El Clima en Santiago del Estero

Mostrando entradas con la etiqueta Roberto Vozza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Roberto Vozza. Mostrar todas las entradas

9/3/23

"Pucho Salvatierra", "Marqués" de cantarrana

Por Roberto Vozza / publicado por Patio Santiagueño II



Fue un personaje que mezcló su aire aristocrático con lo popular. Protagonista de cientos de anécdotas muy originales y graciosas donde lo grotesco tenía ese aire especial culturoso que provenía de su origen familiar.

El mismo se autocaratuló como el "Marques de Cantarranas" por cuanto nació y vivió siempre en su casa paterna de la calle San Martín, en la vecindad del club de sus amores: Central Córdoba: el club que nació en el primitivo nombre de "Cantarranas" y que tuvo su personalidad y definición vecinal. Pucho fue siempre soltero. Se desempeño como celador en la Escuela de Agricultura y Ganadería de la Unse, en El Zanjón, donde ejerció una suerte de paternidad para con los muchachos que se alojaban allí por los estudios. Me contó precisamente un ex - alumno que ejercía cierto rigor en la atención de ellos durante los días de semana. Los controlaba, pero también les daba sus momentos de esparcimiento. Los viernes al atardecer, cuando volvía a su casa "Pucho" comenzaba con la ronda de libaciones que perduraban hasta el domingo. Mientras mostró su inclinación por la bebida " tomemos una cerveza para estimular el jugo gástrico", decía, sus ocasiones acompañantes lo disfrutaban hasta que el alcohol mostraba sus huellas profundas y lo dejaban abandonado en la calle a su buena suerte. Con el paso de los años, se alejó del vicio y perdió buena parte de sus finas ocurrencias que lo convirtieron en personaje. En Central Córdoba , al pie de la tribuna popular y asumiendo poses doctorales, arengaba a la hinchada que le tenía un enorme respeto. Después del partido, se organizaba con parte de esa concurrencia local para entregarse a la distracción en algún boliche.

Luis Ambrosio Salvatierra fue su nombre. Escribir sus anécdotas ameritarían una suerte de libro. Tuvo muchos amigos que concurrían al igual que él al Jockey Club o al Centro de Viajantes. Cuando entró en años resultó de estos una suerte de protegido. Renegó siempre con la cultura del populacho. Y lo manifestaba diciéndoles "negros"!, pero nunca le perdieron el respeto ni causaba enojos. Fue un símbolo. Cerca de cumplir 90 años tuvo un accidente callejero que le costó la fractura de cadera. Estuvo internado bajo celosos cuidados de esos amigos que tanto lo querían, Cuando llegó el momento de retirarse de la clínica y continuar el proceso de rehabilitación en su hogar, le advirtieron que debía internarse en un geriátrico a lo que él enfáticamente dijo... "pero medio pupilo ehhh?". En ese lapso sufrió una descompensación que lo llevó a la muerte. "Pucho" dejó su sello. Inolvidable.

Fotos de Marcelo Augusto Argañaraz,

EL MARQUES DE CANTARRANAS:

Adobadito el niño

viene orillando por la ciudad

con su pasito al trote

viene buscando con quien tomar

y por la esquina de sus amores

pasan las barras para Central

y te vuelves para el oeste

allá¡ la fiesta va a comenzar.

Marques de Canta Rana

la barra brava te saluda

jueguen, jueguen mis negros

se viene abajo la popular.

Y en la estirpe de tu figura

macha segura vas a encontrar

y al piropo de tu ironía

va la alegría para ganar.

Don Luis Ambrosio gritan de allá

cállese negro que estoy acá

canten todos siga la fiesta

jueguen muchachos viva Central.

Por el Zanjón lo han visto

sembrando rosas al rosedal

nada más que un domingo

cuando las palmas hay que golpear

no me apuren no sirvan mucho

se escucha a Pucho decir nomas

al vinito por mas mansito

cuando lo apuras te va a machar.

En la platea se siente

cuando entra el duende para alentar

bailen, bailen mis negros

flores y aromas quiero ofrendar

a la hinchada la mas sufrida

la mas querida les digo ya

griten mucho que los escucho

que viva Pucho y viva Central.

 

Miguel Brevetta Rodriguez


18/1/22

Aquel mulato pianista y tanguero

 Por Roberto Vozza

En estos días, el revisionista Omar Estanciero publicó la réplica fotográfica de un recorte periodístico donde el doctor José Antonio Faro, abogado santiagueño y compositor folklórico, por muchos años estrechamente ligado a SADAIC, hacia entrega en Santiago de sendas medallas de oro por haber cumplido 50 años como socios de la entidad al poeta y escritor Marcos J. Figueroa y al pianista Plácido Martin, el “Morocho” Martin, aclara el epígrafe de la foto. Este acontecimiento fue el 20 de abril de 1962.

Martín ya estaba radicado en Santiago para ejercer su profesión de músico y permanecer en condición de tal con numerosas actuaciones a lo largo de una década.

Su inserción al medio, en lo social, revistió una característica muy particular. En aquella ciudad chica de los años 60’, comunicativa y expansiva, la presencia de un mulato, a la par de los rubios y morochos lugareños, no dejaba de ser una connotación especial y aun mas siendo músico.

Se lo conoció artísticamente y en la identificación personal simplemente como “Morocho Martín”, sin más detalles. Un hombre, alto y corpulento, de pelo motoso o “mochoso” al decir santiagueño; muy educado, sociable, que en la relación cotidiana no dejaba de mostrar rasgos de simpatía, porque no mezquinaba saludos y caminaba por las calles siempre con un atildado vestir compuesto de saco y corbata esbozando una sonrisa.

Solía vérselo en algunas oportunidades acompañado de una mujer también de color, que sería su esposa, y frecuentaba el desaparecido “Rincón de los Artistas” acodado en el mostrador a la par de aquellos rústicos “pingüinitos” donde se servía el vino al parroquiano.

La veterana cancionista Amalia García, que terció en esta investigación acerca del personaje, contó que Martín conformó una pequeña agrupación orquestal tanguera que actuó en muchos escenarios del medio e integrada por Juan de Dios Gallo al violín, el cieguito Fidel Lucero y Gimenez al bandoneón y Luis Saganias al contrabajo. Todos bajo una dirección concentrada y severa del “Morocho” y donde ella fue la vocalista.

“Ensayábamos en el auditórium de Radio del Norte. El “Morocho” era muy profesional”.

Apuntó asimismo: “hasta gestó una suerte de sana rivalidad con el gran e inolvidable pianista y director orquestal santiagueño Luis Napoleón Soria”.

La desaparecida emisora fue una suerte de “bastión” musical para él donde intercalaba actuaciones en vivo, y en algunas ocasiones acompañaba a intérpretes foráneos que venían a actuar a la ciudad.

Juan Carlos García, el “colorado” destacado bailarín y estrechamente vinculado al tango por sus orígenes porteños y relaciones con el ambiente, recordó que cuando Américo Navarro formó una agrupación orquestal, Martin actuó como pianista.

“Yo era el presentador”, cuenta; pero no pudo aportar nada mas acerca de otros aspectos de la vida del personaje que hoy recordamos, como para saber acaso qué circunstancias lo trajeron a Santiago, donde fijó su residencia y en qué momento se fue de la ciudad hasta el final de sus días.

¿SERA EL MISMO?...ASI PARECE

La generosa pagina web “Todo Tango” registra entre los numerosos compositores de la música porteña a Placido Martin Sixto Simoni Alfaro. Muy escuetamente dice que nació en Buenos Aires en 1903 y registro dos obras como músico tituladas “Nubes negras” y “Tiempo perdido” con letra de Armando Tagini la primera y de Jaime Lloret Reos, la segunda.

En los registros autorales de Sadaic, Simoni Alfaro inscribió “Charrua” con Ernesto Cardenal, “Para que seguir viviendo” con José Gregorio Alfaro, “Pobre rancho” con Joaquin Alvarez y “Sina Sina”con Pablo Amadeo Scolari.

En un libro sobre historia del tango que escribe Horacio Ferrer se dice… “los notables negros o descendientes negros de la historia del tango fueron, entre otros, Rosendo Mendizabal, Carlos Posadas, José Martinez, Leopoldo Thompson, Eduardo Pereyra, José Ricardo, Enrique Maciel, Eduardo Barbieri, Celedonio Flores y PLACIDO SIMONI ALFARO…

En “El Tango y sus intérpretes” de Roberto Gutierrez Miglio, se dice que Simoni Alfaro reemplazó como pianista a José Martinez en la orquesta de Julio de Caro en 1926.

En la conversación con Amalia Garcia esta recordó como dato importante que el apellido del “Morocho” Martin era ALFARO. “Es lo único que sabía de él como persona, porque era en ese aspecto muy hermético”, apunta, lo que no deja de ser un elemento coincidente con el nombre Plácido como se registra en la crónica periodística local, el nombre Martin, su descendencia africana y el apellido Alfaro, que estarían revelando acaso la misma identidad de los dos personajes aquí analizados.

Juan Carlos García apuntó una graciosa anécdota.

Cuenta:” un día se me dio por aprender tocar el piano y le consulto, “Maestro ¿me podrá enseñar”? – Si mi amigo, como no… será un honor- le respondió.

Por entonces él alquilaba un piano en una casa frente Tribunales en la calle Chacabuco. En la esquina de ésta e Irigoyen había un bar. Concurría a clases tres veces por semana y me cobraba 10 pesos por cada una. Comencé con las dos manos haciendo la escala, y le entregué los 10 pesos…”Siga así que va bien…yo vuelvo enseguida”, me decía. Al segundo día…lo mismo: do re mi fa sol la si…me pedía los 10 pesos y un – siga así va muy bien…ya vuelvo. Así estuve tres semanas y cada clase a la que llegaba, lo primero que me decía era “¿me trajo alguito?” QUE PASABA?: Cuando me decía – va muy bien siga así…ya vuelvo se corría hasta a la esquina a tomarse un vino y regresaba a la hora. Y al retirarme de la clase me apuntaba… usted va a salir bueno”…

El también revisionista “historiador de vivencias santiagueñas” Pedro Rojas Cuozzo, sumó otro aporte importante.

Recordó que en 1964, cuando murieron en forma casi sucesiva Julio Sosa, Francisco Canaro, Juan de Dios Filiberto y otro exponente destacado de la música porteña que no recuerda con precisión, el “Morocho” compuso un tango con letra de Mariano Chajud - bonaerense pero santiagueño por adopción que reside en Santiago - titulado “Cuatro estrellas para el cielo”.

Mariano está muy enfermo y no es posible hablar con él. Pero su esposa, que hace de interlocutora de quien fue un notable verseador y payador entre los santiagueños, algo recordó de lo que él supo decirle. Por caso el de que la identificación de “Morocho” Martín era un nombre más artístico que el usar su verdadera identidad que “era tan larga”. Y apuntó ser un individuo de bajo perfil.

“El Morocho” Martin, sin duda se inscribe como un personaje de la música y el cancionero popular de los santiagueños, dejando una impronta que no puede escapar a la memoria. Pero dejó incógnitas no develadas y sepultadas por los años- esas que desvelan al murmurar comarcano – como el saber qué lo trajo a estos pagos habiendo cumplido un papel importante en la música de Buenos Aires y ser socio de SADAIC. Y si acaso es el mismo Simoni Alfaro de marras, por qué ocultó su verdadero nombre y trayectoria desarrollada en Buenos Aires- aparentemente aquí nadie lo supo y supuestamente él lo habría ocultado exprofeso- y por qué se fue un día sin saberse más nada de él cuando esta tierra lo cobijó como lo hace siempre con los foráneos que hacia ella vienen.Fuente: Patio Santiagueño

28/10/21

El petiso que puso en vilo a la sociedad santiagueña

 Por Roberto Vozza


El escritor y periodista santiagueño Julio Carreras, elaboró una nota recordando personajes y anécdotas de la vida santiagueña en la década del 60’, y se ocupa precisamente de aquel tiempo en las “supuestas” apariciones del llamado “Petiso Fantasma” que puso en vilo a la ciudad. Y dice…

Una noticia conmovió a toda la sociedad santiagueña: ¡por las noches, andaba apareciendo, sistemáticamente, un ser sobrenatural! Repentinamente, se acercaba a los pequeños grupos de colegialas, que regresaban de sus escuelas. Contaba la gente que con erudición, elegancia y respeto, se dirigía a las chicas, tras el sólo propósito de disfrutar con su compañía.

A modo de advertencia, sin embargo, comenzó a aparecerse también ante algunas autoridades. Curas párrocos, conductores de "mateos", comisarios... se lo encontraban de repente, mirándolos de un modo sombrío, antes de esfumarse en la oscuridad.

De distintas fuentes de información, todas confiables, llegaban nuevas noticias: ¡el Petiso había sido visto en Tala Pozo! ¡El Petiso, anoche, se les apareció a las chicas de la Escuela del Centenario! ¡El Petiso en el Profesorado de la Normal! ¡El petiso en la Sarmiento!...

A las chicas que iban a la escuela de mi tío Mariano se les apareció cierta noche y al día siguiente nuestra familia sólo hablaba de eso. Si bien de Enseñanza Primaria, al ser Nocturna, iban allí muchachas que por una u otra causa no habían podido hacer sus estudios en edad normal, durante la infancia. Presentaban entonces edades que iban entre los 13 y hasta veinte años, con un promedio de dieciséis. ¡Este era precisamente el target del Petiso!

Mi tío Mariano tenía una alumna a quien alojaba en su casa. Bella muchacha blanca, de cabellos oscuros cayendo en graciosa melenita alrededor de su cara ovalada, a la mañana siguiente nos contó asustada lo ocurrido.

"Salíamos con tres chicas compañeras de la escuela, como a las nueve y media", se estremecía, ante la asombrada rueda que componíamos mi abuela Corina, tía Teodora, mi hermanito Gustavo de seis años, yo de ocho, mi pequeña prima Carmen Graciela y detrás nuestras dos "muchachas", paradas.

"Queríamos comprar caramelos en el almacén, y cuando íbamos cruzando la placita, de repente... un hombre apareció en medio de nosotros"...

Ninguna de las cuatro lo había escuchado llegar (pese a que por entonces y especialmente de noche, nuestra ciudad era muy silenciosa, escasos motores turbaban su calma y apenas los cascos de uno que otro "mateo" resonaba alejándose por momentos).

"Se metió en el medio de nosotros", se estremecía Catalina, la joven protegida de mis tíos, la cual rondaría entonces los dieciocho años. "¡A mí y Dorita, nos ha tomado del brazo!"

Las chicas se asustaron tanto que perdieron el habla. Después de saludarlas, el Petiso siguió con ellas, diciéndoles galanterías, hasta el final de la plaza. Mas desapareció, apenas las jóvenes hubieron pisado la vereda del almacén.

Entonces gobernaba Santiago del Estero don Eduardo Miguel. Hombre campechano, elegante y alto, de cuidado bigote cano, gustaba trasladarse hasta la sede gubernamental -frente a la plaza San Martín- en "mateo". Declinaba de vez en cuando el auto oficial, para que la gente lo pudiera ver y saludarlos. En esos finales de los 50 no se reunían multitudes tensas al mezclarse las celebridades con el público: se las contemplaba con naturalidad. Don Eduardo Miguel solía atravesar por la mano derecha de la acequia Belgrano, saludando con la mano cada tanto a los transeúntes, en un "coche de plaza", las más o menos veinte cuadras que separaban su residencia del edificio gubernamental.

"Don Eduardo", le gritaba repentinamente algún ciudadano, al verlo venir: "¿cuándo lo van a agarrar al Petiso?"

"¡Para qué quieres que lo agarremos, m´hijo! ¡Si las trata a las chicas mejor que sus maridos!", bromeaba el gobernador.

La fama del petiso tuvo anécdotas graciosas o casi tragicómicas.

Se cuenta que cuando los Hermanos Simón lanzaron públicamente por la desaparecida LV11 Radio del Norte la chacarera dedicada a él, no faltó un ocurrente gracioso que llegó hasta la “botinería” de los itálicos hermanos Scapelatto, en 24 de septiembre y 9 de Julio, en diagonal con la sucursal del Banco Nación. Era un salón donde se lustraban los zapatos.

Los Scapelato tenían muy baja estatura y el gracioso les comentó con disimulada sorna que los Simón estaban interpretando la chacarera “El petiso fantasma” que fue compuesta en alusión a ellos.

Ahí nomás los tanos llegaron furiosos a la radio e increparon duramente a los componentes del conjunto que no pudieron hacerles entender que ese chacarera fue creada sin alusiones a ellos.

Fuente: Patio Santiagueño

10/9/21

Aquella “Bandita” del Argentino del 68

 Por Roberto Vozza

 

Fue el periodista Salustiano González, jefe de deportes del diario El Mundo de Buenos Aires, quien tuvo la excelsa visión de calificar al campeonato argentino de basquetbol como el “más argentino”. Ello aconteció en 1939 cuando la disputa del certamen en la ciudad de Bahia Blanca.

La frase en cuestión le puso al encuentro interprovincial deportivo un justo rótulo que habría de mantenerlo durante muchos años ante cada convocatoria.

González, gran propulsor del baloncesto, lo calificó así por “tener un carácter netamente nacional y ser un símbolo de argentinidad y mancomunidad nacional”. Y no estuvo equivocado porque graficó virtualmente lo que cada provincia aportaba en su presentación: autenticidad, esencia e identificación.

Con el tiempo, ello quedó patentizando. Y Santiago mostró lo suyo: el folklore. Según datos y testimonios que se han podido recoger, esa simbiosis de basquetbol con chacareras y zambas identificando la santiagueñidad tuvo estas expresiones preliminares.

En 1947 en Capital Federal. En el Luna Park donde se disputó el torneo, sonaba un bombo santiagueño ejecutado por Gabino “Chichí” Montiel, quien hasta se animó una noche a cruzar la cancha y lograr que el entonces presidente Juan Domingo Perón allí presente estampe su firma en el instrumento.

Durante los partidos que jugó Santiago su hinchada entonaba temas del cancionero folklórico argentino. Estaba de moda la zamba “Debajo de la morera”. El público porteño pedía entonces a los santiagueños que canten “Debajo de la parra” confundiendo el título original de la composición

Santiago fue eliminado en semifinales por Capital Federal. Cuando terminó el partido Julio Argentino Jerez con un bombo cantó “Añoranzas” al momento en que el plantel provinciano dejaba la cancha.

1949- La Rioja. En la perdidosa final contra Santa Fé, el público riojano estaba en contra de Santiago. La parcialidad santiagueña entonces alentó a su equipo entonando la Zamba de Vargas que irritó a los riojanos, temiendose por incidentes.

Córdoba 1954- En el plantel santiagueño, uno de sus integrantes, Dante “Zoco” Acosta fue ejecutante del bombo y cantor de temas del acervo folklórico santiagueño.

El ingreso de Santiago al campo de juego se hacía con el instrumento en manos del mismo jugador que está fotografiado así.

La madrugada de la despedida, sin clasificar para las rondas decisivas, “Zoco” animó al plantel para mitigar la tristeza.

Jugadores cantores. A partir de 1957, Carlos Ríos, Gustavo Chazarreta y Benjamín Arce, flamantes incorporaciones a la selección provincial, hicieron gala de sus dotes interpretativas como cantores y ejecutantes de guitarra y bombo. Ellos terminarían por marcar ese aspecto distintivo en los combinados santiagueños cuando en los desfiles inaugurales de los certámenes ingresaban con los instrumentos entonando zambas y chacareras.

“Anacananá”. Con este apelativo ganó popularidad en la hinchada santiagueña quien fue un carismático ferviente seguidor del combinado en los argentinos: “Joshela” Neder. El con su bombo animaba el juego de los santiagueños en cada partido. El mote de “anacananá” provino justamente de los compases de chacarera que le sacaba al instrumento a modo de graficación.

1968- Nace “La bandita”. A poco de disputarse en Santiago el Campeonato Argentino, y en un marco de enorme expectativa local, un grupo de integrantes de la Banda de Música de la Policía de la Provincia gestó la idea de acompañar al representativo provincial en sus presentaciones.

La “mini banda” ingresaba a la cancha de Estudiantes Unidos con un monograma de identificación y hacía sus interpretaciones a lo alto de la enorme tribuna del estadio. Ello no solo le confirió un particular color a los partidos preparatorios de nuestra selección, sino que animaba a los espectadores. La integraban Rey Felipe Corbalán con bajo (fallecido); Ramón Ciro García con trompeta (fallecido); Raúl Ignacio López con clarinete (fallecido); Sebastián Storniolo con saxo; Raúl Felipe Corbalán (hijo de Rey) con trompeta; Angelo Storniolo con trompeta; José Pallares con bombo (fallecido); Angel Fulco con trompeta; Tomás Carabajal con trombón y el maestro Natalio Leal Sequeira, segundo jefe de la Banda de Música, que ejecutaba el bombo leguero, también fallecido.

Su repertorio se componía de tradicionales temas folklóricos del acervo santiagueño, donde se destacaban con notoriedad la Zamba de Vargas, la chacarera “Añoranzas” y el chamamé “El toro”.

En medio de esas ejecuciones adosó a modo de aliento y con el acompañamiento en coro del público una marchita cuya letra decía…”suben las papas, suben los limones… y de Santiago salen los campeones”…También acompañaba el “ y ya lo ve, y ya lo ve… es Casimiro y su ballet”…

La “bandita” no solo que ponía tal original animación al espectáculo deportivo sino que sus interpretaciones iban en consonancia con el trámite del partido, siempre alentando a la divisa santiagueña.

En el estadio central donde se jugó el campeonato tuvo ubicación a lo alto de la tribuna principal montada sobre tubulares, que daba espaldas al Río Dulce.

Raúl Felipe Corbalán, ya retirado de su profesión de músico aportó todos estos datos con una evocación por momentos muy emotiva. Apuntó que su padre, Rey Corbalán, fue el promotor de la idea.

La fama de la agrupación y su significación su sumó al acompañamiento a otras expresiones deportivas de representativos santiagueños.

Cuenta precisamente que acompañó al club Sarmiento de La Banda en la disputa de un partido por el Regional de AFA en Catamarca que terminó en incidentes teniéndolo como protagonista. “Nos dispersaron con los bomberos”, recuerda.

Algo similar ocurrió con Central Córdoba en La Rioja.

“La bandita” fue durante su vigencia un mini emprendimiento toda vez que para solventar los viajes vendía plazas a los aficionados o simpatizantes, sea de basquetbol o futbol para viajar en el micro que contrataba a la empresa Anelli.

Su vigencia se extendió a varios certámenes posteriores al de aquel 1968, con lo que dejó la impronta de un memorable aporte que hoy grata y emotivamente evocamos

Fuente: Patio Santiagueño

23/1/16

Uturuncos tomaron la comisaria de Frias con armas de madera y se llevaron hasta un lechón asado

Por Roberto Vozza


Félix Francisco Serravalle, más conocido por un alias que cobró notoriedad en un tiempo romántico de su vida, el de “Comandante Puma” encabezo el 25 de diciembre de 1959 el primer conato guerrillero del pais junto con un grupo de bravos compañeros entre los que había algunos aun adolescentes cuando de madrugada coparon y tomaron por asalto la comisaría de la ciudad de Frías al grito de: ¡Ríndanse!, ¡la revolución ha triunfado!

A los policías que a esa hora estaban de guardia los encerraron en un calabozo, al igual que al jefe, que bajó en paños menores porque vivía en la planta alta de la dependencia. La operación consistió en llevarse armas, municiones y un chancho asado que habían dejado vecinos de la dependencia policial.

El grupo había llegado en un camión del que se apoderó en dependencias de la entonces Obras Sanitarias de la Nación, en sus predios de Avda. Roca y Patagonia. Y tras el copamiento y toma de la dependencia policial friense, en ese mismo vehículo se trasladó hacia los montes tucumanos donde vivenció una de las más apasionantes historias de su vida que los marcaría para siempre por el nombre que habían elegido para la aventura: “los Uturuncos”, que en la lengua regional quichua quiere decir tigre.

Resultó esta en consecuencia, la última patriada de lo que hasta ese entonces se conoció como la “Resistencia Peronista”; o acaso el primero de una larga serie de hechos que luego desembocaron siendo parte de la guerrilla marxista que asoló el país.

La comisaría fue tomada con armas de madera pintadas de negro con betún que fabricó el padre de Serravalle, que era carpintero; y los uniformes que vestían confeccionados por las “Tías”, nobles y aguerridas mujeres peronistas que, con Melitona Ledesma a la cabeza, contribuyeron con la empresa poniendo en riesgo su integridad física y hasta sus vidas. El objetivo de la revuelta sería el primer movimiento, el grito primigenio luego del cual se levantaría parte del Ejército en todo el país a fin de sentar las bases para el regreso del derrocado y exiliado ex presidente Juan Domingo Perón.

CONMOCIÓN EN SANTIAGO

El grupo comandado por Serravalle se conformó con cinco muchachos jovencitos - algunos no habían cumplido 17 años - hijos de familias conocidas de Santiago quienes la noche del 24 de diciembre, extrañamente para el entorno íntimo, estuvieron ausentes de la tradicional mesa de celebración navideña. Conocido el episodio de Frias, padres, hermanos y familiares, comenzaron una angustiosa movilización para que emprendieran el retorno a sus domicilios. Gobernaba la provincia entonces don Eduardo Miguel, y los micrófonos de la emisora LV 11 fue vehículo de conmovedores llamados y mensajes de convocatoria.

La aventura terminó pocos días después cuando los noveles guerrilleros se entregaron a las autoridades luego de deambular por las sierras tucumanas cercanas a Cochuna. Otros siguieron, como Serravalle, que estuvo prófugo hasta el 14 de marzo de 1960, un día después de entrar en vigencia el plan de Conmoción Interna del Estado (Conintes) implementado por el presidente Arturo Frondizi que, entre otras medidas, restringía la vigencia de los derechos y garantías constitucionales y la militarización de la población.

Serravalle había trabajado varios años como maestro de taller en una escuela Industrial de la provincia del Chaco. Regresó a la ciudad de La Banda, de la que era oriundo, e ingresó también como maestro de taller, a la Escuela Industrial de la Nación de la capital. Al poco tiempo renunció para adquirir maquinarias con las que se dedicó a la actividad privada, con un torno mecánico adquirido mediante un crédito del Banco Industrial, instaló su taller.

Luego de una larga detención en la que pasó por varios penales de la Argentina, ya libre, fue entrevistado por Ernesto “Che” Guevara, antes de seguir a Bolivia, en un encuentro que tuvo lugar en la ciudad de Santiago del Estero por los años 60’.

Su vida luego fue vivir aferrado a su familia. De porte distinguido, caminaba siempre erguido y con paso militar y no tenía reparos en contar su historia, una y otra vez, esbozando siempre una sonrisa de niño que no lo abandonó jamás.

Felix Francisco Serravalle falleció el 14 de febrero del 2003 en la ciudad de La Banda
En cuanto a los jóvenes guerrilleros que conformaron aquel grupo de asalto, dos de ellos ya fallecieron. Publicado en FBK por Patio Santiagueño

4/12/14

Cuando Santiago solo hablaba de basquet

Por Roberto Vozza


Durante una semana, Santiago del Estero fue básquetbol a la mañana, básquetbol a la tarde y básquetbol a la noche. ElCampeonato Argea, ntino de 1968 significó la fiesta popular más grande del Siglo 20 vivida allí. Nunca un acontecimiento tuvo tanto calor popular en la “Madre de Ciudades” como el que provocó esa conquista. Emoción. Pasión. Compromiso. Todos se asociaron al evento que convocó a miles de argentinos. Lo mejor del básquetbol nacional estuvo en ese marzo de 1968, desde el viernes 8 al sábado 16.

Terminó como debía: el cuarto título argentino para Santiago del Estero, festejo y un final anhelado por miles de santiagueños que, durante una semana, vivieron, respiraron y sufrieron de básquetbol como tal vez nunca soñaron.

Todo terminó como muchos querían. Porque armar un operativo con más de seis meses de antelación sólo puede hacerlo gente que estaba confiada en que se podía alcanzar, por lo menos, el éxito organizativo porque lo deportivo era más complicado: en esa época había varios candidatos para ganar en cualquier parte.

En realidad, lo único que había en Santiago del Estero era jugadores y tres estadios para subsedes. Después, nada. O casi nada. Pocos hoteles, ausencia de estadio central, un cuerpo técnico inconsistente para semejante empresa. En definitiva, había que hacer todo para aspirar al éxito. Para colmo, el gobierno no confió en la dirigencia del básquetbol local para organizar el torneo. Se eligió entonces a dirigentes de prestigio del fútbol para integrar la Federación Santiagueña de Básquetbol como el doctor Juan Rafael en la presidencia, el doctor Antonio Robin Zaiek, el arquitecto Néstor Cáceres y los señores Alberto Mdalel, Amado Tomás Chamorro y Nicolás Argañaraz.

Valiente decisión. La primera y valiente decisión fue elegir como director técnico a don Casimiro José González Trilla. La otra resolución fue levantar un estadio central, en una margen del río Dulce, debajo de la avenida Costanera, entre avenida Rivadavia y calle Salta.

González Trilla se puso a trabajar con la seriedad que lo distinguía. La parte deportiva estaba cubierta, pero la organizativa debía enfrentar muchos inconvenientes. A la falta de alojamiento confortable para los participantes se la suplió con la habilitación de una “villa olímpica” en La Dársena. Se limpió el sector de habitaciones y se amuebló. Se habilitó un comedor.

El plantel se concentró en el club Sirio Libanés de La Banda y se eligió la cancha del Regimiento 18 para entrenar. “Paco” Barrientos, Luis Chipolina, Ricardo Gerez y Alberto Paradelo colaboraron con don Casimiro. Desde que comenzó la preparación jugó 14 partidos y 8 durante el torneo. Permaneció invicto. Fue un equipo hecho para ganar.

Muy cerca del comienzo del torneo, unas inundaciones amenazaron la estructura de las tribunas del estadio central. Finalmente, todo salió bien y quedó en condiciones para inaugurar el 8 de marzo este 35º Campeonato Argentino de Básquetbol “Torneo de la Hermandad”, como se lo denominó.
Los elegidos. Don Casimiro sabía dónde estaba parado y nada podía sorprenderlo. Había adelantado que, por la baja estatura del plantel, realizaría un juego veloz con defensas agresivas, especialmente en la media cancha. Por eso, cuando se complicaba el juego, salía el “Negro” Flores a la pista por el “Amo” Tulli, que marcaba menos y era más lento para el traslado.

De todos modos, ya conocía a casi todos los que iban a integrar el equipo. Es que sólo había un debutante: Ramón Jorge. Los otros, todos, ya habían jugado aunque sea una vez en los Argentinos, como Fernando Najarro, Esteban Demasi y Roberto Carrera. Los más consagrados ya tenían varios campeonatos encima. Alfredo Tulli y Carlos “Inqui” Ríos debutaron en los Argentinos en 1957 (Bahía Blanca), Gustavo Chazarreta, hijo, en 1958 (Santa Fe), Benjamín Arce en 1959 (Neuquén), José Flores en 1962 (Posadas), José “Quebracho” Torres en 1963 (Mendoza), Roberto Villalba en 1964 (Salta) y Horacio Goytía en 1965 (San Juan).

Había capacidad en el plantel. Sólo se necesitaba armonizarlo y encontrarle la química que le permitiera amalgamar la experiencia con la juventud, porque la mentalidad ganadora estaba instalada en los jugadores.

¡Qué nenes! Enfrente había mucha calidad y experiencia. Buenos Aires, el cuco del momento, echaba miedo con “Beto” Cabrera, “Lito” Fruet y “Polo” De Lizaso, y venía de ganar las dos últimas ediciones. Capital Federal mostraba a “Puchi” Mariani, al “Loco” Ibáñez, Dante Masolini y al “Nene” Delguy. Santa Fe oponía al “Húngaro” Crespi, Ricardo Giunta, al “Alemán” von der Thusen, Alfredo Monachesi y Carlos Candussi.Córdoba se fortalecía con Marcelo Farías, Samuel Oliva, el “Tony” Tozzi, Juan Guzmán y el “Zurdo López.Entre Ríos alistaba a Luis Zoff, Mario Cipriani y al “Muñeco” Mencía. Chaco tenía a Carlos Lutringer, Jorge Mac Donald, Oscar Valussi y Osvaldo Carlen.

Pero los ojos estaban puestos en Santiago del Estero y Provincia Buenos Aires. Santiago tenía equipo, pero ‘no mojaba’ desde 1962. El título se le escapó en Salta, San Juan y Jujuy, habiéndose clasificado finalista en 1964 y 1965. La oportunidad era ésta. No había otra.

Así fue. Noche a noche y emoción tras emoción. El equipo respondía con juego y temple al clamor popularde un público embriagado de triunfos. Se sucedieron ocho jornadas victoriosas. En la zona “B” de la rueda preliminar: 91-81 a Corrientes (sábado 9), 120-48 a Río Negro (domingo 10), 51-49 a Provincia de Buenos Aires (lunes 11) y 85-78 a Formosa (martes 12). En la zona “B” de la rueda de clasificación: 73-64 a Tucumán (miércoles 13), 59-54 a Santa Fe (jueves 14) y 79-63 a Capital Federal (viernes 15). En la final: 76-75 a Provincia de Buenos Aires en tiempo suplementario (sábado 16).

Después de los partidos venía la cena y la sobremesa hasta la madrugada. En la peña de la Costanera, en El Gaucho o en el Centro de Viajantes. Al otro día, a trabajar y esperar la hora de ir a la cancha otra vez. Pero, ¿de qué se hablaba? De básquetbol. Todo básquetbol. Un título de Piri García en “El Gráfico” resultó bien demostrativo: “En Santiago hace más básquet que calor…”
El día de la final fue realmente increíble. Digno de una película. A las dos y media de la tarde la gente tomó por asalto el estadio con su boleto en la mano. Repárese que la final estaba prevista para comenzar a las doce de la noche…

El doble de “Dupla” Carrera, decisivo para ganar, quedó en la historia, como la conquista de los “Peloduros” del fútbol de 1928, como la avivada de Ernesto Palazzi en la final de Posadas 1962 contra los cordobeses, o como las hazañas del mítico “Chafa” Lledó a través de la historia.
Cuando volvíamos a la Redacción después del partido, una suave llovizna caía sobre Santiago, mientras la gente paseaba por el centro de la ciudad avisándole a todo el país que otro campeón había nacido en estas tierras. Esta vivencia se publicó en “El Gráfico”: “Cuando nosotros ya estemos otra vez en lo nuestro, lejos de esta provincia que nos confundió como nacidos en su tierra, seguiremos hablando de todo esto… Porque es interminable”. Fuente: FBK Patio Santiagueño

Foto: Gonzalez Trilla da indicaciones,  escuhan el "Dupla" Carrera, Tulli, "Benja" Arce, "Chiquito" Villalba y "Quebracho" Torres.