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6/12/15

Elpidio el de la sachaguitarra

Por Jorge Daniel González


Con la brisa calurosa propia de los albores santiagueños y el espejo sin nubes del cielo sobre el dorado camino agreste, el paisaje atamisqueño relata en nombre de sus pueblerinos, su rica historia de digna pobreza y riqueza en las manos y en el alma. Allí, a tres cuadras de la humilde terminal de ómnibus donde a la siesta descansa hasta el sonido ambiental, habitauno de los hombres que le dio a esta parte de Santiago del Estero un respeto y reconocimiento inigualables: es el luthier, músico y docente Elpidio Herrera, el creador de la guitarra del monte, el que enseñó a sus jóvenes de Atamisqui, el camino del progreso y que adoptando y transmitiendo los recursos de la vida heredada, los brazos trabajadores serán incansables hasta cumplir los sueños propios.

El origen de la Sachaguitarra

Una mujer, orgullosa por tener representantes atamisqueños en la música, se arrima a mi madre y le entrega un porongo, la calabaza del mate, pero en grande y con una sugerencia: ‘Esto es para Elpidio, como él es muy travieso, seguro será capaz de armar una guitarra’, y sin querer, esta señora le estaba dando la caja de resonancia a la futura Sacha-Guitarra”, relata, emocionado, Elpidio Herrera.

Don Sixto Palavecino recomendó que la nueva guitarra no se llame Caspi-guitarra (Caspi=madera, palo en voz quichua) sino Sacha-guitarra (Sacha=monte) para homenajear a toda la gente del monte. “La perfección del instrumento llegó a través de una serie de inquietudes, pero reconociendo que me facilitó su construcción, los logros y los conocimientos en formación técnica y haber hecho docencia en mi pueblo”, dice Herrera.

Es aquí cuando todo el aprendizaje de sus años de niño se cristaliza: colaborador en el taller de orfebrería de su padre, aprendió que todo esfuerzo tiene sus frutos: “Usé las matemáticas para la división de los trastes de la guitarra y no sólo eso, sino calculé el largo del mástil donde va calado el diapasón, más las distancias del primer puente hasta el segundo donde se sostendrán las cuerdas. Hay que entender que yo consigo el fruto, pero dependo del tamaño de su naturaleza. Luego llego hasta cerca del puente donde la tensión es mayor, las vibraciones más cortas más el aire cerrado en la caja. Al terminarla, mi idea no era rasguearla sino buscar otra forma de ejecución y entonces llego al arco. Primero saqué sonido golpeando con una cuchara, raspando con las cerdas de un pincel, pero parecía un gato pisao, hasta que lo logro con un arquito largo como una birome, con doble cerda, llevándola al interior de la caja”, describe.

Cuando se le pregunta sobre su niñez, Elpidio parece un niño mientras habla de esos años. Su primer instrumento fue una armónica que le regaló su madre a los seis años y que tres años después aprendió sus primeras notas en la guitarra. El horizonte de su terruño tiene la mística de la nostalgia porque allí tenía su rancho el padre, aquel hombre que cuando no guitarreaba trabajaba en su taller de orfebrería y platería. Allí estaba el niño Elpidio ayudando con herramientas o simplemente mirando las raíces de un oficio, desconociendo de payanas y bolitas y adoptando conocimientos que iban a marcar el destino de su vida. Cuenta: “Me crié en un ambiente de musiqueros, rodeado de mi padre guitarrero. Uno de mis tíos tocaba el violín y otro el mandolín. Ésta era la única forma de escuchar música ya que en esos años escaseaban las radios folklóricas. Además, pocos tenían vitrolas”, dice Elpidio.

Musiquero en las sombras

Hasta terminar la primaria, yo era un musiquero con guitarra y armónica -sostenida con un hilo para que pudiera hacer las dos cosas- pero me daba vergüenza tocar; por ejemplo, en mi familia me exhibían como una cosa rara cuando había visitas y me obligaban a cantar. Al negarme, la paliza estaba asegurada. Recuerdo que en los actos de escuela siempre estaba para tocar; fueron años que jamás olvido. Pero al terminar esta etapa estudiantil, las cosas cambiaron", recuerda este hombre nacido en la Navidad de 1947.

Un inspector de escuela llamado Mariano Moreno le propuso al joven Elpidio comenzar sus estudios secundarios en la escuela Técnica de La Banda. Con los años su profesión de técnico mecánico le plantó la semilla del crecimiento: su deseo era estudiar ingeniería. Viajó a Buenos Aires, pero el trabajo le dio vuelta la cara. “Fui con todas las ilusiones de ser ingeniero, pero fracasé porque no conseguía trabajo estable. Eran épocas difíciles." Entonces hizo esto: volvió a Santiago del Estero.
El regreso fue otra buena jugaba en su vida. Un cura alemán le contó que en Atamisqui había muchas cosas por hacer y le propuso fundar una escuela secundaria, en la cual el Elpidio ya adolescente iba a enseñar matemáticas y química. Por esos años su hermano formó el grupo Los Coyuyos Atamisqueños. Con ellos cantó en LV11, la radio más importante de la provincia. Su única experiencia musical había sido un grupo de cumbia llamado Los novios con dos guitarras, una guacharaca casera y una suerte de timbaleta con sonido a bombo legüero. Tras debutar en el famoso "Alero Quichua Santiagueño" de Don Sixto Palavecino y Felipe Corpos, los sentimientos de Elpidio adoptaron un compromiso por Los Coyuyos y quería cambiar parte del estilo. “Se me ocurrió aportar, basado en los relatos de nuestros viejos, la Caspi-Guitarra, guitarra de palo, la que ellos encordaban -porque no había cómo comprar una. A mi Caspi la encordé con todas las cuerdas metálicas y la presenté en el conjunto, una especie de guitarra eléctrica sin enchufar”, narra.

El sachamuseo

La popularidad de las creaciones del luthier admirada por los argentinos en muchas provincias del país y expuestas en países europeos como Alemania, permitieron crear en julio de 2007, con el apoyo del estado santiagueño, el Museo de la Sacha guitarra -ubicada en la entrada de la casa de Elpidio Herrera en Villa Atamisqui-, un espacio que no sólo exhibe sus invenciones musicales como la Sachita, la x-10, el garrote, la Caspi o la Sacha, sino también brinda un espacio a lo artesanal y cultural de los santiagueños. Elpidio Herrera guarda en su persona el latir de lo montaraz y lo nativo. Es raíz que crece bajo el cielo despejado y en lo cotidiano pinta con sus ojos la humildad propia de su tierra. Por eso se lo reconoce como una figura en la cultura argentina, hijo de la tierra agreste en la que nació el instrumento que trasciende su nombre.
Fuente: Patio Santiagueño

26/11/08

El Keith Richards de Villa Atamisqui


UN ENCUENTRO CON EL GRAN ELPIDIO HERRERA ATAMISQUI

Por K. M. Desde Villa Atamisqui

Elpidio Herrera es el personaje más popular de este pueblo de cuatro mil habitantes, 116 kilómetros al sur de la capital de Santiago del Estero, que no se parece a ningún otro. Como en todo pueblo chico, los infiernos son grandes, y no sólo por posibles encontronazos de vecinos: ésta es una de las únicas dos localidades cuyo gobierno local debió ser intervenido, junto con el provincial, tras la caída de Juárez. Pero esta tarde, los atamisqueños han decidido cruzar cualquier posible infierno o purgatorio para reunirse en un patio: el del vecino ilustre Elpidio Herrera, creador de la sachaguitarra, ese a quien León Gieco definió como “el Keith Richards de Atamisqui”.

La excusa del encuentro es el cumpleaños de las Shaguitarras Atamisqueñas. “Felicidades, Elpidio Herrera creador y poeta atamisqueño, en sus 35 años”, dice el pasacalle que cruza el patio de tierra. ¿Y por qué se festeja hoy el aniversario? “¡Pues porque se nos antoja! ¿Qué te has creído, pué!”, dice Elpidio Herrera, y lanza una carcajada. No tiene tiempo para detalles: está ocupado coordinando que todo esté a punto: el horno de barro donde se harán las empanadas, las ollas gigantes donde ya empieza a gestarse el locro, los elásticos de cama que se transformarán en parrilla, los pedidos de Felipe, el nieto que lo tiene embobado... Y también la pantalla gigante donde esta noche se proyectará Sachaguitarra, el sonido del monte, el documental que lo tiene como protagonista.

La actividad forma parte del programa Recuperación y afianzamiento de nuestros valores, que implementó la Jefatura de Gabinete provincial. Una serie de documentales rescata hitos culturales de la provincia, y luego se proyectan en los lugares donde fueron gestados: Quichua en el camino real, Bombos, el latir de la tierra, Mailín, camino de sacrificio y fe, San Esteban y Teleras, tramas y colores de Atamisqui, que también está programado esta noche. Pablo Cisneros, el director de Teleras..., está sorprendido y emocionado: Marta Orellana, una de las teleras que filmó, vino a ver la función en bicicleta. Vive a 7 kilómetros de aquí, en medio del monte, y entre otras cosas tuvo que atravesar un río para llegar.

Al día siguiente, la fiesta sigue. El patio de Elpidio Herrera estrena un terraplén que hace las veces de escenario natural, rodeado de árboles en los que el anfitrión colgó primorosamente calabazas de todos tamaños, esas con las que fabrica sus sachaguitarras, o guitarras del monte, según la traducción del quichua. ¿En qué consiste este famoso instrumento? En una calabaza con cuerdas (llamada “porongo” por estas tierras) que también se toca con arco, como un violín, y que cruza el sonido rústico del violín del monte con el del mandolín. “A Elpidio se lo va a recordar como el creador del último instrumento hecho en la Argentina”, dice León Gieco en el video. La sachaguitarra tiene otras virtudes: es capaz de imitar el sonido de la voz humana, del grillo, del sapo, del tero y de otros pájaros. En esos bichos se inspira Elpidio para crear los temas que nacieron, en su mayoría, en este mismo patio (a quien quiera conocerlos, se recomienda el reciente disco Encuentro, producido por León Gieco).

Hay otras versiones de sachaguitarras, como la bautizada socarronamente “X10”. Con ese modelo, Manolo Herrera, el hijo de Elpidio, muestra cómo suena el rock and roll del monte. Y acompaña a su padre en el tema que surgió tras una visita de Las Sachaguitarras a Alemania: “Trinken, aber nicht sich betrinken”. Algo así como “tomen pero no se machen, porque la fiesta va a continuar”, según sigue explicando la letra. La tarde avanza y los distintos músicos que se lucen sobre el escenario son bienvenidos con cohetes que se cruzan entre los bailarines. Siguen cayendo invitados a la fiesta: el Duende Garnica, Juan José Rocabado, maestro rural quichuista, Mario Tévez, con dos títulos en su haber: es el comisionado (algo así como el intendente) de la localidad vecina de Estación Atamisqui, y también es el hermano de Leopoldo Dante Tévez, más conocido como Leo Dan. Al luthier de bombos Mario Paz se le ha da por recordar a los amigos que faltan, como Domingo Cura: “El tuvo la muerte más linda, sobre un escenario”, dice sobre el bombista. “Lástima que no hubo bombos en su velorio. Si lo hubieran velado en Santiago, ¡flor de joda le armábamos!”

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Elpidio Herrera


Nacido en Dto. Atamishqui, Santiago del Estero, Elpidio Herrera, es, junto a Don Sixto Palavecino, uno de los más puros exponentes de la música folclórica Sachera (en quichua, "del monte". Autor y compositor, creador de las polcas Atamishqueñas, importante partícipe de la Misa Santiagueña, escucha sus letras y composiciones son frecuentemente hechas en las voces e instrumentos de reconocidos Artistas. 

Sus estudios técnicos (física, química) y su profesión de carpintero han sido el molde que dio forma a la Sachaguitarra, un instrumento característico que reproduce Múltiples sonidos, cuentos como el violín, el sikus, el Charango y la guitarra; Anteriormente Elpidio, a manera de homenaie a "Los Viejos Musiqueros", los hombres de campo, crea la Caspi Guitarra (guitarra de palo), compuesta solamente de una. tabla Encordada Como dice é1, en la ausencia de dinero para comprarse el instrumento, encordaban un palo y entonaban sus canciones.

Brindó espectáculos don veces en Europa, Alemania, recorrió todo el país, fue y sigue siendo reconocido por Múltiples instituciones que premian a los artistas que se destacan con la música de Nuestra Tierra. Buscando reconstruir cómo sonaban las guitarras caseras de los antiguos paisanos,

Elpidio comenzó reiventando la guitarra caspi. Viajó para mostrarla en un programa de radio y cuando volvió, una señora de su barrio le llevó a su madre una calabaza y le dijo "Como Elpidio es travieso, capaz que pueda hacer algo, tal vez una guitarra" y ahí comenzó a darle una idea.

Le puso cuatro cuerdas a la calabaza y le dio la afinación conocida como templo del diablo. Ahí fue cuando acuñó el nombre de sachaguitarra, por sugerencia de Don Sixto, en homenaje a la gente de campo. Herrera fue invitado a participar en varias discotecas y comenzó a componer sus propios temas. Pero en el campo, donde los micrófonos no servían porque ni siquiera había electricidad, el instrumento se volvió inaudible. Entonces construyó una sachaguitarra más grande y la amplificó con el puente de una vieja guitarra eléctrica y conectándola a una batería portátil. Como no alcanzaba a reflejar la música natural del monte, hizo dos agujeros en la tapa, junto al puente, que le permitía frotar la primera y quinta cuerda con un arco de cerdas de caballo.