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1/4/23

Los Pichiciegos

#LasMalvinasSonArgentinas




Visiones de una batalla subterránea-Rodolfo Fogwill

“los pichis”: fue una mañana de bombardeo. Estaban en la entrada y en la primera chimenea y nadie se animaba a bajar al almacén, porque la tierra trepidaba con cada bomba o cohete que “caía contra la pista, a más de diez kilómetros de allí. El bombardeo seguido asusta: hay ruido y vibraciones de ruido que corren por la piedra, bajo la tierra, y hasta de lejos hacen vibrar a cualquiera y asustan. algunos se vuelven locos. Fumaban, quietos. El ingeniero calculó:

si se derrumba la chimenea, el que esté abajo, en el almacén, se

hace sandwich entre las piedras...

Entonces nadie quería bajar.  tenían hambre.  con toda la comida

amontonada abajo, igual se lo aguantaban.

Fumaban quietos.  seguían las explosiones, las vibraciones.  a veces se oía una explosión y no vibraba. otras veces vibraba y nada más, sin escucharse ruido. ¡Qué hambre!

¡Qué hambre! dijo uno.

¡con qué ganas me comería un pichiciego! dijo el santiagueño.

Y a todos les produjo risa porque nadie sabía qué era un pichiciego.

¿Qué...? ¿Nunca comieron pichiciegos...? averiguaba el santiague­ño. allí preguntaba a todos ¿no comen pichiciegos?

había porteños, formoseños, bahienses, sanjuaninos: nadie había

oído hablar del pichiciego. El santiagueño les contó:

El pichi es un bicho que vive abajo de la tierra. hace cuevas. tiene

cáscara dura una caparazón y no ve. anda de noche. Vos lo agarras, lo das vuelta, y nunca sabe enderezarse, se queda pataleando panza arriba. ¡Es rico, más rico que la vizcacha!

¿cómo de grande?así dijo el santiagueño, pero nadie veía. Debió explicar: como una vizcacha, hay más chicos, hay más grandes. ¡crecen con la edad! la carne es rica, más rica que la vizcacha, es blanca. como el pavo de blanca.Es la mulita cantó alguien.

El peludo dijo otro, un bahiense.

”El peludo” le decían a Yrigoyen dijo Viterbo, que tenía padre ra­

dical.

¿Quién fue Yrigoyen? preguntó otro.

pocos sabían quién había sido Yrigoyen. Uno iba a explicar algo pero volvieron a pedirle al santiagueño que contara cómo era el pichi, porque los divertía esa manera de decir, y él les contaba cómo había que matar­lo, cómo lo pelaban y le sacaban la caparazón dura y cómo se lo comían.

contaba las comidas y quería describir cómo era el gusto del pichi, por qué era mulita en un lugar y peludo en otro. cuestión de nombres, se dijo.

¿saben cómo se cazan los peludos en  la  pampa? preguntó al­

guien.Nadie sabía. Fumaban quietos. Muchos seguían sin

hablar, por respeto a las vibraciones, a las explosiones, tenían mie­

do.¡a tiros ha de ser! contestó uno.

No dijo el otro; era un bahiense, se lo caza con perros: va el pe­rro, lo olfatea, lo persigue y el animal hace una cueva en cualquier lado, para disimular la suya, donde esconde las crías, y en esa cueva falsa se entierra y queda con el culito afuera. Entonces lo agarras de la cola y lo quitas...

¿Y los perros?

ladran: respetan al dueño. pero tenes que enseñarlos primero, si

no te lo deshacen a tarascones. Después podes dejarlo panza arriba y cuando juntaste varios los carneas, clavándoles cuchillos de punta en las partes blandas del cogote. las mujeres saben pelarlo. a veces... iba a contar pero una vibración fuerte hizo caer más piedras por el tobogán, que era la entrada, y uno dijo “socorro” y alguien “mamá”, a lo que co­mentó Viterbo que no jodieran, que no se dieran más manija, que si no muchos se iban a volver locos y que siguiera el bahiense la historia.

a los perros les gustaría matarlo. De dañinos, más que por comerlo.

Pero a veces decía el peludo se atranca en la cueva. saca uñas y se clava a la tierra y como tiene forma medio ovalada no lo podes sacar ni que lo enlaces y lo hagas tironear con el camión. ¿Y sabes...? pregunta­ba a la oscuridad, a nadie, a todos. ¿sabes cómo se hace para sacarlo?

con una pala, cavas y lo sacas... era la voz del ingeniero.

¡No! ¡Más fácil!: le agarras la cola como si fuera una manija con los dedos, y le metes el dedo gordo en el culo. Entonces el animal se ablan­da, encoge la uña, y lo sacas así de fácil.

¡así se hace con el pichi! confirmó el santiagueño, contento.

¡Y tienen cuevas hondas, hondísimas, de hasta mil metros, dicen...! comentó el tucumano que casi nunca hablaba.

Nadie creyó. Seguían los bombardeos. Fumaban quietos y escuchaban.

Pocos querían hablar. Él dijo con voz medio de risa, medio de nervios:

¡Mira si vienen los británicos y te meten los dedos en el culo, turco!algunos rieron, y otros, más preocupados por las bombas y por las vibraciones, seguían quietos, fumando, o sentados contra las paredes de arcilla blanda y la cabeza entre las piernas. De a ratos les llegaba el zumbar de los aviones y el tableteo de la artillería del puerto. Era pleno día sobre el cerro. tenían hambre, abajo, en el oscuro.

Desde entonces, entre ellos, empezaron a llamarse “los pichis”.

Fuente: Imasti

1/4/15

“Ñaro”, “Xuavia” y “Negro” Perros héroes de Malvinas.

Estas son algunas notas sobre los perros de la Infantería de Marina argentina, durante la Guerra de las Malvinas en 1982. Eran los perros "Ñaro", "Negro", la perra "Xuvia" y el último, "Tom" el cual y no pertenecer a Infantería de Marina, sino que a la Artillería, creo su historia merece ser recordada.

El perro, en la defensa de Puerto Argentino, Islas Malvinas. (1).

Para la defensa de Puerto Argentino, en las Malvinas, se decidió por parte de la Infantería de Marina, el envío de 18 perros, (una sección),los cuales, fueron usados para evitar la infiltración de militares británicos en las líneas defensivas argentinas.

Dicha sección, estaba al mando del teniente de fragata de Infantería de Marina, D. Miguel A. Paz, contando con el apoyo del Guardiamarina veterinario D. Jorge Robles y al frente de la sección, el Suboficial segundo de Infantería de Marina D. Ernesto Franco, más los componentes 18 guías caninos. (soldados conscriptos).

La sección canina, usada para la defensa de Puerto Argentino, protección de puestos, centrales de comunicaciones y, depósitos. Después del ataque británico del 1 de abril, fue intensificada la vigilancia nocturna, para evitar, la infiltración de militares británicos en las líneas argentinas. Se hicieron servir, para patrullas nocturnas, fuera de Puerto Argentino aunque en misiones específicas, como la vigilancia del sistema de rampa y generador de misil “Exocet”, montado como defensa costera (mantenido en el más alto secreto dentro de la citada población, escondido durante el día y muy vigilado y de noche, se traladaba hasta el lugar de lanzamiento). Estos movimientos, fueron custodiados por la sección canina, tanto en horas diurnas como nocturnas.

Se observó, tras 4 ó 5 días de bombardeos aéreos, con sus correspondientes alarmas, las mejores alarmas tras ese tiempo, fueron los aullidos de los perros (sin duda alguna, debida esa reacción al oído muchísimo más desarrollado que el humano, capaz de percibir el ruido de los aviones, antes que nadie), que anunciaban el ataque mucho antes de que este se produjera. Dicha reacción por parte de los perros, fue un sistema de autenticación seguro, de que la agresión iba a producirse.
Se observó también que los perros, eran capaces de distinguir a los miembros de la Armada con respecto a otros militares argentinos allí destacados, incluídos los “Kelpers” y, con los británicos que fueron capturados, respecto a los cuales, mantenían los canes, un elevado nivel de agresividad.
Durante las últimas fechas de combates, se decidió enviar tres binomios, formados por guía y perro, a la primera línea de fuego, resultando los mismos, formados por:
Perro “Ñaro” y guía Carlos del Greco.
Perro “Negro” y guía Raúl Andicochea.
Perra “Xuavia” y guía Carlos Silva.

Este envío fue justificado, el Guardiamarina veterinario D. Jorge Robles, con las siguientes palabras (textual):
“…Fueron al frente “Ñaro”, “Xuavia” y “Negro”. ¿Por qué ellos?. “Negro” y “Ñaro” por su bravura, valentía, eran sin duda los mejores del batallón, participaban de todas las exhibiciones (desarme de enemigos, control de detenidos y saltos de altura). “Xuavia”, porque era extremadamente celosa y guardiana, ella fue a Malvinas porque era la mejor entre las hembras (era mi preferida), recuerdo que cuando entró en celos elegí un lugar preferencial y ordené su servicio…”

Dicho envío, no tuvo éxito. El fragor de las explosiones enloqueció a los perros (motivo el oído tan sensible que tienen los animales), aturdidos por las explosiones. Durante el asalto final, la noche del 13 al 14 de junio de 1982, los guías, extraviaron a sus animales, desapareciendo “Negro” y “Ñaro”, de los cuales, ni se localizó el collar. Sección de perros, Infantes de Marina, incluso los que no se hallaban destinados en esa unidad, los buscaron sin reultado positivo. Se supone, fallecieron en combate aunque sin versión confirmada. También se comentó, que un oficial británico, se quedó con uno de ellos. Las fotografías de “Negro” y “Ñaro”, están en su Unidad e incluso, en el Museo de la Infantería de Marina, en recuerdo de ellos.

La única que regresó, fue “Xuavia”. El Guardiamarina D. Jorge Robles, recordó que “Xuavia”, estaba preñada cuando llegó a Puerto Argentino. La noche del combate (13 al 14 de junio), regresaba del combate, cuando encontró a un soldado herido que yacía en el suelo, cubierto de nieve. “Xuavia”, al verlo, se acercó a él y, dándole calor se quedó allí, hasta que el herido, localizado por los camilleros, pudo ser trasladado a Puerto Argentino. “Xuavia”, le acompañó hasta el hospital y una vez allí, regresó con los suyos.

Sobre este hecho, el Guardiamarina veterinario D. Jorge Robles, comentó (textual):

“…El relato sobre el regreso de “Xuavia”, vino al lugar donde yo estaba; un soldado me gritó: “-Señor volvió Xuavia-“, cuando me di vuelta la vi y me pareció mentira, todos le demostramos alegría y puedo asegurarle que ella respondió del mismo modo. Ya en la base naval de Puerto Belgrano tuvo sus cachorros…”

Fueron 9 cachorros, siete machos y 2 hembras, de los que murieron 3 inmediatamente después del parto. El padre de los mismos, se llamaba “Duque”. De los perros que regresaron de la campaña, unos murieron longevos y otros, en accidentes de servicio. A todos ellos, les sobrevivió el ovejero alemán “Vogel”.

Otro de los perros que participó en dicha contienda, fue “Tom”, en artillería. No pertenecía a la Armada, simplemente era el perro de un regimiento, la historia del cual, creo merece ser recorada. De él, recuerda su amo (textual): (2).

“…El camión me esperaba afuera, junto a mis soldados y los equipos. Tomé un gran manojo de camperas y me dirigí a la carrera, pero se me cruzó un perro de la base que habíamos criado desde cachorro y me hizo caer. Me levanté maldiciendo, tomé otra vez las camperas y retomé mi camino, pero a los pocos metros otra vez el perro me hizo caer. De la bronca, lo tomé y le dije “-Estás jodiendo-“, entonces venís con nosotros a las Malvinas y lo subí al camión. Al ver el perro el soldado Cepeda me preguntó asombrado “-Cómo se llama el perro?-“.

Entre risas le contesté: “-Desde hoy se llama “Tom”-“ porque vamos al teatro de operaciones de las Malvinas. Al poco tiempo se transformó en el ser más mimado y querido entre todos, pero debíamos ocultarlo de los superiores, por eso en las inspecciones siempre estaba dentro de algún bolso, campera o saco de donde solo salía su hocico para respirar…”

“…En Malvinas “Tom” se comportó como un bravo artillero. Cuando tirábamos con la máxima cadencia de fuego hacia los británicos, él se paraba delante del cañón como el mejor de los combatientes; siempre ladraba y jugaba con aquél que estaba bajoneando en los momentos de calma para darle ánimo; cuando había alerta roja de bombardeo era el primero en salir del refugio para buscar a los más alejados y el último en entrar a cubrirse; y muchas veces su instinto canino, presintió los bombardeos aéreos antes que se gritara la alarma, lo cual manifestaba con ladridos que ya conocíamos. Compartía con nosotros la comida y los soldados le fabricaron un abrigo con los gorros de lana y las bufandas.

El 11 de junio, a las 11:15 hs, un avión pirata se lanzó frenéticamente sobre nuestra posición bombardeando nuestro cañón y haciéndolo estallar, nosotros corrimos a cubrirnos y “Tom” ,como siempre, sobre una roca ladraba dando la señal de alerta. El avión efectuó otra pasada, esta vez ametrallando con furia nuestra tropa que repelía el ataque con fusiles, en esta oportunidad varios fueron heridos (yo entre ellos), y “Tom” que corría avisándoles a los más distantes fue alcanzado por las esquirlas. El humo y el olor a pólvora cubrieron el lugar. Como pudimos, heridos, buscamos a “Tom” y lo encontramos tendido sobre una piedra inmóvil, con sus grandes ojos mirándonos y despidiéndose lentamente de sus camaradas.

Allí quedó para siempre nuestro cañón y el mejor testigo de esta gesta, nuestro querido “Tom”. Allá en la fría turba malvinera, él es otro bastión argentino, que junto a los héroes que dieron su vida por la Patria, significan soberanía y un especial estilo de vida. Cuando volví al continente, en honor a él, todos los perros que tuve se llamaron “Tom” y mientras yo viva así lo haré. “Tom” en Malvinas fue mi mejor amigo. ¡Y yo jamás olvido a mis amigos!.
Relato del Cabo 1º VGM. D. Omar Liborio del GA 101, Ejército Argentino.

Fuente:
(1).Web, “La Perla Austral” en Internet. Guerra de las Malvinas. “Perros de guerra”, domingo 11 de octubre de 2009.

(2). Blog Ramallo web. “Día del animal, Perros de Guerra”, autor, Artillero Agusto Padilla, según relato del Cabo 1º VGM, D. Omar Liborio del GA 101, Ejército Argentino.