El Clima en Santiago del Estero

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14/12/22

LA NAVEGACIÓN DEL RÍO SALADO

 Parte I

<<Los canales navegables son caminos que andan». (Pascal)

Créditos El Liberal


«... La navegación del Salado, va a hacer fraternizar a estos pueblos, más que el mejor arbitrio político; porque la conveniencia recíproca establece la unión y la armonía. Nuestros campos hoy desiertos, serán mañana poblados por activos agricultores, y donde sólo se ven rancherías miserables se levantarán ciudades que harán poderosa la Nación y respetable nuestro nombre...» (Carta de B. Fresco, vecino de Salta, a Rams en 1859).

LOS RÍOS DEL CHACO: PRIMEROS ANTECEDENTES DE NAVEGACIÓN

Mucho antes de la aparición de los buques de vapor y de los ferrocarriles, comerciantes y gobernantes visionarios anhelaban extender la navegación de los ríos del Gran Chaco, a pesar del desconocimiento casi total que se tenía de esta región del Virreinato del Río de la Plata. La esperanza de lograr el desarrollo económico de esta vasta extensión situada entre el Paraguay, la Argentina y Bolivia, se convirtió en idea fija entre los que consideraban que el sueño de San Martín, Artigas y Bolívar de constituir la patria grande americana podía ser perfectamente cumplido.

Ya en el año 1808, el Consulado de Buenos Aires, bajo la inspiración de don Manuel Belgrano, había considerado un proyecto para traer los productos y mercaderías de las provincias andinas por el río Bermejo. Las márgenes del río serían colonizadas para asegurar las comunicaciones a lo largo de esta ruta. Los comerciantes, empero, se vieron obligados a manifestar que... «<si bien el proyecto será, a su debido tiempo de suma utilidad, para los hombres y el comercio... sin embargo, todo esto deberá realizarse en tiempos más tranquilos...>>¹.

Durante la guerra de la independencia los proyectos y expectativas que habla sobre el comercio y la colonización del Chaco quedaron en suspenso. Recién en el año 1824 se constituyó en Salta la Sociedad del Río Bermejo que envió una expedición exploratoria que llegó hasta el río Paraguay, y que a la par de cumplir amplios reconocimientos y de probar la navegación del Bermejo, fue el anteceden te más importante de navegación de los ríos interiores. Hubo otros intentos posteriores, como los que llevaron a cabo después del gobierno de Rosas, dos integrantes de esta sociedad que pretendían establecer un sistema de barcos a vapor para navegar este río y que se aventuraron aguas abajo en un bote de fondo plano para demostrar que la navegación a vapor era perfectamente posible. El gobierno de Bolivia, como el de la provincia de Corrientes apoyaron estos intentos?.

En el año 1853, el capitán de la marina norteamericana, Thomas J. Page, había incursionado al comando del vapor «Wather Wich» (bruja de las aguas) por los ríos Paraná, Uruguay, Pilcomayo y Bermejo, estudiando las posibilidades naturales que los mismos tenían como medio de comunicación. En todos estos ríos, el marino norteamericano desarrolló una acción vasta y de enorme importancia científica, dejando perfectamente establecido que «en una u otra forma eran navegables, de importancia, y dignos de ser tenidos en cuenta en el futuro como las vías económicas que convenía a las regiones que atravesaban».

El gobierno argentino, preocupado por el éxito de la colonización y navegación de los ríos del Chaco envió también representantes a esa región para concertar planes de colonización de largo alcance y obtener la paz con los indios y comunicaciones por los ríos con otras regiones de la república. Con ese motivo experimentados exploradores como Luis Jorge Fontana fueron estimulados en sus estudios sobre las posibilidades del desenvolvimiento del Chaco.

También el río Pilcomayo fue objeto de intentos de exploración. El gobierno de Bolivia, interesado en establecer algún servicio de conexión con alguna línea argentina de vapores que pudiera navegar por los ríos del Chaco realizó algunos intentos, sin muchos resultados, con canoas y botes demasiados bajos para el mencionado río.

Pero fue el Río Salado el que atrajo mayores expectativas y esperanzas, sobre todo en los que tenían la arraigada convicción de que quedaban todavía grandes zonas de riqueza sin explotar y que esperaban sólo la mano del hombre. A pesar de los fracasos en realizar el viaje completo entre Córdoba y el Paraná, los empresarios de Santa Fe, en especial, no perdieron su interés por la empresa, interés que de alguna manera estaba asentado sobre razones bastante poderosas, como las que enunciaremos: a) La región que este río atravesaba no era tan salvaje como la del Bermejo y el Pilcomayo, zona de fronteras con los indios; b) Los programas para la navegación del Salado podían cumplirse totalmente dentro de la jurisdicción argentina, y bajo el control de nuestras leyes.

EXPEDICIÓN DE THOMAS J. PAGE

Si bien existen algunas referencias a una expedición realizada en bote en el año 1755 entre Matara (Santiago del Estero) a Santa Fe, de la que se propusieron algunos trabajos artificiales para asegurar la navegación sobre el río Salado, podemos decir que recién con el marino norteamericano Thomas J. Page, en el año 1855, se recorrió casi en toda su extensión este río, probando su navegabilidad. Esta expedición tuvo una importancia fundamental ya que fue el origen mismo de una serie de grandes proyectos para convertir el río Salado en la gran arteria fluvial de América. Describiremos algunos de sus aspectos y conclusiones fundamentales.

El día 13 de julio de 1855 una multitud se había dado cita en el puerto de Santa Fe para despedir al marino norteamericano, que a bordo del vapor «Yerba», iniciaba la navegación por el Salado. La expectativa era enorme, no sólo por las perspectivas que se habrían para las provincias del norte y para Santa Fe al comprobar la navegación del río, sino que, según los propios relatos de Page, la expedición iba hacia lo desconocido; se le había dicho antes de partir:

"...por aquellos que se tenían por los mejor informados que probablemente, podría subir cuarenta y cinco millas; por algunos, que no había río; y por los otros, que tomaba su origen en tina de las numerosas lagunas de aquella extensión de campo».

En la primera parte de la expedición o acompañaron a Page el propio gobernador de Santa Fe, Cullen, y su familia, en prueba del apoyo del gobierno de la Provincia. El vapor asciende con suma facilidad el río hasta el lugar denominado como Monte Aguara, donde se ven obligados el día 26 de julio, a seguir la exploración en botes por la gran bajante de las aguas y lo peligroso que podía significar continuar la navegación en el «Yerba». Page dice lo siguiente.

«Con gran sentimiento deshago el camino, pero con haber ascendido y demostrado la navegabilidad del río Salado hasta Monte Aguará, hemos obtenido algo. Su carácter uniforme, curso firme y barrancas bien definidas; su creciente tal como lo indican marcas en los árboles; la pampa firme a través de la cual todo corre, todo induce a creer que es un río apropiado para la navegación hasta un punto superior al alcanzado. Su explotación completa es de importancia no sólo para la Confedera ción Argentina, sino para todo el mundo comercial».

Page regresa a Santa Fe y decide dirigirse de inmediato hasta la provincia de Santiago del Estero para, desde allí, remontar desde un punto cualquiera el Salado hasta Monte Aguará.

Gobernaba la provincia de Santiago don Manuel Taboada, quien junto con sus hermanos desarrollaron en esa época un vasto poder regional. Después de Caseros, los Taboada optaron por seguir la suerte de la Confederación, cuya organización parecía en esa época viable a todos, pese al derrotero segregacionista que había tomado la hermana mayor Buenos Aires. Sólo después de Pavón los Taboada se aliaron con Mitre.

Los Taboada se interesaron vivamente en la navegación del río Salado y por intermedio de Lavaysse se relacionaron con Manuel Leiva, Ministro de Urquiza, en ocasión del acuerdo de San Nicolás, a los fines de que apoye dicho proyecto. Manuel Leiva escribía lo siguiente a M. Taboada, gobernador de la provincia: «Solicito informe de cuantos detalles crea convenientes a este respecto, porque si es así, se podría conseguir que el Director Provisorio prestase su cooperación con los fondos nacionales, quizás en el todo de los gastos del presunto que Ud. me indica, pues a no dudarse, el Salado vendría a ser un río navegable y proporcionaría inmensas ventajas al comercio Ese era el pensamiento de los Taboada. Unir Santiago con el litoral beneficiando de esa manera el comercio de cueros, lanas y otros frutos del país. Los propios Taboada tenían estancias pobladas de vacunos e importaban además mulas del litoral enviando las posteriormente a Bolivia y al Perú.

Page, por lo tanto, es recibido por Manuel Taboada, en Santiago del Estero, con enorme entusiasmo y le presta toda clase de ayuda para el éxito de la expedición. En una canoa de propiedad del propio gobernador, que se encontraba en el río Dulce, de dieciocho pies por tres de largo, Page decide continuar su travesía. La canoa es, transportada por el general Antonino Taboada y su tropa hasta el río Salado, llegando a Matará el día 19 de septiembre de 1855.

En Matará comienza a descender lentamente el río, buscando Monte Aguará. La navegación es en parte penosa por los raigones y troncos atascados en su curso. Cuando las condiciones no lo permiten, Page seguido por el infatigable Antonino Taboada, sigue el curso del río por la costa. Las regiones que se abren ante los ojos de los norteamericanos, asombran por su belleza y esplendor sin par:

«Cruzamos una extensión ondulada cubierta de alfalfa hasta donde alcanzaba la vista, por el medio de la cual serpenteaba el Salado en forma de un atrayente río bordeado de árboles... La atmósfera era resplandecientemente clara y el aire balsámico e impregnado por el perfume de la flor de la alfalfa a través de la cual pastaban los caballos y vacunos enterrados hasta la barriga. Pensé que nunca había visto una región pastoril más rica y hermosa».

Satisfecho por el descubrimiento de que «un vapor debidamente construido para la navegación del río podría remontar, la mayor parte del año, de Santa Fe a Navicha», el incansable marino y su tripulación se dirigen hacia Salta.

En esta ciudad el entusiasmo era también notable. Los habitantes ya habían formado una sociedad para la adquisición de vapores apropiados para navegar el Salado y para solicitar del gobierno central que removiera los obstáculos que se oponían a la navegación y desde Miraflores, muy cerca de la capital salteña el segundo de Page, el teniente Murdaugh, remonta nuevamente el Salado en dirección de la estancia que el general Taboada tenía en Sepulturas. Murdaugh, sin dificultad, realiza travesía y señala en su informe que el trayecto desde San Miguel hasta Sepulturas era perfectamente navegable.

Page redactó un interesantísimo informe donde destacaba que el río Salado era navegable en una extensión de ochocientas millas y señalaba la celeridad con que se podían realizar estos viajes, «poniendo en comunicación con el Atlántico a algunas de las más ricas y populosas provincias, Santiago del Estero, Tucumán, Salta y Jujuy, etc., cuyos productos hasta hoy han sido llevados al puerto de Rosario por carretas de bueyes, empleando diez meses para ir y volver, y los que ahora en botes, pueden llegar al mismo puerto en quince días y volver cargados de mercaderías en veinticinco...». También aseguraba, en una carta enviada al general Taboada, con fecha 26 de noviembre de 1853 que:

«No habría dificultad para él en encontrar capitalistas en los Estados Unidos que se embarquen en la Empresa de Navegación de Salado

REPERCUSIÓN EN LAS PROVINCIAS DE LA CONFEDERACIÓN

El éxito obtenido por la expedición de Page despertó el cálido entusiasmo de las provincias recorridas por el río. Hemos visto el apoyo brindado por Salta y Santiago del Estero. En Tucumán, el recibimiento a Page fue apoteótico. Se brindaba en todos lados por uno de los acontecimientos más importantes en la historia del país, a partir de la independencia. Pero quizás, reflejen todo este sentimiento en su mayor medida las apreciaciones de don Vicente G. Quesada, uno de nuestros más ilustres hombres de letras, que escribía lo siguiente desde el periódico El Comercio de Corrientes:

«A primera vista parecería que Corrientes no está íntimamente interesada en la prosperidad de las provincias del norte pero estudiando sus conveniencias comerciales descubrimos cuánto ganaría siendo navegable el Bermejo y abriendo un camino por el Chaco... Santiago del Estero, esa provincia situada casi puede decirse en el centro de la nación, busca bajo la inteligente administración de nuestro amigo el señor Taboada una salida al Paraná para exportar así la multitud de valiosos productos que hoy se pierden por la carestía de los fletes y la inmensidad de las distancias... De este modo, los frutos de Santiago, Catamarca y Tucumán buscarían su salida al Paraná y el comercio de Goya utiliza y se desarrollaría inmensamente».

Terminaba su artículo señalando enfáticamente Quesada:

«Los proyectos de la naturaleza del presente merecen ser apoyados por los verdaderos patriotas: dar vida a poblaciones que mueren civilizar multitudes salvajes, es altamente moral y profundamente humano. Lo hemos dicho ocupándonos de la provincia de Santiago del Estero, que su porvenir dependía de buscarse una salida por el Chaco al Paraná, esta creencia que tenemos desde que conocimos las localidades hablamos con personas competentes ha merecido siempre la atención preferente del señor Taboada, a quien felicitamos muy especialmente".

Proféticas palabras las de Vicente Quesada. Era de fundamental importancia para Santiago evitar el aislamiento en que se encontraba. Pocos años después, fracasada la navegación por el Salado, el ingreso del ferrocarril iniciaría la destrucción de la provincia.

Fuente: Libro "Hacha y Quebracho" de Raul E. Dargoltz

COMPAÑÍA DE NAVEGACIÓN A VAPOR DEL RÍO SALADO. APOYO DE ALBERDI DESDE FRANCIA

 Parte III


Las provincias atravesadas por el Salado apoyaron en todo momento la obra de Rams, como en su oportunidad lo hicieron con Page. Santa Fe promulgó una ley que concedía a la empresa tierras para la colonización de las costas saladeñas¹6. Santiago, una vez comenzada la explotación cedería cien leguas cuadradas con el mismo objeto, y la provincia de Salta comisionó al doctor Pablo Saravia para que procediera a construir un camino, que desde Miraflores uniera el Salado con el Bermejo.

Pero Rams, no obstante las franquicias estatales recibidas y el apoyo de las provincias no contaba con el capital necesario para seguir adelante con sus proyectos. Viaja a Europa, en busca de apoyo financiero, y en el viejo mundo hizo editar un folleto en francés, casi desconocido entre nosotros, con el fin de publicitar a su empresa. Traduciremos algunos párrafos del mismo, que son realmente curiosos. El título era: Compagnie de Navigation a Vapeur du Rio Salado. Veamos la integración del Consejo Directivo de esta sociedad en comandita que giraba bajo la razón social de Esteban Rams y Cía. Aparte del propio Rams, lo integraban Norberto de la Riestra, Ministro de Hacienda de la Confederación; Constantino de Santa Mana, comerciante de Buenos Aires; doctor Nicanor Molina y Ramos Puig. de Paraná; y Domingo Crespo y José Cullen, de Santa Fe. Se describía al Salado de la siguiente manera:

«El Rio Salado, situado al norte de la Confederación Argentina es navegable sobre un recorrido de más de 1.500 kilómetros desde la ciudad de Santa Fe hasta la provincia de Salta. En comunicación con el Atlántico por el Paraná y el Río de la Plata, desde Santa Fe, el Salado atraviesa las provincias de Santa Fe, Tucumán y Salta, y las pone en comunicación con el sur de Bolivia. Este río servirá también para el transporte de los productos de la provincia de Jujuy, situada sobre su costa izquierda; y los de la muy rica de Catamarca, sobre su costa derecha».

Como podemos apreciar el redactor del folleto no era muy entendido en geografía argentina, como tampoco lo eran los destinatarios del mismo. Alberdi, embajador argentino en Francia, se sintió inmediatamente atraído por el proyecto de Rams, y se inhibió de separar de su cargo de cónsul argentino en París, a don Pedro Gil, gestor de la empresa de Rams, por las dificultades que esa medida ocasionaría en la marcha del proyecto. Así lo comunicaba el ilustre tucumano, al Ministro de Relaciones Exteriores de la Confederación, en carta enviada el 24 de marzo de 1861.

De regreso a Santa Fe, Rams prepara una nueva expedición. Invita a participar en ella a destacados personajes, como el cónsul británico en Rosario, quien reseñó sus impresiones en una interesante descripción, y que estaba interesado en investigar «si realmente el algodón silvestre crecía en muchos miles de acres como se había informado, en varias comunicaciones a la Asociación Abastecedora de Algodón de Manchester. Estaba también encargado de averiguar la manera más conveniente de recoger y llevar a Inglaterra ese algodón, inquiriendo si había escasez de trabajo, u otra cualquier causa en el distrito>> 19.

La expedición, si bien tenía por objeto probar la navegación del rio, sería realizada esta vez por la costa. Salió del Hotel de Comercio de Santa Fe el 9 de noviembre de 1862 y pasaron sin ninguna dificultad por Esperanza, el Valle de la Soledad, y llegaron a Monte Aguara donde se detuvieron cuatro días a los fines de que el Ingeniero Cook, fue enviado por el Banco Maua de Río de Janeiro, estudiara este paraje, dentro del territorio santiagueño. De Monte Aguará regresaron a Esperanza y de esta Colonia se dirigieron a Gramilla, donde nuevamente esperaron al ingeniero Cook que terminara con sus investigaciones en el estero de El Bracho.

Y de allí todos juntos se dirigieron a Matará donde terminaron la expedición. Rams, en Santiago, con el apoyo de los Taboada y el concurso de los ingenieros Guillermo Cook, C. Albeck y Juan Hildebrand, preparaban los proyectos para la canalización del río en el tramo del Bracho viejo, y en ese lugar el 25 de diciembre de 1863, una distinguida concurrencia, se dio cita, llena de fervor y optimismo, para inaugurar las obras de «Canalización, desmonte y limpieza del antiguo cauce del río Salado”20, Dio comienzo el acto el vicario de la provincia, presbítero Sebastián de Jesús Gorostiaga, bendiciendo las obras y después, el padrino del acto, el gobernador Taboada:

"...dio el primer azadonazo dentro del mencionado cauce, y el primer hachazo a uno de los árboles que allí había, continuando de la misma manera los demás presentes, se cantó un Tedeum invocando la protección del altísimo para la consecución de un fin que significa e importa la vida moral y física, no sólo de esta provincia, sino también de todas las del interior>>21

El gobernador Taboada, el senador Borges y el vecino Remigio Carol que usaron de la palabra recalcaron la gran importancia de la obra, al igual que empresario Rams, que agradeció a todos, «asegurando que no descansaría hasta ver surcadas las aguas del Salado por el vapor, que es el precursor de la civilización, de la riqueza y del bienestar de todo el país»22

MUERTE DE ESTEBAN RAMS Y RUPERY

Rams, a fines de 1865 firma con el gobernador de Santa Fe, representado por el Ministro Juan del Campillo, un plan de colonización de las costas del río Salado, en el que se comprometía a establecer en dichas colonias de tres mil a cinco mil familias extranjeras. El gobernador Nicasio Orono le había facilitado todos los medios necesarios para llevar adelante esta tarea, pero el valiente empresario encuentra la muerte, víctima del cólera, el 17 de abril de 1867, en los momentos precisos en que al frente de los vapores «Rosario» y «Ventura» y las chatas «Rudecinda» y «<San José», cargadas de poderosos elementos destinados a remover del río los obstáculos que impedían la navegación, se proponía coronar la obra por cuya realización tanto tiempo había suspirado en vano23. Con la muerte de Rams, no sólo terminó la vida de un gran visionario y patriota argentino. Terminó con él una idea que de ninguna manera era quimérica. Murió Rams con el pleno convencimiento de que el Salado era navegable: «tengo la certidumbre de poder asegurar a V.E. que en el mes de julio del próximo año subirá sin tropiezo alguno hasta este punto (El Bracho) y si se forma a la Compañía este año en Inglaterra (como espero) desde luego le puedo afirmar que en 1868 llegare con mi vaporcito a Matará y Sepulturas “24.

OTROS PROYECTOS DE NAVEGACIÓN DEL SALADO

Después de la muerte de Esteban Rams hubo algunas voces aisladas, que desde el Congreso Nacional o bien desde el periodismo en Santiago del Estero, propugnaban retornar a los viejos anhelos de encontrar una vía de comunicación hacia el Paraná, a través del Salado. El ingeniero Jesús Fernéndez, en un artículo publicado en el órgano del Centro Nacional de Ingenieros durante el año 1899 realizaba un interesantísimo que estudio socioeconómico sobre la canalización y navegación del Salado desde Icaño (Santiago del Estero) al sur y su alimentación por medio del río Dulce desde Estación Salavina.

También Alejandro Gancedo, a fin del siglo XIX, presentaba al Congreso el proyecto del canal navegable desde Santiago del Estero al río Paraná, en un trayecto de más de quinientos Kilómetros, al igual que el proyecto presentado en el año 1899 al Congreso Nacional por los señores Dutilloy y Cia. sobre un canal navegable que partiendo desde un punto cualquiera de Santiago del Estero llegaría hasta la laguna de Coronda en Santa Fe. Este último proyecto, a pesar de la opinión favorable de la Inspección de Obras Hidráulicas de la Nación a cargo del ingeniero Baravino ni siquiera fue tratado.

CONCLUSIÓN

Sólo habían pasado escasos siete años de la muerte de Rams y Rupert y el proyecto de navegación del Salado moría irremediablemente. El «progreso bajo las formas del ferrocarril ingresaba por territorio santiagueño. La suerte había sido echada de antemano, por el capital inglés y sus aliados nativos al condenar a Santiago a ser la productora de los miles de kilómetros de durmientes para las vías férreas y los postes para los alambradas divisorios de las grandes estancias de la pampa húmeda, aprovechando sus interminables quebrachales.

De esta manera Matará, El Bracho, Suncho Corral, Icaño, Аñatuya y los pueblos del gran Chaco, no serían ya los grandes puertos sobre el Salado, puntos de embarque de los productos extraídos de los fértiles valles por donde este río cruza. Ni tampoco se convertirían en las grandes ciudades industriales, con modernos astilleros que aprovecharían los inmensos bosques seculares, como lo había hecho antes el baqueano Lino Belbey, para construir una gran flota fluvial que comunicaría a través de los ríos del gran Chaco a las «provincias pobres» del interior y a nuestras hermanas americanas de Bolivia y el Paraguay con el litoral atlántico.

Por el contrario. Se fundarían nuevas ciudades a la vera del ferrocarril. Se aislaría con el trazado de las vías férreas a la capital y a las tradicionales poblaciones. Los antiguos pobladores, atraídos por la «ilusión del bosque», abandonarían sus hábitos agrícolas-pastoriles para internarse en los obrajes. Sobrevendría la explotación forestal y la devastación más inicua e irracional que conoce la historia de los bosques del Chaco santiagueño y con ella, poco a poco, como en una lenta <<agonía» al decir de Orestes Di Lullo, la muerte de los «viejos pueblos>>.

Comprender la historia pasada es también poder analizar el presente y de esta manera tratar de elaborar y construir nuestro porvenir. Pero, ¿alguien cree, todavía, el pensamiento de Alberdi, Vicente Quesada, Mariano Fragueiro, Manuel Leiva, Jesús Fernández y Alejandro Gancedo sobre el futuro de Santiago del Estero y de las provincias interiores es cosa perteneciente al pasado?

La canalización y navegación del Salado y del Bermejo, así como el aprovechamiento integral de las aguas del Paraguay y del Uruguay, entrelazándonos fraternalmente con Bolivia, Paraguay y Brasil, no es historia pasada, es el presente más inmediato y la clave del futuro y también la posibilidad concreta de recorrer nuevamente el camino trazado por San Martín, Artigas y Bolívar.

Fuente: Libro "Hacha y Quebracho" de Raul E. Dargoltz

18/3/21

La navegabilidad del Rio salado: El sueño de la élite que no pudo ser

La exploración del río Salado (1855): Thomas Jefferson Page

En todos los órdenes de la existencia humana, fue siempre el clima de la libertad donde se hicieron posibles las grandes y pequeñas gestas de positiva utilidad para las colectividades. En nuestro país, recién de los estados de anarquía y violencia pudieron ejecutarse grandes cosas. Entre éstas, con posterioridad a Caseros, Urquiza declaraba la libertad de nuestras vías fluviales, abriéndolas a la “navegación de todas las banderas del mundo”.

La información relacionada con este suceso, se difundió inmediatamente. Y como primera consecuencia en 1853, arribaba a nuestro país una cañonera norteamericana, denominada Water Wish, cuyo comandante era el Comodoro Thomas Jefferson Page. Era -dicen las crónicas de entonces- un oficial en la plenitud de sus energías -cuarenta y cinco años- y de carrera ya cumplida. Oriundo de Shelly, estado de Virginia, nieto de John Page, gobernador de dicho Estado, y por la línea materna del general Thomas Nelson, uno de los firmantes del acta de la independencia.

 La Waterwitch, era un vapor de ruedas de 400 toneladas cuyo armamento consistía para esta empresa en tres pequeños obuses. Su oficialidad se había escogido especialmente con vistas a una campaña científica. 

Físicamente era uno de esos hombres rubios de elevada estatura y contextura atlética, exactamente como aquellos que estamos acostumbrados a ver hoy. Bien plantado, ágil de movimientos, pertenecía a esa estirpe de hombres optimistas de que nos habla Emerson. Hombre encendido, de generosas inquietudes, no venía como un turista. Le traían preocupaciones de orden científico. Quería conocer e investigar la navegabilidad de los grandes y pequeños ríos argentinos. No obstante las grandes dificultades que existían por entonces en algunas regiones argentinas y en zonas limítrofes de otros países, Page ejecutó casi totalmente su itinerario de viajes. El Paraná, el Paraguay, el Bermejo, todos estos ríos y otros más abrieron sus entrañas bravías de algunos de ellos, a los afanes de este expedicionario de la hermana del norte. Y en julio de 1855, aquel joven comandante de la Water Wish -bruja de las aguas- penetraba en el cauce de nuestro río Salado, poco conocido entonces.



Para esta expedición, según el capitán de fragata Teodoro Caillet Bois, al ocuparse de Page, se arrendó el “Yerba”, vaporcito traído en secciones de Norte América por una empresa comercial, y al que se armó en el Tigre. El marino, además, creyó llegado el momento de desprenderse de su hijo, internándolo por un año en el colegio de Concepción del Uruguay. La llegada de la expedición a la capital santiagueña fue celebrada por las autoridades como un acontecimiento auspicioso para el progreso de la provincia y page recibió constantemente de ellas toda la ayuda posible.

Exploró los ríos Pilcomayo, Bermejo, Paraná y Uruguay en 1853. Escribió libros prestando grandes servicios ese eminente marino a nuestro país, que debía ser cuna de sus nietos, así lo reconoció el general Mitre.

Y como tratamos de consignar hechos, vamos a seguir reproduciendo la crónica de Caillet Bois. La exploración -agrega- se inició el 13 de julio de 1855 y la primera jornada se hizo con el gobernador y comitiva a bordo. A las 25 millas del sinuoso trayecto pero a veinte escasas de la capital, estaban ya en pleno país salvaje, sin vestigios de civilización, abundando en cambio jaguares, guanacos, avestruces, carpinchos y demás ejemplares de la fauna americana, sin contar manadas de potros en estado salvaje.

Enterado -dice más adelante- de los propósitos de nuestro explorador, el gobernador de Santiago del Estero, don Manuel Taboada, se interesó grandemente en los trabajos, y facilitó para la empresa un bote de seis metros de largo, que tenía en el río Dulce. Una carreta de bueyes fue la encargada de trasladarlo en forma expeditiva al Salado, a cincuenta millas de distancia. Además el general Taboada, hermano del gobernador, acompañaría a Page con una escolta y se enviaban instrucciones a todas partes para auxiliar a la expedición y sobre todo para deshacer los atascos de troncos que se formaban naturalmente en varios puntos del río.

Las grandes crecidas del Salado, impidieron la terminación de los trabajos. Y en enero de 1856, el comandante Page, llamado por el gobierno de su patria, emprendía el regreso, después de tres años, más o menos, que había iniciado la expedición.
Fte: Nota sin firma en el número del cincuentenario del Liberal, del 3 de noviembre de 1948.