"El arte no es un espejo para reflejar la realidad, sino un martillo para darle forma." - Beretolt Brecht -
29/5/24
Alfredo Abalos, La voz de la chacarera
24/9/23
Alfredo Abalos – Un amigo inolvidable
Por José Luis Torres
El Puka Ruiz me llama por teléfono y me avisa: “Negro,
preparate que viene Alfredo Abalos a Rosario”. Ninguno de los dos lo conocía
personalmente pero escuchar sus grabaciones era una costumbre de mucho tiempo
atrás. Ya había grabado dos discos con el Negro Domínguez (fabuloso
guitarrista) y en 1978 editó un LP en RCA con el título “Silencio, canta
Alfredo Abalos”, en su contratapa Marcelo Simón comenta el disco analizando el
repertorio tema por tema.
Comenta el encuentro con Alfredo con sus impresiones sobre la grabación “Todo fue elaborado amorosamente. Desde la selección del repertorio, eminentemente santiagueño, incontaminado, hasta la selección de sacha músicos para algunas piezas, desechando la tentación de recurrir a instrumentistas de Buenos Aires, a los que les sobra virtuosismo “pero les falta olor a chipaco recién horneado me dice el gordo – porque es gordo – Abalos”.
Marcelo Simón, muy respetuosamente explica luego que Alfredo utilizó otra palabra menos académica. No hace falta ser quichuista para entenderlo “Les falta olor a aca” decía Alfredo en realidad, y los que no conozcan la palabra “aca” (así, sin acento) pueden recurrir a internet para averiguarlo.
Para el santiagueño es normal utilizarla pues puede describir muchas situaciones. Alfredo la usaba frecuentemente en sus actuaciones cuando se dirigía al director de luces en el escenario “Che, ¡prendeme las luces que no se vé ni aca!”.
Ese LP era muy poco conocido y cuando Alfredo lo encontró entre mis discos se sorprendió gratamente “Negro, ¿de dónde sacaste esto? ¡Es una joya!”- Pero eso fue al tiempo de conocernos.
Alguna vez subí su tapa en un sitio de folklore y se ha utilizado en varios sitios, pero nadie ha mencionado la fuente. Se puede identificar fácilmente porque mis discos tenían una etiqueta con su número, en este caso era el 174. Hace 20 años las cámaras de celular no se conocían, así que tuve que escanearlo y unir las dos tomas, el detalle se puede observar en la foto. Pero eso no es importante para su historia.
Alfredo había grabado en 1982 “La voz de la chacarera” y en 1983 “Moneda que está en el alma”, ambos en EMI Odeón y esos discos se difundían en las radios.
El ciclo “El canto de las provincias” durante la gestión del Negro Ielpi presentó en 1984 y 1985 una cantidad de artistas increíble en la sala Udecoop (Entre Ríos 435). En esa lista de presentaciones, uno de los primeros convocados era el Gordo Abalos. Sabíamos que era gordo (a la vez que alto) pero cuando lo vimos en el escenario nos dimos cuenta que tenían razón al llamarlo así, después les cuento más detalles. Alfredo se presentaba cantando y rasgueando la guitarra como pocos, la primera viola estaba a cargo de Tati Novillo, hermosa persona y buen violero, otro amigo inolvidable. En ese tiempo la chacarera no era un género tan difundido ni conocido por el público, tan es así que los poquitos que querían hacer palmas no sabían donde comenzaba o terminaba el tema, desconocían la síncopa…y seguían aplaudiendo aún después del final. Salvo los que eran santiagueños o la gente que bailaba folklore.
Solo dos tipos en el escenario con sus guitarras conmoviendo a la platea, ahora nos resulta difícil imaginarlo pero era así nomás. Verlo al Gordo tocando la guitarra y cantando con esa garganta prodigiosa era un espectáculo inolvidable. Tengo en mis archivos 5 temas grabados de esa actuación. Esa noche fue una fiesta para todos y más para nosotros dos. Cuando nos arrimamos a saludarlo, quizás por el acento santiagueño del Puka, nos vió como paisanos de su pago (aclaro que no soy nacido en Santiago, pero he sido amigo de muchos de ellos) y nos abrió la puerta de su corazón.
Luego de los saludos empezamos a hablar de cuestiones que teníamos en común y ya nos invitó a cenar, aterrizamos en una parrilla compartiendo un asadito bien regado con Norton Clásico (siempre tinto), era el vino preferido de Alfredo.
Me regaló una foto suya y una tarjeta “Alfredo Abalos. Calle y teléfono en el 8 de abril y una aclaración de la misma “No llame hora i´siesta”. De esa esa foto después les contaré su historia, pero vuelvo a contarles de Alfredo. Después de esa noche quedamos como amigos con Alfredo y Tati Novillo, esa presentación tuvo muy buena repercusión.
En el verano del 85 actuó en el Anfiteatro rosarino junto don Sixto Palavecino con Rubén y Carmencita. Después de la actuación nos invitaron a comer en el patio de los Sosa (Cochabamba y Alem), a los músicos y amigos, ahí estuvo también el Negro Ielpi, empanadas, asado y buen tinto. Recuerdo que Tati estaba muy copado con “Chacarera para mi hermano”, la tuvo que tocar varias veces mientras yo lo acompañaba en guitarra y Alfredo en bombo, solo instrumental. Esa chacarera la hizo Cuti Carabajal cuando estando en España se entera que había muerto su hermano Agustín, Kaly hizo la intro. Me acuerdo que Tati la tocaba en Mi mayor, son esas cosas que uno no se olvida.
Unos meses después volvieron a la misma Sala Udecoop (siempre por gestión de Pérez Cantón). Ya nos habían avisado del retorno y esta vez Puka se ofreció a darle una mano acompañando con su bombo, el Gordo lo aceptó y lo presentaba diciendo esa noche “Bueno les presento a mi compañero Julio Novillo, que viene y se sienta, y el bombotólogo es el Puka Ruiz, un santiagueño que está radicado aquí en Rosario, ahí está entrando. Recién veníamos en un auto, no sé si han visto ¡y le hemos hecho tocar el piso contra el suelo! (Se ríe Alfredo) ¡No quería caminar el auto del gordo!...Bueno, venir a Rosario significa volver a un lugar donde tenemos tantos amigos que nos llenan de atenciones y de cariño, es un gusto estar con ustedes”.
El Puka Ruiz era también gordo y su cupé Chevrolet azul tenía que transportar casi 300 kilos de peso de Alfredo y su dueño, además de Tati y los instrumentos.
Hubo al menos 4 visitas de Alfredo con Tati Novillo, siempre compartidas con ellos, en ese tiempo nos escribimos con Tati varias veces. Creo que era bioquímico y se había radicado en Córdoba. Después lo perdí de vista. Era nacido en Salto (Bs. As.).
En esas primeras visitas Alfredo tenía el hotel pago, como todos los artistas, pero a partir de su segunda visita prefería venir a casa donde era uno más de la familia. Era muy divertido andar junto a Alfredo, le dice a mi esposa “Marta quedate tranquila que cuando regreses te esperamos con el puchero”. Íbamos a hacer los mandados en el barrio y el Gordo se presentaba “Buen día señor, soy Alfredo Abalos, cantor popular, esta noche canto en el Anfiteatro y lo espero. ¿tendrá chiquizuela? Tengo que hacer un puchero y no quiero fallar a la Martita”. Y así en los otros negocios “Buen día señora, soy Alfredo Abalos, cantor popular. ¿Tendrá zapallito anco y algunos choclos…y si puede me agrega un poquito de apio, le dá muy buen sabor a la sopa”.
Se repetía la escena: a comprar el Gancia “Si no tomamos un Gancia como querés que salga el puchero, hijo querido”, el pan, y Alfredo con su natural acento santiagueño ante gente que no lo conocía. Después con el tiempo me preguntaban “José Luis, ese amigo tuyo santiagueño ¿cuando vuelve?” Alfredo dejaba su marca en el escenario y también con gente desconocida. Fueron tiempos muy risueños y plenos de emociones compartidas con el querido Alfredo.
A veces he leído que era gruñón, que rezongaba, protestón y una serie de apreciaciones que no comparto, por lo menos no era así con los amigos que entraban en su corazón. Y yo me considero un afortunado que pudo conocer esa parte tan profunda de sus sentimientos. Como decía Violeta Parra “Gracias a la vida, que me ha dado tanto…”
En 1986 volvió a Rosario, pero esta vez junto a la Muni Santillán (su esposa) que cantaba junto a los Hermanos Juárez, Martincito era muy chico y en el escenario tocó el bombo junto a ellos. Fue otra ventana nueva que se abría: conocer y hacernos amigos de Muni, Fortunato, de Sabino, del Chango y Carlitos. Fortunato inolvidable, músico, cantor, quichuista, punteaba y bordoneaba la guitarra y bromisto impagable.
Se presentó esa noche en la Mateo Booz “Nosotros somos los Hermanos Juárez, santiagueños de Loreto pero la gente dice que somos Los Parchís santiagueños. ¡Capaz que tienen razón!”. Se reía Fortunato con su risa contagiosa y aclaraba “Sabino 79 años, yo apenas 75, ¿Saben que pasa? En Loreto la gente vive mucho tiempo, hace poco ha muerto uno de 95 años ¡changuito había sido!”
La Muni no aguantaba la risa, Alfredo me decía “¡Como le gusta hablar macanas este Fortu!”. Martincito tensaba el bombo y Horacio Banegas afinaba su guitarra para acompañar al Gordo querido.
No puedo contarles más, se me humedecen los ojos traidores al recordar estos amigos. “¡Hijo querido, no seas tan flojo!” me diría Alfredo. Y bueno Gordo, disculpame por esta vez.
Fuente: facebook
Rosario, 14 de mayo 2021
Alfredo Ábalos, genio y figura
Si, como dicen algunos -con una cuota de fantasía-, “en el Cielo hay una peña musical”, podemos asegurar que el 24 de septiembre pasado fue un día de fiesta. Las marquesinas celestiales encendieron sus luces para anunciar la llegada de un cantor de larga fama que se aprestaba a animar el rincón eterno.
Por Juan Carlos Carabajal.
Para comprender
mejor los alcances e intenciones de esta nota sugiero, estimado lector,
escuchar de fondo las versiones más logradas de este cantor. Propongo,
entonces, para comenzar: Mujer y amiga, zamba de Robustiano Aráoz.
El Gordo estuvo en contacto desde muy niño con la música folklórica, a través de una galería variopinta de músicos que recalaban en la casa de su abuelo en San Isidro, provincia de Buenos Aires. En aquellas sesiones, se produjo su deslumbramiento que canalizó a través de un bombo y sus mágicas sonoridades, las que lo acompañarían a lo largo de su ajetreada existencia.
Un día, el bombisto de Alberto Ocampo y sus Changuitos Violineros faltó a una tocada por enfermedad de su mujer y el Gordo ocupó providencialmente su lugar. Su estilo de tocar no era muy del agrado de los puristas del folklore, pues al sonido de base le agregaba rulos y firuletes. Pero de ahí a perder el ritmo… ¡Ni “machao”!
De a poco, el barbado cantor fue ganándose el respeto y la admiración del ambiente, sobre todo los más encantados por el fraseo que imprimía a las canciones, a la manera de Roberto Goyeneche o Hugo Díaz, según aseguraban los entendidos.
Paciente lector, mientras transcurre mi texto, creo que podría usted oír: Mi flor de chacarera, de Julián Díaz y Rodolfo Ovejero.
¿Cómo se llega a ser el mejor cantor de folklore del país? ¡Ojo! Así lo eligió la gente y no un selecto jurado de respetables jueces. Lo dice el cuyano, encantado por las memorables versiones de cuecas y tonadas; el riojano, que lo tenía como festejante de los carnavales más tradicionales y como genial intérprete de la chaya; los santiagueños, que deliran cada vez que escuchan una chacarera salida del alma; y así cada habitante de las diversas regiones de este inmenso (en lo geográfico y en lo musical) país.
Hay una constante del Gordo para destacar: la sabia elección de su repertorio, sin concesiones ni facilismos. Otra: la presencia de músicos de primer nivel en sus grabaciones. Tome nota, lector: el Negro Domínguez, Colacho Brizuela, Néstor Basurto y Hernán Latanzio. A ellos agréguese a don Carlos García, un pianista de marca mayor. Merecen también un espacio los bandoneonistas Dino Saluzzi, Rubén Juárez y Carlos Toledo, del conjunto de los Hermanos Toledo.
El riojano Hugo Casas, su productor, supo entender toda esta excelencia y le produjo ocho discos antológicos para el sello Emi Odeón, un verdadero regalo para los oídos. Un material lleno de joyas invalorables, aún para los más exigentes.
Amigo lector: ¿no tiene usted las canciones que estoy sugiriéndole? Siempre queda el recurso de YouTube… ¿Qué no? La amorosa, zamba de Díaz y Valles.
El Gordo textual
Era de decir las cosas sin pelos en la lengua. Ésto encontré en nuestro archivo sonoro donde hay varios documentos con sus ríspidas opiniones (¡Agarrate, Catalina!):
“Tengo un amigo que me ayudó mucho. Es el peruano Hugo Guerrero Marthineitz, quien siempre decía: hay gente que está condenada a cadena perpetua. Yo me he condenado a libertad perpetua y para ello hay que pagar altos costos”.
“Yo, que me he decidido a tener libertad perpetua, encuentro que se me hace difícil vivir y trabajar, porque se me cierran muchas puertas. Se enojan cuando critico a los incapaces y mediocres. Yo le digo a algún diputado que su libro de cabecera aún sigue siendo “El patito feo”, por ejemplo. A alguno le digo que es un descerebrado o un ladrón directamente, porque ha usado su gremio para robar. Eso les molesta y se enojan conmigo. O sea que yo digo lo que la gente no tiene la valentía de decir. Y lo digo porque me duele mi país, porque es grande la Argentina, con todas las riquezas como para que la gente viva bien, para que tenga trabajo. Esto es un vergel. Por eso hay que hablar, ¿quien va a solucionar los problemas si no lo hacemos nosotros?”
Más sugerencias para el lector: Me basta con eso, chacarera de Kali y Juan Carlos Carabajal.
Una anécdota
Son tantas las anécdotas que prefiero consignar una muy poco conocida. Estábamos en Buenos Aires para grabar el disco benéfico “Los santiagueños sean unidos” (RCA, año 1990) con la participación del Gordo, don Sixto Palavecino, los Manseros, Los Carabajal, entre otros cabezas de serie. Antes de entrar a la sala de grabación Aníbal Toledo, encargado de la producción y coordinación, nos llevó a una sala de ensayo para dar el toque final a los arreglos. La sala en cuestión estaba por avenida Caseros, en Parque de los Patricios, cerca de la cancha de Huracán. Como podrán imaginarse, y al estar en el corazón del barrio quemero, las apelaciones eran puramente referidas al Globito.
Se hizo una pausa para el almuerzo y entramos a una pizzería que se llamaba precisamente “El Globito” y estaba adornada con fotos, banderines y toda la parafernalia partidaria. Viene el mozo a tomar los pedidos de la hambrienta jauría y Alfredo le pregunta:
-“¿No tienen algo de San Lorenzo?”
El Gordo y su hogar
A diferencia de la mayoría de los santiagueños que, desde tiempos inmemoriales, y convencidos de “que Dios está en todas partes pero atiende en Buenos Aires”, han buscado los brillos de la gran ciudad para canalizar sus ansias de progreso, el Gordo tomó el camino inverso recalando en tierra santiagueña.
Aquí formó su hogar, que con el tiempo se transformó en un sólido baluarte. Allí reunía y convocaba gente de todo pelaje pero con las debidas restricciones que imponía con un criterio irreductible.
Una vez visitamos esa fortaleza con un amigo del alma, el japonés Michío Sega, quien tenía un especial interés en conocerlo. Nos recibió con su habitual cordialidad, apoltronado en su sillón de patriarca. Habló de su casa, de sus amigos, de su familia y de su amor por Santiago.
“…y mi casa y Santiago, no hay lugar más lindo para vivir. Yo vivo en el barrio 8 de Abril y a un amigo le da vergüenza decir que vive aquí porque el lugar es de hacha y tiza. Cuando le preguntan dónde vive, responde: “vivo en el barrio 8 barra 4”.
No fue la única vez que Michío compartió una charla con su admirado personaje. En la cena de despedida lo acogió y mimó como a un hijo, agradeciendo a través de él a todo Japón por abrazar con amor la música argentina.
Estrictamente personal
Nos queríamos mucho con el Gordo. No nos encontrábamos tan a menudo como hubiera deseado en lo personal. Igual, tuvimos una amistad que va a trascender a los tiempos. Estoy muy agradecido por su gesto de grabar seis de mis canciones, en versiones cuya musicalidad encuentro insuperables. Fue (y es) una distinción muy importante para mi carrera de autor y compositor. Nos honró – a mí y a mi familia- con su amistad cuando aún vivíamos en Quimilí, en la década del 70´.
Como para ir terminando mi deshilachada prosa dedicada a un gran personaje, hago referencia a un par de frases que lo identifican como singular intérprete. Ellas son: “¡Vamos muchachos!”, con la que arengaba a sus músicos y “Sí, señor”, como cierre de sus inspiradas interpretaciones en discos y escenarios.
Para ir cerrando con sus canciones, escuchemos este tema: Déjame estar, zamba de Oscar Valles. Alguna se me quedó en el tintero, le doy permiso, amigo lector, para que complete la lista.
Volvamos a la idea del principio, la de la “Peña del Cielo”. Luego que San Pedro le franqueó las Puertas Doradas, el recién llegado buscó con los ojos a sus queridos amigos del alma que lo precedieron en el reino de los cielos. Lo estaban esperando los dos Felipes, Corpos y Rojas, Pablo Raúl Trullenque, don Sixto, Fortunato Juárez, Oscar Valles y Chito Zeballos, entre otros de los amigos, hermanos más bien diría, que aguardaban su querida presencia.
“Hasta la vista, hijo querido.”
Santiago del Estero, primavera de 2018.
Fuente: subidadelinea.com
27/11/08
Alfredo Abalos: “No canto pavadas para vender unos cuantos discos más…
“Yo nunca canté pensando en los premios, sino que lo hago por amor a la música. Canto con fundamento y no pavadas para vender unos cuantos discos más. Le canto a la razón del ser y a la identidad de un pueblo”. Así de categórico fue Alfredo Ábalos al hablar, ayer, con PURA VIDA acerca de los dos galardones Atahualpa que recibió anteanoche en la ceremonia organizada por el Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires.


