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12/8/21

Presencia del quichua en los gentilicios

Por la Dra. Hebe Luz Ávila


Mucho se ha dicho y escrito acerca de la influencia del quichua en el habla del santiagueño. Los vocablos que constituyen préstamos de la lengua quechua en el habla del santiagueño aparecen recogidos en algunos estudios breves y especialmente compendiados por Elvio Ávila (1991). Recordemos solamente los que, propuestos por Ávila, se incorporaron al diccionario de la RAE: antarca, canchero, payana, patay, pupo, yapa, quincho, tincazo.

En mi SANTIAGO DEL ESTERO: IDENTIDAD Y HABLA (UNT, 2004 y 2º edic. 2008) determino que, en el habla del santiagueño, la influencia del quichua, más que en el léxico y la sintaxis, será en los mecanismos discursivos, más que gramatical será de actitud, la que se revela en la expresión de la afectividad y la cortesía, la no aserción, la modestia, y todo ello por la gran importancia que se le da a la presencia del otro.

Pero vayamos a nuestro Diccionario de Gentilicios Santiagueños. Ya establecimos que los gentilicios se forman a partir del topónimo (nombre de un lugar): REMEÑO, LLAJTAMAUCANO, LAVALLENSE, TINAJERO. Por otra parte, resulta indiscutible el mecanismo de supervivencia de cualquier lengua a través de la toponimia. Y así es como descubrimos una gran cantidad de topónimos tomados de la lengua quechua, y que forman parte de su variedad dialéctica que llamamos quichua santiagueño.

En una etapa previa a la recolección de gentilicios debimos reunir los topónimos de nuestra provincia, y registramos alrededor de 1.800, de los cuales calculamos que cerca de un 30% tienen alguna influencia quichua. Sin embargo, la mayoría de los puramente quichuas no forman gentilicios. Antes de enumerarlos, debemos señalar que en la escritura muchos están castellanizados y que, incluso, suelen aparecer con variaciones en su grafía. Es el caso de Alpa Puca (lugar para extraer tierra), en Dpto. Río Hondo; Yacasníoj (que tiene yacas, es decir: depósitos de agua en los troncos de los árboles), en Dpto. Avellaneda; Yacu Cachi (Agua de la sal o salitral), en Dpto Atamisqui; Chéej (nombre de una planta), en el Dpto. San Martín, Jume Raicuna (Dpto Río Hondo), y tantos más. Entre las razones por las que no derivaron gentilicios está a la vista la dificultad fónica para hacerlo, como es también el caso de Donadeu, Tomas Young, Agustina Libarona. Pero hay una causa lingüística de más peso, como es el hecho de que la lengua quechua no tiene gentilicios. Son más prácticos y agregan ?manta, que significa procedencia (de o desde): Loretomanta = de Loreto. Así la chacarera: nocka salavinamanta / donde llaman El Troncal / Alabanza chacarera / te quiero cantar?. No se trata exactamente de un gentilicio, pero funciona de manera similar. Tanto es así, que preguntando por el gentilicio de Páaj Muyo (quebracho redondo, o redondel del quebracho), en el Dpto. Avellaneda, me dijeron que muchos usan pajmuyomanta, pero que en realidad es PAJMUYERO.

La presencia del quichua en los topónimos es muy clara y abundante. El problema es que, como en este caso se trata de un Diccionario de Gentilicios y no de topónimos, aquellos que no deriven gentilicios no entrarán en el Diccionario, por más importancia que tenga el lugar. Por otro lado, los topónimos puramente quichuas, al derivar gentilicios ya se hacen híbridos, pues agregan un sufijo castellano, por lo que no hay gentilicios ciento por ciento quichuas.

Así, hemos intentado determinar una cierta graduación en cuanto a su pureza lingüística:

- Los derivados de topónimos puramente quichuas:

. CASPICUCHUNERO / CUCHUNERO (de Caspi Cuchuna: lugar donde se corta la madera), donde vivió Mateo Boix, en el Dpto. Silípica.

. CHAGUARPUNQUEÑO (de Chaguar Punco: puerta de chaguar), en el Dpto. Robles.

. HUACHANERO (de Huachana: lugar donde se da a luz), en el Dpto. Alberdi.

- Derivados de topónimos hibridados quichua-castellano:

. CARANCHIPOCERO (de Caranchi Pozo: pozo del carancho), en Dpto. Avellaneda.

. PUÑUNERO (de La Puñuna: lugar donde se duerme), en el Dpto. Capital.

- Derivados de topónimos castellanos pero con sintaxis quichua:

. LOROPOCEÑO (de Loro Pozo: pozo del loro), en el Dpto. Jiménez.

. PUENTEÑO (de Puente Bajada: bajada del puente), en el Dpto. Ibarra.

. PUNTACORRALERO (de Punta Corral: corral de la punta), en Dpto. Avellaneda.

- Seudogentilicios en castellano con fonemas o sufijos quichuizados:

. COSHTERO: el que vive entre el río Utis y el Dulce, en el Dpto. Quebracho.

. SHALACO: cercano al río Salado. ?Soy shalaco porque el río me regaló su apellido/ era bueno estando seco y era bien malo crecido?, dice una chacarera de Lázaro Moreno, payador de Herrera, según el aporte de David Maiten Brandán, un amigo virtual.

. CAMPUSHCO: el que vive en el campo, en el interior del Dpto. Quebrachos.

Presencia de elementos naturales del paisaje con nombre quichua

Un detalle que agrega fuerte color local, bien descriptivo de nuestro paisaje, es la presencia de nombres de árboles característicos, especialmente el algarrobo, nombrado taco en los topónimos y, por ende, en el gentilicio. Con solo leer un listado de topónimos de nuestra provincia, ya entendemos que se trata de un lugar con fuerte presencia de algarrobos: seis localidades hemos registrado con el topónimo Taco Pozo y los gentilicios TACOPOCERO en Avellaneda y TACOPOCEÑO en Quebrachos, Copo, Pellegrini, Salavina y Sarmiento. Igualmente, aunque en menos cantidad, encontramos tala, ese árbol de hermoso follaje, que aparece en Tala Pozo, repetido en cuatro departamentos, con los gentilicios TALAPOCERO en Avellaneda y TALAPOCEÑO en Alberdi, Robles y Río Hondo. El chañar, tan valioso por sus frutos, aparece en Chañar (CHAÑARERO), en Dpto. Figueroa y en una decena de Chañar Pozo (CHAÑARPOCEÑO), en Dptos. Figueroa, Copo, Río Hondo, Pellegrini, Avellaneda, Alberdi, Choya; (CHAÑARPOCERO), en Dpto. Salavina. Igualmente chilca, arbusto que se usa en la construcción de techos de viviendas, en Chilca (CHILQUEÑO) y Chilquita (CHILQUITEÑO), ambos en Dpto. Robles, así como Chilca Juliana (CHILQUEÑO), en Dpto. Salavina.

Como curiosidad, destaquemos que la presencia de arena o arenales en el paisaje se señala en castellano y en quichua (aunque castellanizado en la escritura): tio. Así, registramos El Arenal (ARENALEÑO), en Dpto. Jiménez, Tio Alto (TIOALTERO), en Dpto. Avellaneda, Tio Pozo (TIOPOCERO), en Dpto. Loreto.

Propuestas

Si la presencia de la lengua quechua es considerada valiosa en la cultura y la identidad de nuestra provincia, donde hasta adquiere nombre propio de quichua santiagueño, y hoy se magnifica al ser la única provincia argentina donde aún se lo habla, debemos tomar medidas para su mantenimiento. Desde hace algunos años, vengo presentando esta cuestión en Congresos de Lingüística (donde también se trata la presencia del guaraní), que transcribo en esta nota:

“resulta claro que las políticas acerca de las lenguas indígenas en nuestro país han sido erráticas y, muchas veces, discriminatorias. Y de aquí en más” ¿Qué hacemos con nuestras lenguas vernáculas?

De mi observación de la realidad y extensos estudios sobre el tema, acerco mis propuestas:

1) Antes de tomar fundadamente una decisión, deberá realizarse con seriedad un censo o recuento de hablantes nativos de estas lenguas.

2) Promocionar su estudio en los Institutos de Lingüística. Deben formar parte ? por lo menos en un curso básico ? de la formación de lingüistas en las regiones donde quedó su influencia, como ocurre con los estudios de Latín y Griego para una formación completa en castellano.

3) Promover desde las instituciones de estudios superiores, proyectos de investigación para descubrir cómo subyace la cultura y la cosmovisión propias de estas lenguas y sobre todo su integración en el habla regional y muy especialmente en la toponimia.

4) Integrar en los programas escolares, desde el Nivel Inicial, adivinanzas, coplas, canciones, relatos en lenguas vernáculas, de la misma manera en que se las aprende en inglés, francés, etc. (Al respecto, siempre recomiendo calurosamente como Bibliografía principal SISA PALLANA. ANTOLOGIA DE TEXTOS QUICHUAS SANTIAGUEÑOS, de Tebes-Karlovich, en F.Editorial: EUDEBA)

5) Procurar traducciones de obras importantes así como El Quijote ya traducido al quechua en el Perú, y el Martín Fierro en nuestra provincia  como una forma de probar que son lenguas que sirven para expresar las más elevadas creaciones humanas.

6) En las nuevas localidades, barrios, plazas, parques, estadios, diques, puentes, etc. que se inauguren, promover nombres tomados de nuestro quichua. Fuente: El Liberal


1/11/15

Para qué sirven los gentilicios

Por la Dra. Hebe Luz Ávila



He descubierto que la palabra GENTILICIO no es muy conocida. Mucha gente aun la culta- me mira un poco confundida cuando la nombro. Algunos no se animan a preguntar qué significa, por lo que muy temprano aprendí a decir: "Los gentilicios, es decir los que indican lugar de origen, como bandeño, loretano, friense, mailinero" (Mostrando los diferentes sufijos).

E inmediatamente, amplío: "Derivan de los topónimos, o sea de los nombres de lugares". No es obligación conocer un término tan poco usado. Hace unos días, el hermano de Mirtha Legrand, en el almuerzo dominguero para la tv, contó que alguien le preguntó por el "patronímico" de Villa Cañás. Confundió gentilicio por patronímico, que es el apellido derivado del nombre del padre, algo que surge en la Edad Media española, cuando al hijo de Laín Calvo (quien posiblemente fuera un señor pelado), se lo nomina Diego Laínez, agregando -ez al nombre del padre. Luego pasará lo mismo con el hijo de Diego Laínez, quien va a ser Rodrigo Díaz (esta vez el patronímíco se forma con el sufijo az), el que fuera el gran Cid Campeador. Las hijas de éste, Elvira y Sol, llevarán por lo tanto el apellido Rodríguez (Rodrigo + ez). Y así, hasta que los apellidos se van fijando. Pero ésa es otra cuestión aunque siempre relacionada con la identidad. Quienes deciden la forma del gentilicio Cuando el hermano de Mirtha Legrand descubrió que Villa Cañás no tenía gentilicio y le explicaron que podía ser CAÑASINO, CAÑASENSE, o CAÑASEÑO, él eligió este último, porque llevaba dos eñes, y esa letra a él le gusta especialmente. No sabemos si el término fue aceptado y si los pobladores del lugar hoy se reconocen CAÑASEÑOS. Pero ¿quién debe determinar qué gentilicio corresponde a cada lugar? La respuesta es "el pueblo, la gente del lugar, sus pobladores".

Pero para ello, generalmente suele haber un dirigente, gobernante, docente, o reconocida personalidad de la cultura que lo sugiera o lo comience a usar. Cuando quise corroborar que QUIMILENSE era el gentilicio usado por la gente de Quimilí, un amigo virtual me comentó que en realidad él nunca lo había oído antes, pero que hace unos años hubo una reunión amplia de docentes y escritores de esta ciudad, y que la señora que lo organizaba, directora de escuela, le había puesto como nombre ENCUENTRO DE ESCRITORES QUIMILENSES. Y no sabía si fue ella la que había inventado el gentilicio. "E impuesto desde ese momento", podemos agregar.

Como dato ilustrativo, señalemos que cuando conversé con gente de Nueva Francia y ellos mismos advirtieron que no tienen gentilicio, se preocuparon. Posiblemente se sintieron disminuidos por la carencia recién descubierta, y me consultaron cómo podía ser, ante la notoria dificultad de derivar el topónimo Nueva Francia. Conversamos con ellos y me recordaron que el fundador del pueblo, un francés de apellido Vignaux, tuvo el sueño de crear una Francia nueva en el lugar.

Les dije entonces que el gentilicio debería ser, entonces, NEOFRANCÉS, pero inmediatamente me di cuenta de que no suena a una creación popular, y que quizás los actuales pobladores no se sientan identificados con aquella primera visión del fundador. Ya encontrarán, posiblemente, la forma adecuada. La necesidad del gentilicio surge cuando hace falta diferenciar a los de una localidad de los de otra. Merce Acosta, una amiga del Dpto. Mitre, y que trabaja en un tambo, me cuenta: "En Fuerte Esperanza nací y me crié yo, ése es el campo que fue de mi abuelo". Cuando le pregunto por el gentilicio de su pago, responde que no tiene. "A mi abuelo le decían el señor del fuerte nomas". Y luego, en la extensa conversación en la que la voy guiando a que aporte gentilicios, señala: "De la Media Luna son MEDIALUNEROS, y de La Estelita, los ESTELEROS. Eso decía la gente cuando había fiesta: "ya están llegando los ESTELEROS y los MEDIALUNEROS".

Una forma de diferenciarlos, de identificarlos. Y suele ser cualquier vecino advertido, y ocurrente, el que en algún momento crea el gentilicio de manera natural, a veces sin proponérselo, solo respondiendo a una necesidad. Otras veces son los que viven en los otros pueblos “y tienen su gentilicio propio” los que, ante la ocasión de distinguir a la gente de un lugar, derivan el gentilicio del mismo. Luego, si los pobladores de ese lugar lo usan para identificarse, ya queda impuesto el gentilicio. Por eso siempre explico: "No hay reglas de buen uso en el gentilicio. Lo correcto es lo que dice la gente, la dueña del gentilicio. Y ellos se vigorizan como comunidad, aferrados a ese gentilicio como si fuera una bandera de identidad." Justamente, en esta tarea de registrar gentilicios por todo el territorio provincial, observé que numerosas localidades no solo tienen gentilicio, sino también bandera propia, como es el caso de Pinto (que también tiene escudo), La Banda, Frías, Los Telares, Sumampa, y hace poco alguien mostró en Facebook el proyecto de bandera para Termas de Río Hondo. Igualmente, Tintina tiene un hermoso y significativo escudo.

A partir de estos importantes descubrimientos, diseñé un álbum en mi muro con estos símbolos localistas y el comentario: "El gentilicio es una bandera sin la tela. Y se la lleva adentro, para nombrar con orgullo". También el gentilicio equivale a una camiseta de fútbol, sobre todo en estos últimos tiempos, en que innumerables personas se definen "hinchas de" como un rasgo central de lo que son, al punto de colocar en su muro, al lado de su nombre, los colores del cuadro futbolero al que se adscriben apasionadamente. Y que, como señalamos en nota anterior, casi todas las localidades y parajes tienen su equipo de fútbol, que muchas veces no cuentan con camiseta ni colores propios, sino que se identifican por el gentilicio. Hay parajes muy pequeños, con pocos habitantes, que no alcanzan a crear identidad. A propósito de esto, un amigo que trataba de aportar datos para este proyecto, apuntó: "Hay un lugar precioso, entre la Isla Mota y La Guanaca; es La Felicidad, son poquitos habitantes, no tienen gentilicio, porque tampoco tienen equipo de fútbol". Todos estos signos o símbolos refuerzan las identidades locales, les dan mayor relieve, mayor orgullo de pertenecer y, por lo tanto, mayor compromiso e identificación de los pobladores con su localidad. Más de 600 gentilicios santiagueños hemos recogido hasta la fecha, con lo que nuestro Diccionario de Gentilicios Santiagueños más que duplica a los Diccionario publicados en otras provincias. Sin embargo, la búsqueda continúa casi con obstinación, para que ningún lugar - por más parajecito perdido que sea- quede sin figurar, siempre que tenga gente enamorada de él, atada a sus raíces, identificada con su gentilicio a modo de bandera. Fuente: El Liberal