El Clima en Santiago del Estero

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7/3/23

Felipe Benicio Corpos

Un 23 de Agosto de 1935 nació en el Paraje La Loma, Departamento Figueroa, Santiago del Estero, Felipe Benicio Corpos, quichuista, payador, coplero, compositor y uno de los poetas más exquisitos de nuestro folclore bilingüe.

Luego su familia se trasladó a Pampa Muyoj. En ése lugar sus padres, Pío Corpos y Ramona Domínguez, tenían una pista bailable denominada “La Salamanca”. Creció entre quichuistas, de allí que era un eximio quichua hablante. Cursó la escuela secundaria en la ciudad de Santiago. Siendo empleado de comercio, conocía los movimientos del centro de la ciudad y se interesaba por todas las manifestaciones culturales. Fue junto a Sixto Palavecino, Vicente Salto y Domingo Bravo, entre otros, los fundadores de la audición “Alero Quichua Santiagueño” que posteriormente se convirtió en una institución de quichua hablantes. Junto a Don Sixto Palavecino, iniciaron un camino que los llevaría a la creación de todo un cancionero que enriquece el canto criollo nacional. Fue el primer conductor y coordinador del Alero quichua. Creó además, la audición Domingos Santiagueños para dar salida a sus inquietudes en los meses de receso del Alero Quichua. En Marzo de 1972, colaboró con los esposos Gramajo - Martínez Moreno desde el “Centro de Artesanías Santiagueñas” donde dictó clases de quichua. 

El 1 de Abril de 1973, Corpos convocó a conocidas personalidades de nuestro medio a la Primera Mesa Redonda Radial del Nativismo que se realizó en LRA 21 Radio Nacional para debatir “El orígen de la chacarera”. En Mayo de 1973 tuvo activa participación con el auspicio del Alero Quichua Santiagueño en un disco larga duración denominado “Santiago del Estero, desde sus coplas al país”. En 1974, formó parte como socio fundador de la Asociación de Folcloristas Santiagueños y como Prosecretario de la Sociedad Argentina de Escritores de Santiago del Estero. Le gustaba visitar a los quichuistas en su propio ámbito, solo o con la gente del Alero. Corpos era visitante habitual de Villa Atamishqui y Loreto, desde donde solía partir hacia la casa de los hablantes. Ponía letra a cuanto tema instrumental hubiese, en su afán por participar de la rueda de cantores. Solía cantar improvisando, sobre todo cuando encontraba un buen contendiente, como "Antuco" Mattar, por ejemplo. 

En los escenarios y en la radio era un excelente presentador y animador. Ente las letras escritas por el podemos mencionar “La atamishqueña” , “La ronquera”, “La queñalita”, “La chimpa machu”, “Juntando mishtol”, “La añapita”, , “El Sacherito”, “Mi tata sabía cantar”, “Sacha Sachamanta”, “Como el sacha mishi”, “Coplitas Amanecidas”, “El Tasigastero”, entre otras. 

Tubo una gran participación en las grabaciones de los cinco volúmenes que grabó el Alero Quichua en el sello Diapasón, como compaginador, coordinador y traductor de las versiones literarias. El 13 de Diciembre de 1974, falleció en Buenos Aires, en el hospital del quemado, luego de haber sido trasladado días antes por haber sufrido quemaduras en un accidente, en su lugar de trabajo. Como una premonición, en La Ñaupa Ñaupa nos decía: "Me han de quemar los engaños / y han de chamuscar mi vida / pero yo reviento en coplas / como flor de maíz pishinga. Quienes lo conocieron, lo recuerdan como un amigo atento, comedido y desinteresado. Una calle del Barrio Tradición, y una escuela de Pampa Múyoj llevan el nombre de Felipe Benicio Corpos.

LA CHIMPA MACHU

Cuando quiero quiero mucho
si me olvidan no me quejo
cuando me quieren dejar
antes que me dejen dejo.

El corazón de una moza
me dicen que yo lo tengo
yo no se pa' que me sirve
el corazón sin el cuerpo.

En el juego y el amor
dos cosas yo he aprendido
no agrandarme si he ganado
ni achicarme si he perdido.

Chacarera, chacarera
chacarera chimpa machu
pa' alcanzar tu corazón
si no es hoy alckapas cachum.

La pena y la que no es pena
todo es pena para mí
ayer penaba por verte
hoy peno porque te ví.

Vos sos una yo soy uno
uno y uno somos dos
dos que quisieran ser uno
pero no lo quiere Dios.

El amor es cuesta arriba
y el olvido es cuesta abajo
voy a subir cuesta arriba
aunque me cueste trabajo.

Mayu mayu chimpa manta
chacarera flor de tusca
me dices que no me quieres

yo no se porque me buscas.

Fuente: FBK/Patrimonio DE Santiago DEL Estero

28/2/23

RAMON GOMEZ CORNET

Nació el 1 de Marzo de 1898. Fue una figura representativa del acervo plástico nacional. Su nombre cubre una etapa del arte argentino que obtuvo el reconocimiento unánime de la Autoretrato Gómez Cornet crítica nacional. Su vocación artística se despertó en la adolescencia y fue enviado a Córdoba donde comenzó su formación en la Academia de Bellas Artes. 

En 1917 realizó su primer viaje a España, Francia e Italia. Al regresar presentó sus primeras obras en Buenos Aires; Cezanne y Renoir lo habían impactado. En 1921 expuso en el salón Chandler de la calle Florida; en 1923 emprendió su segundo periplo europeo; en 1927 se presentó en el Salón Nacional y en La Plata; al año siguiente expuso sus retratos de niños y mujeres santiagueñas. Desde entonces sus muestras lo destacaron a la consideración de la crítica más exigente quizás porque su arte reflejaba en los rostros telúricos el drama de los hombres y niños de su tierra. Medalla de Plata del Salón de Paraná, Premio Estímulo en el Salón Nacional, Primer Premio de Pintura del XXVII Salón Nacional, Primer Premio en el Salón de Acuarelistas, Premio Arte Clásico Presidente de la Nación. Realizó exposiciones en Nueva York, Tucumán y Santiago del Estero. 

En esta última propició y logró la creación del Museo Provincial de Bellas Artes, que hoy lleva su nombre. Trasladado a Mendoza ocupó la cátedra de Pintura de la Universidad Nacional de Cuyo. En 1949 obtuvo el Gran premio de Honor en el Salón Nacional; en 1950 el Premio Presidente Perón del Salón de Santa Fe. Se trasladó a Tucumán designado por su Universidad Nacional para dictar la cátedra de Dibujo; regresó a la Universidad de Cuyo desde donde retornó a Buenos Aires. Proyectó y logró la creación de la Academia de Bellas Artes de Santiago del Estero. El 9 de abril de 1964 falleció en Buenos Aires. Su nombre figura entre los plásticos más importantes del arte argentino.

Para realizar una visita virtual de sus obras, recomendamos seguir el siguiente enlace: http://www.arteargentino.com/sala/gomezcornet/index.htm

10/10/22

BERNARDO CANAL FEIJÓO



Nació en Santiago el 23 de julio de 1897. Obtuvo el título de Abogado y Doctor en jurisprudencia en la Universidad de Buenos Aires en 1922. Allí se vinculó al grupo "Martín Fierro", renovador del verso y la composición.

Vuelto a Santiago trajo esos fermentos a su tierra y convocó a escritores, músicos e intelectuales del medio a nuclearse en una entidad cultural. Así nació "La Brasa" a fines de 1925, contemporánea con su Penúltimo Poema del Fútbol, el primero de sus libros de versos. 

Entre 1932 y 1934 se volcó al ensayo histórico, social y psicológico, para desentrañar el arte y la existencia del santiagueño que culminó con su mayor obra: “Ensayo sobre la expresión popular artística en Santiago del Estero”, primer premio de la Comisión Nacional de Cultura en 1938. Más tarde obtuvo el premio municipal de Buenos Aires en 1944 con “Pasión y Muerte de Silverio Leguizamón” y su obra póstuma sin representar “Asesinato en el Palacio”. Su indagación del país se concreta en "Teoría de la Ciudad Argentina", "Alberdi: Constitución y Revolución" y muchas obras de singular jerarquía. 

Antes de trasladarse a Buenos Aires fundó PINOA en un intento de planificación regional. En la Capital Federal fue Director del Departamento de Relaciones Culturales de la Universidad Porteña, Decano interventor en la Facultad de Humanidades de La Plata, Gran Premio de Honor de la SADE (Sociedad Argentina de Escritores) y miembro de la Academia Argentina de Letras cuya Presidencia ejercía al momento de su muerte. 

Canal Feijoo contribuyó a esclarecer la psicología y el destino de los argentinos profundizando en nuestra historia social y constitucional. Por su colaboración y traducción de la obra de los hermanos Wagner sobre la civilización chaco-santiagueña, el gobierno de Francia le otorgó la Legión de Honor en 1934 que contribuyó a realzar, por su intermedio, la cultura de Santiago del Estero. El 10 de octubre de 1982 falleció este hombre ejemplar. Como homenaje a su obra se instituyó el Día de la Cultura Provincial.

9/5/21

Gumersindo Sayago, figura destacada de la salud pública de Córdoba (Primera parte)

La historia de Villa Independencia es rica en personajes increíbles. Entre ellos, hay uno que sobresale no sólo por su reconocida trayectoria profesional, sino también por su calidad como vecino; estamos haciendo referencia al doctor Gumersindo Sayago.

Nacido el 10 de diciembre de 1893 en Santiago del Estero, era hijo de Rosario Gallardo y del Dr. Gumersindo Sayago, ex diputado provincial y profesor del Colegio Nacional de esa provincia. Allí terminó de cursar sus estudios secundarios, trasladándose luego a Buenos Aires para estudiar medicina. Según Ada R. del Valle Iturrez de Capellinni [2012], Gumersindo vivió en la urbe porteña una vida bastante sacrificada debido a las difíciles condiciones materiales en que se desarrollaba su existencia. Pese a ello, fue un alumno brillante, aunque no pudo continuar sus estudios debido a que se enfermó de tuberculosis. Con la meta de tratar de curarse, viajó y se radicó en la ciudad de Córdoba, donde finalmente pudo recuperarse y recibirse como profesional de la medicina. Sin dudas, la afección que tuvo que sufrir lo marcó para siempre, ya que se especializó en la lucha contra esta enfermedad. Gracias a la labor realizada en este campo durante todo el resto de su vida, Sayago terminó por convertirse en uno de los médicos más reconocidos de su época y pionero en Córdoba en el estudio y la prevención contra la tuberculosis, ese terrible flagelo que asoló nuestra sociedad entre fines del siglo XIX y las primeras décadas de la centuria siguiente.

Vale la pena, pues, conocer un poco más de su historia, la cual dejó una huella imborrable en el campo de la medicina nacional y la villa serrana, y que como justo tributo nuestra comunidad honró designando al hospital municipal con su nombre.

La tuberculosis y sus graves secuelas

El proceso de extensión y acumulación capitalista que vivió nuestro país entre el último tercio del siglo XIX y el primero del siguiente profundizó las desigualdades sociales entre quienes concentraban la mayor parte de la riqueza generada por la hegemonía de la producción agroexportadora y aquellos que, aún siendo gran mayoría, debían sobrevivir en las más difíciles condiciones de vida a causa de los magros ingresos que percibían por la venta de su fuerza de trabajo. Hacinados en pequeños espacios habitacionales, la mayoría de los cuales no tenían acceso a servicios públicos esenciales para garantizar las mínimas condiciones higiénicas, estas familias de trabajadores se hallaban fuertemente expuestas a un diverso número de enfermedades. Además, la situación empeoraba en los casos donde todavía no se había hallado un tratamiento efectivo o antibiótico capaz de detener el avance de determinado padecimiento. Uno de estos ejemplos era la tisis o tuberculosis, que se había transformado por esos años en una de las causales de mortandad más elevadas de la ciudad de Buenos Aires.

La ciudad de Córdoba, como el resto de las grandes ciudades del país, no vivía aislada de este panorama. Específicamente hablando de la tuberculosis, ésta también presentaba un alto nivel de mortalidad en la urbe mediterránea, tal como lo demuestra Adrián Carbonetti:

Partiendo en 1887 de una tasa de mortalidad cercana al 21,8 por diez mil habitantes, llega a su máximo en 1915 con 49,3. […] Con estas tasas de mortalidad la tuberculosis se transformó en la principal causa de muerte para la ciudad de Córdoba, […].” [1999: 67]

Sayago y su destacado rol en la tisiología cordobesa

Teniendo en cuenta que la capital provincial contaba con una de las universidades más prestigiosas del país, no extrañó que salieran de ella varios profesionales de la salud que, en virtud del grave problema social que representaba la tisis, se abocaran a estudiar y elaborar proyectos para tratar de disminuir su influencia. Entre ellos, se destacó el tisiólogo santiagueño Gumersindo Sayago, quien había recibido su título de doctor en medicina en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) el 16 de abril de 1919.

En este punto, vale recordar que Sayago había sido uno de los principales protagonistas de la Reforma Universitaria de 1918, siendo uno de los firmantes del Manifiesto Liminar del 21 de junio de ese año, el célebre documento donde los reformistas exponían las metas a través de las cuales se proponían democratizar y superar el anacronismo de los programas de estudios en el que se hallaba la universidad cordobesa. Como recordaría tiempo después, aquella participación en la política estudiantil imprimiría una huella profunda en su consciencia, ya que le dejaría marcado por siempre los principios de acción que tuvo a lo largo de su vida pública:

Y son aquellos días ya lejanos de mi actuación estudiantil en el año 18, llenos de fe y esperanza, los que representan para mí el mayor blasón de mi vida universitaria. En ellos se trazó un sendero de rectitud, de libertad y de justicia social, por el que siempre seguí afanosamente.” [Ibíd.]

Una vez recibido, Sayago comenzó poniendo en práctica esos principios trabajando en el hospital Tránsito Cáceres de Allende. Mientras tanto, seguía inserto en el ámbito universitario, donde comenzó su tarea docente como adscripto a la Cátedra de Clínica Epidemiológica. Los conocimientos teóricos y prácticos de los que se fue nutriendo en esos años le sirvieron para iniciarse en el campo de la investigación académica, donde ya en 1920 recibió el premio José M. Álvarez por su obra titulada “La tuberculosis en la provincia de Córdoba”.

El compromiso social asumido por Sayago se expresó concretamente en ese primer trabajo de investigación, donde expuso que la tuberculosis afectaba principalmente a los sectores socioeconómicamente más desfavorecidos, pues éstos se hallaban frente a condiciones de vida (vivienda y trabajo) que favorecían el desarrollo y propagación de esta enfermedad:

En especial para el sexo femenino y para todos aquellos que trabajan en sus domicilios, las horas de trabajo diarias llegan fácilmente a 10 y 16 horas. Es en todos estos obreros en donde la tuberculosis hace mayores víctimas, pues son sujetos que viven en un continuo surmenaje físico.” [SAYAGO, 1921: 271, cit. por: CARBONETTI, 1999: 83]

En vista de esta situación, Sayago y otros higienistas cordobeses propusieron la intervención del Estado provincial en la implementación, tal como lo define Adrián Carbonetti, de una serie de “medios indirectos” que terminarían por ayudar a reducir la difusión de la tuberculosis. Entre ellos, se propugnaba la provisión de agua corriente potable y la ampliación del sistema de cloacas.

Asimismo, también sostuvieron la necesidad imperiosa de fijar estrategias “directas”, como aislar a los enfermos en hospitales para evitar el contagio en forma masiva. En este sentido, pusieron de relieve el alto valor que tenía el clima serrano cordobés para el tratamiento de esta enfermedad, ya que el mismo obstaculizaba la reproducción del bacilo debido a la escasa humedad que presentaba la zona. En esta posición, también había influido la experiencia de los sanatorios que se habían erigido en el área serrana, y cuyos resultados habían sido hasta ese momento en buena parte auspiciosos. De este modo, apoyaron la creación a principios de los años veinte de algunos sanatorios de este tipo en la ciudad de Córdoba, como el Misericordia y el Rawson.

Las medidas tomadas entonces dieron muy pronto sus frutos, pues no sólo se detuvo la espiral de mortalidad ascendente que había alcanzado su pico máximo en 1915, sino que ya desde la década de 1920 empezó a retroceder tanto en términos nominales como relativos.

La Escuela de Córdoba o Escuela de Sayago

Los logros alcanzados por los profesionales cordobeses les valió el reconocimiento de sus pares a nivel nacional e internacional, aunque todavía no habían conseguido disponer de un espacio institucional específico. Esto se pudo lograr en 1933, luego de que se normalizara el funcionamiento de la universidad local tras la intervención del gobierno de facto. En ese momento, se procedió a crear el Instituto de Tisiología perteneciente a la Facultad de Ciencias Médicas de la UNC, cuya dirección quedó por concurso a cargo del doctor Gumersindo Sayago.

Una vez en funciones, éste reforzó los lazos con otros importantes centros de estudios especializados. En vista de ello, fue nombrado Académico del Instituto de Tisiología de Hamburgo e integrante de la Academia Real de Medicina de España.

En 1937, la Facultad de Ciencias Médicas de la UNC llamó a concurso para cubrir el cargo de profesor titular de la primera Cátedra de Tisiología que se creó en el país, la cual fue inaugurada el 19 de abril de 1938 bajo la dirección de Sayago.

A partir de la ardua labor emprendida, la Escuela de Córdoba o Escuela de Sayago –como también se la conocía debido a su máximo impulsor- brindó un renovado impulso a la investigación, generando una serie de acciones que les permitieron a sus integrantes el reconocimiento de sus colegas y del Estado provincial para estar al frente de la lucha contra la tuberculosis:

“[La Escuela de Córdoba] generó publicaciones sobre la especialidad, como la revista Temas de Tisiología; consolidó redes con los principales centros de estudio de Europa y Estados Unidos; formó, mediante cursos de posgrado, especialistas del interior del país y de países limítrofes como Chile y Paraguay; y posibilitó la inserción de varios de sus integrantes en puestos claves de organismos estatales de control de la tuberculosis.” [CARBONETTI, 2008: 203]

El gobierno impide la concreción del plan de lucha contra la tuberculosis

Tratando de encontrar una vía más efectiva para atenuar los efectos de la tisis dentro del territorio provincial, el Instituto de Tisiología propuso al gobierno cordobés la puesta en práctica de un ambicioso plan de lucha. Fundamentalmente, se basaba en la necesidad de construir nuevos centros hospitalarios dirigidos por profesionales cordobeses, donde se internarían a los tuberculosos con la meta de aplicarles el tratamiento más efectivo hasta entonces conocido: aislamiento, higiene, dieta y abundante sol.

Lamentablemente, el erario requerido para la aplicación del plan diseñado por Sayago y sus colegas no fue aportado por el gobierno provincial, aduciendo sus responsables que el mismo implicaba elevar por triplicado el presupuesto previsto para el área de salud. Esta postura, que concebía a la salud pública como un gasto y no una inversión, era tributaria de una tradicional concepción liberal ortodoxa del Estado que se venía aplicando desde hacía varias décadas en la Provincia, donde se dejaba a las entidades de beneficencia y asistencia buena parte de la responsabilidad en la atención sanitaria de los sectores populares. De este modo, se evitaba contradecir aquellos principios que postulaban lo perjudicial que resultaría la intervención estatal dentro de los ámbitos propios de la sociedad civil, aunque en la práctica, como lo ha demostrado la Dra. Beatriz Moreyra [2009], esto era usualmente evitado debido a la asistencia monetaria y material del Estado en beneficio de las entidades privadas antes mencionadas.

Las disputas políticas marcan la decadencia de la tisiología cordobesa

El notable avance obtenido a partir del trabajo de campo y la institucionalización académica comenzó a verse perjudicado a partir del golpe de Estado ocurrido en junio de 1943. Tras subscribir, junto con varios de los más afamados científicos de la época, una solicitada en contra de aquel suceso, el doctor Gumersindo Sayago fue separado de la dirección del Instituto y la Cátedra de Tisiología. En solidaridad con él, otros integrantes de aquellas instituciones renunciaron a sus cargos, lo cual ponía fin al fructífero trabajo que hasta entonces habían desarrollado este conjunto de notables profesionales.

En 1945, en un contexto de fuerte deslegitimación del gobierno militar, Sayago volvió a ser designado el frente de sus cargos universitarios. Esto originó un fuerte conflicto con la Comisión Directiva de la Asociación Tránsito Cáceres de Allende, la que se había manifestado en contra de asumiera al frente del Instituto de Tisiología. Hay que tener presente que esta entidad civil tenía una gran influencia en la toma de decisiones por parte de las autoridades universitarias con respecto a esta institución, pues tenía a su cargo las dependencias del hospital donde funcionaba la misma.

Según Carbonetti [2007], esta posición de los directivos del hospital tenía que ver con el hecho de la adhesión de la Iglesia católica –con la cual estaba vinculada esta entidad- al candidato del partido laborista, Juan Domingo Perón, lo cual se contraponía con el posicionamiento público del tisiólogo santiagueño a favor de la Unión Democrática. Esta situación dio inicio a un enfrentamiento irreconciliable entre la UNC y la asociación civil, cuando esta última recurrió al gobierno provincial para que impidiese que Sayago se hiciese nuevamente cargo del Instituto de Tisiología. No obstante, el prestigioso médico pudo finalmente cumplir con la función asignada, cuando en febrero de 1946 la UNC dio por terminado el acuerdo con la Asociación Tránsito Cáceres de Allende. Pero esto, para desgracia de sus expectativas, aún distaba mucho de haber finalizado.

Tras la intervención decretada por el gobierno peronista en el ámbito de las universidades de todo el país en 1948, Sayago fue apartado de sus funciones. Como sucedía en todas las cátedras intervenidas, tanto él como sus colaboradores fueron reemplazados por un grupo de profesionales afín con el proyecto peronista.

Pese a los agravios recibidos por su posicionamiento político, Gumersindo estaba lejos de bajar los brazos. Junto con otros colegas crearon una institución civil sin fines de lucro denominada “Centro de Asistencia Médico y Social de la Tuberculosis”, la cual se mantenía con los aportes de los propios galenos. Además, continuó formando parte de la Sociedad de Tisiología de Córdoba, desde donde pudo continuar la labor pedagógica dictando varios cursos de especialización sobre la materia.

Luego del golpe de Estado de septiembre de 1955, Sayago asumió nuevamente la dirección de la Cátedra e Instituto de Tisiología. Sin embargo, y a pesar de recuperar lo que injustamente había perdido, Sayago ya no se encontraba con las mismas fuerzas de siempre, aquellas que solía fortalecer durante sus estadías veraniegas en las serranías cordobesas. Como pudimos ver, su vida fue muy intensa, debiendo continuamente debatirse con el poder político por los continuos obstáculos que éste ponía a la hora de limitar o frenar las numerosas iniciativas que surgían de su febril actividad. En el paisaje serrano de Villa Independencia lograba recargar las energías para hacer frente no sólo a tantos problemas, sino también para abordar los desafíos que implicaban avanzar en el mejoramiento del tratamiento de tan nefasta enfermedad.
Fuente: www.lajornadaweb.com.ar/

Por José Antonio Casas / Profesor en Historia

Gumersindo Sayago, figura destacada de la salud pública de Córdoba (Segunda parte)

Como vimos en la primera parte de este trabajo, el doctor Gumersindo Sayago fue un incansable luchador no sólo en el campo de la salud pública cordobesa, sino también en la defensa de los valores y el sistema democrático. Semejante nivel de actividad le implicaba un elevado esfuerzo físico y mental, que Sayago lograba recuperar cuando pasaba sus días de descanso y recreación en Villa Independencia, una pequeña urbe serrana turística al sur de Carlos Paz. Parte de su vida en ese hermoso paisaje serrano podemos conocerla gracias a los recuerdos de aquellos vecinos que llegaron a conocerlo y tratarlo, y que gracias a la amabilidad de los mismos podemos hoy en algo reconstruir.

Sayago y las sierras: su predilección por Villa Independencia

Como la mayoría de sus colegas, el doctor Sayago disfrutaba mucho de pasar sus tiempos de descanso y recreación en las serranías cordobesas. Su lugar preferido era Villa Independencia, la urbanización turística que había emprendido Juan Irós en 1928. Para Gumersindo, era el lugar ideal para alejarse del estrés y las exigencias de la vida diaria en la capital provincial. En ese paisaje de sierras y vertientes se sentía plenamente libre, independiente; de allí que gustaba de asociar el nombre de la villa con el estado de ánimo que sentía al pasar en esta tierra esos increíbles días de verano: “Tiene muy bien puesto el nombre. Es Villa Independencia y yo soy independiente; acá no me busca nadie.” [Entrevista al Sr. Rafael Guillermo De Simone, Villa Independencia, 26-X-2011]

En un hermoso terreno situado a la vera del río San Roque [actual San Antonio], Sayago había construido una hermosa residencia temporaria, a la cual solía asistir con su esposa y sus tres hijos. Según recuerda Rafael De Simone, lo hacía con todo aquello que necesitaba para mantener el nivel de vida al que estaba acostumbrado: “Él venía en el verano, con cocinera, servicio doméstico, tenía casero permanente ahí. Venía por dos meses y pico, y en el invierno venía todos los sábados.” [Ibíd.]

Quienes lo llegaron a conocer y tratar no han podido olvidar su figura, tan distinta al resto de los profesionales y comerciantes provenientes de los sectores medios residentes en las principales urbes del país. Éstos, como lo ha analizado Ezequiel Adamovsky en su estudio sobre la clase media argentina [2009], solían ser descendientes u originarios del continente europeo, pues las élites políticas y socioeconómicas dominantes asociaban el “progreso” a las personas blancas que provenían de los países que conformaban dicho territorio. En contraposición, quienes descendían de los grupos originarios o eran el producto del mestizaje de lo que se consideraban “razas inferiores” (como los afroamericanos) eran asociados a la “barbarie”, razón por la cual se los empujaba a través de diversos mecanismos económicos y culturales hacia los escalones más bajos del orden social. Por ello, los trabajadores que presentaban las características mencionadas en primer lugar tenían grandes oportunidades de obtener las mejores oportunidades educativas y laborales, hecho que terminó por diferenciar al campo del trabajo entre un sector medio y las clases populares.

En vista de estas circunstancias, no era nada fácil para alguien que portaba en su piel una fisonomía fuertemente estigmatizada poder superar estos prejuicios y acceder a una posición social más elevada. Sin dudas, la enorme capacidad que tuvo Gumersindo Sayago le posibilitó superar todos estos obstáculos, logrando así insertarse en un estrato societario al cual muchos de sus compatriotas no podían llegar debido al color de su piel. De allí que no fueron pocos los que en su tiempo les llamaba la atención de que uno de los “distinguidos” habitantes de la villa serrana no presentase los rasgos físicos tan típicos de sus integrantes, algo que ha quedado guardado hasta ahora muy vívidamente en el recuerdo de los pobladores más antiguos de la zona:

Era un hombre criollo, criollo; era un indio, un coya totalmente. Una persona bien negra, unos pelos parados, ancho, petisón, gordo; vos te dabas cuenta, y él lo decía, que era descendiente de indios.” [Entrevista al Sr. Gerónimo “Mito” Llanos, Barrio El Canal, 08-IV-2012]

En Villa Independencia, Sayago podía disfrutar de una de sus grandes pasiones: los caballos. En tal sentido, solía compartir con algunos de los habitantes permanentes de la localidad largas cabalgatas en busca de disfrutar de la belleza de los paisajes serranos y la hospitalidad de su gente:

Nosotros hacíamos cabalgatas con el doctor Sayago. A veces nos juntábamos 40 o 30, y nos íbamos a Cuesta Blanca, que no había nada. No estaba ni loteado Cuesta Blanca. Vivía el padre del casero del Dr. Sayago. El hombre tenía animales, así que un día hicimos un viaje allá. Ya nos esperaban con cabritos y todo eso. Fue hermoso. Cuando volvimos nos agarró la lluvia. Era un aguacero descomunal. Otra vez fuimos a Las Jarillas. No me acuerdo cómo se llamaba la institución religiosa que había ahí. También fuimos a andar un poco, comer cabritos y todo eso.” [Entrevista al Sr. Rafael Guillermo De Simone, op. cit.]

Además de las cabalgatas, a Sayago le encantaban los higos que se podían recolectar en la época veraniega. Pero, debido a que las higueras se encontraban en un lugar de difícil acceso, solía ir con el joven Gerónimo “Mito” Llanos para que éste le alcanzase los higos. Así lo recordaba tiempo atrás el inolvidable Mito:

Y le gustaban mucho los higos. […] Había que subir por la calle de la escuela Bernabé Fernández y ahí había un camino que subía la quebrada hasta llegar arriba de la sierra, bajás como un kilómetro y allí hay un lugar de muchas vertiente, y las higueras están en lugares donde hay muchas vertientes. [Sayago] llevaba esos tarros que venían antes de cinco litros de aceite, y él llevaba uno, yo llevaba otro que atábamos [a los caballos] con unos tientos para no llevarlo en la mano así no nos cortaba el alambre de la manija. Así nos íbamos con él a caballo a cortar higo. Él me llevaba porque yo me tenía que subir de la higuera, cortarle los higos y luego alcanzárselos. Con él habremos ido cuatro o cinco veces a buscar higos para allá.” [Entrevista al Sr. Gerónimo “Mito” Llanos, op. cit.]

Cuando nos contaba sus anécdotas con el doctor Sayago, Mito también rememoraba el afecto que éste tenía hacia su abuela, con la que solía compartir charlas amenizadas por los mates que ella misma le cebaba. También había cultivado amistad con su tío, quien le cuidaba los caballos que utilizaba para viajar por las sierras:

Él tenía caballos, y cuando se iba a Córdoba los dejaba en el campo de mi abuela; se los cuidaba Lino Quinteros, un tío mío. Cuando él venía en verano se llevaba los caballos a su casa, para él y el hijo. […] Era muy amigo de mi abuela. Mi abuela cebaba mate con yuyos, peperina, té de burro, con esas cosas de los molles, y hacía esas tortillas con grasa, y como ese hombre era de allá comía todas esas cosas. Y de ahí fue la amistad que tuvo con mi abuela, y como dejaba los caballos en invierno…” [Ibíd.]

Un hombre comprometido en todo momento

Si bien Sayago buscaba en Villa Independencia la tranquilidad que no le brindaba la ciudad, no por ello dejaba de estar al tanto de las vicisitudes políticas de la época. En especial, y como pudimos comprobar, hubo un hecho que marcó para siempre su actividad profesional, y fue el golpe de Estado de junio de 1943. Acérrimo defensor de los principios democráticos, su oposición al régimen militar le valió sus cargos universitarios. Pese a ello, nunca bajó los brazos y siguió luchando por sus ideales en todas las situaciones y contextos posibles. Aún en aquellos que, a priori, no acostumbraba a utilizar para estos fines, como sus días en la villa serrana.

Luego de ser depuesto de sus funciones en noviembre de 1943, se dirigió como era costumbre a su casa de veraneo. Todavía sensibilizado por lo que había pasado, un día de ese verano reunió a varios jóvenes del lugar para hablarles de la importancia de defender la democracia, algo que quedó para siempre guardado en la memoria de quienes escucharon de su voz tan elocuentes palabras, como Horacio Bardi:

“[…] Entonces, junto con el doctor Lafalle, [Sayago] nos reunió a los jóvenes en el río, en la costa -porque su casa daba al río- para hacernos una arenga. Fuimos los jóvenes más o menos de mi edad. Nos juntó para arengarnos y hacernos ver lo que era la democracia. […]

-¿Qué les dijo Sayago en esa arenga?

-Nos decía que teníamos que pensar lo que es la libertad, como debíamos comportarnos y pensar que teníamos que tener presente la libertad de la persona. Estuvo muy bien. Fue un momento muy lindo realmente. Fue una mañana, cerca del mediodía. Nos reunieron él y el doctor Lafalle; pero el que habló fue Sayago.” [Entrevista al Sr. Horacio Bardi, Villa Independencia, 29-X-2011]

Pero no sólo Sayago no dejaba de lado sus convicciones políticas en sus tiempos de descanso; en ciertas ocasiones, también disponía de sus conocimientos para tratar a algún vecino aquejado por la tisis. Uno de ellos fue el célebre músico andaluz Manuel de Falla, quien al enterarse de la presencia en Villa Independencia de uno de los más afamados tisiólogos del país decidió consultarlo y tratar así de calmar el sufrimiento que le causaba la enfermedad:

A Manuel de Falla lo atendía Conde, pero él no era tisiólogo. Manuel de Falla se entera de este doctor [Sayago], y viene y lo ve. Y Sayago empieza a curarlo a Manuel de Falla y se siente bien.” [Entrevista al Sr. Gerónimo “Mito” Llanos, op. cit.]

Una terrible pérdida signa los últimos años de su vida

Como todos los que los conocieron, el doctor Sayago sentía un especial afecto por su hijo, a quien todos los vecinos de la villa solían conocer como “Charles” o “Charlie”. Según De Simone, Gumersindo hacía todo lo posible para que su hijo continuase la profesión donde él tanto se había destacado. A tal fin, “[…] para que no se distrajera él le estaba pagando la Facultad de Medicina en Buenos Aires. Se iba en avión y él se iba a verlo rendir allá.” [Entrevista al Sr. Rafael Guillermo De Simone, op. cit.]

Gran amigo de Ennio Luengo y Rafael De Simone, Charlie solía compartir con éstos varias travesías en caballo por los senderos serranos. Un día, ya recibido de médico y con una beca para ir a estudiar a Alemania, decidió montar un equino que se mostraba bastante indócil. Tras iniciar la cabalgata sufrió a pocos metros un grave accidente, cuando cayó del caballo y golpeó con su cabeza en el suelo. Lamentablemente, las heridas recibidas fueron de tal gravedad que, a pesar de los esfuerzos por atenderlo en la clínica del Dr. Eugenio Conde, dejó de existir en un lapso muy breve de tiempo. Ennio, quien mantiene aún un vívido recuerdo de su amigo, fue testigo principal de aquella trágica jornada, la cual, según sus palabras, nunca más pudo olvidar:

“Yo era muy amigo de los Sayago, y aparte le gustaba al viejo porque yo escribía. Charlie iba siempre a visitarme. Un día me va a visitar a caballo –le gustaba mucho andar a caballo, tenían unos caballos hermosos- y estuvimos charlando un rato largo; cuando está por irse, recuerdo que al caballo lo tenía atado a un chañar que había entonces frente a mi casa y el caballo no se dejaba montar. Le dije: “Charlie, lleválo de tiro”. Eran cinco o seis cuadras. “No”, decía, era muy orgulloso. “Lo voy a montar” Bueno, tanto jodió –hablando mal y pronto- que se pudo subir, y salió galope tendido hacia abajo. A una cuadra de mi casa se produjo un tierral, y vi que se paró el caballo. “Uy”, decía y me reía. “Lo volteó”. Cuando se va la tierra estaba tendido en el suelo el Charlie. Llegué yo, lo levanto -estaba en coma- y venía un Ford 8 (modelo) 1938. Fue tan duro… Recuerdo que antes de salir de casa me dijo que se iba a ir a estudiar medicina a Alemania, y fijate que le digo: “Bien hecho, hombre, a vos que te gusta la medicina” “Mirá, me dice, porque total hoy estamos y mañana no estamos”. Llega el Ford 8 y le digo: “Por favor, llévenlo a una clínica en Carlos Paz, a la clínica Conde”. Me dice: “Espere, soy médico yo”. Lo mira y dice: “Sí, vamos”. Lo llevaron a la clínica Carlos Paz, y no sé quién le avisó enseguida a Sayago que vino pronto. Dicho sea de paso, admiraba el temple del viejo (viejo para mí), ni un gesto. Me dice Conde: “Salí, porque te vas a desmayar”. Bueno, me salí. Ya estaba muerto, prácticamente.” [Entrevista al Sr. Ennio César Luengo, Santa María de Punilla, 16-IX-2012]

La muerte de “Charlie” Sayago fue un golpe durísimo para la familia, la que ya había sido tremendamente afectada por la muerte de una de sus hijas algunos años antes. Ennio Luengo, quien por entonces tenía 30 años [teniendo en cuenta que había nacido en 1927, suponemos que el hecho tuvo lugar en el año 1957], aún no olvida cómo la madre de Charlie estaba afectada por lo sucedido, sin poder superarlo:

Yo era muy amigo e iba siempre a visitarlo a Sayago, pero después que murió Charlie fui unas pocas veces más. Doña Susana me llamaba, me llevaba al dormitorio y me decía: “Vení, decime cómo murió Charlie”. Fui una, dos, tres veces, y me hace mal, y no fui más porque, pobre, me preguntaba siempre lo mismo y por eso me alejé, porque me daba pena.” [Ibíd.]

Como vemos, el recuerdo de Charlie y su muerte en la villa tuvo un hondo impacto en la familia. Poco tiempo después, más precisamente en 1959, el doctor Gumersindo Sayago fallecía en la ciudad de Córdoba, quedando del núcleo familiar original compuesto por cinco miembros sólo su esposa y una de sus hijas. Éstas últimas continuaron sus vidas en la ciudad de Córdoba, mientras que aquellos días en que la familia pasaba sus temporadas estivales en la villa serrana pasaron a ser un recuerdo cada vez más lejano.

En este contexto, la casa de la familia Sayago pasó a otras manos, y hoy, pese a las modificaciones sufridas, todavía es posible admirar parte de la fachada de lo que fuera la pintoresca morada del gran médico. Sus muros, como la memoria de los vecinos que lo conocieron, son los últimos testigos del paso de Sayago por estas tierras, aunque su huella quedó tan firmemente impresa que no hay olvido ni ignorancia que puedan borrar una vida dedicada al progreso y la justicia social.
Fuente: www.lajornadaweb.com.ar/

Por José Antonio Casas / Profesor en Historia

16/3/21

El día que un gobernador le cerro las puertas del teatro 25 de mayo a don Andrés Chazarreta

En los primeros meses de 1911 Chazarreta insiste en la difusión por la imprenta y publica seis danzas sueltas; la zamba de Vargas —nueva edición-Mañana de mañanita, chacarera; El Gato (sin título particular); Flor del aire zamba; El Triunfo; El Escondido.

En esos primeros meses de 1911 Chazarreta se ha puesto a trabajar con ardor. Quiere presentar, como base del espectáculo, un gran conjunto de instrumentistas. Las dificultades no son mayores porque, desde algunos años atrás, Chazarreta está organizando y encabezando reducidos conjuntos orquestales para bailes de sociedad

Chazarreta conocía ya casi todos los músicos más aptos y, a base del arpista ciego Domingo Aguirre, y de Baltasar Gallardo, también arpista y ciego, y con el concurso capital de Eusebio More, cantor y violinista, y de Segundo Juárez, formó un conjunto de diez o doce músicos que, por reemplazos o alternancia, llegaron a diez y siete, en total, durante las actuaciones de ese primer año de 1911.

Había dos arpas, tres violines, un par de mandolines, tres guitarras, un cajoneador...

Chazarreta ha sido consagrado de antemano y la moral de sus artistas es muy elevada. El hermoso y flamante Teatro 25 de Mayo abrirá sus puertas, y él imagina en el amplísimo escenario a la humilde doña Narcisa, al humilde cieguito Aguirre, al humilde Nachi, a todos los humildes del suburbio cantando y bailando chacareras y zambas. Pide por nota el teatro al Poder Ejecutivo de la provincia y comprueba que los augurios eran palabras y las facilidades pura ilusión, vano optimismo. El señor Gobernador le negó el teatro porque la compañía santiagueña no era digna de su ilustre sala. Para colmo —¡qué duro golpe, con todo hecho!— los diarios publicaron la amarga negativa: "El Poder Ejecutivo de la Provincia no ha hecho lugar a la solicitud"... "manifestando que dicho coliseo está destinado para que actúen las compañías de primer orden solamente" —reprodujo El Liberal.

Se presenta la Compañía de Danzas

El sábado 15 de julio de 1911 la tensión llega hasta los extremos de la angustia en el teatro "Pasatiempo del Águila". Don Andrés Chazarreta está resuelto a lanzar su compañía de bailes criollos contra el desaire del señor Gobernador —que le negó el nuevo teatro— y desafiando los sombríos pronósticos del fracaso y la silbatina. Un diario ha dicho —repetimos— que "no hubo una sola opinión emitida con franqueza sobre su éxito". Chazarreta le dijo al autor de estas líneas en 1935: "Algunos profesionales me aconsejaban que desistiera, porque el público me iba a silbar."
Si concurrían pocos y los pocos silbaban se produciría a un tiempo mismo el desastre artístico y el desastre económico. El abono a las tres funciones había dado incierto resultado. Ahora, sábado, la boletería estaba abierta desde la mañana. Chazarreta no pudo más y fue al teatro. ¡Gran Dios! No cree lo que ven sus ojos ni lo que oyen sus oídos. Palidece, se transfigura... Cada hora que pasa...

Dejemos que lo diga el diario El Siglo del día 17:

"El sábado a medio día ya se podía ver claro, teniéndose en cuenta las numerosas localidades que hasta esa hora se habían vendido; pero aun los mismos que estaban al tanto de la venta de localidades, han experimentado una verdadera sorpresa a la hora de la función, viendo el teatro Totalmente lleno, así como suena, con T mayúscula, desde el paraíso hasta el último rincón de la platea, donde habían algunos espectadores parados por falta de asiento, que querían presenciar el debut a toda costa."

Por fin —término de tantos trabajos y de tantas desazones— a las 21.20 se levantó el telón del "Pasatiempo del Águila" y apareció la compañía en cuadro vivo. Los diez y seis bailarines en traje de carácter, formaban en parejas, algunas sentadas, en dos filas; atrás, de pie, la dilatada hilera de músicos. Al fondo, la escenografía a base de un rancho, la "troja" y el quimilí santiagueño, creación del pintor Luis Fraternalli.

Apenas el telón asciende lo necesario para que se reconozca el cuadro se produce "una estruendosa manifestación de aplausos y vivas". El entusiasmo había caldeado el ambiente a tal extremo, que se oyeron oleadas de aplausos aun antes del comienzo. El público quiso ver de nuevo el cuadro, pero ya se habían desorganizado adentro.

Parece que se altera el plan y la velada se inicia con las películas que debían complementar los actos.
Después empiezan el esperado programa. La orquesta toca la "Zamba de Vargas" y ejecuta la coreografía una pareja no identificada. "En la primera vuelta de baile, la pareja se notaba un tanto cohibida y dudosa del desempeño de su papel —dice el cronista de El Siglo—; pero las salvas de aplausos y palabras de aprobación que le tributó el público al terminar, hicieron que en la segunda vuelta "largara el rollo"... "El público aplaude y grita: ¡Bien! ¡bien! ¡repita! ¡que repita! y siguen los aplausos hasta que otra pareja baila la misma zamba terminando cada vuelta en medio de delirantes manifestaciones de júbilo."

Hacemos notar que en la ciudad de Santiago del Estero, en 1911, la más elemental nomenclatura del baile criollo era casi desconocida. El cronista cree que no puede decir simplemente "la primera", sino "La primera vuelta del baile"; y no "la segunda", sino la "segunda vuelta".

El número siguiente fue la Firmeza. Entra el arpa, cantan y baila otra pareja "que arrancó también numerosos aplausos y palabras de aprobación. La sala está enteramente conquistada. Sigue Mañana de mañanita "una chacarera evocadora, ejecutada admirablemente por la orquesta, nos mostró dos parejas notables en ese baile que parece una muda exteriorización de todos los sentimientos, pensares y quereres del alma del paisano"... Y estas palabras inauguran la emocionada literatura del segundo período del tradicionalismo. Baldes de tinta correrán por esos cauces literarios.

Una cuarta pareja ejecuta el Bailecito, "un número de baile verdaderamente novedoso, pues no es aventurado decir que entre todo el público no había cinco personas que lo conocieran" —dice el cronista—. Sí; ya lo hemos dicho: en el ambiente europeizado de las ciudades provinciales los bailes criollos —salvo tres o cuatro— son novedades.

Ahora sale don Andrés Chazarreta a tocar el Miserere de II trovatore. Creemos que entre todas las cosas inadecuadas que pudieran habérsele ocurrido a cualquiera en tales circunstancias, ninguna tan disparatada como la elección de un trozo de ópera italiana. Pero Chazarreta hacía su política artística. Quería demostrar, primero, que era un hombre culto en música "clásica", y segundo, que era un concertista. Además, pretendía agradar a una supuesta minoría de filarmónicos europeizantes y elevar el nivel de su espectáculo. En nuestra opinión, no acertó en ninguno de los casos.

Los críticos de aquella noche lo trataron con benevolencia. El de El Liberal dijo que "gustaron los números de guitarra del empresario acompañado por don Alejandro Ledesma". En cambio el cronista de El Siglo parece haber sido más sincero, si nos imaginamos una sala caldeada por el entusiasmo y por la aglomeración indisciplinada y ruidosa. Dice: "El número de guitarra a cargo del señor Chazarreta, no ha producido el efecto que se esparaba. El instrumento resultó malo y la ejecución deficiente, amén de que el amplio local no se prestaba para audiciones de una sola guitarra".

Después de la segunda sección de cinematógrafo, se ofrecieron El Sombrerito, La Media Caña y Los Aires, que "también gustaron muchísimo, siendo las parejas aplaudidas con entusiasmo delirante" (El Siglo). "El baile que más gustó, fue la Media Caña, por su originalidad." (El Porvenir.)

El "debut" se produjo el sábado 15 y la segunda función, el día domingo 16. Debido al descanso, la crítica resumió el lunes sus notas sobre ambas funciones, poco diferentes, por cierto. En esta función del lunes 16 se ejecutaron casi todas las danzas de la primera y, además, la Zamba Alegre. Otra vez el público llenó la sala y aplaudió con gran entusiasmo.

El Liberal del día 17 anotó: "El suceso provocó dos llenos, dos enormes llenos, como no se ha visto nunca en el Pasatiempo del Águila"... Entre los diez y seis danzantes sobresalen "un criollo, ya maduro, de Atamisqui, que hace prodigios en el arte del zapateo, y una mantorne sesentona de Clodomira"... "Todos los bailes ejecutados"... "provocaron el encanto de la sala, que estallaba en cada baile en aplausos ruidosos." El martes 18 se dio el tercer y último recital y su plan fue el siguiente:

PROGRAMA(18 de julio de 1911)
PRIMERA PARTE
1. Biógrafo.
2. Zamba de Vargas.
3. Chacarera "La Centenario", cantada.
4. El Cuando.
5. Escondido.
6. Gato en cuatro parejas.
SEGUNDA PARTE
7 . Orquesta.
8 . Marote.
9 . El Sombrerito.
10 .Malambo, mudanzas por el célebre zapateador santiagueño Antonio Salvatierra.
11 .Chacarera por la orquesta.
12. El Palito
13. Media Caña.


El teatro "El Pasatiempo del Águila" fue de nuevo concurrido y hubo algunas novedades: se bailó el Gato de cuatro parejas; se decidió que la orquesta tocara primero la música sin que bailaran y que repitiera para el baile; se anunció especialmente el célebre zapateador. Sobre las consecuencias de este malambista volveremos más adelante.

El balance artístico. En su tiempo y circunstancias el éxito artístico de la compañía de bailes criollos fue muy grande. La música tradicional, sumamente agradable; el conjunto orquestal, bien ajustado, rítmicamente exacto, gustó a todos por sí mismo. La coreografía pareció elemental y primitiva a muchos —incluso se negó a la serie de danzas valor suficiente para constituir un espectáculo— y entusiasmó a otros tantos, a los menos exigentes y a los menos distanciados espiritualmente. Los factores no estéticos —tradicionalismo, patriotismo, costumbrismo, añoranza— contribuyeron más o menos en todos los casos. La pura crítica general se encuentra entre las muchas líneas de la crónica y puede extractarse aquí.

El Siglo del día 17 dijo: .. ."A nadie se le oculta que la inspiración del señor Chazarreta al organizar esta Compañía ha tenido un éxito colosal, por lo que merece felicitaciones; pero debemos anotarle también deficiencias en la organización. Por más que se haya querido representar nuestras tradiciones, según las cuales es frecuente ver bailar en la campaña a personas de edad avanzada, en el escenario produce mal efecto la presencia de ancianos de verdad que puedan ser muy bien reemplazados por medio del arte. Las Compañías Teatrales son tanto más interesantes cuanto mayor sea la juventud, lozanía y belleza de sus componentes; y aquí tenemos elementos que reúnen todas estas condiciones y no debe prescindirse de ellos en detrimento de la fama de los santiagueños y del buen gusto artístico".

"El traje es otra cosa a la que el público le otorga mucha importancia."

"Está bien que se quiera representar una tradición —continúa El Siglo—, una costumbre que ya no existe. El personaje representativo lleva el traje característico de la época, de la costumbre, de la tradición; pero presentado con lucidez, con brillo, con lujo si se quiere, para no chocar con el adelanto estético del día en que vivimos."

"Se dirá tal vez que este debut ha sido un ensayo, una tentativa, una exploración. Perfectamente. Anotamos la excusa, haciendo constar que esta Compañía, presentada en la forma del debut, podrá despertar simpatía por el aspecto primitivo y sencillo de sus componentes; pero este será un sentimiento fugitivo, porque en el fondo de él no hay otra cosa que una tendencia del público a divertirse a costa del prójimo festejando la faz grotesca y ridícula de la caricatura."
"Las parejas de baile deben ser designadas también con sus nombres respectivos para que el público conozca a los artistas y sepa distinguirlos en su actuación."

"Salvadas éstas y otras deficiencias de detalle —concluye El Siglo— en la organización de la Compañía del señor Chazarreta, podemos augurarle éxitos importantes aquí y en donde quiera que trabaje." Mucho más parco, El Porvenir anotó lo siguiente:

"El amplio local del «Pasatiempo del Águila», estaba repleto."
"Aparecido en los carteles el anuncio del debut, despertó la curiosidad pública, pues, si la danza criolla es conocida muy pocos la ejecutan correctamente y con la habilidad característica de nuestros paisanos que en el momento de la Mudanza, saben caligrafiar el suelo con admirable compás, desgranando en los movimientos de su cuerpo, las sonrisas de una gracia exquisita."
"La música criolla, llena de ternuras, ayes y languideces, tiene, pues, en nuestros paisanos, una fiel interpretación."

"Los elementos de la Compañía, vistieron a la manera antigua, y se desempeñaron debidamente."
El cronista añade que era simpático ver a los de chiripá quebrarse en movimientos; dice que notó "la presencia de señores de avanzada edad, quienes asistieron quizá, para evocar las remembranzas del pasado, de aquel entonces, cuando desleían sus alegrías juveniles, ya en las suaves notas de una Zamba, ya en los agitados pasajes de una Chacarera en cuarto, o cuando festejaban el sí de la joven adorada bajo una salva de triunfos"; afirma que el "baile que más gustó, fue la Media Caña, por su originalidad" y opina sobre los músicos: "La orquesta estuvo feliz, ejecutando con buen gusto las diferentes piezas."

El Liberal del día 17 comentó: "Todos los bailes ejecutados"... "provocaron el encanto de la sala, que estallaba en cada baile en aplausos ruidosos."  "Contribuía a acentuar el colorido de los bailes la buena orquesta dirigida por Chazarreta, de índole netamente criolla." El día 19 añadió: "Además, la orquesta del señor Chazarreta, que es en su mayor parte de instrumentos de cuerdas, es un factor si se quiere superior al espectáculo criollo que se ofrece en las tablas."


(Carlos Vega- Apuntes para la historia del movimiento tradicionalista argentino”) Fbk Patio santiagueño

7/9/14

Laureano Maradona, el otro campeón



Esteban Laureano Maradona (n. Esperanza, provincia de Santa Fe 4 de julio de 1895 – m. Rosario, Argentina 14 de enero de 1995) fue un médico rural, naturalista, escritor y filántropo argentino famoso por su modestia y abnegacíon, que pasó cincuenta años en una remota localidad de Formosa Estanislao del Campo, ejerciendo desinteresadamente la medicina.

Su vida fue un ejemplo de lucha y altruismo. Ayudó a comunidades indígenas en todo aspecto: tanto económico como cultural, humano y social.

"Si algún asomo de mérito me asiste en el desempeño de mi profesión, este es bien limitado, yo no he hecho más que cumplir con el clásico juramento hipocrático de hacer el bien a mis semejantes".

"Muchas veces se ha dicho que vivir en austeridad, humilde y solidariamente, es renunciar a uno mismo. En realidad ello es realizarse íntegramente como hombre en la dimensión magnífica para la cual fue creado".

Dr Laureano Maradona

11/5/14

"Coplas eróticas en Quichua, recopiladas por Don Domingo Bravo"



¡Ay! ¡Ayítay!, mamitíllay,
caran pucami huachían,
qué animal tan ponzoñoso
huicsaytami punquichían.

¡Ay! ¡Ay!, mamitilla mía,
"caran puca" me ha flechado,
qué animal tan ponzoñoso
ya mi vientre me lo ha hinchado.

Copla tomada de Oscar Lazarte, cantor popular de Perchil Bajo, Departamento San Martín, Santiago del Estero - Argentina, septiembre de 1951.

- Nota: "Caran puca": avispa grande, colorada, de picadura dolorosa y  que produce una rápida inflamación.

Acuysh, víday, potreroman
tackota pallapusckayqui,
vestiduyqui lliquicuptin
nockalla serapusckayqui.

Vamos mi vida al potrero
algarroba juntaré,
al romperse tu vestido
yo nomás lo coseré.

Copla recopilada en Santiago del Estero - Argentina, sin referencias precisas.

Domingo Bravo (1956)
Parácheq Erotismo-Folklore

19/4/14

Andres Chazarreta, el patriarca demolido


19 de abril de 2014 a la(s) 15:26
En la meca de la Chacarera, donde veneramos las abuelas
donde juntamos la algarroba, con la luna como una siembra
allá donde marchan los bombos con plegaria y polvaredas
andan los cucos de siempre demoliendo la historia nuestra
porque el negocio inmobiliario, mas que la vidala da rentas
y los dandys de la cultura no les interesa las herencias...

Don Andres Avelino Ahazarreta viejito churo del pago,
pongo una flor de coplas para abrazarlo y taparlo,
por todo lo que nos a dado con su poncho de barro
cuando venga la topadora esa que arrasa los ranchos
esa que cercena al coplerio que milenario anda cantando
achalay mi tierra mojada ahi se vienen los caranchos...

están demoliendo la historia el POLITEAMA fue un milagro
una vez un chango moreno trajo la copla al asfalto
una gran epopeya un Alejandro Magno alojero y de veranos
allá donde la Telesita huye pa que no el maten los pájaros
véase tamaña insolencia-ignorancia sacrilegio de las urnas
en el palenque de los sueños del santiagueño olvidado...

levanten las guitarras, como un fusil del desamparo
tapen esa casa con chuzimantas, con yanarca y miel de palo,
pinten las calles sonoras, con almamulas quichuas de antaño
hagan una trinchera de bombos quemen pala-pala y quebracho
un gran brasero en al puerta patriarcal, como un rezo cotidiano
y sangren mudanzas en la vereda, insolentes pies descalzos...

yo pongo mi sangre mi exilio mi herida, como curación y palancho
griten a los cuatros vientos, la cultura no se demuele se honra a destajo
no hay de ser de santiagueño, demolerte TATAY abuelo el rancho
ihspar la copla de lo montes, el linaje,por el morro inmobiliario
cada sonckoy es una casa, demos al sangre si es necesario
pa que nadie nos tape la copla, ni nadie nos cague a sopapos...

una vez quemamos los templos, anunaty santiagueño macho
pongan ancha -sinchi chacareras, avísenle a MAILIN lo que está pasando
somos chujschalos y no tenemos miedo, somos sus gajos árbol sagrado
y que nadie venga pisar las chaquiras de los sueños vinchucados
somos los hijos de santiago y al PATRIARCA quieren borrarlo
le estan pegando ala cultura,y el que te JEDI,mira pal otro lado...

no hay de ser de santiagueño,olvidar y esconder el rabo
ashpa manta nos protege porque de ahi venimos caminando
que pasen por sobre nuestros cuerpos,ahi estaremos parados
mirando al sol, sembrando un futuro, con bordoneos de antaño
viva mi pago coplero!!,juira genuflexicos de sueldo pagado!!
viva PATRIARCA CHAZARRETA, su rancho fue y será nuestro amparo...

(En solidaridad con al casa de nuestro PATRIARCA DEL FOLCLORE-
DON ANDRES CHAZARRETA-ante el proyecto de ser demolida-
si este es el FUTURO DE SANTIAGO?IO NO LO QUIERO!!)
esta nota será emitida todos los folcloristas santiagueños
"para que cada uno, según rece su alma
haga lo que tenga y diga lo que tenga que decir"


Duende Garnica

6/12/13

Murió el Profesor Emérito Ingeniero Néstor René Ledesma.

A los 99 años, nos dejo el Ing Nestor Rene Ledesma. Ademas la Facultad de Ciencias Forestales "Ing. Néstor René Ledesma" de la UNSE declaro para HOY, viernes 6 de diciembre de 2013, asueto académico y administrativo por el fallecimiento del Dr. Honoris Causa Néstor René Ledesma,

Mayor Notable Argentino, otorgado por la H. Cámara de Diputados de la Nación (2004). Premio a la Trayectoria Profesional, Confederación Nacional de Profesionales de La República Argentina (2004). Doctor Honoris Causa Universidad Nacional de Santiago del Estero. Integrante del Gabinete de Asesores de la Gobernación de Santiago del Estero: Maestro Ilustre, Otorgado por el Presidente de la Nación y Ministro de Educación (2006). Nombre de la Facultad de Ciencias Forestales, Universidad Nacional de Santiago del Estero. 

Docente de la Facultad de Agronomía Universidad Nacional de La Plata, 1940. Profesor Adjunto de Climatología y Fenología Agrícola. Universidad de La Plata.  Diciembre de 1951. Profesor Titular: Facultad de Agronomía. Universidad Nacional de Tucumán. (1946 – 1968.

Creación de la Carrera de Ingeniería Forestal en Argentina, 1958. Fundador de la Facultad de Ingeniería Forestal en la Universidad Nacional de Santiago del Estero, 1958. Vice-Decano de la Facultad de Ingeniería Forestal 1958-1963. Cofundador de la Universidad Católica de Santiago del Estero, 1960. Decano de la Facultad de Ingeniería Forestal 1963 – 1973. Colegio de Graduados en Ciencias Forestales: Reconocimiento como Precursor de las Ciencias Forestales Argentinas, 1981. Profesor Emérito, Universidad Nacional de Santiago del Estero, Vocal del Consejo Superior en Universidad Católica de Santiago del Estero: 1960-1975. Profesor Honoris Causa, Universidad Católica de Santiago del Estero. Académico correspondiente. Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria desde 1987. Creación de la Academia de Ciencias y Artes de Santiago del Estero. Académico Presidente. 2008.
Libros Publicados;  Argentina: de la Crisis a la Verdad. 2006. Argentina Será lo que Debas Ser. 2006. Desarrollo de Santiago del Estero. 2006. Néstor René Ledesma: Setenta Años de Acción Profesional. 2007.

Tomado del libro Sitiales, de la Academia de Ciencias, Artes y Letras de Santiago del Estero.

1/12/13

"El Padre de la chacarera" Un tributo en imágenes para el padre de la chacarera


Carlos Carabajal mira a cámara, desde el patio de su casa, y cuenta que su apellido fue una cuestión de azar. Le tocó. Sus abuelos paternos hicieron un trato: sus hijos llevarían un apellido cada uno, a medida que fueran naciendo. A su padre le tocó el de Manuela Carabajal, pero podría haberle tocado en suerte el de Luisiano Oreyana, como a la mitad de sus hermanos. Aquel convenio de principios de siglo tuvo su efecto en la música popular argentina: Carabajal es hoy un apellido sinónimo de chacarera, y Carlos –padre de Peteco y de Demi, abuelo de Roxana, hermano de Cuti, entre tantas otras ramificaciones musicales– ganó otra paternidad con temas como “Entre a mi pago sin golpear” o “Desde el Puente Carretero”: pasó a ser “el padre de la chacarera”. 

Carlos Carabajal falleció el 24 de agosto pasado. Pero llegó a ver el documental en el que las hermanas Melina y Luciana Terribili recorren su obra y su vida cotidiana en los últimos años. Carlos Carabajal, el padre de la chacarera se estrenará hoy a las 17.30 en el Centro Cultural del Sur (Av. Caseros 1750), dentro del Séptimo Encuentro Músicas de Provincia, que comenzó este viernes con la actuación de Mercedes Sosa y continuará hasta el próximo 5 de noviembre con diferentes conciertos, clínicas y homenajes. Será una oportunidad para ver un material que no encontró lugar de estreno en el circuito de salas comerciales, y que se acerca, con un afecto que se evidencia a lo largo de la película, a uno de los creadores importantes del cancionero popular argentino.

Las imágenes recorren la geografía de Santiago del Estero y de La Banda, la ciudad a la que los Carabajal siempre rinden tributo. Desde el Puente Carretero al que le canta la canción de Carlos Carabajal (y que une a Santiago con La Banda) hasta las calles, negocios y vecinos aparecen retratados mientras las cámaras siguen al padre de la chacarera. La película fue filmada en 2001, cuando Carabajal se encontraba bien de salud. Las cámaras acompañan al músico en escenas cotidianas: ir a hacer las compras, cambiar las cuerdas de la guitarra. Y otras más especiales, pero igualmente cotidianas, como cuando componía con su método, en la cama, acostado, anotando en un papelito las notas con números. Allí, dice Carabajal, parece que Dios baja a darle un tincazo en la cabeza y le aparecen las ideas. El proceso no termina allí: en unos días estarán Peteco, Roxana y Demi cantando con Carlos la reciente chacarera.

Melina Terribili cuenta que conoció a Carlos Carabajal de casualidad, cuando fue a filmar un piloto para TV al ya famoso cumpleaños de la abuela, la fiesta que todos los años se hace en Santiago en honor a María Luisa Paz, madre de Carlos. Como corresponde a su generación, Melina sólo había escuchado a Peteco. Pero aquel viaje, cuenta, resultó una revelación: cuando conocieron a Carlos, ella y su hermana advirtieron que estaban frente a alguien especial. “Mágico”, dice la directora. Así comenzaron los viajes a Santiago del Estero, primero para conocer más a fondo el personaje, más tarde cámara en mano.

Cuando empezamos a filmar Carlos ya estaba retirado, aunque hacía algunas presentaciones, como cuando acompañó a Peteco en La Trastienda”, señala Melina. “Por eso el acercamiento fue más como ser humano que como músico. Nos impresionó la imagen suya en la cabecera de la gran mesa familiar, rodeado de todos los chicos. Su ternura, su forma de brindar cariño a los nenes, regalándoles una guitarra o componiéndoles una canción, lo hacían alguien especial”, cuenta la realizadora. Esta relación de Carlos Carabajal con los chicos aparece resaltada en el documental: las imágenes en las que le canta a su pequeña bisnieta Florencia “Florcita”, la chacarera que compuso en su honor, o de los chicos cantando y tocando la guitarra o el bombo mientras juegan, dan una idea de la forma en que la familia Carabajal se fue construyendo.


“A medida que fuimos filmando empezamos a encontrar en Carlos un poco de dolor y soledad por haberse alejado de su carrera, el sentimiento de pérdida de haber vuelto a Santiago porque en Buenos Aires no encajaba la música que él hacía”, sigue contando Terribili. “Los últimos años necesitó mucho de su familia, sufría mucho el no actuar más. Decía que no era profeta en su tierra porque no se sentía querido en Santiago. Nos contó que nunca fue contratado en Cosquín, un lugar por el que pasaron todos los otros Carabajal. Le dolía no ser tenido en cuenta.” Terribili también estuvo presente en los últimos días de vida de Carabajal, y relata conmovida la forma en que fue despedido: “El le había contado a Peteco que cuando muriera quería que se hiciera una fiesta en su casa natal del barrio Los Lagos, donde se hace la fiesta de la abuela. Así fue: hubo dos días de fiesta, se cantó y se tocó mucho, vino Sixto Palavecino con sus hijos y le hizo una oración en quechua, le tocó el violín y le cantó. Al día siguiente empezaron a llegar los bombos y se lo enterró con ritmo de chacarera. Yo creo que murió feliz, como vivió”. Fuente: pagina 12

18/11/13

Felipe Taboada

La pintura

Nace en Matará, Santiago del Estero, en 1821. Esta tierra fue el primer centro político y religioso de la entonces próspera provincia del Tucumán. Fue Felipe hijo de Leandro Taboada y de Agueda Ibarra. Su abuelo paterno Antonio Gil Taboada, noble español, comerciante llegó al país en 1768 y contrajo nupcias con Francisca Luisa de Paz y Figueroa, hija del Teniente Gobernador Juan José de Paz y Figueroa que pertenecía a la clase principal del Virreinato del Río de la Plata.

Tuvo otros hermanos Antonino, Gaspar, Manuel e Isidro (que muere joven).

Pertenece a lo más representativo de la clase dirigente tanto en el orden político, social y económico. Herederos de grandes extensiones de tierra eran verdaderos terratenientes. Sin embargo, tanto Antonino como Gaspar mueren pobres.

Matará, su lugar natal, más bien un pueblo pequeño rodeado de grandes estancias, no es el sitio donde residen habitualmente. Allí tienen centradas las actividades ganaderas a las que se dedican.

Este paisaje de inmensas llanuras e impenetrables selvas, el clima y la vida ruda tienen una enorme influencia en la formación de su carácter.

Allí en aquel ámbito de libertad aprende a ser jinete, a disfrutar de lo lúdico, a superar adversidades, así como a madurar un sentido de prudencia ya que el escenario de su infancia está lleno de magia, de interrogantes, rodeado por las fuerzas invencibles de la naturaleza.

En el campo desarrolla su personalidad, la destreza en el caballo y en el manejo de las armas, ambas vitales condiciones de la época. Sus hermanos Manuel y Antonino, cuatro y siete años mayor que él respectivamente, habrían de ser sus compañeros en muchas jornadas inolvidables.

En la década de 1830 Antonino y Manuel parten a Buenos Aires, donde tienen activa militancia política y recién en 1840 regresan a Matará su pueblo natal para hacerse cargo de las actividades ganaderas, sobre todo Antonino, quien tenía sus establecimientos en el Chaco.

Enfermedad

Aproximadamente a la edad de 11 años, en la plenitud del goce físico y espiritual de su vida, una enfermedad le paraliza una de sus piernas en un grado que no sabríamos precisar.

Relata Pablo Lascano, nuestro primer escritor santiagueño que “cruzaba las distancias a saltos” y a veces se sujetaba el brazo derecho con el izquierdo para controlar el movimiento.

Es muy probable que sus hermanos y tíos que viajaban regularmente y algunos sacerdotes instruidos cercanos a él, hayan contribuido a su formación plástica con revistas, periódicos, libros y, de esta manera, se haya ido poblando de imágenes su universo personal. Es el período más duro de su vida, en que se alimenta tanto de vivencias externas, muy intensas, como de mucha introspección y vida interior.

Pasada su pubertad y poseedor ya de inquietudes artísticas comienza en su adolescencia a desarrollar esta fuerza interior que le ayudó a vivir. Le ayudó el Arte.

Es dable observar que cada tanto surgen en el mundo criaturas asombrosas y elocuentes que se elevan desde el sufrimiento para convertirse en personajes ejemplares. Ellas dan cuenta de la capacidad del espíritu humano para emerger de sentimientos lacerantes y sublimarlos trasladando estas incapacidades en algo vital y sorprendente. Éste es el caso de Felipe.

Su contexto y entorno

Santiago del Estero fue históricamente lugar de paso de comercio hacia el Alto Perú y al puerto de Buenos Aires. Su territorio era transitado frecuentemente por carretas o tropas por lo que se llamó Camino Real a esta ruta.

Durante el siglo XIX el comercio principal era de mulas, cueros y caballadas, hasta que la presencia del ferrocarril –entre otras causas- cambió las necesidades de aquel momento.

En 1810 se produce la Revolución de Mayo y Santiago es la primera en adherirse, dando muestras de la idiosincrasia que ya comenzaba a manifestar.

En 1820 el territorio santiagueño se declara autónomo y queda constituido como provincia en abril de ese año. Al decir de Andrés Figueroa es una época embrionaria.

Juan Felipe Ibarra asume el gobierno de la provincia y constituye una figura importante por su peso político para el gobierno nacional. “…Defendió una férrea preservación territorial y una concepción soberana de lo nacional. Con Ibarra la provincia tuvo una activa presencia en la vida política de la Confederación Argentina…”

En 1821 nace su sobrino Felipe Taboada Ibarra, en una época de gran efervescencia política. Felipe  durante su infancia, escucharía seguramente apasionadas e interesantes conversaciones de familiares y personajes de la política así como de extranjeros e investigadores que visitaban el país documentando lo que ocurría en este territorio nuevo que despertaba la curiosidad de los europeos a los que les llegaba noticias de América.

A Felipe, por su situación, se le facilitaría bibliografía sobre arte. Incluso su tía Ana María, fundadora de la casa de Belén (1821) donde se enseñaba pintura y escultura, habría contribuido a ello.

No existe documentación sobre su formación plástica, indudablemente tuvo oportunidad de viajar al Alto Perú o Buenos Aires en las carretas que regularmente cruzaban nuestros campos.

De todas maneras, aunque hubiera accedido a estudios, el artista nace en la labor diaria, en la disciplina del taller y en la exigencia personal por la buena obra.

Como expuso el filósofo francés Alain Badiou, “Las verdades surgen a partir de cuatro procedimientos: el amor, la ciencia, el arte y la política”.

Es así como este joven adolescente se aferra a su ya marcada inclinación artística y, al comprobar las posibilidades de su talento, se deja atrapar por el arte como profesión.

Ya nunca estuvo solo, aislado en el apagado ámbito de un pueblo sin sobresaltos. Su contexto era ágil o expectante, nunca de quietud somnolienta. Tampoco tomó distancia de los acontecimientos políticos y, como buen santiagueño, participó en la medida de sus posibilidades.

Su obra

Imaginería
Realiza imágenes y tallas de santos, de los cuales se conserva una en la Iglesia La Merced.
También realiza numerosas obras en Santo Domingo, San Francisco y otros templos.

Pintura de caballete

En el desarrollo de su labor plástica tuvo predisposición por el Retrato, que por ese entonces tenía un nivel artístico superlativo, además de la importancia que revestía como documentación histórica. Pintó a los Presbíteros Tomás Taboada y Sebastián del Jesús Gorostiaga, también a Fray Cernada. En el Colegio de Belén se conserva el retrato al óleo, tamaño natural, de María Antonia de la Paz y Figueroa. En el Museo Histórico Orestes Di Lullo, se encuentra su autorretrato al óleo.

La inmigración al país en ese entonces era escasa. Las pocas embarcaciones que llegaban al puerto de Buenos Aires traían consigo riquezas, documentos y  testimonios.

Llegarían seguramente a sus manos revistas, periódicos y libros con imágenes y comentarios de las artes plásticas de otros países.

Su naturaleza libre lo llevaba a retratar personajes e imágenes conocidas que lo gratificaban en lo afectivo o en lo espiritual. Pintó a sus hermanos: Manuel, Antonino y Gaspar. También a la Beata, su tía, María Antonia de La Paz y Figueroa.

Analicemos: No conoció personalmente a su tía ¿Por qué la pinta? Imposible que sea un encargo, fue su selección que delata sus predilecciones. En este caso por la admiración de lo que ella encarnaba: era el ejemplo de la convicción y de una fortaleza fuera de lo común.

La “Mama Antula”, de sólida formación jesuita  fundó, entre otras casas, la Santa Casa de Ejercicios Espirituales en la Capital Federal. La Casa, construida con quebrachos santiagueños y que se conserva actualmente, posee varias capillas. Su valioso patrimonio artístico contenía imágenes de bulto de riquísima factura, algunas de origen peruano y, otras, español y portugués. ¿Habrá gozado de esas maravillas Felipe? Si no fue así, con toda seguridad las historias tan cercanas a la Beata deben haberlo conmovido dando rienda suelta a su fantasía e imaginación.

Así fue construyendo su mundo en imágenes, en valores, en proyectos. Se encuentra en su juventud poseedor al mismo tiempo de una belleza física y de una incapacidad que lo hace sentir “diferente”. Efectivamente, sí era diferente, su lucha estaba clara y su rumbo también.

No optó por ser un pintor testimonial. Lo cotidiano, el contexto externo en su vida, la relación entre los personajes y su entorno real son ámbitos que se entrelazan incesantemente en su vida diaria.

Esa frontera entre el quehacer cotidiano y la realidad del mundo en él se difuman. Él vive los escenarios naturales de las historias desde adentro.

Necesita del arte y se aferra a temas mayores, entrañables, que no puede evitar. Acude a su fantasía, por eso “vive y trabaja”. En su quehacer diario sabe de luchas y esfuerzos, de superación de flaquezas y disciplinas y también del goce de la buena obra. De la obra concluida.

Lo entusiasma el trabajo, es conciente del privilegio de haber encontrado su sentido. Si hay un Dios, está cerca, lo mira. En su gabinete con el olor de los óleos y aceites rodeado de sus telas, tablas, pinceles,  el silencio es presencia. No hay un piano que lo acompañe, ni mujer que admire su hermosura. Pero Felipe no está solo, tiene una fuerza interior que lo empuja, ¿hacia dónde? …

Cada noche sueña. Sueña con el alba para concretar más y más obras. Ya probó su talento y disciplina. Ahora puede soñar. Sólo es necesario tiempo, que su mal no avance, lo demás … es lo demás. Él puede ya con su destino.

Lo que Dios le quitó con una mano se la dio con la otra. El puede …

Vitraux
Realiza con las técnicas de ese momento esa labor tan artesanalmente delicada para las puertas principales del templo de La Merced, que perduran hasta nuestros días.
Las imágenes de Vírgenes, de escudos mercedarios, símbolos religiosos, los clavos de la pasión que hacen a la historia de la iglesia quedaron plasmadas allí.

En la iglesiaLla Merced
Su obra en este templo es particularmente relevante ya que su tío, Juan Felipe Ibarra, le encarga la decoración completa del templo. Felipe Taboada acomete tal obra durante ocho años hasta la caída del gobierno de su tío.

Escultura
Realiza un Cristo crucificado, en madera, hoy emplazado en el muro testero del altar mayor de la Iglesia de la Merced.  Al decir de Di Lullo “era un Cristo sumamente expresivo”. Contaba con dos ayudantes santeros santiagueños, Guzmán y Ábalos.
También se destaca la talla del Señor de la Misericordia, encargo de su tía Ana María Taboada, fundadora de la Casa de Belén, para la capilla.

Muralismo
Ibarra le encarga la pintura mural del templo La Merced, propuesta artística importante dada las dimensiones de los muros y la importancia del templo.

¿Puede alguien hacer caridad con la obra que más valora y que atesora entre sus paredes la Virgen a la cual nombró patrona de la ciudad?

¿Podría pensar el General en arriesgar la calidad de las imágenes, pinturas y decorados sólo para beneficiar a su sobrino?

¿Sabía Ibarra de muralismo o es su sobrino quien propone realizarlo en las técnicas del fresco? Fue Felipe quien, conocedor de estas técnicas, propone, decide y arriesga en la institución más cara en ese momento para el discutido y temido personaje gobernante y de la feligresía santiagueña. ¿Tan seguros estaban ambos que estaría a la altura de las expectativas? Seguramente, sí.

Para Felipe sería “La Obra”. Había leído de las pinturas al fresco en las iglesias de Europa, como también gozado de las hermosas tallas cuzqueñas tan cercanas en el tiempo y existentes algunas en Santiago.

¿Cómo concibió los murales? Debió planificar qué imágenes tendrían estar presentes y la naturaleza y el carácter de las mismas.

El propósito sería transformar lo irreal, lo divino, lo religioso en una realidad creíble para los espectadores. Provocar el sentimiento de presencia, de protección de esas vírgenes y de esos ángeles como si fueran conocidos y cercanos. Debía contar una historia verosímil y, si lograba conmover, su objetivo estaría cumplido. Este sería su aporte desde la plástica.

Acometió la obra con fervorosa dedicación y cubrió  aquellos muros de imágenes de vírgenes, cielos y ángeles arcabuceros.

Mientras trabaja él vive un presente fantástico. Es feliz seguramente. Todos los días se siente llamado a ese ámbito donde es el líder en ese pequeño gran refugio. Él es el elegido para demostrar su capacidad ante las discapacidades con que se enfrenta diariamente. Allí, en cambio, sube con sus propias fuerzas a los andamios que le permiten alcanzar la altura necesaria. Es observado y admirado. Responde consultas con solvencia. Hay algo de vanidad en su persona, en su trabajo, pero ella en su caso, también le es necesaria.

Se disfrutó largamente de la suntuosidad de las obras artísticas a lo que debemos agregar el lujo del Altar Mayor y del Púlpito, de las tallas de los confesionarios. Lamentablemente con el terremoto de 1861 caen los murales y, con ellos, la obra de Felipe Taboada.

Todo le fue difícil a este artista precursor, así como lo fue reconstruir su historia, pero como la escritura es un arte y hacer de la vida un arte un propósito, también la imaginación, que es la llama de la inteligencia, es la que insuflará siempre a quien quiera rescatar del olvido a personajes ejemplares que forman nuestra fibra más digna.

Si tenemos en cuenta que en las artes plásticas “de la carencia nace el estilo”, en el caso de Felipe, su discapacidad física le permitió desarrollar su fuerza moral o espiritual y vivir para el arte. Ése fue su estilo.

Muerte

A raíz de la caída de Rosas, invadió la provincia de Santiago del Estero, el General Celedonio Gutiérrez, gobernador de Tucumán. El pintor Taboada a pedido de su hermano Antonino, monta a caballo como muchos otros para correr a la defensa del terruño. Peleó bravamente y murió en la refriega en plena juventud” en 1853.

Esto ocurrió en un momento de su vida en que no conocía el decaimiento, que sólo sabía de superación personal, de sublimación de carencias. No pudo continuar su obra primigenia.

Si hubiese vivido años más, seguramente hubiera formado seguidores y, a no dudar, hubiera pintado nuevamente los murales de la Merced, derrumbados con el terremoto de 1861.

Respecto de su muerte es interesante rescatar la carta que dirige a la Honorable Sala de Representantes en 1852: “… ejercí desde el año 44 el oficio de arquitecto, escultor y pintor en los trabajos que se emprendieron en el gobierno del Gral. Ibarra … que aunque humildes, atestiguan mi piedad sin salario…”

También es de destacar la carta que escribe a su amigo, el Capitán don Gaspar Sequeira, desde Cruz Grande: “… esta noche espero el desenlace de todo el movimiento del norte, o que se rindan o que me maten…”

Su muerte cobra una significación vital, es un profundo impulso para los protagonistas de hoy y del futuro. Muere luchando por una causa valiosa.

Murió como vivió, con el espíritu de lucha que caracterizó su vida.

Epílogo

Por qué pensar la vida de Felipe Taboada?
Para saber que hay otro mundos posibles, comprobar la realidad de los sueños, de la realidad interior, del mundo interior.

Lo intangible, lo que imaginamos ¿es más o menos real que el mundo exterior?

El equilibrio entre estos dos mundos es siempre dinámico. La carencia de uno genera la actividad del otro.

Entonces, como personas, ¿qué nos salva? ejercer, desarrollar los dos mundos, ya que si nos volcáramos al mundo exterior solamente siempre necesitaremos para ello de la fuerza, del impulso, del fuego interior para avanzar.

Es el desarrollo de la riqueza interior lo que permite trascender al artista.

En el caso de Felipe, su incapacidad física, la carencia exterior, es el bastón moral que lo ayuda a elevarse sobre sí mismo y trascender. A trascender a sus fuerzas y a la historia de Santiago del Estero.


Biliografia
Luis C. Alén Lascano, “Trayectoria histórica de una obra espiritual”, Boletín Oficial de la Provincia, Santiago del Estero, 1961.
Luis C. Alén Lascano, “Estampas históricas navideñas”, Gobierno de la Provincia de Santiago del Estero, 1991.
Luis C. Alén Lascano, “Los orígenes de Santiago del Estero”, Marcos Vizoso Ediciones, Santiago del Estero, 2006.
Alain Badiou “Lógica de los mundos. El ser y los acontecimientos”, Manantial, 2008.
Agustín Chazarreta “Tradiciones Santiagueñas”, Santiago del Estero, 1953.
Orestes Di Lullo, “El General Antonino Taboada”, Santiago del Estero, 1953.
Andrés A. Figueroa, “Los papeles de Ibarra”, Editorial Oficial, 1942.
Marta Flores Taboada, “La plástica en Santiago del Estero”, Editorial El Liberal, 1990.
Alfredo Gargaro, “Los Taboada…”, Santiago del Estero, 1935.
Pablo Lascano, “Mis bosques”, Escuelas Técnicas Municipales Raggio, 1970.
Jorge Newton, “Manuel Taboada”, Editorial Plus Ultra, 1972.
Amalia Gramajo y Hugo Martínez Moreno “Los Templos de Santiago de Estero”,  Editorial V Centenario, 1995.
Felipe Taboada, Cartas - Archivo del Museo Bartolomé Mitre, “Los Taboada”, Capital Federal.
Gaspar Taboada “Los Taboada - Luchas de la organización nacional”, Imprenta López, Buenos Aires, 1929.

De un artículo de Adriana Ramos Taboada, en Sitiales, editado por la Academia de Ciencias, Artes y Letras. sgodelest.blogspot.com.ar