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23/3/24

"EL RINCÓN DE LOS ARTISTAS "

 


Abrió sus puertas el 10 de octubre de 1949 como "BAR CASINO" en calle Tucumán 62. Sus dueños fueron PEDRO EVARISTO DÍAZ y EDMUNDO SORIA pero, al poco tiempo, DON PEDRO adquirió la parte de su socio y pasó a convertirse de una pizzería en un clásico bodegón que acunaba a la bohemia santiagueña y lo bautizó "EL RINCÓN DE LOS ARTISTAS".

Por ese boliche pasaron todas las notables figuras musicales de Santiago,  turistas y personalidades de la cultura nacional que visitaban nuestra ciudad como: JORGE LUIS BORGES, ERNESTO SÁBATO, VICTORIA OCAMPO,  MERCEDES SOSA, NELLY OMAR, ATAHUALPA YUPANQUI, HORACIO GUARANY, ASTOR PIAZZOLA, SELVA GIGENA, por nombrar algunos.

Entre los valores locales, citamos: ANDRÉS CHAZARRETA,  JULIO ARGENTINO GEREZ,  HERMANOS SIMÓN, OSCAR SEGUNDO CARRIZO, CACHILO DÍAZ, COQUITO CÁCERES,  HUGO DÍAZ, FIDEL LUCERO, HERMANOS CAMPOS, "DIABLITO" SANTILLÁN, "MANDINGA" ORELLANA, LOS CARABAJAL, CARLOS SAAVEDRA, LUIS BILLAUD, MARIANO PAZ, JUSTO MARAMBIO SERRANO,etc.

Desde la mañana temprano, "EL RINCÓN", abría sus puertas y el sonido de un bandoneón o el repique de un bombo, daba la señal que comenzaba la gran cita salamanquera en el corazón del centro santiagueño.

Desgraciadamente, por razones económicas, el 26 de diciembre de 1976, cerró sus puertas para siempre y, con este ingrato percance, se fue una de las más  nutridas historia de nuestra rica cultura tradicional. 

"¿Y LA PLACA DÓNDE ESTÁ?"

El Honorable Concejo Deliberante Municipal de Santiago del Estero en su Ordenanza N° 3.183/99 dice: 

VISTO: El análisis del Expediente N° 198-8-99, realizado por la Comisión de Educación, Cultura y Turismo, mediante el cual el Bloque MOCISO eleva Proyecto de Resolución, solicitando la colocación de una placa informativa en calle Tucumán 62, sobre el local que allí funcionó llamado "EL RINCÓN DE LOS ARTISTAS" y

CONSIDERANDO (...) que "EL RINCÓN DE LOS ARTISTAS", es parte de la historia bohemia de los santiagueños;

Que, el Artículo 1 de la Ordenanza N° 3.073/98 dispone la colocación en edificios, lugar y sitios de la Ciudad Capital, donde se haya verificado el acontecer de hechos relevantes, carteles de procla informativa de dichos hechos. 

Por ello, el Honorable Concejo Deliberante de Santiago del Estero,  sanciona con fuerza de Ordenanza:

Art. 1: "Dispónese la colocación de una placa informativa en calle Tucumán 62 para hacer saber a la ciudadanía que allí funcionó "EL RINCÓN DE LOS ARTISTAS".

Art.2 : el Departamento Ejecutivo a través  del área competente y el Honorable Concejo Deliberante, organiza en fecha a convenir, el acto público del descubrimiento de la placa.

Art.3: Comuníquese al Departamento Ejecutivo, dese al Boletín Municipal, regístrese y archívese.

Sala de Sesiones, 9 de marzo de 1999.

Firma: Ingeniero MARCELO LUGONES, Vice Intendente y Dra. MATILDE O'MILL, Secretaria General.-

Cuenta el periodista ROBERTO EDUARDO "PUPI" VOZZA, que la placa fue colocada pero, cuando se construyó el Centro Cultural del Bicentenario (CCB), que posee 3 ingresos: Libertad, Pellegrini y Tucumán y que fuera inaugurado el 24 de julio de 2010, la distintiva placa desapareció sin que nadie  diera una explicación, puesto a que nunca fue repuesta.

Aún hoy y, a pesar de que se publicó en las redes sociales su ausencia, nadie responde a esta incógnita. 

Es una pena para la cultura santiagueña que esta placa haya desaparecido ya que ilustraba a las nuevas generaciones que allí fue una represa cultural donde abrevaron nuestras más notables figuras artísticas en todas sus ramas.

O.H.E.

"UN RINCÓN PARA EL MANDINGA..."

VÍCTOR ARMANDO ORELLANA apodado "EL MANDINGA DEL BANDONEÓN", fue un destacado músico ejecutante de bandoneón y figura esencial del mítico "RINCÓN DE LOS ARTISTAS" de DON PEDRO EVARISTO DÍAZ. 

Alto, elegante, de espíritu alegre y bonachón, que supo ganarse la confianza y la admiración de los habitués y músicos colegas.

Cuentan los memoriosos que, a media mañana nomás, ya llegaba al RINCÓN y  sólo nomás, desgranaba melodías que a todos los transeúntes que pasaban por la calle Tucumán, despertaba curiosidad y era una tarjeta de invitación a ingresar.

La mayoría de los foráneos que visitaban Santiago, se alojaban en ese entonces, en El Savoy Hotel o en El Palace Hotel, sitos en la vereda del frente al bodegón y, al escuchar  los sones de una chacarera o el repiqueteo de un leguero, se convertía en una cita obligada. Asimismo ocurría con los grandes artistas nacionales que allí se hospedaban.

Cierto día, visitaba Santiago el gran ASTOR PIAZZOLA y se cruzó a degustar unas empanadas y a oír nuestros musiqueros. Observó detenidamente unas cuantas ejecuciones del "MANDINGA". Éste, al percatarse de la presencia del "Revolucionario del Tango", le cedió el bando y le pidió que tocara algo. El gran maestro marplatense, no se hizo de rogar y ejecutó un par de tangos y los parroquianos, celebraron con ruidoso aplauso. 

"EL MANDINGA" que oficiaba de presentador, dijo en voz alta: " Grande Maestro!!"...ASTOR, como todo grande, respondió humildemente: "El Maestro es Usted, que tocó tan bien, ya que a su fuelle le faltan algunas botones..." Admirado ORELLANA, pidió al público renovar el aplauso. 

VÍCTOR MANUEL ORELLANA, nació en 1939 en el Barrio San Martín de La Banda y cuando cerró definitivamente "EL RINCÓN",cabizbajo y melancólico, emigró a Buenos Aires y, a pesar de compartir muchos escenarios con músicos de la talla de "VITILLO" ÁBALOS, "YAYO" CARTIER, entre otros, esa gran mole de cemento no tenía la esencia y la bohemia del célebre "RINCÓN".

"MANDINGA", murió el 3 de julio de 2014 en Buenos Aires afectado por diabetes.

VÍCTOR MANUEL ORELLANA, fue un alma musical del pago y que se fue de gira eterna buscando ese "RINCÓN" que no supo encontrar. 

Santiago le debe un merecido tributo.

DEL LIBRO INÉDITO "ANÉCDOTAS DE FOLCLORISTAS SANTIAGUEÑOS " DE OMAR SAPO ESTANCIERO

3/6/22

El Rincón de los Artistas: Chuni Cardozo nos cuenta sus vivencias.


El Rincón de los Artistas abre sus puertas en la calle Tucumán (entre Pellegrini y Libertad), para ser más preciso, frente al actual Hotel Savoy, en el año 1943 y cierra por cuestiones políticas en el año 1974 por orden del gobierno militar.

En las fotos se puede ver el frente, que en un principio como lo tenía en sociedad con otro comerciante le pusieron “GRAN CASINO”. Pero mi abuelo Pedro Evaristo Díaz en ese poco tiempo hizo sus ahorros y le compró la parte que le correspondía al socio, así que más o menos en el 1947-50 lo bautizó ya como él quería desde un principio “RINCÓN DE LOS ARTISTAS”.

Tenía una afluencia y una convocatoria impresionante de músicos; porque concurría gente que componía con mi abuelo como: Andrés Chazarreta, Miguel Simón, Héctor y Carlos Carabajal. Asistían músicos como: Julio Argentino Geréz, Hugo Díaz, Armando Salinas (un excelente guitarrista, no me acuerdo su procedencia, cantaba y se acompañaba en boleros, jazz y tango como la gran siete). Tengo el agrado de decir que él y Miguel Jugo del famoso dúo Jugo-Corvalán fueron mis primeros profesores de guitarra.


Comenzaban a las 10.30 hasta las 16.00 y luego desde las 18.30 los días de semana, hasta el jueves el horario tope era a las 02.00 de la madrugada. Los viernes, sábados y domingos hasta las 05.00 o 06.00 de la mañana.

¡Qué hermosa época! lástima que yo empecé a disfrutarlo recién en el 1968 cuando tenía ocho añitos y ya me hacían cantar con el acompañamiento de violines, guitarras, contrabajo, bandoneón y hasta a veces cuando hacía sus pasadas, Hugo Díaz se prendía también.


Había algunos que tocaban pura y exclusivamente música tradicional; tenían una mesa en el centro del salón reservada para los estables, que eran a veces hasta diez o quince músicos que se iban renovando durante el día y la noche.

Los viernes, cuando Santiago del Estero se daba el lujo de tener grandes espectáculos, ¿a donde iban a hospedarse? en el Hotel Savoy, en frente, entonces a eso de las 02.00 se cruzaban figuras como el maestro Piazzola, Mercedes Sosa y muchos que no recuerdo en estos momentos.


El viejo (Don Pedro Evaristo Díaz) tenía destinado un día de la semana para brindarles comida y bebida a los mendigos, chicos de la calle, etc. Les preparaba una mesa grande y larga y los invitaba.

En otra fotografía puede observarse una caravana en la puerta. La misma fue tomada en un festejo del “día del folclore”. Cortaban la calles y salían todos los músicos e invitaban a bailar a la gente que pasaba por allí.


Esos encuentros nocturnos eran imperdibles. Con los Manseros Santiagueños (que casi se formaron allí), Los Tobas, Los Chilalos, Los Hermanos Díaz, entre otros miles de músicos.
 
“Coquito Cáceres” era un personaje que deambulaba por la noche santiagueña con su guitarra y su cigarro en chala que, a la hora que llegaba al Rincón, ya venía con algunas copas de más y hacía su entrada triunfal entonando grandes versos que luego perduraron en la memoria de los habitués de aquella época.



Hay muchas, pero muchas cosas para contar que en estos momentos no se me vienen a la memoria…
argentinafolclore.com

12/9/21

Víctor Orellana, el "Mandinga del bandoneón"

Se fue cuando cerró el rincón de los artistas y nunca volvió

Sus dedos largos y flacos hacían hablar al bandoneón. A Víctor Orellana, de físico de aguja, le vendría bien aquello de: Resistiré, erguido frente a todo/ me envolveré de hierro para endurecer la piel/ y aunque los vientos de la vida soplen fuerte/ soy como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie. Aunque en su Santiago querido muy pocos los recuerden. El "Mandinga del bandoneón", nunca un sobrenombre tan bien puesto, aunque de mandinga no tiene nada. Fue siempre buen tipo y un santiagueño de pura cepa.

Se fue de Santiago junto con el adiós del "Rincón de los Artistas". Fue como si al cerrar sus puertas quedaron encerradas entre las paredes del modesto salón, parte de su vida joven de madrugadas y vino compartidos. Los unía la música. Bodegón y pizzería, el modesto salón ya inexistente de la céntrica calle Tucumán, a metros de la plaza, de paredes decoradas con groseros brochazos de pintura al aceite y murales alegóricos, tenía una fuerte identificación con el hombre común y su cultura. Sillas y mesas de madera completaban su rústica infraestructura donde músicos, poetas, cantores, recitadores y humoristas desgranaban su arte. Nunca más volvió a Santiago.

Cerca del mediodía comenzaba la función, y tras el paréntesis para la consabida siesta provinciana, reabría al atardecer hasta la madrugada siguiente. Las clásicas empanadas, tamales, pizza y el vino servido en jarras de metal eran el menú único a precios módicos.

Lo fundó don Pedro Evaristo Díaz, sencillo y modesto vecino que vino desde su paraje natal Tiuyoj a tentar suerte en la ciudad. Un discreto ejecutante de guitarra, autor de varias composiciones folclóricas, algunas de notoriedad. Lo hizo en sociedad con Edmundo Soria, funcionando primero como un bar, el Bar Casino.

Al poco tiempo, Díaz compró la parte de su socio y lo transformó en ámbito para los artistas populares; esos sin cartel a fin de que tuviesen su espacio. Lo rebautizó El Rincón de los Artistas, un bastión representativo y emblemático de la expresión musical lugareña.

Tenía sus músicos "estables". Entre los más célebres y recordados, el grupo compuesto por el "Mandinga del Bandoneón" – Víctor Orellana -, los guitarristas hermanos Campos y el "Payo" Luna, un albino malabarista del bombo. El cantor era Enrique “Henry” Simón, que consolidó su fama como intérprete de tangos y prefirió ese lugar desechando otros escenarios mas conspicuos. "Ahí aprendimos a amar a nuestra música", dice Leandro “Meneco” Taboada, fundador del conjunto vocal folclórico Los Tobas. "Era un ámbito concurrido por músicos humildes y muy respetuosos, que no fácilmente se animaban a actuar en otro sitio justamente por respeto al público. Todo lo contrario que en estos tiempos".

Al “Rincón” llegaron cual si fuera un compromiso ineludible, casi un rito, intérpretes de trayectoria o renombradas figuras. No faltaron tampoco personalidades de notoriedad, ilustres visitantes o turistas que encontraban el punto de excelencia para escuchar la música santiagueña.

"Por caso, Jorge Luis Borges, Ernesto Sabato y Victoria Ocampo, entre otros popes de la cultura argentina invitados por mi padre", evoca el doctor Mariano Paz, cuyo progenitor y homónimo fue un destacado promotor de la cultura a la par de Bernardo Canal Feijóo. "Lamentablemente, todas las cosas buenas aquí desaparecen", afirma, al recordarlo.

Hasta Astor Piazzolla ejecutó una madrugada su clásico Adiós Nonino. El "Mandinga" le prestó su bandoneón al que le faltaba una tecla. La interpretación, no obstante lo espontáneo e improvisado, fue igualmente impecable, sublime; vivencia emotiva y perdurable en la memoria de este cronista.

Cuanta humildad había en este santiagueño que se codeo con el enorme Astor, del que hablo maravillas Dino Saluzzi. Hoy vive en Buenos Aires, lejos del Rincón, su segunda casa; tiene su conjunto. Dicen que cuando recuerda aquel lugar se pone melancólico y se le escapa un lagrimón. Víctor Orellana, un "Mandinga" olvidado en la provincia pero que vive en el recuerdo de su gente.

Fuente: Foro oficial de Miguel Brevetta Rodriguez y Eduardo Vozza

Foto: Ayer y hoy de Víctor Orellana, el Mandinga del bandoneón / Facebook: Patio santiagueño

18/1/21

El Rincón de los Artistas

 


Cuando la calle Tucumán se llamaba calle Tucumán, “El Rincón de los Artistas”, llamado también “Bar casino”, comandado por don Pedro Evaristo Díaz, albergaba noche tras noche a músicos y poetas, a gente de campo, a fue hasta su cruel desaparición, el último reducto de artistas campesinos que tuvo la ciudad.

No obstante, íbamos a sentarnos en aquellas melancólicas sillas de lata, los que amamos toda nuestra música santiagueña.

Una noche de verano de lluvia pavorosa, el fantasma de Coco Cáceres se paró empapado en la puerta de entrada y dijo a todos los presentes con voz alta y ronquilla: “compasión no quiero, quiero indiferencia”, un estuche atigrado y sucio guardaba en sus adentros una guitarra desgastada por el tiempo y su dolor.

Entro, se mandó varios vasos de vino blanco y comenzó a cantar. Entro por la Pellegrini, Salí por La Tropical, mi comprao una camiseta en la casa de Abraham Miguel. (chacarera).

El desfile de músicos solía ser incesante: Víctor Hugo, al que decían tarzan, ese bombo que nacía debajo de la tierra. El chango Ledesma y su sonrisa. Napoleón Soria, su piano, su ritmo, su bicicleta y el triciclo del hijo. El Cielo Lucero, Chupete y su contrabajo fabuloso. El Mandinga del bandoneón y tantos otros.

Enrique Simón, de mesa en mesa cantaba tangos acompañado por guitarras anónimas y fabulosas, fabulosos bandoneones.

El baño de aquel inolvidable lugar estaba al fondo a la derecha y después a la izquierda, y a la pared de aquel baño colindaba con uno de los calabozos de la provincia, desde allí el detenido se deleitaba por las noches con la música que penetraba por entre los barrotes enclavados arriba del mingitorio.

Supongamos que usted lector o lectora, hubiese sido hipotéticamente aquel preso, y desde aquel baño, por entre las rejas una mano anónima y precisamente santiagueña, le alcanzaba dos porciones de pizza y un vaso de vino, lo hubiera recibido seguramente con gusto y hasta hubiera rechazado explosivos de trotil para su liberación, con tal de seguir escuchando aquella música en cautiverio, recompensa que deriva del castigo, como arrepentimiento verdadero.

Desde que desapareció El Rincón de los Artistas, desde que en nombre del modernismo, ocurrió aquella aberración que destruyo un rincón irreconstruible de nuestra cultura, los presos alojados en aquel calabozo, fueron en delante, presos comunes.

Fuente: Jorge Rosenberg - El Zoco de la Buri Buri