El Clima en Santiago del Estero

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24/7/24

CANTO A SANTIAGO DEL ESTERO




Santiago del Estero yo te canto
con voz nacida en un golpear de cajas,
con voz que para ser más santiagueña
Se prendió en la emoción de tus vidalas.
Yo te canto, Santiago del Estero,
con acento nostálgico de zambas
aquí junto al mensaje de tus bombos
y al nativo rasguear de tus guitarras.

Aquí sobre tu tierra milenaria
polvo y grandeza en soledad de siglos.
Junto a arcillas de pucos y tinajas
que hablan del indio y su esplendor antiguo
Aquí entre tus místoles y chañares
y algarrobos y tuscas y espinillos
en las noches de lunas vidaleras,
en los días de soles florecidos.

Canto la sugestión de tus leyendas
que hablan del basilisco y el comeanca,
del carballito y de la telesita
del crespín y la almita y la calandria,
del alma mula que lanzando fuego
las noches quietas con su grito espanta,
del yanarca, la umíta, el kaparilo,
del imaj-laya y de la salamanca.

Canto la honda quietud de tu paisaje
tu llanura aromas de jarillas
donde vive el pampayo y misterios
y el viento norte entre los jumes silba.
Canto la amarga sed de tus salinas
la paz de tus agrestes serranías
que allá por guasayan se desdibujan
en azul de sosiego y lejanía.

Canto a tus rudos y esforzados hombres
hechos a sal y vientos de jornadas
resignados y acostumbrados porque saben
de tierra con sus lágrimas regadas.
Canto al labriego hermano de las mieses,
al hachero, poeta de las hachas,
al bracero, que en busca de otros rumbos
se va... para volver con tus vidalas.

Canto a tu pueblo que en las cajas vive
golpeando leguas que camina el viento
mientras canta su pena en la vidala,
tristeza del paisaje en el desarrollo.
Tu pueblo que conoce de guitarras
plantillas con autóctonos acentos
y dei hondo mensaje de los bombos
sonando en las picadas de los tiempos.

Santiago del Estero, yo te canto
con voz de quebrachal en mi garganta
porque me siento de tus bosques de arbol
de raíz de honra y de nativa savia.
Yo te canto, Santiago del Estero
con mi verso de sal de tus entrañas
te canto porque en ti la patria vive
en lo que tíene de más grande, el alma...!

Dalmiro Coronel Lugones
Año 1954

“Romance a la vuelta del santiagueño”. 1965


En la literatura santiagueña encontramos poemas que expresan esta problemática que ha condenado a miles de santiagueños al desarraigo. Actualmente hay un millón y medio de santiagueños fuera de nuestra provincia.

“Romance a la vuelta del santiagueño”. 1965

Por Dalmiro Coronel Lugones

 

Quiero sentirme brasero,

desesperarme en las sendas,

mis pasos tras las zafras,

mi alma añorando la vuelta.

Irme dejándole coplas

Al corazón de la espera

y, con las manos heridas,

¡Volver después a mi tierra…!


Él de andar por otros rumbos

con ilusiones viajeras,

Buscando en suelos extraños

lo que mi suelo me niega.

Destino de santiagueño:

vivir de sueños y ausencias,

partir y volver cantando

¡Sin una sola protesta…!

 

Me verán los horizontes

perderme en las polvaredas,

silbando bajo, a los aires,

Mis ilusiones y penas,

y en los altos del camino

—Fogón sereno y estrellas—

Con mi guitarra y mi copla

¡Recordando mi querencia…!

 

Allá, en los surcos ajenos,

me encontraran las cosechas,

curtido el rostro de estíos,

de inviernos y de tristeza,

las manos rudas, callosas,

sudorosas, jornaleras,

y mi destino hermanado

¡Al destino de la tierra…!

 

Allá estaré en el cansancio

de las jornadas braceras,

sufrió de sol y viento,

la sangre ardida en las venas.

Los ojos ebrios de frutos,

La Boca Amarga, Reseca

y vecina a mi nostalgia

¡Una copla santiagueña…!

 

Después… la paz del retorno,

la honda emoción de la vuelta,

Mis pies andando de nuevo

las distancias polvorientas,

cerca de mi rancho, mis bosques

de algarrobos y de breas,

y entre vidalas y alojas

¡un carnaval que me espera…!

 

Quiero sentir en mis manos

rústicas ansias labriegas,

con los éxodos braceros

marcharme hacia las cosechas

y al año —como el coyuyo—

volver cantando a mi tierra

sabiendo que ella, entre zambas,

¡Está guardando mi vuelta…!

22/6/24

Romance para la muerte de Julio Argentino Gerez

Por: Dalmiro Coronel Lugones

Como lloraron las tristezas
las cajas aquella vez
cuando enmudeció su canto
Julio Argentino Gerez…
Cómo lloró su partida
la tierra amarga de sed,
los huiñaj y los chañares
no quisieron florecer.

Callaron arpas, violines
y guitarras esa vez,
al oído de la muerte
La vida grito ¿Por qué?
Silencio, largo silencio,
dia que muere al nacer,
en los malambos del tiempo
creció un dolor de ciprés.

Sólo el viento en las distancias
parecía responder,
no lo busqueis en la tierra
ni tampoco lo lloreis,
golepad los parches legüeros,
cantad vidalas por él
para que vaya a la gloria
Julio Argentino Gerez.

Destino del peregrino
Tras de una huella se fue,
llevando en las alas de ausencias
la copla de un placer.
En el suelo de eternidades
partió, pero ha de volver
Cuando suenen Añoranzas
Las chacareras, tal vez…

Como golpearon nostalgias
los bombos el dia aquel
cuando callo sus cantares
Julio Argentino Gerez.
Mas el poeta no ha muerto,
duerme en la paz del laurel,
las estrellas santiagueñas
velan su sueño postrer.

Y a orillas de los fogones
- creciendo un amanecer –
El salitral de una zamba
su recuerdo ha de traer
Y entonces – ala invisible –
del más allá ha de volver
don su guitarra y su canto
Julio Argentino Gerez.

25/5/24

Dalmiro Coronel Lugones describe al Río Dulce desde su nacimiento

Dalmiro Coronel Lugones describe al Río Dulce desde su nacimiento en las cumbres salteñas, su paso por Tucumán y su vida en nuestra provincia..... él presentía su partida. ?


"Mishqui Mayu, Mishqui Mayu, las voces quichuas lo llaman"

Dice Dalmiro Coronel Lugones en su Romance del Río Dulce. Esta obra del notable poeta bandeño se hizo popular en todo el país al ser cantada por Alfredo Ábalos, luego de que Juan Carlos Carabajal y Horacio Banegas transformaran en zamba unas partes de ella. También han grabado Romance del Río Dulce: Horacio Banegas, Alberto Leguizamón, Onofre Paz, Migui Cáceres y muchos otros intérpretes, a cual mejor.

El poema de Dalmiro Coronel Lugones describe al Río Dulce desde su nacimiento en las cumbres salteñas, su paso por Tucumán y su vida en nuestra provincia, donde recibe dulces sabores de miel y aloja, mientras su riqueza ictícola provoca malambos de garzas en los bañados causados por los desbordes.

Años antes, Eduardo Ávila había cimentado su fama de recitador apasionado, interpretando obras de Dalmiro Coronel Lugones junto a su cantar de chacareras, gatos, escondidos y zambas. “He de andar por otros rumbos, con ilusiones viajeras…” recita en Romance de la vuelta del santiagueño. “Destino del santiagueño: Vivir de sueños y ausencias.” Al leer sus versos, se percibe cómo Coronel Lugones estaba compenetrado con el ser y el sentir del pueblo santiagueño.

Dalmiro Coronel Lugones nació en La Banda el 20 de Julio de 1919. Contaba uno de sus hermanos que Dalmiro comenzó a escribir poesía cuando aún era niño. Ávido lector, iba creciendo culturalmente con el paso de los años. Inició una carrera universitaria, pero después prefirió dedicarse de lleno al arte, que era su pasión. Quienes han conocido de cerca a Dalmiro Coronel Lugones lo describen como un caballero elegante, gallardo y de trato amable, en el que se evidenciaba su riqueza cultural y su generosidad hacia quienes estaban comenzando en el arte. Ha sido una persona muy querida, tanto en nuestra provincia como en Buenos Aires y en los países adonde viajó por su actividad literaria, que logró gran trascendencia en vida del poeta bandeño. No sólo se dedicó a la poesía, sino también al estudio de la Historia santiagueña y argentina, hizo guiones cinematográficos, incursionó en el periodismo y en la política.   

“Cuando me lleve el destino por otras huellas un día. Cuando ansias de andar me alejen de mis tardes amarillas, iré cargando bagajes de tristezas escondidas y soledad de distancias hincadas en mis pupilas… ¡Ay! Cuando un sueño me aleje de mis tardes amarillas, me acompañarán los cantos tristones de las urpilas. Vidalas de ausencias largas, cantando mi despedida y soledad de quimiles hecha adiós en sus espinas. ¡Cómo he de extrañar entonces, calor de tierra y de vida! ¡Cómo he de sentir la ausencia de mis tardes amarillas, mientras los parches legüeros se alarguen de lejanías y los ñanarcas me atajen, presintiendo mi partida!” Romance de mis tardes amarillas muestra un profundo amor por Santiago del Estero, al que supo conocer como pocos.

¿Por qué Dalmiro Coronel Lugones hablaba de tardes amarillas? ¿Habrá sido por esas tardes en que polvaredas suspendidas en el aire o presagios de lluvia hacen que Inti (el Sol) otorgue un tono amarillento al atardecer? ¿O tal vez se refería a la abundancia de flores amarillas en las Primaveras santiagueñas? En este romance habla de espejos de represas donde las nubes se miran; cuando el Sol poniente ilumina esas puyus (nubes) suele tornarlas amarillas. En primavera abundan las sisas ckellus (flores amarillas), y en esta obra el poeta nombra tuscas floridas y jarillas. Pero es casi seguro que se habrá referido a los amarillos atardeceres, cuando el Sol mismo da idea de lejanía y golpea la nostalgia en la hora final del día.

Su amor por el terruño era su motivación para una fogosa apología permanente de la historia santiagueña, elogiando el valor de los próceres de nuestro pago y con una encendida defensa constante de los valores nacionales. Uno de sus poemas de inspiración histórica es Patricios Santiagueños: “Viene llegando a Santiago la patriota expedición. Ya se escuchan los clarines y el redoble del tambor”… “Son trescientos santiagueños, trescientos guerreros son; las espadas en las diestras, cara al viento y cara al Sol”… “Aquí aguardan los Patricios Santiagueños que alistó el bravo caudillo Borges, con heroica decisión.” 

Supo conversar con la gente del pago, con el río, con los montes, con los campos. Conversó con los distintos ritmos nativos argentinos y escribió un poema para cada uno de ellos. En su poema Chacarera, le pregunta: “¿De dónde vienen tus sones, antigua voz de mi tierra? ¿De dónde traes tu hechizo de noches salamanqueras? ¿Junto a qué viejos fogones te improvisaron cuartetas? ¿En qué montes de Atamishqui te encontraron, chacarera? ¿Qué lunas de Salavina te incendian las polvaredas, cuando al son de tus mudanzas el arenal se despierta? ¿Qué salitrales y esteros vienen creciendo en la fiesta? ¿Qué salamancas te nombran en Loreto, chacarera?”

Cuenta el poeta Miguel Brevetta Rodríguez que en una carta del 20 de Septiembre de 1969, su amigo Dalmiro Coronel Lugones le anunciaba su partida, pero no se refería sólo a su partida hacia Buenos Aires, adonde extrañaría las santiagueñas tardes amarillas, sino que le hablaba de un fatídico presentimiento, como anunciando su partida definitiva. Exactamente dos años después, Santiago del Estero y el mundo de las letras sudamericanas fueron sacudidos por la trágica noticia: Dalmiro Coronel Lugones había sido asesinado en Buenos Aires. Seguramente las garzas del Mishqui Mayu habrán suspendido por un rato su malambo cazador para ver por qué los sauces llorones musitaban más tristes que de costumbre. Los atajacaminos habrán lamentado no haber podido atajar la partida.

Han pasado décadas desde aquel fatídico 20 de Septiembre de 1971. Dalmiro Coronel Lugones sigue vivo en las voces de recitadores que se conmueven con su obra poética, y cantores que interpretan las obras que fueran musicalizadas. Podemos encontrarlo también en sus libros Romancero del canto nativo y Tiempo de zamba y malambo.

Quedó una gran cantidad de obras inéditas del notable poeta Dalmiro Coronel Lugones. Un hermano y una sobrina han trabajado en el armado de un libro que contiene todo ese bagaje cultural .

 Respondiendo a su anhelo: “Eres himno de mi pueblo, río crecido en mis venas. Por eso quiero tus coplas humildes cuando me muera, hechas responso en tu canto, chacarera santiagueña.

Fuente: Alero Quichua.  Cristian Verduc

28/10/21

Dalmiro Coronel Lugones: mas allá de sus tardes amarillas..

 Por Miguel Brevetta Rodriguez


Con los ojos vivaces e inquietos, erguidos e impecables para siempre, mostraba su elegancia y su pulcritud al grado de la exageración.

Sabía que su nombradía había superado los límites provincianos y una prueba de ello, fueron las muestras de afectos y reconocimientos que recibía constantemente de parte de su pueblo.

Ganador permanente de cuanto concurso de poesía existiera, citado siempre, como el referente principal de la poesía santiagueña por estudiosos de las letras, reconocían en él a un buceador de las profundidades del lenguaje, debido a la singular adjetivación con que elaborara su obra.

Vivió la amistad, como un estado permanente de cordialidad, en su andar de bohemio y caminante sin reparos. Quizás hoy pueda arriesgar, que nunca antes había conocido, a un ser dotado de un lirismo tan puro que llegaba a desbordar en cada uno de sus actos, que hasta parecía mágico que de sus gestos y palabras no brotasen otra cosa encendidas rimas nombrando a su pueblo y su paisaje.

Simple, sencillo pero con una profundidad sin par, elaboraba constantemente su prolifera producción, proyectada a un universo de figuras reales y seguramente observadas hasta el detalle.

¡Siento que soy mi tierra,

sal, arcilla, arena, mapa,

sol, paisaje, nervio, vida.

vuelo, leyenda y vidala;

Que hundo en sus senos raíces

 y en sus cielos hecho ramas

 y en el quehacer de mis versos

 siento que en mí vive su alma...!

Una natural franqueza -no vacía de una hondura sin igual- se había asociado a su poesía en tal magnitud que para él no existieron secretos para lograr una obra tan desconocida, como dispersa, por el imperio mismo de su generosidad sin par que lo llevo a escribir en cualquier parte, sin destino, ni tiempo, que pusieran limites a su inagotable erudición.

En 1953, el gobierno de España lo condecoró con la Cruz de Caballero de la Orden de Isabel Católica, en mérito a su trabajo constante de acercamiento y difusión de las culturas Hispano-Argentina, de ahí en más, fue solicitado por notables instituciones que pretendieron en vano desarraigarlo de su tierra a la que tanto amó y con quien se identificó definitivamente.

Su orgullo de santiagueño está marcado a fuego en su vocación, sus razonamientos y sus expresiones vivénciales y es por ello, sin lugar a dudas, su posterior condición de investigador del folklore.

Que mejor testimonio de su obra: “Tiempo de zamba y malambo” para evocar de una forma magistral todas las danzas conocidas en el país, desde lo tradicional de antaño, pasando por la Pampa, el Litoral, el Centro, Cuyo, el Noroeste y finalmente el Antiplano, quizá una pieza única en su género, para la consulta permanente de nuestro patrimonio cultural.

No se equivocó el folclorólogo Felix Coluccio cuando dijo: “ha compartido largas jornadas con este hombre santiagueño, que es como decir, he estado al lado mismo de la pasión santiagueña. Lo he escuchado hablar de su tierra, de sus pobladores, del pasado y el presente de su suelo; de su historia y de su presente y de su futuro; de su dolor, de su tierra campesina y de las esperanzas tantas veces fallidas... Santiagueño hasta los tuétanos, Dalmiro Coronel Lugones, cuando escribe o cuando habla, su palabra tiene resonancia de bombos, violines, y guitarras...

“Y aquí estoy en mi Santiago

nutriéndome de su sabia

 Hombre y poeta afirmado

honda raíz en su drama

bajo los soles ardientes

 quemándome las espaldas

bajo el disco vidalero

 de las lunas trasnochadas.”

Vivió con desmedida intensidad su vocación de viajero, conocedor de todas las expresiones del arte nativo, e incursionó en todos los géneros con conocida suerte. Nombrado constante de nuestras leyendas, inquieto investigador de las esencias de nuestro idioma y nuestra historia, proyectó sus conocimientos en audiovisuales y libros cinematográficos. Colaboró siempre con el docente del interior de quienes obtuvo innumerables testimonios de reconocimiento.

Pensaba -al igual que nosotros- que la base, desarrollo perspectiva del hombre está en la fuente de la educación y en el estudio y difusión de la cultura de los pueblos.

Lejos quedaron aquellos cuatro años en la facultad de derecho en la universidad de San Miguel de Tucumán, quizá.

porque la vocación muchas veces, es más fuerte que las realizaciones. El destino no lo abogado, reservándole el título de “poeta laureado” para el beneplácito de todos y en especial el regocijo del espíritu de quienes lo conocimos.

Nunca dejó de nombrar a su hermana Lidia y en especial a su madre muerta, por quienes sentía una desmedida admiración que pudo reflejar en su poesía:

 “¡Ella fue madre, amiga y compañera

   guía en la lucha, en el ideal bandera

   voz de siembra de paz, en las jornadas

  mies de fe madurada en las esperas...

  Cuantas veces “no me importa”- me decía -

si no eres otra cosa que poeta

pues no todos en la vida saben

 vivir en comunión con las estrellas...!

 Su actitud creadora no entendía de limitaciones y su capacidad organizativa contribuía para que nada quedase el azar. Juntos logramos un espectáculo inédito en la provincia de reconocido éxito denominado: “Los poetas cantan a la primavera”(1969) fiesta popular en nuestra plaza Libertad con la participación de todos los poetas de la provincia, juntamente con músicos, folclorista, que daban gala ante un espectacular marco de público.

Tenía todo a lo grande, que misteriosamente armonizaba con su corazón de niño. Anfitrión permanente -en su casa paterna- de destacadas personalidades del arte, la música, y la política, recordado patio solariego, en donde mostraba orgulloso su jardín autóctono que el mismo diseñara. De arraigadas convicciones nacionalistas, no dejaba de ilustrarnos sobre el coraje de nuestros patriotas -en especial los caudillos provincianos- en cada oportunidad en que ele arte nos convoca.

Hoy, al repasar parte de su obra, pienso, que su riqueza idiomática, conjugada con la armonía y la cadencia de su verso, aun no ha sido superada.

“Me siento cuerda y madera

delirando en las guitarras,

tiempo de lunas crecidas

 soñando insomne en las cajas,

parche legüero de bombos

 golpeando en las Salamancas

y desvelado sonido en el perfil de las arpas...

Tenía una obsesión que fue premonitoria; era la primavera.

Tras su viaje a Buenos Aires por razones de trabajo, en cartas que conservo, me expresaba: “…quizá me quede poco tiempo de vida, por ese mal incurable que me persigue. O la muerte en un accidente, como ya me lo han vaticinado. Adiós mi pequeño, amigo, hermano, y compañero... esta mañana luminosa de primavera de 1969. Hoy 20 de septiembre...”

No volví a verlo, salvo una que otra carta fue nuestra comunicación. Exactamente dos años mas tarde, lloré junto a mi pueblo la muerte del amigo y el máximo poeta, que hasta el fin de sus días le canto a su tierra como ninguno.

Había llegado el momento de “las tardes amarillas”, casualmente era la primavera de 1971.

        ¡Como he de extrañar entonces

Calor de tierra y de vida

Como he de sentir la ausencia

De mis tardes amarillas

Mientras los parches legüeros

Se alarguen de lejanías

Y los yanarcas me atajen

Presintiendo mi partida...!

Fuente: Patio Santiagueño

24/1/16

Romance del Rio Dulce



Viene de lejos cantando
Coplas de cielo y distancia,
Viene trayendo entre espumas
El mito del “Mayu Mamam”.

Lo ven la nube y el cóndor
Nacer en las cumbres altas,
Guanaco de los deshielos
Corriendo por la montaña.

Allá los dioses del Tucma
Para endulzar sus bagualas
Zumo de caña de azúcar
Sobre sus fuentes derraman.

Y baja del aconquija
Soltando por las quebradas,
Indio que deja los cerros
Para rondar en la pampa.

Tucus tucus en sus sueños,
Laurel y orquídea en sus aguas.
Corzuela arisca en su curso
Salí, por nombre, le llaman.

Allá los cañaverales
Tienen sonidos de flautas
Para acunarle de ritmos
Vegetales sus nostalgias.

Y por querer detenerle
Hay un pañuelo de zambas,
Un canto de chalchaleros
Y una luna tucumana…

Pero el rio tiene prisa
De llanura y de vidala,
Por eso viene bajando,
Porque lo apuran las cajas…

“Misky mayu”, “Misky mayu”
Las voces quichuas le llaman
Porque hay sabores muy dulces
De miel y aloja en sus aguas.

Y pasa, pasa cantando
Chacareras trasnochadas
Porque un violín en los montes
Lo llama a las salamancas.

Después… las blancas salinas,
La tierra sedienta, amarga,
La soledad de los jumes
Y las noches sin guitarras.

Por salobre, saladillo,
Silbando un apuro pasa
Porque no cantan las aves
Ni las nubes hacen agua.

Mas quiere el rio ser Dulce,
Saber a mieles y vainas,
Y corre a andar por las selvas,
Melero en las siestas de largas…

Y por quedarse en Santiago
(Fluvial presencia en su mapa)
Se desborda en los bañados
Entre un malambo de garzas…

Llega del norte creciendo
Con el sudor de las zafras
Cuando ebrias de carnavales
Suenan insomnes las cajas.

Viene de lejos cantando
Coplas de cielo y distancias
El dulce es como el bracero
Que vuelve en las vidalas…!

(Dalmiro Coronel Lugones)

6/7/12

6 de Julio de 1919



Nace en la ciudad de La Banda, Dalmiro Coronel Lugones, poeta, periodista, guionista, folklorista e investigador del folklore.

Publicó dos Libros: “Romancero del Canto Nativo” en 1965 y “Tiempo de Zamba y Malambo” en 1970. Fue premiado en numerosos certámenes poéticos, entre ellos Primer Premio del diario "Clarín", de la Capital Federal, por su poema "Romance del Canto Nativo" en 1960. Entre sus numerosas distinciones, se destaca la Condecoración de Caballero de la Orden de Isabel La Católica, Autor de Himnos y Marchas escolares.

 Incursionó en el cine con su libreto "Serafina y el destino de un pueblo", obteniendo mención de honor especial del Instituto Nacional de Cinematografía en 1965; también con su corto metraje "La Leyenda del Crespín" (en colaboración con Ricardo Dell' Aringa), que mereció el Primer Premio en 1969, en un concurso organizado por el Consejo Provincial de Difusión Cultural de Tucumán. Falleció el 20 de Septiembre de 1971 en la Capital Federal.

Reproducimos una de sus obras poética que se hizo muy difundida desde que el músico Horacio Banegas le puso música.

 

Romance del Río Dulce (zamba)

Letra: Dalmiro Coronel Lugones – Música: Horacio Banegas – Juan Carlos Carabajal

 Lo ven las nubes y el cóndor

nacer en las cumbres altas.

Guanaco de los deshielos

corriendo por las montañas.

Mishki Mayu, Mishki Mayu

Las voces quichuas lo llaman.

Y por querer detenerlo

hay un pañuelo de zambas,

un canto de chalchaleros

y una luna tucumana…

 

Estribillo

Pero el río tiene prisa

de llanura y de vidala

por eso viene bajando,

porque lo apuran las cajas…

porque hay sabores muy dulces

de miel y aloja en sus aguas.

Después las blancas salinas,

La tierra sedienta y amarga

la soledad de los junes

y las noches sin guitarras.

Mishki Mayu, Mishki Mayu

Las voces quichuas lo llaman.

 

Y por quedarse en Santiago

fluvial presencia en su mapa

se desborda en los bañados

entre un malambo de garzas

Mishki Mayu, Mishki Mayu

Las voces quichuas lo llaman.

 

Estribillo


Pero el río tiene prisa

de llanura y de vidala

por eso viene bajando

porque lo apuran las cajas

porque hay sabores muy dulces

de miel y aloja en sus aguas...

Fuente: Patrimonio de Santiago del Estero


21/11/09

Dalmiro Coronel Lugones, el poeta que resiste al olvido...

Dalmiro Coronel Lugones 


Nació en La Banda en 1919 y falleció en Buenos Aires en 1971. Poeta, folklorista y periodista. Como poeta, publicó dos libros “Romancero del canto nativo” (1965), que ha merecido elogiosos comentarios y “Tiempo de zamba y malambo” (Glosario poemático para el folklore) (1970), también muy difundido. Ha sido premiado en numerosos certámenes poéticos, entre ellos destacamos el Primer Premio del diario “Clarín” de la Capital Federal, por su poema “Romance del canto nativo” (1960). Autor de Himnos y marchas escolares. Ha incursionado en el cine: su libro “Serafina y el destino de un Pueblo” obtuvo Mención de Honor Especial del Instituto Nacional de Cinematografía en 1965; su corto metraje “La leyenda del Crespín” (en colaboración con Ricardo Dell´Aringa) mereció el Primer Premio en 1969, en un concurso organizado por el Consejo Provincial de Difusión Cultural de Tucumán. “Cuadernos de Cultura Santiago del Estero” recuerda al poeta que cantó con fervor a Santiago, su alma y su grandeza.

ROMANCE DEL BOSQUE

Verde país milenario,
Catedral sin dios ni santos
Donde el órgano del viento
Suena en las misas del diablo,
Vegetal carne que grita
La voz musical del árbol,
Lenguaje creciendo en bombos
Para nombrar a mi santiago.

Allá sus copas elevan
A los cielos quebrachos
Y se visten los chañares
Y los huinaj de topacio,
Los algarrobos maduran
Sus vainas en los veranos
Mientras suenan los coyuyos
Guitarreros sus malambos.

Extrañas supersticiones
Estremecen sus arcanos
Cuando vuela la leyenda
Por las ramas del espanto,
Entonces la “Umita”
Su histeria por los atajos
Y hachando el silencio lanza
Su horrible grito el “sachayoj”

Y acecha el “Runa uturungo”
- el tigre de pies humanos –
Y el “Supay” en la espesura
Convoca a los “iniciados”
Y triste silba la “Almita”
Y el “Crespin” llora su llanto
Y el “Kakuy” grita y sacude
Con su dolor los espacios…

Allá cuando el sol se hamaca
Entre los árboles altos
ay un saludo de mirlos,
De calandrias y de icanchos
Y salen a espiar las siestas
Las chuñas y los lagartos
Y el carpintero golpea
En los troncos su cansancio.-

Dalmiro Coronel Lugones