al poco tiempo logró huir rumbo a Salta. Al año siguiente regresó a su ciudad natal.

Manuel Belgrano, jefe del ejército del Norte, propuso al Congreso, reunido en Tucumán en 1816, el nombramiento del sargento Gabino Ibáñez como teniente de gobernador y comandante de armas de Santiago del Estero. Ibáñez asumió el cargo ante la contrariedad de Borges y sus seguidores. El 10 de diciembre de 1816, Juan Francisco Borges inició su segundo movimiento emancipador. Apresó a Ibáñez, lo envió prisionero a Loreto, asumió nuevamente el cargo de gobernador provisorio y marchó al interior de la provincia a reclutar gente.

Enterado Belgrano de los sucesos, mandó una expedición al mando del comandante Gregorio Aráoz de Lamadrid, para reprimir a Borges y a sus seguidores. Éste había acampado en Pitambalá donde fue localizado y derrotadas sus fuerzas. La orden del Congreso era fusilar a los cabecillas de cualquier rebelión armada y Belgrano como jefe del ejército la hizo cumplir. Juan Francisco Borges fue fusilado el 1 de enero de 1817 en el paraje de Santo Domingo. Sus compañeros, Lorenzo Lugones, Pedro Pablo Montenegro y Lorenzo Goncebat, fueron castigados con menos rigor.

Más que la lucha por un federalismo comunal como consideraba Ricardo Levene, la sublevación de Borges se trató de la disputa de la burguesía santiagueña por ejercer su soberanía, iniciando el camino de separación de las provincias que componían el antiguo régimen de intendencias. Fue, en consecuencia, un proceso de retroversión de la soberanía ya que los pueblos concebían la relación con la autoridad central en términos de acuerdos pactados entre ciudades. El imaginario pactista, según el modelo formulado por Artigas, era más bien confederal que federativo.

 

Las luchas por la autonomía

Los primeros meses de 1820 fueron decisivos para el futuro de las Provincias Unidas del Río de la Plata. La Constitución de 1819, centralista y monárquica, rechazada por los caudillos del litoral, Francisco Ramírez de Entre Ríos y Estanislao López de Santa Fe, fue el detonante que determinó la marcha de las tropas federales hacia Buenos Aires, con el propósito de derrocar al gobierno directorial de Rondeau. Los ejércitos se enfrentaron el 1 de febrero de 1820 en la batalla de Cepeda y terminó con el triunfo de las montoneras de López y Ramírez. Como consecuencia el directorio y el Congreso fueron suprimidos. No había ya autoridades nacionales. Sin embargo, ese cúmulo de odios y enfrentamientos que estallaron en el año 20 y que llevó a un proceso de descomposición y desorganización nacional, marcó el inicio de la organización de las provincias que, en definitiva, revitalizó el proceso revolucionario por la participación de todas y cada una de las partes integrantes de la nacionalidad.

A fines de 1819, en Tucumán se había producido una sublevación que puso nuevamente al frente de la gobernación a Bernabé Aráoz. Mientras las provincias del litoral trataban de organizarse firmando pactos entre ellas, en el norte, Aráoz quería conformar un núcleo territorial autónomo integrado por las provincias de Tucumán, Catamarca y Santiago del Estero, aunque reconociendo la inclusión en un todo, que era la propia nación. Por ello el gobernador tucumano instó a las provincias de Catamarca y Santiago para que enviasen sus diputados, a fin de constituir la denominada República del Tucumán. Para asegurarse una elección favorable envió tropas con el pretexto de escoltar al general Manuel Belgrano, con la salud sumamente quebrantada, en su viaje rumbo a Buenos Aires. Realizada la elección con la presencia coercitiva de las tropas tucumanas, los partidarios de la autonomía llamaron en auxilio al comandante de la frontera de Abipones, el general Juan Felipe Ibarra.

Ibarra pertenecía a una familia hegemónica en la zona fronteriza de Matará, aunque también tenía poder en la ciudad ya que algunos de sus miembros habían ocupado magistraturas en el cabildo. Era un caudillo que sustentaba su influencia en bases campesinas convertidas en montoneras criollas. Su poder se lo había ganado en su actuación en el Ejército del Norte, en las incursiones contra los indios que asolaban las fronteras y en el punto estratégico de la sede de su comandancia, situada en la unión de las rutas interprovinciales.

Si bien Ibarra no pertenecía a las familias capitulares de antigua raigambre virreinal y revolucionaria, estaba emparentado con ellas y su hegemonía política se sustentaba en las fuerzas armadas permanentes, custodias de la línea de fronteras, distintas a los grupos milicianos que se reclutaban en la ciudad en momentos de crisis. En consecuencia, su poder resultaba más independiente y menos compartido por las zonas que dominaba, con mayor equilibrio social y escasez de franjas en disputa.

Su poderío provenía de la militarización y asalarización de las tropas defensoras de la frontera indígena, que concentraban la mayor cantidad de la fuerza militar de la provincia. El impulso de la frontera como base del poder político procedía del predominio militar de ésta y de la crisis de poder de las burguesías urbanas.

Frente a la intromisión tucumana Ibarra marchó de inmediato rumbo a la capital santiagueña, con el apoyo de tropas santafesinas de Estanislao López. Enterado de su avance, el Cabildo encargó la protección de la ciudad al capitán Echauri e instó a todos los habitantes, mediante un bando, a alistarse para la defensa. En la madrugada del día 31 llegó al ayuntamiento una nota de Ibarra que decía: “No puedo ser ya más insensible a los clamores con que me llama ese pueblo en su auxilio por la facciosa opinión que sufre indebidamente de V. S. para cimentar de mucho su esclavitud. Me hallo ya a las inmediaciones de ese pueblo benemérito y si V.S. en el preciso término de dos horas desde el recibo de esta intimación, que desde luego lo hago, no le permite reunir libremente en un Cabildo abierto a manifestar su voluntad, cargo con toda mi fuerza al momento...”

El combate se dio en las inmediaciones de la iglesia Santo Domingo y concluyó con el rotundo triunfo de Ibarra. Inmediatamente un cabildo abierto lo eligió por unanimidad teniente de gobernador interino y proclamó un nuevo cabildo adicto a la causa de la autonomía. El 17 de abril, y sustentándose en teorías de derecho público similares a las sostenidas en la Revolución de Mayo, Ibarra y el Cabildo fundamentaron la reasunción de la soberanía ante la disolución del Congreso Nacional.

El nuevo gobernador juró su cargo el 25 y finalmente, el 27 de abril de 1820, los electores, reunidos en el cabildo, proclamaron solemnemente la autonomía de la provincia, para lo cual se labró el Acta correspondiente. En ella se especificaba que no se reconocía otra autoridad más que la del Congreso de todos los estados provinciales y se auspiciaba la reunión de una Junta Constitucional, que debía redactar una constitución provisoria según el sistema federal.

El movimiento autonómico invocaba los derechos del pueblo de auto gobierno, aunque manteniendo relación de dependencia con un poder central fruto de la organización nacional a partir de la reunión futura de un congreso general constituyente. La emergencia de las soberanías locales fue la respuesta de los pueblos del interior a las pretensiones centralistas de Buenos Aires. La cuestión de la soberanía pasó a ocupar el lugar protagónico al reasumirla los pueblos del interior, entre ellos, Santiago del Estero.

Las provincias, en consecuencia, no surgieron como parte constitutivas de un Estado central sino como Estados independientes, autónomos, con un nuevo régimen representativo. La antigua estructura virreinal fue disgregándose y surgieron soberanías autónomas que constituyeron nuevas provincias con nuevas jurisdicciones. A pesar de ello, se buscó reorganizar un orden social a través de la firma de pactos interprovinciales.

Los gobiernos provinciales conformados a partir de 1820, fueron al decir de Juan Bautista Alberdi, gobiernos de “carácter nacional por el rango, calidad y extensión de sus poderes”; consecuencia de la resistencia a la usurpación de atribuciones soberanas de la nación por parte de Buenos Aires. La cuestión de la soberanía provincial aparece, así, relacionada íntimamente con la de la ciudadanía. La emancipación de los poderes de base regional o provincial, a partir de 1820, pudo concretarse gracias a la disolución del poder central. Sin embargo fueron estos gobiernos locales los que hicieron posible la constitución del poder central en 1853 con la sanción de la Constitución Nacional.

 

Bibliografía

- Alen Lascano Luis (1992): Historia de Santiago del Estero; Plus Ultra; Buenos Aires.

- Chiaramonte, José Carlos (1997): Ciudades, provincias, Estados: Orígenes de la Nación Argentina; Ariel, Buenos Aires.

- Goldman, Noemí (directora) (1998): Revolución, república, confederación; Sudamericana, Buenos Aires.

- Halperin Donghi, Tulio (2005): Revolución y guerra; Siglo Veintiuno. Buenos Aires.

- Tenti de Laitán, María Mercedes (1997): Santiago del Estero, desde los primitivos habitantes hasta el período ibarrista; Santiago del Estero.

Fuente: historiacriticammt.blogspot.com.ar

2/6/22

Nachi Gómez: bailarín y malambeador

Por Juan Manuel Aragon

Nachi Gómez es por sí mismo una acentuada evocación de nuestro folklore bailable y musical. Es, sin disputa, el santiagueño que más intensamente lo ha vivido. Desde los días inmediatos postcoloniales, Nachi era ya un “chango” a quien arrastraba insensiblemente al baile y al canto popular. En toda una visión retrospectiva, fugaz y llena de color, nos refiere Nachi sus andanzas de cantor, de bailarín y de músico.

Tenía apenas –dice Nachi- 13 años cuando hombre como de treinta me desavió a un “malambo”. Yo bailaba descalzo. No tenía zapatos. Así “chaquin ya talla” –con los pies al campo- dice en quichua, me presenté. Le gané fácilmente. Sabía yo muchas mudanzas y tenía las tabas livianas. Me dijeron que el hombre se enojó y que me buscó para azotarme. El individuo era de Salavina y pronto se fue. Después de este hecho mi crédito se agrandó. Todos comenzaban a invitarme.

Por esos tiempos -dice haciendo una digresión- el monte estaba metido todavía en la ciudad. Para llegar a estos lugares -donde hoy vive en Colón y Pringles, sobre Güemes- al centro, o sea al Cabildo, teníamos que ir por un caminito de cabras, haciendo a un lado los “ichiles”, una planta regional sin espinas.

No había mucha gente -prosigue Nachi- que cantar o bailara bien nuestros bailes. Tenían entonces las reuniones otro carácter. La gente bebía mucho. Los cantores tenían el orgullo cerril de no ceder sitio a otros. Cuando se juntaban dos, se producía el reto. Venía la payada, esta seguía el desafío a beber y cuando no había vencidos evidentes, esta disputa adquiría caracteres más feroces: salían de sus vainas los cuchillos y los hombres se trababan en terrible duelo. Era en los tiempos cosas de machos.
Usted, -le decimos a Nachi- debe haber conocido mucha gente y muchos lugares.

Cierto, no había bailes ni fiestas que yo no conociera en la provincia. Conozco casi todos los santos a los que se hace fiesta. Hombres de todas las categorías. Yo estuve en Rosario con el doctor Manuel Gorostiaga, gran santiagueño. Era ordenanza. Por ahí andando me ocurrió un percance curioso. Yo no sabía leer. Trabé conocimiento con una “galleguita”. Me enamoré de ella y ella se prendió de mí. Y como la mujer enamorada hace milagros, ella me enseñó a leer y escribir. Y en cuanto aprendí le perdí el amor. Dicen que el diablo también perdió su influencia en la tierra por meterse a enseñar.
Más tarde volví para mis pagos. Cometí otro error si podemos decir así. Robé a la mujer que es hoy mi esposa y a los tiempos me casé. No dejé de bailar ni de cantar por eso. Esta era mi pasión más fuerte. Eso sí, no aprendí ni a beber ni a fumar. Sólo tenía la debilidad de “zorriar”. Indica con esto que le cautivaban las faldas. Nachi era además, buen tabeador y los naipes en sus manos, se embrujaban para favorecerlo.

Nachi está hoy un poco viejo. Más de setenta años. Posee una memoria extraordinaria para todas estas cosas. Nos hubiese agradado consignar todo lo que nos ha dicho, pero el espacio, severo dictador, nos lo impide.

Nachi, es además compositor. Escribe piezas bailables. Tiene varias que han sido ya grabadas y se difunden en discos. Tiene otras en preparación.

De modo que es Vd. -decimos- quien más ha agitado el folklore.
-Sí, porque yo lo he bailado, lo he cantado, lo he tocado y lo he vivido. Todavía lo vivo aunque con menos intensidad, pero con igual fervor.

El título original de la nota es “Nachi, Bailarín, Músico y Cantor de Gran Popularidad” y apareció en El Liberal del cincuentenario del 3 de noviembre de 1948.

Fuente: facebook/ patio santiagueño

27/4/22

A 202 años de la Autonomía Santiagueña

Se celebra la trascendencia de aquel hecho que determinó la autodeterminación de nuestra provincia de toda sujeción y la entrega sin límites de los precursores y gestores que la hicieron posible.

Hace exactamente 202 años (el 27 de abril de 1820), se inscribía en las páginas de la historia santiagueña un hecho trascendental, que implicaba nada más y nada menos que la libertad y la autodeterminación de la provincia. Un acta y un manifiesto hacían realidad la voluntad y la obra de los precursores y gestores de la autodeterminación como pueblo y como entidad jurídico-política, que se sumaría al concierto de la Confederación de las Provincias del Río de la Plata y a la posterior firma del Pacto Federal de 1831.

Poco más de tres años habían pasado desde el último levantamiento del coronel Juan Francisco Borges con sus milicias, el 10 de diciembre de 1816 (el primero fue el 4 de setiembre de 1815), para liberar a Santiago del Estero de su dependencia de Tucumán, gobernada entonces por Bernabé Aráoz. 

La revolución triunfó, deponiendo al teniente de gobernador Gabino Ibáñez y Borges asumió la primera magistratura de la provincia autónoma. Sin embargo, las noticias tuvieron un efecto adverso para los rebeldes y el comportamiento de Borges —más allá de la polémica histórica al respecto— fue condenado por el propio general Manuel Belgrano (comandante en jefe del Ejército del Norte), quien ordenó su fusilamiento, considerando que no existían justificativos valederos para su actitud levantisca en momentos graves para el país, comprometido en una guerra magna y teniendo en cuenta las disposiciones del Congreso de Tucumán, condenando levantamientos armados contra el orden establecido por la Junta de Gobierno Patrio. Así fue como el precursor de la Autonomía santiagueña, pocos días después de su golpe de mano, fue hecho prisionero en Pitambalá (en el sur santiagueño) por las tropas de Aráoz y ejecutado en la localidad de Santo Domingo, en la mañana del 1° de enero de 1817.

Federalismo en ciernes

Pero en aquellos días, la idea del federalismo había ganado adeptos en las provincias, como una aspiración para librarse de la dependencia portuaria. Al levantamiento de Borges lo habían precedido los movimientos encabezados por Moldes, en Salta y Bulnes, en Córdoba.

Efectivamente, en aquellos álgidos años comenzaba a formarse la Organización Nacional. Los caudillos provinciales repudiaban la política dictatorial y la hegemonía centralista. Así se levantaron Córdoba, San Juan, Tucumán, Mendoza y San Luis, ratificando la condición nacional en ciernes, como ya lo habían hecho Corrientes, Santa Fe, Entre Ríos y Salta, o poco después Santiago del Estero y Catamarca.

En marzo de 1820, Santiago del Estero vivía acontecimientos decisivos. El Cabildo se aprestaba a elegir nuevos representantes y, desde Tucumán, proclamada como República por Aráoz, éste envió al capitán Echauri para presionar a los cabildantes santiagueños para que votaran por hombres que le fueran proclives. Ante esta maniobra, se decidió acudir al comandante del Fortín de Abipones, Juan Felipe Ibarra, para que con sus gauchos enfrentaran a las tropas de Echauri. Así fue como el 31 de marzo —en plena Semana Santa— se produjo el combate que le daría el triunfo a las huestes de Ibarra. Días después, el 27 de abril de 1820, el Cabildo proclamaba la Autonomía provincial designando gobernador a Juan Felipe Ibarra, concretando de ese modo el fallido intento autonomista de su precursor Juan Francisco Borges. Santiago del Estero entraba a la historia libre de ataduras regionales o centralistas con Buenos Aires, enarbolando su identidad, sus derechos, su dignidad y su autonomía.

Los efectos de la Autonomía

Con la Declaración de la Autonomía (rompiendo la dependencia de Tucumán), Santiago del Estero hacía respetar las reglas que importaban el acatamiento de los principios que sustentaba el federalismo, como el sistema que años más tarde quedaría plasmado en la Constitución de la Nación.

Santiago del Estero mucho tiene que decir al respecto, porque a partir de la declaración de su autonomía se acentuó el sentido de un pacto federal que regulase las órbitas de poderes, promoviendo el crecimiento de la provincia, la justicia y la defensa de la región. Un año después de la Declaración de la Autonomía, el gobierno de Juan Felipe Ibarra firmó en Vinará un tratado de paz con Tucumán, que se constituyó en uno de los pactos preexistentes a la Constitución nacional. Este acuerdo del 5 de junio de 1821 es uno de los pactos fundadores desde el que suscribieron en Pilar las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe. Pero recién en el año 1831, al formarse el Pacto Federal, las provincias que fueron adhiriendo a él, poco a poco, vislumbraron la posibilidad de obtener una coparticipación más equitativa, aunque el centralismo siguió manteniendo una marcada hegemonía sobre el puerto, sus rentas y el crédito público derivados de las provincias.

La Autonomía fue la voz de los hombres sin amos y una consigna común para la consolidación del federalismo. Y si éste no logró afirmarse realmente en la dimensión que debía cobrar, se convirtió en un sistema capaz de promover la búsqueda de soluciones para los desequilibrios y, al mismo tiempo, en un derecho que consolidaba un proyecto de sociedad basado en la justicia y la libertad.

A 192 años de aquel acontecimiento en Santiago del Estero, nos replanteamos el significado de la autonomía y del federalismo, convalidando los principios que hicieron posible la Constitución nacional y la formación de un país democrático.

27/4/20

27 de Abril, Autonomía Provincial

En plena organización nacional, cuando el país buscaba su independencia, las luchas intestinas nacionales surgieron en el interior de lo que luego fuera nuestro país. Ante el centralismo del puerto se organizaron revoluciones algunas fallidas, como las intentonas del Coronel Juan Fancisco Borges en 1815 y 1816 y otras exitosas en nuestro territorio. Ahora una breve cronología sobre nuestra autonomía.”



Mientras las provincias del litoral trataban de organizarse firmando pactos entre ellas, Araoz quería conformar un núcleo territorial autónomo integrado por Santiago del estero, Catamarca y Tucumán

1815

El gobernador de Tucumán, Bernabé Aráoz designó en la provincia a Juan de Taboada. Esto no complació al pueblo santiagueño que ya estaba desconforme con haber sido integrada a Tucumán el año anterior. El 4 de septiembre estalló en la ciudad el primer Movimiento Autonomista encabezado por el Coronel Juan Francisco Borges, quien depuso al gobernador Taboada y fue elegido gobernador por los vecinos.
Pero el gobernador tucumano envió hombres armados que tomaron prisionero a Borges, lo hirieron y lo trasladaron a Tucumán, pero consiguió evadirse de la prisión y se dirigió a Salta.

1816

En la Asamblea del 9 de Julio participaron y firmaron el Acta de la Independencia Argentina los congresales Pedro León Gallo y Pedro Francisco de Uriarte.
El 3 de agosto el pueblo santiagueño reconoce la independencia de la patria.

1816

Para conseguir separar nuestra provincia de Tucumán y declarar su autonomía preparó un movimiento armado el 10 de Diciembre de 1816. Belgrano envió a las tropas de Lamadrid para sofocarlo y las tropas de Borges fueron sorprendidas en Pitambalá, departamento San Martín. Borges fue derrotado, apresado y fusilado sin proceso ni juicio.

1817

El 1 de enero fue fusilado Juan Francisco Borges en la localidad de Santo Domingo, próxima a la ciudad Capital. El algarrobo debajo del cual fue fusilado, aún se conserva. Sus restos descansan en la Iglesia Catedral de la provincia.

El 4 de julio se produjo un terremoto que causó importantes daños en la ciudad.

1820

El 31 de marzo tropas al mando del Comandante del Fortín de Abipones (departamento Quebrachos), Juan Felipe Ibarra tomó la ciudad y derrotaron a fuerzas tucumanas. Se reunió un Cabildo Abierto ese mismo día y eligió Gobernador a Ibarra.

Posteriormente un nuevo Cabildo convocó a Asamblea de representantes de todos los curatos de la provincia (antiguos departamentos) y reunidos el 27 de abril de 1820 proclamaron la Autonomía Provincial. Santiago del Estero rompió los lazos de dependencia con Tucumán y se declaró provincia autónoma, dueña de su destino.

1821

Aráoz amenazó con recuperar la provincia rebelde por la fuerza, pero tras el fracaso de una revolución orquestada en Tucumán, sólo a principios de 1821 invadió Santiago. Ibarra llamó en su auxilio al gobernador de Salta, general Güemes. Éste invadió Tucumán ayudado por Ibarra; y, aunque fueron derrotados, su acción convenció a Aráoz de reconocer la autonomía de Santiago del Estero con un tratado en Vinará, en junio de 1821.

24/6/16

El folclore en las luchas por la organización nacional. La zamba de Vargas


Por María Mercedes Tenti

Luego de producida la separación de Buenos Aires del resto de la Confederación Argentina a partir de la reunión del Congreso General Constituyente de 1853, con la victoria de Bartolomé Mitre sobre Justo José de Urquiza en la batalla de Pavón, a fines de 1861, se inició una nueva era para la República.  Mitre, que asumió la presidencia al año siguiente bajo el lema ¨Nacionalidad, Constitución y Libertad¨, tendía a unir la nación con la imposición del régimen liberal de gobierno. Dada la debilidad del liberalismo en el interior, no quedaba otro recurso que provocar el cambio por la participación directa o indirecta de las fuerzas militares. La acción a desarrollar iba a ser considerada por los liberales como una misión ¨libertadora y civilizadora¨.

El levantamiento, más importante por su magnitud, en contra de estas ideas,  fue sin dudas el del general riojano Ángel Vicente Peñaloza, el Chacho, que inició dos alzamientos, en 1862 y 1863 respectivamente, contra la política mitrista. Ellos terminaron con la  derrota del Chacho en Oltra y su degollamiento frente al silencio de las autoridades nacionales. Pero la paz no estaba asegurada. Las levas para la guerra contra el Paraguay provocaron alzamientos y deserciones de las tropas reclutadas en las provincias que se negaban a luchar contra el pueblo paraguayo, al que consideraban hermano. Primero fue en Cuyo, en Mendoza, San Juan y San Luis, y luego nuevamente en La Rioja, esta vez bajo la conducción de Felipe Varela.

En Santiago del Estero dominaba la política provinciana, desde la muerte de Juan Felipe Ibarra producida en 1851, la familia Taboada. Manuel era la cabeza política y Antonino su brazo armado. Habían extendido su influencia sobre Catamarca, La Rioja, Tucumán y Salta e imperaron en Santiago casi un cuarto de siglo. Producida la rebelión en Cuyo y La Rioja,  el gobierno nacional contaba con la adhesión de Tucumán (bajo la hegemonía de los Posse) y de Santiago del Estero. Los Taboada tenían amplia adhesión popular y, como se dijo, una notoria influencia en el norte. Contingentes tucumanos y santiagueños, al mando de Antonino Taboada, marcharon en 1867 hacia Catamarca y La Rioja dispuestos a hacer frente a Felipe Varela.

Varela había establecido su cuartel general en Chilecito y contaba con unos cuatro mil hombres y muy pocas armas. Taboada se ubicó en Pozo de Vargas, cerca de la capital riojana, a la espera del caudillo federal. Lugar estratégico porque era el único que contaba con el líquido vital en una zona desértica y desolada. El ejército de Taboada se componía de unos dos mil hombres armado con rifles y municiones, provistos por el gobierno nacional. El encuentro se produjo el 10 de abril de 1867, en medio de una densa polvareda y concluyó con el triunfo de las tropas liberales. Várela, sin poder rehacerse, continuó hasta Jáchal, y más tarde por Salta y Jujuy pasó a Bolivia. Su compañera, Dolores Díaz -la Tigra- fue tomada prisionera junto con otras mujeres y confinada en los fortines de La Viuda y El Bracho.

La batalla de Pozo de Vargas fue una más en las luchas por la organización nacional, sin embargo, curiosamente, pasó a la posteridad por los sones de una zamba, la zamba de Vargas, recopilada y musicalizada por Andrés Chazarreta,  con letra de Lombardi, cuyos sones todos hemos escuchado alguna vez. Se cuenta que Chazarreta oyó ejecutar dicha zamba, con algunas variantes, a José María Gauna, abanderado en Pozo de Vargas, músico y compositor de temas folclóricos.

Tanto las tropas varelistas como las taboadistas eran alentadas en las reuniones en los fogones por bandas de músicos populares que, al compás de guitarras, violines y bombos, animaban a sus partidarios en la lucha. En ambas es indudable la presencia de la zamacueca, aire musical traído por los músicos chilenos de las tropas varelistas y ejecutado también por los músicos catamarqueños de la banda taboadista.

José Manuel Gorostiaga, poeta Santiagueño, escribía en el periódico taboadista El Norte, en 1870, sobre las costumbres de entonces:

¨Tal vez parezca extraño a aquellos que no conozcan nuestras costumbres - pero es la verdad –, de la una a las dos es la hora que en nuestros bailes se toca la Zamacueca. Es realmente agradable ver el contraste que origina este precioso baile, aparte del eco melodioso y dulce de su bella música. En lugar de esa aglomeración tumultuosa de parejas que pueblan un salón dejándole la mayor parte de las veces intransitable, si no se mueven todas juntas, se abre un claro bastante, cuando no van todas las parejas a tomar su asiento, para dejar el espacio abierto, libre, a aquel que, satisfecho de su habilidad y su gracia, quiere lucirlas, llamado la mayor parte de las veces por todos, porque todos somos aficionados a la Zamacueca. Su música tiene tanto de original, es tan americana, que nadie deja de conmoverse al escuchar sólo sus preludios. Parece que la Providencia que nos ha unido para fortalecernos en creencias, en principios, con las desgracias y las glorias, haciendo comunes nuestras derrotas y nuestros triunfos a todos los hijos de este nuevo mundo, de esta tierra clásica de la libertad, ha querido que se manifieste hasta en los hechos más pequeños, no sólo que nuestras aspiraciones son iguales, sino que son iguales también nuestros corazones. Una salva de aplausos saluda siempre el anuncio de una zamacueca, y una manifestación de entusiasmo le sigue. Las miradas todas se dirigen hacia aquellos que bailan y nadie vuelve la vista hasta que su último eco espira. Es de lamentarse que el abuso de los malos bailarines, adultere tan notablemente este precioso baile. Nosotros, a fuer de consejeros, les pediríamos que aquellos que no lo conocen bien, no tuvieran la mala idea de exhibir su individualidad en perjuicio de los asistentes. No hay nada más desagradable que una Zamacueca mal bailada. A la una y media, pues, si se nos permite la expresión, estábamos en plena Zamacueca¨. Quizás en la zamacueca chilena, introducida por nuestros paisanos santiagueños en sus incursiones por la zona cuyana, podamos encontrar el origen de nuestra zamba.

Tanto en Santiago del Estero como en La Rioja, se han recopilado distintas versiones de la zamba de Vargas, llegándose a contabilizar hasta 39, que exaltan a uno u otro ejército según su procedencia. Algo similar sucedió en las provincias vecinas. Es que la denominada ‘canción patriótica’ surgida a partir de la gesta revolucionaria de mayo, como una canción de protesta, había ido transformándose en la denominada canción partidista, que caracterizó al período de las luchas intestinas de mediados del siglo XIX, tanto en el bando unitario como en el federal. Muchas de estas piezas del denominado folclore histórico, transmitidas en forma oral, se perdieron a lo largo de los años por falta de una recopilación sistemática de las mismas, aunque algunas perviven en la memoria colectiva.

Las versiones riojanas de la zamacueca o zamba de Vargas,  favorecen indudablemente a Felipe Varela.

Una de ellas dice:
Batallón cazadores
Pozo de Vargas,
la despedida es corta
la ausencia es larga
Consignada por Francisco García Giménez

Y otra sostiene:

A la carga, a la carga
dijo Varela
salgan los laguneros
rompan trincheras
romapan trincheras, sí,
vamos al verde
porque las esperanzas
nunca se pierden
Citada por Olga Fernández Latour

José María Rosa, historiador revisionista que defiende las ideas federales, brinda la siguiente letra:

Los nacionales vienen
Pozo de Vargas.
Tienen fusil y tienen
las uñas largas.
Lanzas contra fusiles
pobre Varela.
Que bien pelean sus tropas
en la humareda.

Una de origen catamarqueño afirma:

Vidita de mi pago
Pozo de Vargas
la guerra se ha perdido
por falta de agua.

Y otra dice:
A la carga dijo Argüello,
militares advertidos...
Cuando los quiso buscar,
ya todos habían huido.

En el norte, en Salta y Jujuy, se cantaba con aires de cueca:

Preguntale a Varela
que es lo que baila
si baila la chilena
del Pozo e´Vargas
Citado por Gargaro.

Entre las versiones santiagueñas podemos mencionar:

Batallón de Varela
Pozo de Vargas.
Formó sus escuadrones
Manuel Taboada.
Al primer tiro que hizo
le dio en la boca
juyéndose Varela,
valientes tropas.

Bernardo Canal Feijoo consigna en el Cancionerillo de Santiago,

Aquí tiró su línea
Manuel Taboada.
Si esta guerra no gano,
no cargo espada.
A la carga, a la carga,
dijo Taboada,
batallón colorado
métale bala.

En la recopilación de Manuel Gómez Carrilo se encuentra esta letra:

Batallón de Varela
Pozo de Vargas,
formó su pelotón
Manuel Taboada.
Aquel bocón que viene
ha de acabarnos.
Vamos a hacer un tiro;
guapos muchachos.

Bailón Peralta Luna, en una versión atamisqueña, dice:

A la carga, a la carga
dijo Varela,
a la carga artilleros, zambita,
rompan trincheras.
Rompan trincheras, cierto
dijo Elizondo
batallón lagunero, zambita,
de dos en fondo¨.

Oscar Segundo Carrizo tomó del zapateador y guitarrero Narciso Gómez, ¨Nachi Gómez¨, la siguiente versión:

Señores artilleros
prendan la mecha
ya viene el enemigo,
zambita, por la derecha.
Antonino Taboada
así gritaba.
Si no gano esta guerra.
zambita, no cargo espada.

Y más cercanos en el tiempo, tenemos la zamba Cuando viene Varela, escrita por Félix Luna, con música de Ariel Ramirez:

Cercanías de La Rioja
los llanos y las montañas
y un sol bruto que requiebra
la tierra desconsolada.
Felipe Varela viene
del linde con Catamarca:
cinco mil hombres con sed
cinco mil hombres con rabia
cinco mil ferocidades
y una bandera bordada
con letras que dicen vivas
a la Unión Americana...

Y termina:

Triunfó ¨el orden y la ley¨...
es decir... triunfó Taboada
y aquel Felipe Varela
anduvo de retirada
con un ejército mendigo
de La Rioja hasta Humahuaca
y el cielo izaba banderas
para que las saludaran
esos pobres derrotados
hijos, también, de la Patria.

La interpretación de sones de zamba en la batalla de Pozo de Vargas ha generado una serie de polémicas aún no resueltas en el campo de la historiografía regional y nacional. Sin embargo, en esta oportunidad se quiere reivindicar  la importancia del folclore en el rescate de la tradición popular, mediante trabajos interdisciplinarios aportados por músicos, aqueólogos, antropólogos sociales, literatos, folclorólogos, historiadores y otros.

A principios del siglo XX y al amparo del fruto dejado por el romanticismo literario, surgieron en el país las primeras inquietudes por rescatar del olvido el anónimo acontecer cultural del pueblo, su folclore. En forma paralela, sin embargo, reinó a lo largo de todos estos años el más abierto desprecio hacia las manifestaciones  culturales populares. Es la época que Atahualpa Yupanqui llamó luego, del gran silencio.

Lo paradojal reside en que los intentos defensores surgieron, precisamente, de los sectores medios intelectuales de la sociedad argentina, como otra manifestación coincidente con el proceso real de un paulatino asumirse del pueblo como hacedor de su destino objetivo. Asimismo se dio una proyección folclórica, que se ubica dentro de este proceso general, como verificación del crecimiento de estas capas medias intelectuales, naturalmente aliadas de la tarea espontánea y consciente de las clases populares.

Dentro de este ámbito ocupan un lugar destacado los recopiladores de expresiones folclóricas, que hacen su aparición a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Sus intenciones apuntan a rescatar del olvido  el acervo nativo, cimentador de nuestra nacionalidad. Verdaderos receptáculos vivientes del tesoro folclórico eran en esa época los musiqueros, antiguos cultores del canto folclórico, que contribuyeron, muchas veces, para que la labor de los recopiladores fuera fructífera.

En 1906, influenciado por la corriente épica-romántica nacionalista de Joaquín V. González, Andrés Chazarreta habían comenzado a desarrollar labores de recopilación, transcripción y composición de canciones que cantaban cantores populares en Santiago del Estero. Ese año transcribió la Zamba de Vargas para guitarra y la ejecutó ante un número reducido de amigos. Más tarde encargó a su amigo Domingo Lombardi que escribiera la letra.

Su propósito declarado era revivir antiguas tradiciones ya que ¨Millares de argentinos mueren sin conocer la música tradicional creada por nuestros antepasados¨, decía. El panorama que se le presentaba a Chazarrera era el de rechazo de los círculos ¨cultos¨ de la burguesía santiagueña hacia todo lo relacionado con lo nativo. Más tarde, con su presentación en Tucumán y en especial a partir de su primera actuación en Buenos Aires en el teatro Politeama, llevó a nuevos ámbitos la música popular santiagueña. Sus intentos iniciales se conjugaron con la irrupción de la radio y de las primeras grabaciones discográficas.

De esta manera, la batalla de Pozo de Vargas, una batalla entre tantas en la lucha por la organización nacional, pasó a la historia por los sones de una zamba. El folclore, en este caso, contribuyó a revivir los hechos históricos y aportó para la conservación de la memoria colectiva.

10/6/16

La Declaración de la Autonomía de Santiago del Estero: Vascos


Declarada la autonomía el 27 de abril de 1820 el caudillo federal mataraco Gral. Juan Felipe Ibarra fue designado como el primer gobernador de la provincia de Santiago del Estero (1820-1830) llevando con este y su luego segundo mandato entre los años 1832 y 1851 progreso y legislación en el marco de un caudillismo político sustentado en su experiencia militar en una época marcada por una necesidad de un fuerte liderazgo inseparable a la sinergia -a veces confusa- entre el político astuto y el militar resolutivo.

Hijo de una tradicional familia terrateniente santiagueña Juan Felipe Ibarra Paz y Figueroa (1787-1851) era descendiente de Simón Ibarra Azua natural de la antigua Zornotza (1) llegado al territorio del Tucumán hacia el año 1685 con Tomas Félix de Argandoña nombrado este como Teniente Gobernador (1686-1691).

Luego de la asonada federal en mayo de 1830 el patriota santiagueño fue sucedido fugazmente en el gobierno por Manuel Alcorta Zuasnabar (f.1836) hijo de quien estableciera este noble apellido bizkaíno en Santiago; José Pelayo Alcorta Larrañaga asentado en el Tucumán hacia el año 1773 nieto materno del hernaniarra (2) Francisco de Zuasnabar Ayarragaray (f.1792 en Santiago del Estero).
Los antecedentes del impulso autonomista santiagueño se remontaban años atrás (1815; 1816) con la sublevación del héroe local federal el Cnel. Juan Francisco Borges Urrejola (1766-1817).

Borges era nieto materno del otxandiarra (3) Esteban Urrejola Izarza casado en el año 1730 en Santiago del Estero con Josefa Peñaloza y Alfaro.

Entre los representantes de los departamentos del interior provincial firmantes del Acta de la Autonomía de Santiago del Estero encontramos a Pedro Pablo Gorostiaga Urrejola hijo del donostiarra (4) José Antonio Gorostiaga Amezaga (f.1781 en Jujuy) y de Bernardina Urrejola Peñaloza. Gorostiaga era primo hermano del coronel Borges; Pedro Ignacio Rueda Goyechea; Martín de Herrera Aguirre, nieto del militar de origen gipuzkoano (5) Joseph de Aguirre Araoz y el referido Manuel Alcorta Zuasnabar entre otros.

La imagen corresponde a un óleo pintado por el destacado plástico santiagueño Absalón Argañaraz Ibarra (f.1980) descendiente del patricio.
_______________________________

(1) Localidad antigua de la provincia vasca peninsular de Bizkaia. Actualmente integra Amorebieta-Etxano. Los vascos la refieren todavía como Zornotza en homenaje a su tradición histórica.
(2) Hernani es una ciudad en la provincia de Gipuzkoa. A poca distancia de la costera San Sebastián, Donosti en su denominación vasca oficial.
(3) Otxandio una villa también de Bizkaia.
(4) Donosti es la denominación vasca oficial (en euskera) de la hermosa ciudad de San Sebastián en la costa del Cantábrico. Es la capital de la provincia de Gipuzkoa.

(5) Gipuzkoa es una de las cuatro provincias peninsulares vascas que conforman el territorio de Hegoalde es decir vascos súbditos de España.
Publicado por: Marcelo Urtubey en FBK en el grupo “Santiago del Estero, Patrimonio e Historia”.

21/8/14

El folclore, es eso que nos caracteriza, que nos hace diferente a los otros pueblos

El folclore, es eso que nos caracteriza, que nos hace diferente a los otros pueblos. Los que habitamos el noroeste argentino, en este caso los santiagueños, tenemos características notorias y diferentes sobre los pueblos del litoral, de la pampa húmeda, etc. Estos rasgos distintivos se observan en la danza, en la música, en la gastronomía, etc, son nuestra identidad, el pasaporte que tenemos cada uno de nosotros. Ahora vamos a ver bajo que influencias culturales y quienes fueron los primeros estudiosos de nuestro folclore.

Noroeste: La influencia peruana:

La región más fuertemente sometida la influencia peruana colonial es la integrada por las naciones diaguita y comechingona, prolongándose hasta el borde mismo de la selva chaqueña.
Constituye lo que hoy ocupa los territorios de Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja, Santiago del Estero, Córdoba (zona serrana y montes) y algo de San Juan.
El investigador Carlos Vega identifica como expresiones musicales las especies líricas y coreográficas llamadas vidala, baguala, zamba y cueca (la porteña más breve que la cuyana).

Llamará la atención ciertas ausencias muy tradicionales y no incluidas: esto se debe a que estas consideraciones responden a los primeros años del siglo XIX, no existiendo basta 1850, aproximadamente, ningún rastro que certifique si, por ejemplo, ya se bailaba chacarera, la danza por excelencia que identifica al área santiagueña.

Al respecto puede apuntarse que la otra danza típica de la región, el gato, tiene cierto parentesco con la mencionada chacarera y los primeros rastros para asignar autorías o recopilaciones pueden asignarse a Andrés Chazarreta (primera década del 900), Manuel Gómez Carillo (1920/23), Beltrame (1924) y Ana S. de Cabrera (1925).

En lo referente a instrumentos, los originales según la tipificación de Vega- son el violín, el bombo, el arpa y la caja: algunos incluyen el erque, hoy recluido en la zona de influencia jujeña.

Además, como base primaria constatable tanto en el repertorio musical como en la tradición heredada en el tiempo, no puede desconocerse la presencia de costumbres como el topamiento de las comadres, el carnaval y las comparsas indígenas, los pesebres, los misachicos y en las comidas: tamales, rosquetes, alfajores. Las composiciones poéticas como glosas. El uso del telar (español), alguna habilidad con el cuero, las prendas criollas de lana y otros elementos de elaboración y consumo (algarroba y otras fermentaciones), junto al pastoreo doméstico de cabras y ovejas, el quesillo, etcétera.

5/6/14

El Pacto de Vinará

En noviembre de 1819 -tiempos de revueltas internas y enfrentamientos armados en la frontera Norte con las milicias realistas-, Bernabé Aráoz fue nombrado gobernador de Tucumán, y a los pocos días, a través de un congreso elegido especialmente, hizo promulgar la constitución de la República de Tucumán, sosteniendo que era la respuesta regional al problema del país anarquizado. Sin embargo, Salta y Santiago del Estero decidieron no sumarse a la nueva entidad político-territorial gestada por Aráoz (En ese entonces, el nombre de república no significaba más que “estado” en su sentido local o nacional). Desde los días de los levantamientos del coronel Juan Francisco Borges, en 1815 y 1816, Santiago del Estero tenía latentes aspiraciones autonomistas que se reavivaron durante el gobierno a Bernabé Aráoz.

La chispa revolucionaria se encendió cuando los cabildantes santiagueños -presionados por Aráoz para elegir representantes que le fueran adictos-, decidieron convocar al comandante del Fortín de Abipones, Juan Felipe Ibarra, para enfrentar a las tropas del capitán Echauri, enviadas por Aráoz para instigarlos. El 31 de marzo -en plena Semana Santa-, se produjo el combate que dio el triunfo a las huestes de Ibarra. 

Obtenida la Autonomía Provincial de Santiago del Estero en forma definitiva el 27 de abril de 1820, el gobernador de Tucumán, general Bernabé Aráoz, no se conformó con la secesión político-geográfica del territorio que, hasta entonces, había integrado la Gobernación-Intendencia (ahora República) que gobernaba. Intentos militares, escaramuzas limítrofes de partidas invasoras y continuas amenazas provenientes de Aráoz, llevaron al gobernador santiagueño, comandante Juan Felipe Ibarra, a organizar también sus tropas y estacionarlas cerca de Vinará, posta estratégica y población colindante con la provincia de Tucumán, en el departamento Río Hondo. Simultáneamente, solicitaba la mediación del gobernador de Córdoba, general Juan Bautista Bustos, que ya había reconocido la autonomía santiagueña e invitaba a todas las provincias a elegir diputados para reunirse en Córdoba y proceder a la organización constitucional del país, ya que habían caducado todas las autoridades nacionales después de la renuncia del último directos, general Rondeau y la disolución del Congreso Constituyente de 1816-1820. Ibarra se dirigió asimismo al gobernador de Salta, general Martín Miguel de Güemes, buscando ayuda, porque Güemes sufría idénticas hostilidades de parte de Aráoz, que le impedían organizar una división auxiliar para marchar sobre el Alto Perú, en ayuda combinada con el ejército del general José de San Martín que, en esos momentos, operaba sobre los realistas del Perú. Las hostilidades latentes durante todo el año veinte afloraron a comienzos del siguiente, cuando una partida armada en Tucumán (donde Aráoz acogía a los enemigos locales de Ibarra allí refugiados), bajo las órdenes del capitán Gregorio Iramaín y el coronel tucumano Pedro Roca, invadieron Santiago el 18 de enero de 1821.

Resurgió la guerra tucumano-santiagueña, y el 1 de febrero el gobernador Güemes se dirigió al Cabildo salteño haciendo conocer su decisión de ayudar a Santiago del Estero ante la invasión que sufría, y participar en la contienda junto al gobernador Ibarra. El 5 de febrero, en el combate de Los Palmares, Ibarra derrotó a las fuerzas de Iramaín-Roca, aprestándose a repeler nuevas invasiones, pues Aráoz organizaba su propio ejército con el fuerte armamento que había quedado de los restos del Ejército del Norte en Tucumán, puesto al mando de expertos veteranos de guerra. El coronel Abraham González y el coronel salteño Eduardo Arias, que defeccionó de la guerra gaucha y se exilió en Tucumán al servicio de Aráoz. Cabe señalar que el 13 de marzo de 1821, el gobernador salteño, Martín Miguel de Güemes, declaró la guerra a la República de Tucumán, argumentando que Bernabé Aráoz no había querido contribuir para el mantenimiento de la campaña del Alto Perú.

Güemes, por su parte, mandó un contingente para reforzar el ejército de Ibarra al mando del coronel Alejandro Heredia, de origen tucumano, enrolado con los salteños. Graves y fundadas sospechas se manifestaron acerca de la poca disposición de Heredia para enfrentar a sus comprovincianos, y de tentadoras propuestas de Aráoz a fin de arreglar una solución pactada. El hecho es que las tropas tucumanas se enfrentaron con las santiagueño-salteñas en el Rincón de Marlopa, el 3 de abril de 1821, en proximidades de la vecina capital, y los comandantes Gonzáles-Arias vencieron a Ibarra-Heredia en el enfrentamiento. Como consecuencia del mismo, los salteños se volvieron a su provincia, pues Güemes los precisaba para hacer frente a una conspiración interna, que estalló el 24 de mayo, con el fin de derrocar su gobierno, y los santiagueños retrocedieron hasta Vinará y allí acamparon para prevenir una nueva invasión a su provincia.

Uno de los pactos preexistentes a la Constitución

En esos momentos llegó a Santiago un mediador enviado por el gobernador Bustos, de Córdoba, quien quería evitar los conflictos internos, a fin de apresurar la reunión del Congreso Nacional en Córdoba, y organizar el país dentro de los principios federales. Era el doctor Andrés Pacheco de Melo quien, luego de conversar con Ibarra, se dirigió a Tucumán y comenzó a negociar el tratado de paz entre ambas provincias. Estas gestiones, comunicadas también a Güemes, tuvieron éxito al nombrarse los delegados para la redacción definitiva del tratado: el Presbítero Pedro León Gallo por Santiago del Estero y el Presbítero Pedro Miguel Aráoz (hermano de Bernabé), por Tucumán. El diputado cordobés sirvió de garante a sus cláusulas, y los negociadores lo firmaron en Vinará el 5 de junio de 1821, constituyéndose en uno de los Pactos Preexistentes que invoca la Constitución Nacional y en el primero del Norte. Cronológicamente, es el cuarto de los pactos fundadores, después del de Pilar -febrero de 1820-, de la Costa de Avalos en abril, inspirado por Artigas, y de Benegas, en noviembre de 1820. Así quedaba sellada la paz entre Tucumán y Santiago, con el compromiso de auxiliarse recíprocamente ante cualquier ataque o amenaza. Ambas provincias conservarían su independencia y cualquier problema territorial sería dirimido por el Congreso Nacional a reunirse en Córdoba, al cual debían concurrir Tucumán y Santiago; se obligaban a concurrir al Congreso e invitaban a Salta a adherir al pacto y a la invitación del gobernador Bustos. Ayudaría a Salta en su lucha contra los invasores realistas, y se devolverían prisioneros.

Dos días después de la firma del Pacto de Vinará, el 7 de junio por la noche, Güemes era emboscado en Salta por el militar español José María Valdéz. En la encerrona resultó herido y logró dirigirse a caballo hacia el río Arias, donde fue asistido y transportado en camilla para dirigirse hasta el Chamical, pero pese a los cuidados de su médico, el jefe gaucho murió en el trayecto el 17 de junio.

El 21 de agosto, era depuesto Aráoz del gobierno y reemplazado por el coronel Abraham González, su antiguo lugarteniente, quien ejerció el mando hasta el año siguiente. Separado Aráoz, la paz entre Tucumán y Santiago quedó afirmada.

Aunque las guerras civiles no terminarían, a partir del Pacto de Vinará, Santiago del Estero sentaba el primer  precedente en el Norte de crear las condiciones fundamentales de paz interior y entendimiento entre estados para la firma del Pacto Federal de 1831 y sus posteriores adhesiones, el cual funcionó en los hechos como una Constitución de la Argentina que se organizaba como Nación, hasta la sanción de la Carta Magna de 1853. De ese modo, el ideal autonomista y federal de Santiago del Estero, que era una consecuencia de la Revolución de Mayo, se afianzaba en los hechos con su institucionalización en marcha, despejando injerencias y amenazas extrañas en la determinación de su destino.

Resúmen

El Pacto de Vinará, firmado el 5 de junio de 1821, puso fin a la guerra que mantenían

Santiago del Estero y Tucumán en los tiempos iniciales de nuestra Nación, constituyéndose en uno de los Pactos Preexistentes que invoca la Constitución Nacional. Cronológicamente es el cuarto, después del de Pilar (febrero de 1820), de la Costa de Avalos en abril, inspirado por Artigas, y de Benegas (24 de noviembre de 1820). De ese modo quedaba sellada la paz entre Santiago y Tucumán, con el compromiso de auxiliarse recíprocamente ante cualquier ataque o amenaza.
Fuente: nuevodiarioweb.com.ar