El Clima en Santiago del Estero

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10/8/24

La “santiagueñidad” de la chacarera

 


Todo hecho folclórico es la afloración de un sustrato etnocultural que emerge, en un momento dado, desde los hontanares profundos de la raza por vías de la tradición.

Por eso tiene un contenido de pueblo y de cultura que le permite, en sus vivencias anímicas, estar presente siempre.

A ello se debe que el folklore esté, esencialmente, en el alma sensible del pueblo capaz de emocionarse hasta el entusiasmo o conmoverse hasta la angustia o el asombro ante los hechos típicos de su ámbito regional. Y en lo referente a la explicación intelectual de estos casos no re basa su saber los límites de lo empírico, adquiridos en la experiencia di recta de los aconteceres naturales u originados por entes que mueven funciones esotéricas anímicas las que se aceptan sin análisis de causas y efectos, en tanto, cuando son realizados por el hombre el pueblo los acepta y los hace suyos sin preguntar por el autor que los produjo. De ahí resulta que una de las condiciones básicas para que un hecho sea folklórico es su anonimato. Por eso el pueblo los modifica, los recrea, en la medida de su capacidad creadora dentro del ámbito sociocultural de su época.

Los hechos que escapan a estas condiciones básicas no serán folklóricas sino proyecciones folklóricas.

Todas estas condiciones se cumplen en la chacarera, dentro del ámbito geosociocultural de Santiago del Estero, contenida en la amplitud etnolingüística de su origen y evolución. Sobre esa base elaboramos nuestra tesis de la santiagueñidad de la chacarera.

CONTENIDO DE SU NOMBRE

Toda palabra es un significado que trae en sí mismo su significado contenido en el sistema morfofonético de su composición que encierre, como vehículo de comunicación, el mensaje del hombre con sus semejantes.

Para captar en todo su alcance el mensaje necesitamos conocer el étimo base y los morfemas significativos que estructuran el vocablo con arreglo a la lengua a que estos elementos lingüísticos pertenecen en toda su dimensión de tiempo, cultura y espacio.

Planteado así el problema veamos primero el étimo base: En quichua peruano, lengua madre, tenemos (dic. Lira, 1-, p. 86): "Chahra, f. Tierra o terreno labrantío... Lugar sembrado. Hacienda, predio rústico , estancia, finca."; en el quichua boliviano (Urioste-Herrero, 2, p. 184) leemos: "Chajra. Sembradío. Parcela. "; en el quichua ecuatoriano (Luis Cordero, 3-, p. 21): "Chagra, n. Sementera, especialmente maíz". y en el quichua colombiano (Arturo Pazos, 4-, p. 17):, "Chagra, chahra: sementera".

Por su parte, el quichua santiagueño registra así esta voz (Dic. Bravo, 5-, tres ediciones): "Chacra, s. Bot. Zee Mays. Planta de maíz. // Por ext. aunque poco empleada, la plantación de maíz Oh maíz".

Como vemos, todas las formas quichuas, tanto la lengua de origen como sus derivaciones dialectales, registran el vocablo en su categoría de sustantivo; pero no así en su derivación adjetival puesto que ninguno de los diccionarios de esta lengua, a excepción del quichua santiagueño, registra el adjetivo chacarero y su femenino chacarera. Ello prueba, sin lugar a dudas, que en la extensa dimensión de la geografía lingüística del quidhus andino no existe el vocabulario y por lo tanto el objeto de referencia.

En cambio, en el quichua santiagueño tenemos el vocablo, en sus dos acepciones de sustantivos y adjetivos, consignado así (Dic. Bravo, 5- ): "Chacarera, s. Danza folklórica ampliamente conocida en sus tres aspectos constitutivos: coreografía, música y canto..." y "Chacarero, га, adj. Trabajador rural de la chacra u oriundo de ella".

Solo en el quichua básico tenemos un equivalente al adjetivo chacarero, inserto así en el Dic. Lira, pág. 87: "Chahrá-yokk, f. Hacendado, terrateniente, propietario de fundos o parcelas". Y "Chahrákukk, adj. y s. Persona que se ocupa en menesteres agrícolas, que es el que hace sus faenas".

En ninguno de estos dos vocablos y sus respectivas acepciones asoma la chacarera como danza, música o canción y, más aún, ni siquiera en el diccionario de "Peruanismo" de Marte Hildebrandt aparece esta voz. Prueba evidente de su inexistencia en el Perú y su ámbito quichua andino.

NACIMIENTO DE LA DANZA

¿Cuándo habría nacido esta danza?

Para nosotros, con fecha imprecisable, en los tiempos de la minga, sistema primitivo de cooperativismo americano, probablemente más efectivo que nuestras mutuales, puesto que descansaba en el concepto que podríamos sintetizar con esta conocida fórmula: "uno para todos y todos para uno" .

Con este método incaico, introducido al Tucumán desde el Perú por la conquista, se construyeron las viviendas, se efectuaban las siembras y se levantaban las cosechas.

Hasta muy entrado este siglo, en ambiente rural del NO y Centro argentinos, y muy especialmente en Sgo. del Estero, se cosechaba el trigo en "en tiempo de las segadas", faenas que terminaban con una fiesta ofrecida por el dueño de la finca a sus voluntarios ayudantes, en la que se bebía como bebida ritual "caña compuesta", se comía en abundancia y se celebraba el acontecimiento con música, baile y canto. Y no dudamos que, antes como ahora, había en "las chacras" bellas chacareras a las que la galantería masculina les habría ofrecido el homenaje de la danza y el canto en la fiesta, las que no podrían haber sido la jota ni el taquirari puesto. que los actores no eran españoles ni peruanos sino un nuevo tipo humano surgido de la conquista.

Y le habrían cantado a la donosa de entonces, en alegre son de guitarra andaluza, bilingües coplas octosílabas de galantería y amor.

Hasta no hace mucho la música para esta danza era siempre cantada, costumbre que se conserva aún hoy en ambiente rural.

Y esa danza alegre, dinámica, de letra querendona y picaresca, en directa alusión a su destinataria, de elementos musicales españoles y nombre criollo, en simbólica hibridación quichua castellana, se llama chacarera.

ANTIGÜEDAD HISTÓRICA DE LA CHACARERA

¿Cuándo nació esta danza? No lo sabemos, ni creemos que nos sea dable saberlo alguna vez porque los hechos folklóricos no son históricos sino tradicionales, lo que no quita que andando el tiempo y de acuerdo con la importancia que cobre el hecho, puede éste ascender a los niveles históricos.

A uno de esos hechos pertenece la chacarera. Y ya en el plano histórico tenemos lo siguiente: El registro más antiguo del que tenemos noticia documental la debemos a la musicóloga Isabel Aretz, quien en su enjundiosa obra "Folklore musical argentino", p. 202, dice: "La trayectoria antigua de esta danza es muy difícil de seguir, en cuanto no se menciona en documentos de la primera mitad del siglo pasado, al menos con el nombre de chacarera, y sólo en las "Memorias" de don Florencio. Sal, que exhumé en Tucumán, aparece entre las danzas que se usaban hacia 1850. En Buenos Aires la menciona ya en 1883, don Ventura R. Lynch, quien cree por error que se trataba de una danza puramente local, de dolores.

el vocablo, que el nombre de nuestra danza nació en los primeros tiempos de la conquista española cuando aún se escribía chacara, sin acento, de cuya derivación nació el adjetivo: chacarero y su femenino chacarera que, andando el tiempo, alcanzó la categoría. de sustantivo para el nombre de nuestra danza.

Creando el vocablo, fácil es conjeturar que en aquella época se habría creado una danza a la que se aplicó el calificativo derivado del mismo en hibridación quichua-castellana y se la llamada chacarera. No pudo haber sido antes porque la danza jamás se llamó chahráyokk (forma quichua) ni después porque porque tampoco adoptó las formas inexistentes del esdrújulo chácarera ni del grave chacrera.

AMBITO GEOGRÁFICO DE LA CHACARERA

Toda creación de un hecho folklórico lleva Involucrada en sí misma el espíritu del pueblo. Lo que no lleva esta esencia popular, pierde arraigo y desaparece por falta de fuerza telúrica para su vivencia, pero los hechos que tienen esta esencia perduran a través del tiempo hasta convertirse en tradición, leyenda o mito. Eso, exactamente, ha ocurrido con la chacarera en Sgo. del Estero.

En tanto en el litoral argentino, a donde llegó, no cabe duda, por el "Camino del Perú", no ocurrió lo mismo. Allá ha perdido vigencia, ha desaparecido como desaparecen, paulatinamente, las especies de trasplante cuando llevadas a un medio extraño les falta el clima propicio para su adaptación y desarrollo. Eso mismo ocurrio a la chacarera en el litoral argentino.

La aseveración de Isabel Aretz (Ob. cit. p. 202) cuando dice: "La chacarera, lo mismo que la zamba y el gato se baila en gran parte del país, aun- que, excluido el litoral", es prueba concluyente al respecto.

De que la chacarera no es danza típica del folklore litoraleño se ha confirmado en el gran Festival Folklórico de Cosquín (Córdoba) tanto en el Ateneo como en el escenario de la Plaza Próspero Molina, al que asistimos, salvo circunstancias ausencias, desde 1962 hasta 1977 , donde integramos, casi siempre, el jurado que discernía, entre los conjuntos presentados, sobre la autenticidad de las representaciones. Más aún, ningún conjunto folklórico, representativo de las provincias argentinas, presentó jamás la chacarera como danza típica regional.

Cabe agregar, confirmando el aserto, que tampoco la chacarera es danza típica en sus respectivas regiones, según la fehaciente información dada por los folkloristas destacados: Dr. Ramón Viveros (Corrientes), Teófilo C. Marcado (Catamarca y La Rioja), Hugo Alcides Ifrán (Santa Fe) y Florencio López (Entre Ríos), entre otros.

En cambio, en la representación santiagueña jamás faltó la chacarera como danza o como canto, encendiendo de entusiasmo a la multitudinaria concurrencia por el alma que ponían los protagonistas en sus interpretaciones.

LA EMOCIÓN DE LA CHACARERA

Ninguna pieza folklórica, danza o canción, enciende los ánimos del santiagueño como la chacarera. A la vidala se la escucha

con reconcentrada atención porque su música y su letra le hablan de recónditas cultas de amor y de ausencias en. esta tierra del éxodo; a la zamba porque es la danza del donaire señorial y del mensaje galante en los pañuelos; el gato, el escondido y el malambo pueden encender el entusiasmo por la dinámica de su danza y la vivacidad de su música; inclusive hasta puede gustar en silencio la ejecución de estas piezas, pero cuando se ejecuta una chacarera desbordan los entusiasmos, estalan los aplausos, se acompaña la música y hasta se entonan las letras cuando éstas son conocidas. como las del eminente cultor de esta danza Julio Argentino Jerez.

Así es la chacarera en Santiago, hace vibrar el alma santiagueña con el estímulo de su mensaje nativo.

LA MÚSICA DE LA CHACARERA

No podía faltar a esta profunda raigambre anímica la música que la representará

como una afloración estética del alma nativa. Y entonces nació con la espontaneidad de las cosas naturales que florecen en el alma del artista como un mensaje de la raza. Por eso la chacarera no tiene autor, es del acervo folklórico del pueblo como el cancionero quichua-castellano de su riquísima poesía anónima. A esa chacarera anónima, la creada por el pueblo y recogida por Andrés Chazarreta nos referimos en el presente trabajo.

RITUAL DE DANZA LA CHACARERA

Tan santiagueña es la chacarera que en Sgo. del Estero ha llegado hasta la sublimación del mito en el alma popular que la ha convertido en danza ritual para sus fiestas tradicionales como en la "telesiada", por ejemplo. En esta fiesta folklórico-pagana se prenden velas en homenaje a esta diosa de la selva, se bailan 7 (siete) chacareras y la fiesta dura "hasta que las velas no ardan". También el reza-baile se inicia con la chacarera lo mismo la fiesta de las comadres.

LA ORIUNDEZ DE LA CHACARERA

Dentro del ámbito noroesteño la chacarera, danza agrícola, debió nacer en las riberas del Dulce donde los españoles de la "Primera Entrada", expedición descubridora de Diego de Rojas, según su cronista D. Gonzales de Prado, encontraron "maizales en berza".

Sobre la base de lo expuesto, sostenemos que la chacarera es santiagueña.

Domingo A. Bravo.

Artículo publicado originalmente en Revista Folklore.-

18/3/24

"FOLCLORE SE ESCRIBE CON C !!"


Hace más de 26 años se realizó en Santiago del Estero una campaña muy importante en favor de la castellanización de la palabra "folclore".

El principal impulsor de esta inquietud fue el DR. DOMINGO ANTONIO BRAVO, quien publicó artículos sobre dicha propuesta y formuló presentaciones ante la Academia Argentina de Letras y el III° Congreso de las Academias de Lenguas,reunidas en Bogotá,Colombia en julio de 1960.

La posición encabezada por DOMINGO BRAVO era correcta y tenía sólidos fundamentos y así lo resaltó en una publicación periodística en El Liberal de fecha 15 de junio de 1960, hace ya más de 26 años y cuyo título era "Folklore, la posición santiagueña se ajusta a la acentuación del idioma", y eso iba a propuesta de otros países americanos que estimaban que al castellanizarse la voz inglesa, debía hacerse como aguda -folclor- ya que así pronuncia por lo general. 

En ese artículo que al "folclorizarse", la palabra debería hacerse con la "e" final, puesto que la palabra, para nosotros,  era trisílaba: fol - clo - re, ya que esa "e" al final se pronunciaba naturalmente. 

En esos, interpretando en sentir general, tras analizar la propuesta formulada por DOMINGO BRAVO, en forma de apoyo, El Liberal dispuso escribir la voz: FOLCLORE, como la sosteníamos los santiagueños, es decir con "c" en lugar de "k". Y así se hizo durante años.

Pero el tiempo...y ya no en vano todo el entusiasmo de esos años fue quedando atrás  y "folclore" volvió a escribirse con "k", incluso en El Liberal. 

Todos parecieron olvidarse de los fundamentos serios de la propuesta...pero la propuesta había sido tan sólida y tan generalizada que la Real Academia, dispuso castellanizar el vocablo inglés y así, en el Diccionario Oficial de 1970, ya estaba "FOLCLORE" con "c". En realidad, estaba ya en 1970 y está en la última edición del Diccionario de la Academia casi toda una familia de palabras, derivadas de esa voz de origen inglés. En efecto, sstá folclor, folclore, folclórico y folclorista. Últimamente, estaría faltando el verbo "folclorear", que es común, de uso corriente y de comprensión generalizada.

Si bien es cierto que la Academia parece inclinar su preferencia por el vocablo "folclor" que es la forma como se pronunciaba la palabra inglesa "folklore", también ha incorporado el léxico de nuestra lengua folclore, como lo decimos aquí y en extensas zonas del país. 

Lo curioso, lo lamentable, lo que resulta hasta decepcionante, es comprobar que en nuestros medios se haya olvidado lo justo y acertado de la posición santiagueña de escribir "FOLCLORE" con "c" y se ha generalizado nuevamente la forma inglesa del vocablo, es decir con "k"!!!

Por lo tanto hay que desterrar la inglesa "Folklore" y ajustarse a lo resuelto por la alta corporación de la lengua castellana que la incorpora al léxico como "FOLCLORE", es decir con "c", al igual que folclórico y folclorista. Señalamos que es tan importante la determinación de la Real Academia, que revistas extranjeras, entre ellas la muy difundida "Selecciones", escribe "folclore" con "c".

(ELVIO AROLDO ÁVILA, 11 de noviembre de 1986, El Liberal)

DEL LIBRO INÉDITO "ANÉCDOTAS DE FOLCLORISTAS SANTIAGUEÑOS " DE OMAR SAPO ESTANCIERO

21/2/21

Duelo criollo

 Domingo A. Bravo

 



            Corrían los tiempos bravos de la montonera. Época heroica de la guerra gaucha, donde hombres, lejos de las mujeres y de los niños, dirimían sus cuestiones, peleando de soldado a soldado, en los campos de batalla. Época del coraje legendario cuando los jefes eran soldados que avanzaban al frente de sus tropas en las arremetidas, sentían el silbido de las balas sobre sus cabezas y exponían sus pechos a la terrible lanza seca del adversario en los embravecidos entreveros.

            Por aquel entonces nuestra provincia, Santiago del Estero, estuvo, como sus hermanas, dentro del juego trágico de la desavenencia fratricida.

            El siguiente episodio pertenece a un aspecto de esa guerra civil: a la lucha entre tucumanos y santiagueños. Estos, en los vaivenes de la contienda, eran, sucesivamente, invasores o invadidos según la cambiante suerte de los acontecimientos; lo que no quitaba que fueran compañeros de armas cuando las circunstancias lo requerían, como ocurrió después de la batalla de Pozo de Vargas y como había ocurrido antes en la magna epopeya de la independencia.

            En esta guerra de hermanos se produjo la invasión tucumana de 1853.

            El gobernador de Tucumán, don Celedonio Gutiérrez –para cobrarse un viejo agravio con los Taboada-, reunió un ejército de 3500 hombres e invadió la provincia. Entro por Rio hondo y se acercó a la capital.

            El gobernador, don Manuel Taboada, sorprendido y sin fuerzas para resistir, tomando campo afuera, abandono la ciudad para defenderla mejor, reconquistarla y rechazar de su tierra nativa al invasor.

Se retiró al sud para reunirse con su hermano, el general Antonino, que acudía apresuradamente en su auxilio con refuerzos importantes.

            Don Manuel Taboada había delegado el gobierno a don Pedro Olaechea, que andaba con su despacho a gobernador a retaguardia del ejército.

Unidas las fuerzas defensoras, buscaron la batalla. Y esta se produjo el 21 de octubre del citado año de 1852 en Tacañitas, “lugar” situado en las proximidades de Loreto, al sud”.

            El choque fue terrible. El coraje enardeció las almas. Al lado de los soldados combatían los jefes envueltos en la refriega. En el ardor de la contienda, a grandes voces, el coronel tucumano don Tomas Lobo retaba a duelo singular al gobernador santiagueño don Manuel Taboada. Este oyó el reto y recogió el desafío. Radiante de entereza, con la pujanza indómita de su sangre gaucha, lidiaron en duelo a muerte, hombre a hombre, mano a mano, sobre la caldeada arena de la contienda. La ansiedad abrió un paréntesis sobre el campo. Los combatientes los dejaron pelear. Ninguno intento intervino. Culebrearon los cuerpos, centellaron las miradas y brillaron las armas a los rayos del sol. Chocaron los aceros. El encuentro fue rápido y decisivo. Paso como una ráfaga. Relampaguearon las espadas y la empuñada por son Manuel Taboada cayo, fulminante como  un rayo, sobre la frente de su adversario.

            Hubo un minuto de estupor. Luego… quedo en tierra, exánime sin vida, el cuerpo yacente del jefe tucumano. (1)

            Los invasores huyeron en derrota… los vencedores, con los lauros del triunfo, retornaron a la ciudad.

(De “Episodios provincianos”, primera serie, 1868)

11/5/14

"Coplas eróticas en Quichua, recopiladas por Don Domingo Bravo"



¡Ay! ¡Ayítay!, mamitíllay,
caran pucami huachían,
qué animal tan ponzoñoso
huicsaytami punquichían.

¡Ay! ¡Ay!, mamitilla mía,
"caran puca" me ha flechado,
qué animal tan ponzoñoso
ya mi vientre me lo ha hinchado.

Copla tomada de Oscar Lazarte, cantor popular de Perchil Bajo, Departamento San Martín, Santiago del Estero - Argentina, septiembre de 1951.

- Nota: "Caran puca": avispa grande, colorada, de picadura dolorosa y  que produce una rápida inflamación.

Acuysh, víday, potreroman
tackota pallapusckayqui,
vestiduyqui lliquicuptin
nockalla serapusckayqui.

Vamos mi vida al potrero
algarroba juntaré,
al romperse tu vestido
yo nomás lo coseré.

Copla recopilada en Santiago del Estero - Argentina, sin referencias precisas.

Domingo Bravo (1956)
Parácheq Erotismo-Folklore