El Clima en Santiago del Estero

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14/12/22

PRIMEROS CONTRATOS DE NAVEGACIÓN DEL SALADO: LA CASA SMITH HERMANOS. DON ESTEBAN RAMS Y RUPERT

Parte II 


Los informes de Page, el descriptivo relato del joven Amadeo Jacques y el enorme entusiasmo que reinaba llevó a no pocos empresarios a interesarse por la navegación del Salado,

La Casa Smith Hermanos firmó con la Confederación Argentina, el día 14 de enero de 1856, un meticuloso contrato, para establecer una compañía de Navegación a Vapor por el Salado. El convenio, entre sus principales cláusulas, establecía una concesión por el término de quince años, siempre que la misma se efectuara con buques a vapor, debiéndose realizar a la par del transporte de mercaderías el transporte de personas. El gobierno cedería parcelas en las costas del río, facilitando la colonización de la zona. Los concesionarios estaban obligados a realizar un primer viaje de exploración hasta el mes de marzo de 1856, hasta la desembocadura del arroyo Las Piedras, en Salta. También se regulaban los fletes, para un gran número de artículos. Por ejemplo entre Rosario y Matará el flete no podía exceder los 0,75 fuertes por arroba.

El gobierno decidió, quizás en forma apresurada, rescindir el contrato, al no realizar la empresa concesionaria la referida exploración inicial. Pese a ello, el antecedente es sumamente importante porque fue la base del contrato que posteriormente, el 2 de junio de 1856, firmó la Confederación con el fuerte comerciante Esteban Rams y Rupert, viejo conocido de Urquiza ya que se había desempeñado como proveedor de su ejército en la batalla de Caseros.

El contrato también establecía un plazo perentorio para dar comienzo a los trabajos de explotación: el mes de octubre de 1856. Con ese motivo, y a los fines de no perder el tiempo en esperar que llegaran los vapores y rastras encargados en el Brasil, Rams y Rupert encomendó al baqueano don Lino Belbey para que desde Matará (Santiago del Estero) realizara una primera exploración inicial. El baqueano Belbey, en Matará, debía construir la embarcación que surcaría el Salado.

Y éste, con maderas de los bosques santiagueños, construyó la falua «General Urquiza», en Matará, convirtiendo a la antigua población en un improvisado astillero. Pero sigamos paso a paso esta verdadera hazaña. Rams y Rupert solicitó a la Confederación fuerzas militares para custodiar a los expedicionarios. Con ese motivo, tropas santiagueñas y santafesinas se turnarían en acompañarlos. El punto de relevo de las fuerzas del General Antonino Taboada sería Palo Negro o Higuerillas, y desde el Cantón Los Sauces, partieron los soldados de Santa Fe, al mando del teniente coronel don Antonio Crespo, el día 16 de noviembre de 1856. Seis días antes, custodiado por el general Taboada y cien soldados, desde Matará, Belbey iniciaba la exploración.

La navegación fue muy tranquila hasta Palo Negro, donde al no hallar a los relevos, Taboada decidió continuar escoltando a los expedicionarios. Fue un desencuentro casual, como luego lo explicó el gobernador de Santa Fe, Juan P. López, al realizar los santafesinos el itinerario en línea recta y no por la costa. El incidente no obstaculizó la marcha ni el ánimo de los intrépidos exploradores. Se destacaba entre ellos el baqueano Belbey, que recorrió casi toda la distancia a nado, abriendo el camino con un valor y entusiasmo notables:

*Las tardes ardían en llamaradas de sol santiagueño, los pájaros lanzaban al aire las estridencias de sus gritos y las balsas seguían adelante a la par del nadador, que abría con sus brazos la ruta, que sería camino de pueblos, describe con prosa encendida. Blanca Irurzún”

Y por fin, el 28 de noviembre de 1856, el pueblo y autoridades santafesinas recibían como verdaderos héroes a los tripulantes de la «Gral.. Urquiza», que majestuosa y con sus velas al viento ingresaba al puerto de Santa Fe. Dos provincias argentinas se unían. Una esperanza estaba en marcha. Concluía, al decir apasionado de Di Lullo, la «odisea más extraordinaria del siglo».

El Nacional Argentino, periódico del Paraná, ese mismo día decía:

Una nueva expedición exploradora salió de Santiago, mandada por el general D. Antonino Taboada. Esta acaba de llegar a Santa Fe, trayendo las noticias más lisonjeras. He aquí los datos que se nos han suministrado al respecto: El Río Salado o Juramento es navegable en toda estación, desde Santa Fe hasta Sandia Paso, a cuarenta leguas de la ciudad de Santiago del Estero. La sola dificultad se encuentra en el estero de El Bracho, cuando el agua que se encuentra, y esa desaparecerá con algunos trabajos, está muy baja... Desde diciembre hasta junio el río será navegable hasta Salta... Por medio de la navegación del Salado cuatro provincias van a mudar de aspecto transformándose completamente: Santa Fe, Santiago, Tucumán y el Chaco... El vapor es el gran mágico que va a llamar a la vida a todo un mundo nuevo agrícola-industrial y comercial. Las provincias interiores se pondrán en comunicación rápida con el océano y el Paraná beneficiando así las riquezas que duermen aun inexplotadas, atrayendo brazos y capitales. En seguida de la navegación del Salado vendrá, la del Bermejo que establecerá nuevas relaciones con la extremidad septentrional de la República y la misma Bolivia que tiene más interés en acercarse a nosotros que buscar una difícil travesía hasta el océano Pacífico».

Los expedicionarios del Salado, tanto jefes como soldados, recibieron del propio Rams medalla de honor ordenadas por el gobierno de la Confederación Argentina, con fecha 17 de diciembre de 1856, según el decreto que lleva la firma del doctor Salvador María del Carril, vicepresidente de la Confederación en ejercicio de la presidencia.

Pero no sólo el Salado había sido recorrido en el año 1856. La Confederación propugnaba mejorar el tráfico de mercaderías y establecimiento de colonos euro- peos, como los que se establecieron en Colonia Espernza, Santa Fe, apoyaba todos los intentos de navegación de los ríos interiores. Así tenemos que Augusto Liliedal, en el año 1856, partiendo de la población de Villa Nueva, Córdoba, llegó por el Carcarañá a la confluencia del Coronda, y el año anterior, el capitán José Lavarello había navegado el Bermejo, hasta el río Parguay.

Todos estos intentos de navegación de los ríos interiores del Gran Chaco decidieron aún más a Esteban Rams y Rupért a continuar con su empresa sobre el río Salado, cuyo principal propósito era el establecimiento, en los fértiles valles del río, de colonias de inmigrantes como las que se establecieron en la provincia de Santa Fe. Sabía que las dificultades eran muchas, pero el Colón de tierra adentro, como lo llamó Miguel Cané14, no cejó jamás en su propósito, convencido de que la grandeza de una nación se debía juzgar por el mayor o mejor número de vías de comunicación que la misma poseía:

"las dificultades que debían presentarse para vencer los estorbos que ofrece un río poco caudalos, que atraviesa un país despoblado y desconocido jamás se me oculta- ron, pero estando persuadido, de que unas aguas que vienen desde tan larga distancia sn interrumpir su curso hasta el Paraná, debían ser forzosamente navegables, no he desmayado un solo momento ni he perdido un solo día a fin de dotar al país de una nueva e importante vía de comunicación interior"

Es así que el 26 de enero de 1857, la proa del vapor Santa Fe adquirido por Rams en el Brasil, principió a romper las mansas corrientes del Salado. Capitaneaba la embarcación el práctico Lino Belbey, que iba a recorrer esta vez el camino de sur a norte. Por disposición del gobierno nacional también iba el ingeniero Rodolfo Blandovsky, y naufraga la chata que llevada a remolque por el vapor transportaba los víveres y demás enseres. Pese a ello, los expedicionarios continuaron la marcha y a los siete días, luego de haber recorrido ciento catorce leguas, se arribó a Monte Aguará, donde debieron, nuevamente, estacionarse por la escasa profundidad del agua. Allí permanecieron once meses sin poder adelantar un solo paso y a la espera de las crecientes que no llegaban.

Rams regresa a Santa Fe donde recibe el vapor "Río Salado", y encarga al capitán del mismo, Juan B. Benetti, que inicie la limpieza del cauce del río con dos rastras adquiridas al efecto y en el mes de octubre del año 1857 nuevamente se encuentra en Monte Aguará, donde en lanchas llega a Navicha, localidad cercana a El Bracho (Santiago del Estero), y luego de tomar los datos del rio que necesitaba, regresa a Santa Fe.

El infatigable empresario, obtiene el concurso del ingeniero constructor Juan Coghlan recién llegado de Irlanda, y éste el 17 de noviembre de 1858, asistido por los ingenieros José de Guerrico y Neville Mortimer, inició desde Santa Fe, una nueva expedición que concluyó en un rotundo éxito al pasar sin problemas el eterno obstáculo de Monte Aguara, paraje fatal hasta el momento y llegar a Guaype (Santiago del Estero), población situada a sólo cinco leguas al norte de Matará. Luego regresaron hasta el punto de partida. Como resultado de esta expedición Coghlan preparó un minucioso y extenso informe, que Rams presentó al Gobierno Nacional, donde hacía especial referencia a la imprescindible necesidad de encarar algunas obras de mejoramiento y encauzamiento del Salado.

Fuente: Libro "Hacha y Quebracho" de Raul E. Dargoltz


COMPAÑÍA DE NAVEGACIÓN A VAPOR DEL RÍO SALADO. APOYO DE ALBERDI DESDE FRANCIA

 Parte III


Las provincias atravesadas por el Salado apoyaron en todo momento la obra de Rams, como en su oportunidad lo hicieron con Page. Santa Fe promulgó una ley que concedía a la empresa tierras para la colonización de las costas saladeñas¹6. Santiago, una vez comenzada la explotación cedería cien leguas cuadradas con el mismo objeto, y la provincia de Salta comisionó al doctor Pablo Saravia para que procediera a construir un camino, que desde Miraflores uniera el Salado con el Bermejo.

Pero Rams, no obstante las franquicias estatales recibidas y el apoyo de las provincias no contaba con el capital necesario para seguir adelante con sus proyectos. Viaja a Europa, en busca de apoyo financiero, y en el viejo mundo hizo editar un folleto en francés, casi desconocido entre nosotros, con el fin de publicitar a su empresa. Traduciremos algunos párrafos del mismo, que son realmente curiosos. El título era: Compagnie de Navigation a Vapeur du Rio Salado. Veamos la integración del Consejo Directivo de esta sociedad en comandita que giraba bajo la razón social de Esteban Rams y Cía. Aparte del propio Rams, lo integraban Norberto de la Riestra, Ministro de Hacienda de la Confederación; Constantino de Santa Mana, comerciante de Buenos Aires; doctor Nicanor Molina y Ramos Puig. de Paraná; y Domingo Crespo y José Cullen, de Santa Fe. Se describía al Salado de la siguiente manera:

«El Rio Salado, situado al norte de la Confederación Argentina es navegable sobre un recorrido de más de 1.500 kilómetros desde la ciudad de Santa Fe hasta la provincia de Salta. En comunicación con el Atlántico por el Paraná y el Río de la Plata, desde Santa Fe, el Salado atraviesa las provincias de Santa Fe, Tucumán y Salta, y las pone en comunicación con el sur de Bolivia. Este río servirá también para el transporte de los productos de la provincia de Jujuy, situada sobre su costa izquierda; y los de la muy rica de Catamarca, sobre su costa derecha».

Como podemos apreciar el redactor del folleto no era muy entendido en geografía argentina, como tampoco lo eran los destinatarios del mismo. Alberdi, embajador argentino en Francia, se sintió inmediatamente atraído por el proyecto de Rams, y se inhibió de separar de su cargo de cónsul argentino en París, a don Pedro Gil, gestor de la empresa de Rams, por las dificultades que esa medida ocasionaría en la marcha del proyecto. Así lo comunicaba el ilustre tucumano, al Ministro de Relaciones Exteriores de la Confederación, en carta enviada el 24 de marzo de 1861.

De regreso a Santa Fe, Rams prepara una nueva expedición. Invita a participar en ella a destacados personajes, como el cónsul británico en Rosario, quien reseñó sus impresiones en una interesante descripción, y que estaba interesado en investigar «si realmente el algodón silvestre crecía en muchos miles de acres como se había informado, en varias comunicaciones a la Asociación Abastecedora de Algodón de Manchester. Estaba también encargado de averiguar la manera más conveniente de recoger y llevar a Inglaterra ese algodón, inquiriendo si había escasez de trabajo, u otra cualquier causa en el distrito>> 19.

La expedición, si bien tenía por objeto probar la navegación del rio, sería realizada esta vez por la costa. Salió del Hotel de Comercio de Santa Fe el 9 de noviembre de 1862 y pasaron sin ninguna dificultad por Esperanza, el Valle de la Soledad, y llegaron a Monte Aguara donde se detuvieron cuatro días a los fines de que el Ingeniero Cook, fue enviado por el Banco Maua de Río de Janeiro, estudiara este paraje, dentro del territorio santiagueño. De Monte Aguará regresaron a Esperanza y de esta Colonia se dirigieron a Gramilla, donde nuevamente esperaron al ingeniero Cook que terminara con sus investigaciones en el estero de El Bracho.

Y de allí todos juntos se dirigieron a Matará donde terminaron la expedición. Rams, en Santiago, con el apoyo de los Taboada y el concurso de los ingenieros Guillermo Cook, C. Albeck y Juan Hildebrand, preparaban los proyectos para la canalización del río en el tramo del Bracho viejo, y en ese lugar el 25 de diciembre de 1863, una distinguida concurrencia, se dio cita, llena de fervor y optimismo, para inaugurar las obras de «Canalización, desmonte y limpieza del antiguo cauce del río Salado”20, Dio comienzo el acto el vicario de la provincia, presbítero Sebastián de Jesús Gorostiaga, bendiciendo las obras y después, el padrino del acto, el gobernador Taboada:

"...dio el primer azadonazo dentro del mencionado cauce, y el primer hachazo a uno de los árboles que allí había, continuando de la misma manera los demás presentes, se cantó un Tedeum invocando la protección del altísimo para la consecución de un fin que significa e importa la vida moral y física, no sólo de esta provincia, sino también de todas las del interior>>21

El gobernador Taboada, el senador Borges y el vecino Remigio Carol que usaron de la palabra recalcaron la gran importancia de la obra, al igual que empresario Rams, que agradeció a todos, «asegurando que no descansaría hasta ver surcadas las aguas del Salado por el vapor, que es el precursor de la civilización, de la riqueza y del bienestar de todo el país»22

MUERTE DE ESTEBAN RAMS Y RUPERY

Rams, a fines de 1865 firma con el gobernador de Santa Fe, representado por el Ministro Juan del Campillo, un plan de colonización de las costas del río Salado, en el que se comprometía a establecer en dichas colonias de tres mil a cinco mil familias extranjeras. El gobernador Nicasio Orono le había facilitado todos los medios necesarios para llevar adelante esta tarea, pero el valiente empresario encuentra la muerte, víctima del cólera, el 17 de abril de 1867, en los momentos precisos en que al frente de los vapores «Rosario» y «Ventura» y las chatas «Rudecinda» y «<San José», cargadas de poderosos elementos destinados a remover del río los obstáculos que impedían la navegación, se proponía coronar la obra por cuya realización tanto tiempo había suspirado en vano23. Con la muerte de Rams, no sólo terminó la vida de un gran visionario y patriota argentino. Terminó con él una idea que de ninguna manera era quimérica. Murió Rams con el pleno convencimiento de que el Salado era navegable: «tengo la certidumbre de poder asegurar a V.E. que en el mes de julio del próximo año subirá sin tropiezo alguno hasta este punto (El Bracho) y si se forma a la Compañía este año en Inglaterra (como espero) desde luego le puedo afirmar que en 1868 llegare con mi vaporcito a Matará y Sepulturas “24.

OTROS PROYECTOS DE NAVEGACIÓN DEL SALADO

Después de la muerte de Esteban Rams hubo algunas voces aisladas, que desde el Congreso Nacional o bien desde el periodismo en Santiago del Estero, propugnaban retornar a los viejos anhelos de encontrar una vía de comunicación hacia el Paraná, a través del Salado. El ingeniero Jesús Fernéndez, en un artículo publicado en el órgano del Centro Nacional de Ingenieros durante el año 1899 realizaba un interesantísimo que estudio socioeconómico sobre la canalización y navegación del Salado desde Icaño (Santiago del Estero) al sur y su alimentación por medio del río Dulce desde Estación Salavina.

También Alejandro Gancedo, a fin del siglo XIX, presentaba al Congreso el proyecto del canal navegable desde Santiago del Estero al río Paraná, en un trayecto de más de quinientos Kilómetros, al igual que el proyecto presentado en el año 1899 al Congreso Nacional por los señores Dutilloy y Cia. sobre un canal navegable que partiendo desde un punto cualquiera de Santiago del Estero llegaría hasta la laguna de Coronda en Santa Fe. Este último proyecto, a pesar de la opinión favorable de la Inspección de Obras Hidráulicas de la Nación a cargo del ingeniero Baravino ni siquiera fue tratado.

CONCLUSIÓN

Sólo habían pasado escasos siete años de la muerte de Rams y Rupert y el proyecto de navegación del Salado moría irremediablemente. El «progreso bajo las formas del ferrocarril ingresaba por territorio santiagueño. La suerte había sido echada de antemano, por el capital inglés y sus aliados nativos al condenar a Santiago a ser la productora de los miles de kilómetros de durmientes para las vías férreas y los postes para los alambradas divisorios de las grandes estancias de la pampa húmeda, aprovechando sus interminables quebrachales.

De esta manera Matará, El Bracho, Suncho Corral, Icaño, Аñatuya y los pueblos del gran Chaco, no serían ya los grandes puertos sobre el Salado, puntos de embarque de los productos extraídos de los fértiles valles por donde este río cruza. Ni tampoco se convertirían en las grandes ciudades industriales, con modernos astilleros que aprovecharían los inmensos bosques seculares, como lo había hecho antes el baqueano Lino Belbey, para construir una gran flota fluvial que comunicaría a través de los ríos del gran Chaco a las «provincias pobres» del interior y a nuestras hermanas americanas de Bolivia y el Paraguay con el litoral atlántico.

Por el contrario. Se fundarían nuevas ciudades a la vera del ferrocarril. Se aislaría con el trazado de las vías férreas a la capital y a las tradicionales poblaciones. Los antiguos pobladores, atraídos por la «ilusión del bosque», abandonarían sus hábitos agrícolas-pastoriles para internarse en los obrajes. Sobrevendría la explotación forestal y la devastación más inicua e irracional que conoce la historia de los bosques del Chaco santiagueño y con ella, poco a poco, como en una lenta <<agonía» al decir de Orestes Di Lullo, la muerte de los «viejos pueblos>>.

Comprender la historia pasada es también poder analizar el presente y de esta manera tratar de elaborar y construir nuestro porvenir. Pero, ¿alguien cree, todavía, el pensamiento de Alberdi, Vicente Quesada, Mariano Fragueiro, Manuel Leiva, Jesús Fernández y Alejandro Gancedo sobre el futuro de Santiago del Estero y de las provincias interiores es cosa perteneciente al pasado?

La canalización y navegación del Salado y del Bermejo, así como el aprovechamiento integral de las aguas del Paraguay y del Uruguay, entrelazándonos fraternalmente con Bolivia, Paraguay y Brasil, no es historia pasada, es el presente más inmediato y la clave del futuro y también la posibilidad concreta de recorrer nuevamente el camino trazado por San Martín, Artigas y Bolívar.

Fuente: Libro "Hacha y Quebracho" de Raul E. Dargoltz

6/11/15

La navegabilidad del Rio salado: Esteban Rams y Rubert

La noticia de la navegabilidad del salado cunde, el gobierno nacional condecora a Taboada, y se fogonea el entusiasmo ante la posibilidad para las provincias de encontrar un cauce alternativo al tapón regulado en el puerto de Buenos Aires por la oligarquía porteña.
En ese horizonte es que aparece Esteban Rams, empresario de origen europeo, que consigue grandes concesiones a cambio de un trabajo que nunca terminó: establecer definitivamente una vía fluvial a través de este río.


Estevan Rams y Rubert (Blanes, Cataluña, España, 7 de diciembre de 1805 – Icaño, Santiago del Estero, Argentina, 12 de abril de 1867) fue un ingeniero, comerciante y financista español que tuvo una importante actividad en torno a diversos gobiernos de la Confederación Argentina. Pasó las dos últimas décadas de su vida intentando la navegación comercial del río Salado, en el norte de nuestro país.

Su vida:

Se recibió de ingeniero en Barcelona y llegó en 1822 a Buenos Aires. Asociado a su padre, se dedicó al comercio, como representante de casas de comercio porteñas en las ciudades de Santa Fe, Paraná, Montevideo, Corrientes y Asunción del Paraguay.

Durante el primer año del gobierno de Carlos Antonio López fijó el centro de sus operaciones comerciales y navales en Pilar (Paraguay).

Al año siguiente enviudó y decidió mudarse a Buenos Aires; en el camino, su buque fue atacado y saqueado por José Garibaldi, que actuaba como corsario a favor del Gobierno de la Defensa de Montevideo, enemigo del gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas. Le fue robado incluso el ataúd con el cadáver de su esposa. El almirante Guillermo Brown derrotó poco después a Garibaldi, rescatando parte de sus bienes y los restos de su esposa.

Se instaló en Paraná, capital de la Provincia de Entre Ríos, donde colaboró con el gobernador Justo José de Urquiza en la organización, provisión y financiación de sus campañas al Uruguay. Organizó el servicio hospitalario de la provincia, sobre todo el de uso militar.

Acompañó al Ejército Grande en la campaña culminada en la Batalla de Caseros, a continuación de la cual improvisó tres hospitales de guerra. Volvió a establecerse en Buenos Aires, donde fundó el Asilo de Beneficencia Española, origen del actual Hospital Español de Buenos Aires.

Durante los años de separación entre la Confederación Argentina y el Estado de Buenos Aires, fue uno de los pocos empresarios que tenía buenas relaciones en ambos estados. De modo que participó tanto en la fundación del Ferrocarril Oeste Argentino, organizado en las cercanías de Buenos Aires, como en la construcción de los muelles de Rosario, que pasó rápidamente a ser el segundo puerto en importancia del país.

Apoyó la gestión de Aarón Castellanos en la fundación de colonias en la Provincia de Santa Fe, empezando por la Colonia Esperanza.

En mayo de 1856 realizó una operación financiera de gran envergadura, al comprar – pagando en pesos plata – 300.000 pesos fuertes en bonos del gobierno de la Confederación.

Esteban Rams y Rubert al Ministro de Gobierno de Santa Fe. Comunica que el día de mañana iniciará la Navegación del Rio Salado con el vapor Santa Fe"


La conquista del salado:

Entusiasmado por los informes del marino norteamericano Thomas Jefferson Page, que había explorado el cauce inferior del río Salado del Norte y había pronosticado el éxito en la navegación del mismo, en junio de 1856 firmó con el ministro Santiago Derqui un contrato para la navegación a vapor de este río. Para la financiación de esta gran empresa vendió todos sus bienes, reuniendo 12 millones de pesos plata.

En noviembre de 1856 hizo en un pequeño vapor el recorrido completo del río Salado en 18 días, acompañado por un contingente de tropas de la provincia de Santiago del Estero, comandadas por el general Antonino Taboada. Ese éxito suscitó generalizadas esperanzas sobre la perspectiva de organizar las comunicaciones del litoral argentino con el Noroeste a través del río Salado. Durante los años siguientes se dedicó a profundizar los pasos más playos del río. En enero de 1857 realizó la primera navegación aguas arriba, aunque encontró dificultades de toda índole, con lo que el recorrido le tomó once meses.

Mantuvo muy buenas relaciones con los indígenas, ya que arrastraba detrás del vapor una barcaza llena de artículos vistosos – y baratos – que obsequiaba a sus jefes con generosidad. Dedicó muchos esfuerzos a bautizarlos y reunirlos en varias colonias agrícolas que fundó con ellos en Santiago del Estero. Su éxito en este sentido fue muy relativo, excepto por la fundación del actual pueblo de Icaño.
Viajó por Europa en busca de fondos para extender sus exploraciones y agrandar la empresa de navegación. Aunque recorrió varios países, sólo obtuvo una suma significativa en España. En 1859 el gobierno santiagueño le concedió una extensión de terreno sobre el río, aunque se trataba de una zonas controlada por los indígenas.

En 1862 hizo una nueva navegación, acompañado por el cónsul inglés Hutchinson, que estaba interesado en promover el cultivo de algodón. El gobernador de Santiago y un gran séquito dieron inicio oficialmente a las obras de canalización en El Bracho.

Pero la realidad lo doblegaría: tratándose de un río que cruza zonas desérticas, a medida que se formaban poblaciones en sus orillas – las mismas que hubieran justificado la existencia de un canal navegable – éstas extraían grandes cantidades de agua del río, restándole caudal y por ende profundidad. Eso mismo hizo el mismo Rams y Rubert en el pueblo de Icaño, construyendo canales de riego. Por otro lado, el río Salado era un río con grandes variaciones estacionales de caudal.

Fracasados todos sus intentos, falleció de cólera en el pueblo de Icaño que había fundado en abril de 1867. En una de las pandemias de cólera que asoló España.

Además de la fundación de Icaño, el impulso de Rams y Rubert extendió la práctica de la agricultura bajo riego en el sudeste de Santiago del Estero, generando un progresivo desarrollo económico y el aumento de la población. En la actualidad, el río Salado es poco más que un cauce vacío en las estaciones secas, y sólo lleva agua la mitad del año.