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28/2/24

Crónicas del Viejo Tucumán: iconografía de los héroes del NOA

No existen retratos contemporáneos de Bernabé Aráoz, Martín Miguel de Güemes y Manuel Eduardo Arias. De allí los esfuerzos que se realizan para reconstruir los rostros. Particularidades.


Por José María Posse / Abogado, escritor, historiador.

Sin duda alguna, los hombres más importantes en las luchas por la independencia en el NOA fueron el general don Martín Miguel de Güemes en Salta, el coronel don Manuel Eduardo Arias en Jujuy y el coronel mayor don Bernabé Aráoz en Tucumán. Lamentablemente ninguno de los tres fue retratado en vida, razón por la cual, la iconografía existente de ellos ha sido idealizada en tiempos muy posteriores a sus respectivos fallecimientos.


Muertes prematuras

Curiosamente, los tres murieron, aún jóvenes, en forma violenta; Güemes a consecuencia de una emboscada pergeñada por sus enemigos realistas en 1821; Arias en un cobarde ataque por parte de personeros del gobernador salteño doctor José Ignacio Gorriti, en 1823, y don Bernabé Aráoz, en razón de su ideario político, fue fusilado en Trancas en 1824. La tragedia final de su vida truncó proyectos que quizás hubieran acelerado el proceso de normalización institucional del país.


Don Martín Miguel

En el caso de Güemes, en el año 1902 el artista Eduardo Schiaffino realizó una espléndida carbonilla del salteño, retrato de medio cuerpo, utilizando como modelos tres nietos del caudillo, de los cuales, según la tradición, basó su dibujo en la frente de uno, la nariz y boca del siguiente y la barbilla y orejas del otro. El original de la obra se conserva en el Museo de Bellas Artes de Salta. De allí toda la iconografía posterior, incluido el extraordinario monumento tan conocido del héroe salteño, a cuya memoria se rinde pleitesía en su provincia, es la “imagen oficial” de don Martín Miguel. A partir de la referida obra se realizaron innumerables piezas artísticas que lo convirtieron en uno de los personajes más ilustrados de nuestra historia.

TÉCNICA FORENSE. Así se realizó este busto de Bernabé Aráoz.

El coronel Arias

La iconografía del jujeño Manuel Eduardo Arias es claramente una idealización realizada en su momento con fines ilustrativos en publicaciones que relataban sus extraordinarias proezas al frente de sus gauchos. Fue sin duda la primera lanza de Güemes en el Norte y su figura ha sido puesta en valor recientemente con motivo de los bicentenarios de los combates que protagonizó, especialmente el de Humahuaca. Este último puede considerarse como “batalla” en razón de una serie de observaciones de los especialistas en historia militar, como consecuencia de sus resultados estratégicos. Por esas cosas del destino y por discrepancias con Güemes referidas a la autonomía jujeña fue desterrado a Tucumán, donde Bernabé Aráoz lo puso al mando de parte del Ejército de la República Federal de Tucumán. Tuvo una descollante actuación durante las tres invasiones de los ejércitos coligados de Salta y Santiago del Estero a Tucumán en 1821. En la actualidad, varios monumentos construidos para el bicentenario de su fallecimiento lo recuerdan en Jujuy.

Don Bernabé

En el caso del coronel mayor, don Bernabé Aráoz, es tradición que el artista Honorio Mossi creó la imagen del héroe tucumano sobre el parecido de doña Gertrudis Aráoz de Liberani, nieta del dibujado, de quien se decía en su época que era el vivo retrato de su abuelo.

Como señaló el doctor Carlos Páez de la Torre (h), el cuadro no tiene relación al vívido retrato que de él hizo el general José María Paz en sus “Memorias”. Sin duda alguna, ciertos rasgos del cuadro de Mossi, cuanto menos, suavizan la descripción de un hombre que fue su contemporáneo y lo trató muchas veces. El gran historiador tucumano nos decía: “es una lástima que no exista un retrato auténtico del coronel Bernabé Aráoz (1782-1824), guerrero de la Independencia, primer gobernador de nuestra provincia autónoma y presidente de la efímera y tumultuosa República de Tucumán de 1820. Retrato auténtico decimos, ya que el único registro de su rostro es una efigie al pastel, obra de Honorio Mossi, en la Casa de la Independencia, a la cual no puede atribuirse fidelidad. Fue realizada un siglo después de la muerte del prócer y sin fundamento documental alguno, que sepamos. Es un rostro tan perfecto que evoca las caritas del Billiken y nada más”.

Descripción de Paz

La apreciación de Páez de la Torre se ve respaldada por la descripción de un contemporáneo. Me refiero al general José María Paz, quien trató y conoció personalmente al tucumano, y nos dejó en sus “Memorias” un perfil revelador del coronel Aráoz: “Jamás se inmutaba, ni he sabido que nunca se le viese irritado; su exterior era frío e impasible, su semblante poco atractivo, sus maneras y hasta el tono de su voz lo harían más propio para llevar la cogulla que el uniforme de soldado… no se le conocía más pasión que la de mandar, y si merece que se le dé la clasificación de caudillo, era un caudillo suave y poco inclinado a la crueldad”, escribió Paz.

Poco atractivo

Esto del “semblante poco atractivo” y las maneras apropiadas para la cogulla (el hábito sacerdotal), demuestran la inexactitud del citado pastel de Mossi, que pintó a un gallardo militar. El cuadro, que hoy se conserva en el Museo Casa Histórica de la Independencia Argentina fue tomado como modelo para las pocas obras de entidad que se realizaron con posterioridad, durante el siglo XX. Destaco entre ellas la de Enzo Lampasona, que idealiza al prócer con un poncho federal, y que hoy se resguarda en el museo particular del conocido periodista Esteban Lito Ledesma. También en el Paseo de los Próceres de la Independencia, en avenida Soldati, un monumento dedicado a don Bernabé, de cuerpo entero, está basado en ese cuadro.

Reconstrucción actual

Por los motivos mencionados, algunos investigadores y reivindicadores de la figura de Aráoz, como héroe provincial y ahora nacional (ley que aún espera su momento en la Cámara de Diputados de la Nación) han considerado oportuno, en el bicentenario de su fusilamiento en Trancas, remozar su imagen con técnicas modernas.

Artistas e ilustradores como César Carrizo han aportado positivamente con su obra ilustrando, por ejemplo, el encuentro de Belgrano y Aráoz en La Encrucijada y también su fusilamiento.

Si bien no deja de ser una “idealización” del prócer, la aparición en Lima, Perú, de un cuadro de don Francisco Aráoz (hermano de don Bernabé) y las fotografías de miembros varones de su descendencia directa, tal el caso del doctor José Ignacio Aráoz, entre otros que mantienen rasgos característicos familiares, como la frente amplia y despejada, forma de las orejas y barbilla, dio lugar a que el artista plástico Jacob Antonio Paz, junto a su compañera Luciana María Celeste Rojas Correa, dieran rienda suelta a su creatividad de escultores. Con destreza y paciencia de cartujano, plasmaron una imagen de Aráoz que podría asemejarse más al rostro real que describe el general Paz. Por supuesto, queda a criterio del observador dar mayor o menor verosimilitud al busto, pero en lo personal lo considero una obra artística de entidad y que aporta significativamente a la magra iconografía existente sobre el tucumano.

GÜEMES. La carbonilla de Schiaffino data de 1902.

Aráoz según la IA

Sobre el referido busto, el cuadro del hermano y las fotografías de sus descendientes, ha actuado la Inteligencia Artificial, creando una imagen que guarda absoluta similitud a la “iconografía conocida” de Aráoz, pero lo asemeja a la descripción de Paz, quien describe al tucumano con rasgos fuertes y recios. El autor del trabajo, en el que se utilizaron tres elementos, el arquitecto Ramiro Torres, nos explica: “En el uso de la inteligencia artificial, se va decidiendo cuales características deben marcarse sobre otras. En este caso tomé la forma de la escultura y los rasgos del cuadro y de las fotos de los descendientes varones. El problema con el cuadro de Mossi es que al pintarlo con cejas muy finas y sin vello facial, sus características no le dan el carácter acentuadamente varonil, que por las descripciones de contemporáneos tuvo en vida”.

Incluso la ciencia forense utiliza la Inteligencia Artificial para reconstruir la fisonomía humana desde diferentes enfoques, desde restos óseos, retratos hablados, dibujos de época, etcétera, reemplazando el antiguo identikit. De esta manera nos acercamos a una representación más fidedigna sobre bases científicas modernas.

De ninguna manera pretendemos modificar la “imagen oficial” de Aráoz, recreada por Mossi, pero la fecha bicentenaria amerita el trabajo de los artistas y profesionales mencionados, quienes con técnicas actuales, aportan de manera significativa para acercarnos un Bernabé Aráoz más humano, alejado de esa figura ideal de prócer romántico, tan en boga a comienzos del siglo XX.

Como uno de los reivindicadores de la figura de Aráoz, agradezco y valoro el notable aporte de quienes, desinteresadamente, ayudan a construir nuestra identidad tucumana.

Proyectos legislativos

También, el Archivo Histórico de la provincia se encuentra organizando las bases para un proyecto tendiente a enriquecer la iconografía de Aráoz, con un llamamiento a concurso público de dibujos, pinturas, esculturas y murales del hasta ahora ignorado héroe.

Existe también un firme compromiso de legisladores de todos los signos políticos y del vicegobernador, Miguel Acevedo, de impulsar la enseñanza, como parte de la currícula escolar, de nuestra historia, identidad y cultura, dando relevancia a la figura del monterizo. Con esta finalidad se trabajaría en las aulas a partir de este año, bicentenario de su muerte. Para ello, resulta fundamental acercar a los alumnos de todos los niveles, material de estudio adecuado, por ejemplo la producción de historietas educativas históricas, apoyadas en documentación. Bernabé Aráoz, es el eje central de un proyecto turístico con desarrollo autosustentable, que tiene el apoyo tanto del Poder Ejecutivo, como del Poder Legislativo de la provincia, que atravesaría Tucumán desde Monteros, lugar de su nacimiento, hasta Trancas Viejo donde fue fusilado y descansan sus restos. Se prevé también que el 10 de septiembre (día declarado por ley como el del héroe provincial Bernabé Aráoz), se declare como día no laborable, para el estudio y homenaje al tucumano. Este año debe marcar un punto de inflexión en la construcción de la historia e identidad tucumana alrededor de la figura de nuestro primer gobernador y mártir del federalismo. / LAGACETA.COM


17/6/22

Güemes, el guerrillero del norte

 


El 17 de junio de 1821 moría rodeado de sus gauchos el caudillo salteño Martín Miguel de Güemes, días después de resultar herido en un enfrentamiento con fuerzas realistas.

Güemes había ingresado de joven a la carrera militar, siendo trasladado a Buenos Aires en ocasión de las Invasiones Inglesas, donde tuvo actuación destacada. De regreso a su provincia, y luego de producida la Revolución de Mayo, se integró al Ejército del Norte que llevó a cabo la primera campaña al Alto Perú. A partir de 1815, ya como gobernador de la provincia de Salta, prestó una ayuda inestimable a la causa de la Independencia articulando sus fuerzas con las de ese ejército para proteger la frontera norte contra las incursiones realistas. Allí se hicieron famosas sus montoneras de gauchos (formaciones armadas irregulares que realizaban guerra de guerrillas).

Si bien el caudillo salteño mantuvo buenas relaciones con casi todos los comandantes del Ejército del Norte (tal los casos de Belgrano y San Martín), tuvo una relación conflictiva con Rondeau, al punto de llegar a medir fuerzas, aunque luego se reconciliaron. La famosa carta de San Martín dirigida a Godoy Cruz en abril de 1816 donde el Libertador exclama "¿Hasta cuándo esperaremos para declarar nuestra Independencia? ¿Qué nos falta más que decirlo?" en líneas anteriores expresa su júbilo por la "feliz unión de Güemes con Rondeau" que "he celebrado más que mil victorias". San Martín estimaba imprescindible la unión de los jefes militares de la estratégica frontera norte del territorio para poder llevar a cabo su plan continental.

Al mismo tiempo que triunfaba contra los realistas, Güemes ganaba cada vez más enemigos interiores, entre ellos la clase alta salteña. Miembros de la elite local conspiraron con generales españoles para entregar la ciudad de Salta. Cuando los realistas cayeron sobre ella, el 7 de junio de 1821, Güemes salió a su encuentro, siendo alcanzado por una bala. Fue trasladado a una hacienda cercana donde murió 10 días después, luego de negarse a recibir la atención médica ofrecida por sus enemigos. Al conocerse la noticia, la prensa de Buenos Aires tituló: "Ha muerto el tirano Güemes. Tenemos un cacique menos".

Fuente: AQUÍ ESTÁ LA HISTORIA

AQUÍ ESTÁ LA HISTORIA

8/2/15

Martín Miguel de Güemes (1785-1821)

Autor: Felipe Pigna

Martín Miguel de Güemes, el líder de la guerra gaucha que frenó el avance español con sus tácticas guerrilleras, nació en Salta el 8 de febrero de 1785. Estudió en Buenos Aires, en el Real Colegio de San Carlos. A los catorce años ingresó a la carrera militar y participó en la defensa de Buenos Aires durante las invasiones inglesas como edecán de Santiago de Liniers. En esas circunstancias fue protagonista de un hecho insólito: la captura de un barco por una fuerza de caballería. Una violenta bajante del Río de la Plata había dejado varado al buque inglés "Justine" y el jefe de la defensa, Santiago de Liniers ordenó atacar el barco a un grupo de jinetes al mando de Martín Güemes.

Tras la Revolución de Mayo, se incorporó al ejército patriota destinado al Alto Perú y formó parte de las tropas victoriosas en Suipacha. Regresó a Buenos Aires y colaboró en el sitio de Montevideo.

Pero Güemes no olvidaba su Salta natal, a la que volverá definitivamente en 1815. Gracias a su experiencia militar, pudo ponerse al frente de la resistencia a los realistas, organizando al pueblo de Salta y militarizando la provincia. El 15 de mayo de 1815 fue electo como gobernador de su provincia, cargo que ejercerá hasta 1820.

A fines de noviembre de 1815, tras ser derrotado en Sipe Sipe, Rondeau intentó quitarle 500 fusiles a los gauchos salteños. Güemes se negó terminantemente a desarmar a su provincia. El conflicto llegó a oídos del Director Supremo Álvarez Thomas quien decidió enviar una expedición al mando del coronel Domingo French para mediar en el conflicto y socorrer a las tropas de Rondeau varadas en el norte salteño. Rondeau parecía más preocupado por escarmentar a Güemes y evitar el surgimiento de un nuevo Artigas en el Norte que por aunar fuerzas y preparar la resistencia frente al inminente avance español. Finalmente, el 22 de marzo de 1816 se llegó a un acuerdo: Salta seguiría con sus métodos de guerra gaucha bajo la conducción de Güemes y brindaría auxilio a las tropas enviadas desde Buenos Aires.

Dos días después, iniciaba sus sesiones el Congreso de Tucumán que designó Director Supremo a Juan Martín de Pueyrredón. El nuevo jefe del ejecutivo viajó a Salta ante las críticas y sospechas de muchos porteños, que dudaban de la capacidad militar de Güemes y sus gauchos. Pueyrredón quedó tan conforme que ordenó que el ejército del Norte se retirara hasta Tucumán y ascendió al caudillo salteño al grado de coronel mayor.

San Martín apoyó la decisión de Pueyrredón y confirmó los valores militares y el carisma de Güemes y le confió la custodia de la frontera Norte. Dirá San Martín: "Los gauchos de Salta solos están haciendo al enemigo una guerra de recursos tan terrible que lo han obligado a desprenderse de una división con el solo objeto de extraer mulas y ganado".

Belgrano también valoraba la acción de Güemes. De esta forma nació entre ellos una gran amistad. Esto le dice Güemes a su amigo en una carta: "Hace Ud. Muy bien en reírse de los doctores; sus vocinglerías se las lleva el viento. Mis afanes y desvelos no tienen más objeto que el bien general y en esta inteligencia no hago caso de todos esos malvados que tratan de dividirnos. Así pues, trabajemos con empeño y tesón, que si las generaciones presentes nos son ingratas, las futuras venerarán nuestra memoria, que es la recompensa que deben esperar los patriotas".

El jefe de las fuerzas realistas, general Joaquín de la Pezuela, envió una nota al virrey del Perú, señalándole la difícil situación en que se encontraba su ejército ante la acción de las partidas gauchas de Güemes. "Su plan es de no dar ni recibir batalla decisiva en parte alguna, y sí de hostilizarnos en nuestras posiciones y movimientos. Observo que, en su conformidad, son inundados estos interminables bosques con partidas de gauchos apoyadas todas ellas con trescientos fusileros que al abrigo de la continuada e impenetrable espesura, y a beneficio de ser muy prácticos y de estar bien montados, se atreven con frecuencia a llegar hasta los arrabales de Salta y a tirotear nuestros cuerpos por respetables que sean, a arrebatar de improviso cualquier individuo que tiene la imprudencia de alejarse una cuadra de la plaza o del campamento, y burlan, ocultos en la mañana, las salidas nuestras, ponen en peligro mi comunicación con Salta a pesar de dos partidas que tengo apostadas en el intermedio; en una palabra, experimento que nos hacen casi con impunidad una guerra lenta pero fatigosa y perjudicial."

A principios de 1817, Güemes fue informado sobre los planes del Mariscal de la Serna de realizar una gran invasión sobre Salta. Se trataba de una fuerza de 3.500 hombres integrada por los batallones Gerona, Húsares de Fernando VII y Dragones de la Unión. Eran veteranos vencedores de Napoleón. Güemes puso a la provincia en pie de guerra. Organizó un verdadero ejército popular en partidas de no más de veinte hombres.

El 1º de marzo de 1817, Güemes logró recuperar Humahuaca y se dispuso a esperar la invasión. Los realistas acamparon en las cercanías. Habían recibido refuerzos y ya sumaban 5.400. La estrategia de Güemes será una aparente retirada con tierra arrasada, pero con un permanente hostigamiento al enemigo con tácticas guerrilleras. En estas condiciones las fuerzas de La Serna llegaron a Salta el 16 de abril de 1817. El boicot de la población salteña fue absoluto y las tropas sufrieron permanentes ataques relámpago. El general español comenzó a preocuparse y sus tropas empezaron a desmoralizarse. No lo ayudaron las noticias que llegaron desde Chile confirmando la victoria de San Martín en Chacabuco. De la Serna decidió emprender la retirada hacia el Alto Perú.

Las victorias de San Martín en Chile y de Güemes en el Norte permitían pensar en una lógica ofensiva común del ejército del Norte estacionado en Tucumán a las órdenes de Belgrano y los gauchos salteños hacia el Alto Perú. Pero lamentablemente las cosas no fueron así. La partida de San Martín hacia Lima, base de los ejércitos que atacaban a las provincias norteñas, se demorará en Chile por falta de recursos hasta agosto de 1820. Belgrano, por su parte, será convocado por el Directorio para combatir a los artiguistas de Santa Fe. Güemes y sus gauchos estaban otra vez solos frente al ejército español.

En marzo de 1819, se produjo una nueva invasión realista. Güemes se preparaba nuevamente a resistir. Sabía que no podía contar con el apoyo porteño: su viejo rival José Rondeau era el nuevo Director Supremo de las Provincias Unidas. La prioridad de Rondeau no era la guerra por la independencia sino terminar con el modelo artiguista en la Banda Oriental, que proponía federalismo y reparto de tierras. El nuevo director llegó a ordenarle a San Martín abandonar su campaña libertadora hacia el Perú y regresar a Buenos Aires con su ejército para reprimir a los federales. San Martín desobedeció y aclaró que nunca desenvainaría su espada para reprimir a sus compatriotas.

El panorama de la provincia de Salta era desolador. La guerra, permanente, los campos arrasados y la interrupción del comercio con el Alto Perú habían dejado a la provincia en la miseria. Así lo cuenta Güemes en una carta a Belgrano: "Esta provincia no me representa más que un semblante de miseria, de lágrimas y de agonías. La nación sabe cuántos y cuán grandes sacrificios tienen hechos la provincia de Salta en defensa de su idolatrada libertad y que a costa de fatigas y de sangre ha logrado que los demás pueblos hermanos conserven el precio de su seguridad y sosiego; pues en premio de tanto heroísmo exige la gratitud que emulamos de unos sentimientos patrióticos contribuyan con sus auxilios a remediar su aflicción y su miseria". Pero los auxilios no llegaron nunca y la situación se hacía insostenible porque las clases altas de Salta le retaceaban su apoyo por el temor de aumentar el poder de Güemes y por la desconfianza que le despertaban las partidas de gauchos armadas a las que sólo toleraban ver en su rol de peones de sus haciendas.

En 1820, la lucha entre las fuerzas directoriales y los caudillos del Litoral llegó a su punto culminante con la victoria de los federales en Cepeda. Caían las autoridades nacionales y comenzaba una prolongada guerra civil. En ese marco, se produjo una nueva invasión española. En febrero, el general Canterac ocupó Jujuy y a fines de mayo logró tomar la ciudad de Salta. San Martín, desde Chile, nombró a Güemes y le pidió que resistiera y le reiteró su absoluta confianza nombrándolo Jefe del Ejército de Observación sobre el Perú. A Canterac no le irá mejor que a La Serna: terminará retirándose hacia al Norte.

El año 1821, fue sumamente duro para Güemes porque a la amenaza de un nuevo ataque español se sumaron los problemas derivados de la guerra civil. Güemes debía atender dos frentes militares: al Norte, los españoles; al Sur, el gobernador de Tucumán, Bernabé Aráoz que, aliado a los terratenientes salteños, hostigaba permanentemente a Güemes, que será derrotado el 3 de abril de 1821. El Cabildo de Salta, dominado por los sectores conservadores, aprovechó la ocasión para deponer a Güemes de su cargo de gobernador. Pero a fines de mayo Güemes irrumpió en la ciudad con sus gauchos y recuperó el poder. Todos esperaban graves represalias, pero éstas se limitaron a aumentar los empréstitos forzosos a sus adversarios.

Estas divisiones internas debilitaron el poder de Güemes y facilitaron la penetración española en territorio norteño. Los sectores poderosos de Salta no dudaron en ofrecer su colaboración el enemigo para eliminar a Güemes.

El coronel salteño a las órdenes del ejército español José María Valdés, alias "Barbarucho", buen conocedor del terreno, avanzó con sus hombres y ocupó Salta el 7 de junio de 1821. Valdés contó con el apoyo de los terratenientes salteños, a los que les garantizó el respeto a sus propiedades.

Güemes estaba refugiado en casa de su hermana Magdalena Güemes de Tejada, "Macacha". Al escuchar unos disparos, decidió escapar a caballo pero, en la huída, recibió un balazo en la espalda. Llegó gravemente herido a su campamento de Chamical con la intención de preparar la novena defensa de Salta. Reunió a sus oficiales y les transfirió el mando y dio las últimas indicaciones. Murió el 17 de junio de 1821 en la Cañada de la Horqueta. El pueblo salteño concurrió en masa a su entierro en la Capilla de Chamical y el 22 de julio le brindó el mejor homenaje al jefe de la guerra gaucha: liderados por el coronel José Antonio Fernández Cornejo, los gauchos de Güemes derrotaron a "Barbarucho" Valdés y expulsaron para siempre a los españoles de Salta. Fuente: www.elhistoriador.com.ar