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12/5/24

"NACHI" GOMEZ.


Fue en su tiempo Nachi Gómez/bailarín muy prestigioso/ del conjunto aquel famoso/ de Andrés A. Chazarreta/ zapatear era su meta/con repique cadenciosos.

Nadie osaba echarle tierra/ cuando hacía sus mudanzas,/ un deleite eran las danzas/ cuando Nachi intervenía/ todo el mundo lo aplaudía/ prodigandole alabanzas.

Además de bailarín/ era un ducho guitarrero/ y un eximio vidalero/ de sentidas expresiones/ en las peñas y reuniones/ descollaba cual jilguero.

Gran amigo de las farras/ y una luz para la taba/ nadie, nadie le igualaba/ en clavar suertes seguidas/ era un rey en las partidas/ su presencia disputada.

De él se cuenta que una vez/y, es historia  verdadera/ fue a bailar por vez primera/ a un lugar de Buenos Aires/ a mostrar esos donaires/ que afamaron su carrera.

Imaginen al payuca/ embobado en ese instante/ en esa urbe tan gigante/ con su inmenso mar de gente/ donde todo es imponente/ para ese hombre de trasplante.

Ni aún el nombre de las calles/ el payuca conocía/ ni un pariente allá tenía/ para estar en charla amena/como perro en casa ajena/ aturdido se sentía.

Llegó el día tan soñado/ del debut de ese conjunto/ el triunfar era el asunto/ en las giras de ese antaño/ era en si, primer peldaño/ y el más duro lo barrunto.

Terminó la matiné/ tendrían luego que volver/ Don Andrés le hizo entrever/ a Don Nachi que anduviera/ allí cerca, pués no fuera/ que se vaya él a perder.

Y ahí anduvo el santiagueño/ como quien todo examina/ de una esquina a otra esquina/ curioseando las vidrieras/ sin cambiar nunca de acera/porque el resto el no domina.

Tuvo ganas de tentarse/ de lanzarse a la ventura/ conocer esa hermosura/ de las calles refulgentes/ y gozar de una aventura.

Más faltole allí coraje/ por lanzarle a la ventura/ recordando la figura/ del Patriarca santiagueño/ hizo a un lado todo empeño/ y olvidose la aventura.

De lo bien que Nachi estaba/ tras sus rastros por la acera/ vió venir a la carrera/ una dama bien paqueta/ la que oronda y muy coqueta/ preguntó de esta manera:

Diga Don, ¿Que subte tomo/ para ir a Caballito?/¡Ha elegido el mejorcito/ pa saber su dirección!/ yo no cruzo ni el cordón/ pa no errarle, mi amorcito.

TATA MELCHO (JUAN BIANCHI)

2/6/22

Nachi Gómez: bailarín y malambeador

Por Juan Manuel Aragon

Nachi Gómez es por sí mismo una acentuada evocación de nuestro folklore bailable y musical. Es, sin disputa, el santiagueño que más intensamente lo ha vivido. Desde los días inmediatos postcoloniales, Nachi era ya un “chango” a quien arrastraba insensiblemente al baile y al canto popular. En toda una visión retrospectiva, fugaz y llena de color, nos refiere Nachi sus andanzas de cantor, de bailarín y de músico.

Tenía apenas –dice Nachi- 13 años cuando hombre como de treinta me desavió a un “malambo”. Yo bailaba descalzo. No tenía zapatos. Así “chaquin ya talla” –con los pies al campo- dice en quichua, me presenté. Le gané fácilmente. Sabía yo muchas mudanzas y tenía las tabas livianas. Me dijeron que el hombre se enojó y que me buscó para azotarme. El individuo era de Salavina y pronto se fue. Después de este hecho mi crédito se agrandó. Todos comenzaban a invitarme.

Por esos tiempos -dice haciendo una digresión- el monte estaba metido todavía en la ciudad. Para llegar a estos lugares -donde hoy vive en Colón y Pringles, sobre Güemes- al centro, o sea al Cabildo, teníamos que ir por un caminito de cabras, haciendo a un lado los “ichiles”, una planta regional sin espinas.

No había mucha gente -prosigue Nachi- que cantar o bailara bien nuestros bailes. Tenían entonces las reuniones otro carácter. La gente bebía mucho. Los cantores tenían el orgullo cerril de no ceder sitio a otros. Cuando se juntaban dos, se producía el reto. Venía la payada, esta seguía el desafío a beber y cuando no había vencidos evidentes, esta disputa adquiría caracteres más feroces: salían de sus vainas los cuchillos y los hombres se trababan en terrible duelo. Era en los tiempos cosas de machos.
Usted, -le decimos a Nachi- debe haber conocido mucha gente y muchos lugares.

Cierto, no había bailes ni fiestas que yo no conociera en la provincia. Conozco casi todos los santos a los que se hace fiesta. Hombres de todas las categorías. Yo estuve en Rosario con el doctor Manuel Gorostiaga, gran santiagueño. Era ordenanza. Por ahí andando me ocurrió un percance curioso. Yo no sabía leer. Trabé conocimiento con una “galleguita”. Me enamoré de ella y ella se prendió de mí. Y como la mujer enamorada hace milagros, ella me enseñó a leer y escribir. Y en cuanto aprendí le perdí el amor. Dicen que el diablo también perdió su influencia en la tierra por meterse a enseñar.
Más tarde volví para mis pagos. Cometí otro error si podemos decir así. Robé a la mujer que es hoy mi esposa y a los tiempos me casé. No dejé de bailar ni de cantar por eso. Esta era mi pasión más fuerte. Eso sí, no aprendí ni a beber ni a fumar. Sólo tenía la debilidad de “zorriar”. Indica con esto que le cautivaban las faldas. Nachi era además, buen tabeador y los naipes en sus manos, se embrujaban para favorecerlo.

Nachi está hoy un poco viejo. Más de setenta años. Posee una memoria extraordinaria para todas estas cosas. Nos hubiese agradado consignar todo lo que nos ha dicho, pero el espacio, severo dictador, nos lo impide.

Nachi, es además compositor. Escribe piezas bailables. Tiene varias que han sido ya grabadas y se difunden en discos. Tiene otras en preparación.

De modo que es Vd. -decimos- quien más ha agitado el folklore.
-Sí, porque yo lo he bailado, lo he cantado, lo he tocado y lo he vivido. Todavía lo vivo aunque con menos intensidad, pero con igual fervor.

El título original de la nota es “Nachi, Bailarín, Músico y Cantor de Gran Popularidad” y apareció en El Liberal del cincuentenario del 3 de noviembre de 1948.

Fuente: facebook/ patio santiagueño

18/1/21

Nachi, bailarín, músico y cantor de gran popularidad

 


Nachi Gómez, es por sí mismo una acentuada evocación de nuestro folklore bailable y musical. Es, sin disputa, el santiagueño que más intensamente lo ha vivido. Desde los días inmediatos postcoloniales, Nachi era ya un “chango” a quien arrastraba insensiblemente el baile y el canto popular. En una visión retrospectiva, fugaz y llena de color, nos refiera Nachi sus andanzas de cantor, de bailarín y de músico.

Tenía apenas –dice Nachi- 13 años cuando un hombre como de treinta me desafío a un “malambo”. Yo bailaba descalzo. No tenía zapatos. Así “chaquin ya talla” –con los pies al campo- dice en quichua, me presente. Le gane fácilmente. Sabía yo, muchas mudanzas y tenía las tabas livianas. Me dijeron que el hombre se enojó y que busco para azotarme.

El individuo era de Salavina y pronto se fue. Después de este hecho, mi crédito se agrando. Todos comenzaban a invitarme.

Por esos tiempo –dice haciendo una disgresión- el monte estaba metido todavía en la ciudad. Para llegar a estos lugares –donde hoy vive entre Colon y Pringles, sobre Güemes- al centro, o sea el cabildo, teníamos que ir por un camino de cabras haciendo a un lado los “ichines”, una planta regional sin espinas.

No había mucha gente –prosigue Nachi- que cantara o bailara bien nuestros bailes. Tenían entonces las reuniones, otro carácter. La gente bebía mucho. Los cantores tenían el orgullo cerril de no ser sitio a otros. Cuando se juntaban dos, se producía el reto. Venia la payada, esta seguía de desafíos a beber y cuando no había vencidos evidentes, esta disputa adquiría caracteres más feroces; salían de sus vainas los cuchillos y los hombres se trababan en terrible duelo. Era en los tiempos cosas de machos.

Usted –le decimos a Nachi- debe haber conocido mucha gente y muchos lugares.

Cierto, no había bailes ni fiestas que yo no conociera, en la provincia. Conozco casi todos los santos a los que se hace fiesta. Hombres de todas las categorías. Yo estuve en Rosario con el doctor Manuel Gorostiaga, gran santiagueño. Era ordenanza. Por ahí andando se me ocurrió un percance curioso. Yo no sabía leer. Trabe conocimiento con una “galleguita”. Me enamore y ella se prendió de mí. Y como la mujer enamorada hace milagros, ella me enseñó a leer y escribir. Y en cuanto aprendí, le perdí el amor. Dicen que el diablo también perdió su influencia en la tierra por meterse a enseñar.

Más tarde volví para mis pagos. Cometí otro error, si podemos decir así. Robe a la mujer que hoy es mi esposa y a los tiempos me case. No deje de bailar ni de cantar por eso. Esta era mi pasión más fuerte. Eso si no aprendí ni a beber ni a fumar. Solo tenía la debilidad de “zorriar”. Indica con esto que le cautivaban las faldas. Nachi era además, buen tabeador y los naipes en sus manos, se embrujaban para favorecerlo.

Nachi está hoy un poco viejo. Más de setenta años. Posee una memoria extraordinaria para todas estas cosas. Nos hubiera agradado consignar todo lo que nos ha dicho, pero el espacio, severo dictador, nos lo impide.

Nachi es además compositor. Escribió `piezas bailables. Tiene varias que han sido ya grabadas y se difunden en discos. Tiene otras en preparación.

De modo que es Ud. –decimos- quien más a agitado el folklore

-si, por que yo le he bailado, lo he cantado, lo he tocado y lo he vivido. Todavía lo vivo aunque con menos intensidad, pero con igual fervor.

Fuente: “El Liberal, Numero del Cincuentenario 1898 - 1948”