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18/6/24

"El pago mío y sus personajes"

 


"LLAJTAY” (PAGO MÍO), fue editado en 1974 por el docente, escritor, poeta y autor bandeño CRISTÓFORO JUÁREZ. Es un libro de carácter histórico-literario en prosa y verso, sobre los orígenes de La Banda con anécdotas, parajes, flora. y personajes como: 

SHINFU "EL CURADOR": "En el boliche de LUIS GRAMAJO en Falcón (hoy San Carlos), conocí a este singular personaje. Corría el año 1908 cuando le vi, tomando una ginebra. Mostraba tener más de 80 años, pero, a pesar de su ancianidad, su porte era grave circunspecto. Su palabra era escuchada y respetada como la de un hombre sabio.

Vestía bombacha y calzaba botines de alta caña y, por sobre ellos, las medias levantadas que le cubrían parte de la bombacha. Un poncho con flecos color gris cubría su cuerpo menudo y encorvado.

El vulgo decía que curaba por "las aguas”. En efecto, le bastaba mirar la orina del enfermo a contra luz para diagnosticar y dar su receta. Estas y otras hazañas más, le hicieron famosos que, desde largas distancias, venían a consultarlo" .

"BLAS, EL RASTREADOR": era natural de El Tajamar. En su juventud había prestado amplios servicios a los criadores de Cúyoj, Bajo Grande y lugares vecinos, siguiendo el rastro de animales perdidos, de pumas dañinos y de cuatreros.

Por su maestría, como por su conducta recta y honrada, se le confiaba investigaciones difíciles de las que salía triunfante, dejando a todos satisfechos.

Hacia 1895, se trasladó con su familia a Media Flor. Puede decirse, sin exageración, que su mente era un archivo viviente de todas las cabalgaduras de la zona. Su memoria prodigiosa conservaba la estampa del rastro y no era oírle decir: "Fulano del Bajo Grande, ha pasado esta madrugada pal pueblo, montada su mula sillonera", cuando hacía 4 o 5 años que había visto los rastros supuestos(...)

DON RAMÓN CORVALÁN, me narró, que allá por años 1897/98, cuando asaltaron una noche en El Puestito a la familia GALLO, fue solicitado por el Comisario a la madrugada. Fue en busca de un agente y se fueron de rastrillaje y al pasar por la acequia Pintos, descubrió una señal y conoció cuentos de caballos y quienes montaban y esto fue determinante para dar con los asaltantes.

En 1911, persiguió los rastros de 3 rusos que asaltaron la boletería del Ferrocarril Argentino en Tucumán y la Policía, gracias a BLAS NORIEGA, les dio alcance ".

"EUSEBIO MORE, EL VIOLINISTA": "ANDRÉS LUNA, que vivió hasta los 101 años, me refirió que fue compañero de andanzas de EUSEBIO MORE. LUNA fue más tarde, guitarrista de MORE. El violinista vivió humildemente en El Polear, desconocido y sin Dar a trascender sus grandes virtudes de creador y ejecutante.

Siendo alumno de la Escuela N°24 de Rubia Moreno, lo escuché tocar al conjunto. Ejecutaron la chacarera "Mañana de mañanita" y en un estilo cantaron una dedicatoria a la Directora ANTONINA DE STEMBERG.

Del Maestro MANUEL GÓMEZ CARRILLO, escuché siendo su alumno, sus palabras de elogio: "Ayer he tenido la satisfacción de escuchar un violinista nativo de El Polear y les confieso que he gozado tanto, como si hubiera sentido una ópera en París. MÁS es un virtuoso que saca melodías extraordinarias a su instrumento".

Murió en la mayor pobreza, solo conocido por sus coterráneos".

"CHACARERA DE EL POLEAR"( CJ/ CC): "Yo soy de este pago lindo/ que le llaman El Polear,/ dichoso de aquel que nace/ y muere en ese lugar.// Allí nació Eusebio More/ que al violín lo Hacía hablar,/ dueño de la chacarera/ con que yo aprendí a silbar.// Pago del viejito Shinfu, alliyachej curador,/ y también del Blas Noriega, / el famoso rastreador.//Chacarera, chacarera, / rupaj chico de El Polear / brasita que enciende el pucho/ dolido de mi cantar.// Callejones polvorientos, / llenos de luna y de sal,/ con sus recuerdos se pone/ chaupi chaupi el corazón // Me voy en sueños cantando, / camino de Media Flor. / y en la represa yo busco/ reflejo de un viejo amor.// Ánimas de Tata Mañu/ que me vengan a tocar/ con su arpita milagrosa/ chacareras del lugar ".

Del libro inédito "historia del cancionero folclórico santiagueño" de Omar sapo Estanciero


6/3/23

Don Cristóforo Juárez, el baluarte menos difundido de la bandeñidad

 



Familia e infancia

Fue una de las principales personalidades de la cultura santiagueña y de la región. Maestro, docente, escritor, poeta, investigador, periodista, deportista. Un hombre muy comprometido con las raíces de su tierra natal.

Nació en el paraje Cuyoj, en el departamento Banda, el 24 de julio de 1900. Sus padres fueron don Vicente Juárez y doña Rosario Páez Jerez. Fueron ellos los que advirtieron el desarrollo que tenía el gran pueblo Banda, y eso los llevo a instalarse más cerca de la floreciente ciudad. De esa manera se trasladaron al lugar denominado San Carlos, en el mismo departamento Banda. La familia estaba conformada por siete hermanos, cuatro varones y tres mujeres.

A los nueve años, Cristóforo quedó huérfano de padre. Fue su madre una matrona con fuertes principios cristianos, quien quedó a cargo de sus siete hijos.

Había heredado de su esposo varias hectáreas de campos, y con los frutos de la tierra crió y educó a sus hijos.

El docente

A los dieciséis años se recibió de maestro en la Escuela Normal de La Banda y su primer trabajo como docente fue en Verón, departamento Salavina. De esa manera y allí en relación con la naturaleza y su problemática, esa influencia telúrica de ese hábitat fue lo que trasuntó tiempo después en su obra. Allí captó el conocimiento profundo del monte santiagueño que luego afloró en el poeta y escritor.

Ya casado, junto con su esposa Clara Rosa Caporaletti se trasladó a Suncho Corral y en una escuelita de Azogasta, departamento Sarmiento, a orillas del río Salado, en plena región shalaca santiagueña, continuó su etapa como maestro, para luego trasladarse a la ciudad de La Banda, al barrio La Isla, donde se jubiló como director de su querida Escuela Nacional 409, que él mismo había acunado en su casa, donde vivía con su familia (1955).

Llegó a ocupar el más alto cargo que puede aspirar un docente en Santiago del Estero, fue presidente del Consejo General de Educación y también fue vocal de este estamento oficial.

Obra literaria

Su primer libro “Reflejos del salitral” data del año 1939, con dos ediciones más en 1951 y 1973. Se destacan allí, entre otros poemas, las vidalas restauradas y la poesía dialectal, subtitulada “Brazos de carbón”. En esa obra literaria, con prólogo del escritor, poeta, investigador y abogado santiagueño Bernardo Canal Feijóo, don Cristóforo rescata el valor de la soledad y el dolor por el misterio del monte: ”Me he bañado en la luz de sus lunas nevadas y he pasado corriendo, como sombra ligera de una nube lejana, sin dejarle mis rastros, sin dejarle mis lágrimas, tan salobres y amargas, que se estancan en mi alma como un gran salitral”.

Fue esta obra literaria la que le permitió a nuestro apasionado, respetuoso, sencillo poeta ingresar en ese prestigioso y recordado cenáculo de la historia literaria y política santiagueña: La Brasa.

Esta institución muy cerrada lo admitió en los últimos años de su existencia. Pablo Rojas Paz dijo de nuestro protagonista: “Los que entendemos su lenguaje telúrico llegamos hasta la esencia de su poesía de pueblo castigado, de alma sedienta, de sol rajante, de ceniza caliente, de árbol con las raíces del aire…”.

En 1956 estrena con mucho éxito en el Teatro 25 de Mayo, su obra teatral “La Rubia Moreno”, un drama en tres actos y que fue repuesta muchos años después en 1984.

Don Cristóforo le dedicó como un auténtico eje de su obra un poema a “la Rubia Moreno” y además realizó una investigación histórica de la vida de esta mujer bandeña, Santos Moreno, y su actuación en las luchas por la Independencia provincial y nacional (publicada con estilo periodístico por el diario EL LIBERAL el 18/11/1979) .

Después de algunos años, manifestó su obra con la edición de otra publicación literaria: “Cantares” (1972), allí incluyó chacareras, zambas, gatos, vidalas y coplas, muchas de ellas de carácter histórico y descriptivo (“Romance del Chasqui Venancio Caro” o “Pampa de los Guanacos”. Esta obra sirvió a muchos músicos y cantores para rescatar viejas letras del folclore poético. Allí nuestro poeta dice: “El hombre santiagueño está identificado con el paisaje que lo rodea por la copla, expresión simple y llana; madura de elocuencia y de honda raigambre sentimental”.

En el año 1974 apareció “Llajtay” (pago mío), que es un estudio de carácter histórico-literario en prosa y en verso sobre los orígenes de La Banda, sus personajes, tradiciones, sus árboles, anécdotas de niño, el tren real que unía Buenos Aires con el norte. Ahí demuestra su valoración hacia lo que él consideraba su pueblo. “Absalón el cautivo”, “Carnavales bandeños”, “Los quebrachos colorados”, o sus relatos sobre Antajé, El Polear y Cúyoj, nos conceden a todos los santiagueños el conocimiento profundo de un indiscutible hombre de las letras santiagueñas que marcó el rumbo de esa expresión.

En 1979 nos entrega “La vara prodigiosa”, allí se muestra como un consumado autor de sonetos con entonación filosófica.

Y su obra póstuma “Coplas maduras”, editada por sus hijas y su familia en el año 2011, es una recopilación de varios textos que él no llegó a editar. Allí abundan sus poesías, varias inéditas, letras con métrica de chacareras, zambas, vidalas, todas con esa sangre santiagueña que brotó desde su corazón y que su familia rescató para que su obra perviva en la literatura y el cancionero popular folclórico.

Debemos acotar también que colaboró con destacadas revistas literarias en nuestra provincia como “Picada”, “Vertical” y también en los prestigiosos “Cuadernos de Cultura” en los años setenta.

Su obra musical

Son innumerables los músicos y compositores santiagueños que fundamentaron con melodías sus textos literarios. Sus palabras fueron rescatadas y hoy conforman ese legado vernáculo donde aflora constantemente la esencia tradicional en simbiosis con el ser santiagueño y nacional.

Su primera obra registrada en Sadaic data del año 1964, un 24 de abril y es tal vez la canción que debe tener más versiones. Me estoy refiriendo a la chacarera “A la sombra de mi mama”, con melodía de don Carlos Carabajal.

La familia Carabajal, tanto don Carlos como Agustín, Cuti y Peteco, fueron cautivados por la obra de don Cristóforo Juárez. Pero no fueron los únicos, debemos agregar a esa gran lista nombres prestigiosos del cancionero popular santiagueño de raíz folclórica como: Los Hermanos Simón, Alberto Pérez, Leocadio Torres, Los Hermanos Luis y Antonio Ríos, Orlando Gerez, Juan Díaz, Álvaro Capello, Eduardo Marcos, Hilario Pueyo, Manuel Augusto Jugo, Fortunato Juárez, entre otros, que en dúo autoral con don Cristóforo nos ofrecen manifestaciones musicales de honda influencia musical y poética que se transformaron con el tiempo en cabales enseñanzas para las nuevas generaciones de músicos, cantores, poetas y compositores santiagueños y argentinos que cargan en sus destinos la herencia, convicción y propagación de un mensaje musical que representa la cultura popular de un pueblo.

Cristóforo Juárez pertenece a la especie de esos artistas de una meritoria labor como cronista de la historia, tradiciones y costumbres de su tierra natal, cimentando desde su lugar de escritor, autor, poeta, investigador y periodista, esa búsqueda de representar y dejar constancia de los hechos que marcaron el rumbo y la tradición cultural de esta provincia cuatro veces centenaria.

Por Miguel Coria para EL LIBERAL.

10/3/21

Don Cristóforo Juarez

 


Representan anhelos, pensamientos sueltos del criollo que, pensativo, cumple con su misión diaria y al mismo tiempo sueña con integrarse más al entorno misterioso de la naturaleza que lo rodea. Quisiera permanecer para siempre, de alguna forma, en este ámbito que lo viera nacer y crecer. Quisiera trascender a la existencia terrenal, entregando algo que pueda servir al cuerpo y al espíritu del prójimo. Quisiera ser recordado, para quedarse del todo en estos pagos.

En estos días recordamos especialmente a dos santiagueños que nos han dejado obras, aparentemente distintas, pero cuyos objetivos son los mismos: enaltecer y dignificar al ser humano en forma integral. Ambos fueron docentes. El Profesor y Médico Dr. Ramón Carrillo nos legó un sistema hospitalario ejemplar para toda América del Sud y el concepto de la prevención sanitaria. El Maestro y Poeta Don Cristóforo Juárez entregó a coetáneos y a la posteridad la prosa y poesía que vivió en el suelo santiagueño, mostrándonos nuestra realidad e inquietudes.

Ramón Carrillo nació el 7 de Marzo de 1.906 en Santiago del Estero. Sería largo detallar su brillante paso por las escuelas primaria y secundaria en nuestra ciudad, la Universidad en Buenos Aires, los tres años becado en Europa, los logros para la comunidad en su especialidad, la Neurología... Lo que no hay que obviar es que el genial médico fue el Primer Ministro de Salud de la Nación, que organizó el sistema de salud desde una óptica nueva para la época, que nos parece tan natural ahora: la prevención (aunque no tomemos conciencia en cada uno de nosotros todavía). Bregó por la independencia científica de nuestro país. Impulsó la creación de la primera fábrica argentina de medicamentos. Afirmaba que los adelantos científicos y técnicos no servían si sus beneficios no llegaban a toda la población. Fiel a su creencia de que el pueblo merece una vida sana, digna y prolongada, puso énfasis en la atención materna e infantil. Además colaboró desde su puesto con la creación de Hogares Escuela y Hogares de Ancianos.

Don Cristóforo Juárez nació en Cúyoj (Dpto. Banda) un día de Julio de 1.900. Conoció la campaña provinciana, su paisaje y su gente. Desde San Carlos (Dpto. Banda), con 16 años de edad y su título de Maestro Rural, partió hacia Verón (Dpto. Salavina) para enseñar y aprender con los criollos y los montes salavineros. En su carrera docente llegó a ser Vocal y Presidente del Consejo de Educación. Las vivencias e inquietudes de su rica vida interior nos quedaron en libros publicados e inéditos. Los cantores mantienen viva su alma de poeta, cantándole al Tiempo de la Fruta Madura (póckoy pacha), a un amor dejado en Pampa de los Guanacos, a la épica vida del Chasqui Venancio Caro o la Rubia Moreno, al lindo pago del Polear, mostrándonos la Estampa del Mansero o el Alma Challuera del santiagueño... Leyendo sus libros podremos percibir plenamente los Reflejos del Salitral, Llájtay, Cantares, La Vara Prodigiosa... Seguiremos degustando sus Coplas Maduras a medida que se publiquen o canten.

El Dr. Carrillo, que había llegado al alto cargo nacional con el afán de servir, cuando hubo realizado lo necesario para producir cambios altamente positivos en la salud de la población, declinó luchar contra quienes ambicionaban su Ministerio. Renunció y fué a Estados Unidos para tratarse de la hipertensión que lo torturaba. Despojado luego de sus bienes en Buenos Aires, se empleó en una empresa norteamericana que lo envió a Belém do Pará (Brasil) donde falleció en Diciembre de 1.956. Desde 1.972, descansa en paz en tierra santiagueña. En su honor, desde el año 2.006, el 7 de Marzo es Día del Médico Santiagueño. Don Cristóforo Juárez, con 79 años de edad, escribía la poesía “He llegado a la cumbre”, cuya última estrofa dice:

 “Mi pupila se apaga como en la estatua griega

la pátina ha borrado la ilusión y la fe

estoy sólo en la altura, como un cóndor que llega

exhausto hasta la cima, para morir después.”

 Don Cristóforo Juárez falleció en la ciudad de Santiago del Estero el 10 de Marzo de 1.980.

Encontraremos al Dr. Ramón Carrillo en cada hospital de Sudamérica, en cada posta sanitaria y en cada Médico de Acción Radiante que recorre la zona rural. En cuanto al maestro y poeta bandeño, Juan Carlos Carabajal sintetizó así su permanencia entre nosotros:

 “Cristóforo Juárez vuelve

en cada copla del alma

y tienen las chacareras

olor a Tierra Mojada.”

http://aleroquichua.org/sitio/nota_verduc.php?id=8