"El arte no es un espejo para reflejar la realidad, sino un martillo para darle forma." - Beretolt Brecht -
16/8/24
Antu Puncu, el bailarín que pactó con el diablo
9/3/23
25/11/22
La Salamanca
La leyenda de la salamanca es general en toda la Provincia. No hay apenas lugar, donde la gente no crea ver o sospeche la existencia de una salamanca.
En el paraje de Tilingo, distante dos leguas de Atoj Pozo (Majadas), Dto. San Martín, escondida en el sitio más enmarañado del antiguo río Huaycondo se encuentra una salamanca, la cual, en ciertas noches, deja oír su música diabólica (CCXVI).
Los habitantes de Tacanitas Dto. Pellegrini afirman que existe una salamanca al Este del Puesto llamado Hoyo Pozo, distante de Tacanitas 566 leguas. Dicen que a altas horas de la noche se oye una música perfecta de violín y bombo, asegurándose, además, que un hijo del dueño de ese puesto, por su vida montaraz y costumbres, tiene compromiso con el diablo (CCXIX).
En el Dto. Guasayán hubo salamanca en los parajes: La Chilca, El Rodeo, Pampa Pozo y Guampacha (CCXVII). También existe una salamanca en Maquijata, Dto. Choya; en Manogasta, cerca de Tuama, en un "pozanco" que se llama Pozo Komer; en la Cañada Larga, a 3 kilómetros de Villa ojo de Agua; en la Cañada de la Costa, Dto. Río Hondo, bajo la barranca, donde hay un árbol y una vertiente; y en Sotelos, camino de La Zanja y sobre el río Salado, frente de Azogasta y cerca de Guaype.
Según la leyenda la salamanca es un lugar diabólico, donde el "supay" enseña sus artes, donde las brujas efectúan sus reuniones tres veces por semana y donde acuden los que se inician en la práctica del maleficio o los que van a aprender toda suerte de maña, destreza o habilidad.
A la salamanca concurre, según la imaginación popular el famoso cantor o guitarrero o bailarín del pago; la moza que enamora; la vieja bruja que prepara los "gualichos"; la curandera; el bravo domador o cazador; el que "piala" con destreza; el corredor de las carreras; y todo aquél que de un modo u otro se ha destacado en la pelea, en el amor o en su trabajo. Por lo general, la Salamanca es un lugar oculto entre los. breñales, de difícil acceso, cuya entrada conduce a una curva amplia y lóbrega. Allí se baila, se hace música, celebran aquelarres y orgías. Las viejas y viejos se transforman en jóvenes, los enfermos curan, la fealdad se cubre de hermosura.
Pero para entrar es preciso armarse de un gran valor. Completamente desnudo, el neófito, hombre o mujer, debe introducirse a la Salamanca con un iniciado. A la entrada de la caverna existe un Cristo "cabeza abajo" al que hay que pegar y escupir. Ya en el recinto subterráneo, se ven animales muy repugnantes y asquerosos: arañas peludas, sapos y escuerzos de gran tamaño, ampalaguas, víboras y umucutis, ante los cuales debe el iniciado permanecer impasible "aunque las víboras se le envuelvan en el cuerpo". Si ha podido vencer la repugnancia o el miedo que tales animales producen, es sometido a nuevas pruebas, y al final, si resulta vencedor, el neófito "puede pedir lo que quiera". En caso contrario, se vuelve loco al salir.
Como entretenimiento, durante la reunión, se hace música con bombo, violín, guitarra y arpa; se queman cohetes de estruendo; y se celebran bacanales que duran toda la noche.
Es creencia general que la música de la Salamanca sólo deja de sonar cuando alguien se arrima a la cueva y que los animales que pasan por cerca de ella se "espantan" y huyen des pavoridos (CLXI), (LXXVI), (VI), (LXXXIV).
Fuente: El Folklore de Santiago del Estero, Orestes Di Lullo
El Sacháyoj
Es el numen protector de los árboles, el dueño del bosque. Vive en las profundidades de la selva bajo la figura de un hombre, se alimenta de frutas y animales silvestres y su cuerpo está cubierto de "sajasta o barba del monte", una especie de alga vellosa y blanquecina.
Su aparición es siempre insólita. Con sus gritos, que semejan los golpes del hacha en el bosque, atrae para perder al "hachero o melero" que se aleja de sus semejantes. Y sólo quien no conozca la existencia del sacháyoj le toma por un hombre y va hacia él. Pero, ¡guay! de aquel que osa) contestar sus gritos o seguirle en los recovecos de la selva: ¡su perdición es segura! Así lo afirman los que le oyeron, llenos de temor y de angustia (XX).
Semejante a esta leyenda existe una deidad indígena que se llama Sacha maman o Madre del bosque, y su origen sería el eco del ruido que las hachas producen en el monte.
Un día refiere don Gabino Ledesma, de Villa Matará- el sacháyojle gritó a un melero que llevaba dos perros para hacer cazar. Atemorizado, se quedó. Pero los perros se metieron al monte, ladrando. Al poco tiempo, uno de ellos regresó aullando lastimeramente, como perseguido por alguien, a quien, sin embargo, su dueño no pudo ver. Del otro perro no supo nunca más. "Dejuro lo llevaría el sacháyoj" (CLV).
Esta figuración mítica del numen tutelar del bosque, es de una moral ejemplarizadora. Tiende, seguramente, a evitar la destrucción del árbol y de los productos de la selva.
Fuente: El Folklore de Santiago del Estero, Orestes Di Lullo
La Madre del Cerro
Don Benigno Corvalán, vecino de El Zanjón, Dto. Capital, que fue "manual" de don Gaspar Taboada, cuenta que allá, por el año 70, se había perdido en el cerro de Guasayán, una mula cargada con tres barriles de aguardiente. Un arriero fue en su seguimiento y después de mucho andar se encontró ante una laguna, circundada de piedras de oro, que producían vivos reflejos en el agua en que se reflejaban. Quedó asombrado el arriero y al levantar la vista, vio sobre una peña a una mujer desnuda, de singular belleza, que peinaba sus cabellos rubios con un peine de oro. Era la madre del cerro u orko maman, como se la llama en quichua, de orko: cerro, y maman: madre.
Pasada la sorpresa que en el arriero produjo esta visión de la deidad tutelar, cargó algunas piedras de oro y fuése para el pueblo, donde contó la extraña aventura. Los vecinos, organizados en comisión, partieron para la conquista del tesoro. Iba a la cabeza el arriero del cuento. Pero cerca ya de la laguna, una densa neblina los tapó, impidiéndoles proseguir la búsqueda.
Cuentan, además, que la madre del cerro se encolerizó cierta vez que jaloneaban las faldas de la serranía de Guasayán por no haberla invocado ni buscado su protección. Al ir a cavar la pica, todo el cerro se estremeció sacudido por un sismo, del que todavía guardan memoria los pobladores de la zona.
La leyenda del orko maman, en su primera versión se asemeja a la del peine de oro de la laguna del cerro bayo de Tucumán.
Fuente: El Folklore de Santiago del Estero, Orestes Di Lullo
La Madre del Río
Esta leyenda que corre por las poblaciones costeras del Río Dulce, es parecida a la de la teogonía, quichua o diaguita de yacu maman, que creía en una diosa menor, madre del agua, que guardaba en tinajas la lluvia del cielo.
El mito santiagueño de la madre del río o mayu maman, como también se llama en quichua, está representado por una hermosa mujer rubia que aparece sentada sobre la "primera ola" de la creciente, la cual, en los momentos de calma peina sus cabellos con una "ñajcha" de pescado o, a veces, con un gajo de "ulúa".
Afirman algunos haberla visto en su verdadera forma: mitad mujer y mitad pez, saliendo del agua en las noches de luna, para dejar su rastro en una "sola güella" sobre la arena, rastro que han de seguir las aguas del río en sus desbordes siempre cambiantes..
En Manogasta, Dto. Silipica, la madre del río anuncia la llegada de las crecidas y la formación de bañados.
Muy semejante a esta leyenda, aunque difiere en su aspecto general, existe en el bracho y las costas del río Salado la mailin paya o vieja del bañado, una ficción con que antiguamente se asustaba a los niños. Fuente: El Folklore de Santiago del Estero, Orestes Di Lullo
2/11/22
Santiago está lleno de salamancas
6/2/22
Relato real de espantos en el monte santiagueño.
Cuentan que un día en un corral junto al canal de la patria, nació un cabrito ciego, tenía el cuero liso en la cara y no tenía cavidades donde deberían estar los ojos. Este raro nacimiento conmovió a familia y a los lugareños de paraje El Cuervo. Una noche el hombre de la casa alumbrando el camino con una linterna, fue hasta su corral para sacrificar al animalito y enterrarlo allí mismo, porque según su creencia, de ese modo se le iba a aumentar muy mucho la majada.
El hombre reunió a sus perros y acompañado por su mujer e
hija, toman un camino serpenteado entre tuscales, salen a un claro y llegan al
lugar.
Allí estaba aquel cabrito, echado casi abajo de un tronco
seco que tenían al lado del corral. Mientras el hombre se preparaba para
acercarse al animal, oyen un gruñido bajo que venía del oscuro monte por el
sendero del chaguar. En ese momento la hija apuntando su linterna hacía el
senderito, ven que de la nada aparece un gran puma caminando tranquilo entre
los perros y las chivas que estaban echadas, toma al cabrito ciego con su boca
y se pierde en la profundidad del monte. La familia cuenta que los perros y sus
chivas jamás se dieron cuenta que el puma pasaba entre ellos.
La familia cree que ese cabrito no era algo bueno y el puma
una aparición diabólica.
Otro relato contado por la amiga "Hilando sueños" dice:
"Un viejito que vivía con nosotros también sabia contar, que una vez se levanto por la noche, porque su perro cabrero ladraba raro en el corral. Cuando fue hasta allí, vio a un perro negro muy grande que corría a las cabras, el hombre agarró una tranca y le dio fuerte por el lomo. Cuenta que el perro largó un largo quejido de dolor, como un humano. El hombre era un viejito muy corajudo, que cuando sentía el silbido de las animas, salía con un cuchillo a los insultos limpios en quichua, vaya a saber que decía."
Entonces es #Cultura si has visitado a algún familiar en uno
de esos pueblos o parajes de Santiago, donde te contaron nuestros mitos y
leyendas. Es traición contarlas abajo las galerías o a luz de la luna, y en
medio de un silencio que abruma. Tal vez algún relato te hará recordar a tu
infancia, y los momentos de miedo que viviste cuando escuchaste por primera
vez, los sonidos en la profundidad de la noche.
#Relatos
#NuestraGente
#EnElMonte
#ContemosHistorias
#Cuentos_Tradición_DeMiTierra
31/10/21
Los ulalos
28/10/21
El petiso que puso en vilo a la sociedad santiagueña
Por Roberto Vozza
El escritor y periodista santiagueño Julio Carreras, elaboró una nota recordando personajes y anécdotas de la vida santiagueña en la década del 60’, y se ocupa precisamente de aquel tiempo en las “supuestas” apariciones del llamado “Petiso Fantasma” que puso en vilo a la ciudad. Y dice…
Una noticia conmovió a toda la sociedad santiagueña: ¡por
las noches, andaba apareciendo, sistemáticamente, un ser sobrenatural!
Repentinamente, se acercaba a los pequeños grupos de colegialas, que regresaban
de sus escuelas. Contaba la gente que con erudición, elegancia y respeto, se
dirigía a las chicas, tras el sólo propósito de disfrutar con su compañía.
A modo de advertencia, sin embargo, comenzó a aparecerse
también ante algunas autoridades. Curas párrocos, conductores de
"mateos", comisarios... se lo encontraban de repente, mirándolos de
un modo sombrío, antes de esfumarse en la oscuridad.
De distintas fuentes de información, todas confiables, llegaban
nuevas noticias: ¡el Petiso había sido visto en Tala Pozo! ¡El Petiso, anoche,
se les apareció a las chicas de la Escuela del Centenario! ¡El Petiso en el
Profesorado de la Normal! ¡El petiso en la Sarmiento!...
A las chicas que iban a la escuela de mi tío Mariano se les
apareció cierta noche y al día siguiente nuestra familia sólo hablaba de eso.
Si bien de Enseñanza Primaria, al ser Nocturna, iban allí muchachas que por una
u otra causa no habían podido hacer sus estudios en edad normal, durante la infancia.
Presentaban entonces edades que iban entre los 13 y hasta veinte años, con un
promedio de dieciséis. ¡Este era precisamente el target del Petiso!
Mi tío Mariano tenía una alumna a quien alojaba en su casa.
Bella muchacha blanca, de cabellos oscuros cayendo en graciosa melenita
alrededor de su cara ovalada, a la mañana siguiente nos contó asustada lo
ocurrido.
"Salíamos con tres chicas compañeras de la escuela,
como a las nueve y media", se estremecía, ante la asombrada rueda que
componíamos mi abuela Corina, tía Teodora, mi hermanito Gustavo de seis años,
yo de ocho, mi pequeña prima Carmen Graciela y detrás nuestras dos
"muchachas", paradas.
"Queríamos comprar caramelos en el almacén, y cuando
íbamos cruzando la placita, de repente... un hombre apareció en medio de
nosotros"...
Ninguna de las cuatro lo había escuchado llegar (pese a que
por entonces y especialmente de noche, nuestra ciudad era muy silenciosa,
escasos motores turbaban su calma y apenas los cascos de uno que otro
"mateo" resonaba alejándose por momentos).
"Se metió en el medio de nosotros", se estremecía
Catalina, la joven protegida de mis tíos, la cual rondaría entonces los
dieciocho años. "¡A mí y Dorita, nos ha tomado del brazo!"
Las chicas se asustaron tanto que perdieron el habla.
Después de saludarlas, el Petiso siguió con ellas, diciéndoles galanterías,
hasta el final de la plaza. Mas desapareció, apenas las jóvenes hubieron pisado
la vereda del almacén.
Entonces gobernaba Santiago del Estero don Eduardo Miguel.
Hombre campechano, elegante y alto, de cuidado bigote cano, gustaba trasladarse
hasta la sede gubernamental -frente a la plaza San Martín- en
"mateo". Declinaba de vez en cuando el auto oficial, para que la
gente lo pudiera ver y saludarlos. En esos finales de los 50 no se reunían
multitudes tensas al mezclarse las celebridades con el público: se las
contemplaba con naturalidad. Don Eduardo Miguel solía atravesar por la mano
derecha de la acequia Belgrano, saludando con la mano cada tanto a los
transeúntes, en un "coche de plaza", las más o menos veinte cuadras
que separaban su residencia del edificio gubernamental.
"Don Eduardo", le gritaba repentinamente algún
ciudadano, al verlo venir: "¿cuándo lo van a agarrar al Petiso?"
"¡Para qué quieres que lo agarremos, m´hijo! ¡Si las
trata a las chicas mejor que sus maridos!", bromeaba el gobernador.
La fama del petiso tuvo anécdotas graciosas o casi
tragicómicas.
Se cuenta que cuando los Hermanos Simón lanzaron
públicamente por la desaparecida LV11 Radio del Norte la chacarera dedicada a
él, no faltó un ocurrente gracioso que llegó hasta la “botinería” de los
itálicos hermanos Scapelatto, en 24 de septiembre y 9 de Julio, en diagonal con
la sucursal del Banco Nación. Era un salón donde se lustraban los zapatos.
Los Scapelato tenían muy baja estatura y el gracioso les
comentó con disimulada sorna que los Simón estaban interpretando la chacarera
“El petiso fantasma” que fue compuesta en alusión a ellos.
Ahí nomás los tanos llegaron furiosos a la radio e increparon duramente a los componentes del conjunto que no pudieron hacerles entender que ese chacarera fue creada sin alusiones a ellos.
Fuente: Patio Santiagueño
13/10/21
Biólogos aseguran que los desmontes aumentan el riesgo de extinción del Kakuy
“Cuenta la gente, allá en el pago, lo sucedido entre dos hermanos. Cuando él volvía de la jornada, agua y comida jamás encontraba. Cansado un día de soportarla la llevó al monte para castigarla. Sobre un árbol, ella esperaba, mientras el mozo de allí se alejaba. A sus reclamos, los llevó el viento, en su garganta, quejumbre y lamento. Con triste grito busca a su hermano; Kakuy se llama y vive penando…” cantaban Los Hermanos Carabajal inmortalizando la leyenda de unas de las aves más misteriosas de las selvas y montes del norte del país.
En Catamarca
vive en la zona de yungas y bosques primarios, es decir bien conservados. Sin
embrago, y como tantos otros animales que habitan en esos lugares, es una
especie amenazada y en peligro. “El desmonte para cultivos de la zona del este
de la provincia, los va forzando a ir a otros terrenos, incluso se los ha
encontrado en plazas y ciudades dando cuenta de éstas intervenciones de tala
que hace el hombre. En este caso no los cazan, ni los matan, pero al
destruirles su hábitat los vulneran y
hay cada vez menos poblaciones” dice Salinas.
La leyenda
cuenta la historia de una pareja de hermanos indígenas, quienes quedaron huérfanos. El joven era
noble y trabajador, un muchacho de buenos sentimientos dedicado plenamente al
cuidado de su hermana, a quien consentía con hermosos regalos. Sin embargo,
ella lo trataba mal todo el tiempo y se burlaba.
Cuando llegaron al lugar que él le prometió, la convenció de subir a un árbol muy alto que en la cima tenía un panal con miel. Para que ella pudiera trepar la acompañó. Pero, cuando se aseguró que ya no podría bajar, comenzó a descender y con un hacha cortó todas las ramas, impidiéndole el descenso.
Cuentan, que a medida que pasaban las horas, los pies se le convirtieron en garras filosas, como si fuera un búho, su nariz y las uñas se arquearon, sus manos se comenzaron a transformar en enormes alas, y todo su cuerpo se cubrió de plumas.
Fuente: Pagina12
21/9/21
LA SALAMANCA Y LOS INDIOS CONTEMPORÁNEOS
Explorar en las creencias sirvió como perspectiva fundamental al momento de indagar en la representación y caracterización de lo “indio”, en especial aquella referida a la salamanca.
La presencia de una de ellas en la localidad vecina de Tuama extendida con mayor fuerza en los relatos, marca la separación, según pobladores: entre la religión católica y prácticas “oscuras” o “diabólicas” que son propias de aquellos alejados del catolicismo.
Como es sabido, los relatos sobre la existencia de salamancas provienen desde el período colonial. Son conocidos los procesos judiciales iniciados contra hechiceras (en mayor parte mujeres) que se formaban en la brujería, provocando daños e incluso la muerte a aquellos que por distintas circunstancias sufrían los conjuros. La salamanca, como producto mestizo entre prácticas prehispánicas y europeas (Farberman 2005), era el lugar donde se aprendían artes que implicaban no solo el embrujo si no también curaciones, y sus practicantes eran indios, pero también aquella población proveniente de las castas. Si bien resulta problemático ubicarla físicamente en un sitio específico, es en el monte y en las cercanías de los ríos donde suelen existir; solo los practicantes conocen ese espacio subterráneo donde pactan con el demonio para adquirir habilidades en diversos campos. Es así que la idea del poder y la resistencia son dos aspectos que encierra la salamanca. Demonizada por los españoles, se presentaba como un mecanismo de obtención de poder para aquella población subalterna que difícilmente podía obtenerlo de otra manera en una sociedad fuertemente estratificada, y de resistencia en tanto a la imposición hegemónica del catolicismo.
Algunos informantes se refieren a ella con el nombre de pozo “qomer”, palabra en quichua que significa verde, el pozo verde, significado en apariencia obviado por los pobladores, sobre todo si consideramos que el quichua se perdió casi completamente y solo algunos ancianos hablan esporádicamente algunas palabras. Sin embargo existe el recuerdo de que generaciones anteriores se comunicaban en esa lengua materna. El pozo que subsiste cercanamente al lecho muerto del río, es indicado como el lugar donde funcionaba la salamanca, sitio donde los lugareños tanto de Tuama como de Manogasta, escuchaban antiguamente
sonidos de bombos que provenían de distintos lugares y en cercanía a ese pozo, así como otras historias de apariciones y sucesos inexplicables. Es interesante destacar el modo en que los “indios” y especialmente su descendencia aparecen asociados a esta práctica, aquí surge nuevamente la marcación utilizada para autoadscribirse y diferenciarse del otro.
Una historia hace referencia a una mujer que falleció y unos vecinos fueron a su casa para preparar el velatorio; al llegar encontraron una mesa repleta de santos, otra con una suerte
de “montañita” hecha de palitos de madera y dos víboras lampalaguas en el techo. Los entrevistados ante estos sucesos, sumado a otras caracterizaciones socioculturales, inferían
que la salamanca era propia de los principales del lugar, donde hay “raíces indias”. Algunos de estos descendientes eran los que tenían estas prácticas diabólicas en contraposición con el catolicismo, expresado en la mayor parte de las comunidades. Éstos eran representados como ariscos, salvajes, en comunión con la naturaleza y con comportamientos fuera del común, representación históricamente internalizada que reproduce la premisa que marca la dicotomía civilizado/bárbaro.
Es así, que en el pueblo vecino de Tuama se construye esa identificación más directa con lo “indio” y sus prácticas, pues allá viven o vivían los descendientes y estaba la salamanca.
Es interesante observar cómo los manogasteños construyen identitariamente al vecino de Tuama y cómo desde este pueblo algunos tratan de negar esa identidad impuesta. Un elemento que permitiría reforzar esta construcción, es el aislamiento del poblado en una región de montes y sobre todo la presencia indígena en Tuama hacia fines del siglo XVIII según los padrones de indios (Togo et al. 2009), donde el pueblo era mucho más numeroso que el de Manogasta, y si bien luego se comenzó a desestructurar (en la actualidad existen pocas familias), esa presencia y su huella en las prácticas parecen haber quedado impresas allí.
Carlos Bonetti
5/7/21
Leyenda del Almamula
Esta es una superstición muy arraigada, no solo en el campo sino en la misma ciudad capital de Santiago del Estero.
Dice que el almamula es una mujer que vive en pecado: una mujer que tiene como amante a su padre, o a su hermano o a su hijo, es decir a alguien de su propia sangre. Una mujer que se revela ante la ley de Dios, pues no siente vergüenza ni pudor alguno de sus amores.
Ante tamaña herejía el Señor la condena en vida a que vague por las noches, convertida en mula, buscando quien la redima. Porque aún siendo almamula puede salvarse, si encuentra un hombre corajudo que le haga frente y le corte un pedazo de oreja, o le haga cualquier incisión de la que brote sangre. La sangre del almamula y la voluntad de reincidir en el pecado, pueden salvar a la mujer y a su alma.
El ciclo del almamula tiene dos etapas: si el pecado es reciente, puede salvarse. Pero si ya pasó mucho tiempo y nadie la hirió, lamentablemente se pierde.
Es creencia popular que el almamula sale los martes y jueves, especialmente cuando hay viento del sur o cambio de tiempo y siempre después de las 12 de la noche. En su primera etapa es como un burrito pequeño, que a veces suele venir alado “en la punta del viento”. El almamula grita .Y ese grito eriza la piel y pone miedo en el alma de quien escucha, pues su grito resume la desesperación y la locura. Quien desea salvarla debe preparar un cuchillo y esperarla (cuchillo porque es de acero , y además tiene cruz entre el cabo y la hoja). Dicen que ella sabe cuando alguien la espera para herirla, y grita aún más fuerte para atemorizar a su salvador, y a la vez poner a prueba su valentía. Si el hombre no muestra signos de miedo y se le acerca resuelto, ella baja la cabecita y se queda quieta para que la corten: es como un ritual, se necesita que derrame sangre para lograr su purificación, su absolución.
En cambio el almamula vieja es mala, agresiva y goza haciendo daño. Una característica que la distingue de la anterior es que echa fuego por la boca, y que de ella penden gruesas cadenas que va arrastrando. Además su parte trasera es hueca. Dicen en el campo que su instinto animal se manifiesta ante las majadas: ataca a los indefensos corderos y los mata, comiéndole únicamente las vísceras.
Al almamula condenada no se la puede redimir. Si alguien la hiere, aunque sea levemente, la mujer enferma y muere, sin que la ciencia pueda salvarla.
Fuente: Diccionario de Mitos y Leyendas - Equipo NAyA/Retratando Silipica, Santiago del Estero
29/1/21
“Como dijo un santiagueño hacerse la repartija”
Por Jorge W. Abalos
En las provincias cercanas tenemos fama de malos vecinos, de incursionistas depredadores, y de ladrones; y hacen remontar nuestras rapiñas a la época de la organización nacional.
Numerosos cuentos
recuerdan nuestras pretendidas habilidades y el cancionero popular nos “honra”
con mal recuerdo.
Llegan a decir
que en Santiago del Estero el diablo perdió el poncho, pero que no es que lo
perdió, sino que se lo robaron.
“Santiagueño y basta”
y quedamos fichados con el sinónimo que ya equivale a ladrón. Esto nos obliga a
una permanente actitud de defensa cuando tenemos la poca suerte de morar en
“territorio hostil”; y cuando se nos interroga sobre nuestro origen, tenemos
que confesar como avergonzados “Santiagueño… y disculpe ¿no?”
Vamos pues a
debatir el tema: ¿somos o no ladrones los santiagueños?. Nos referiremos en
primer término a una de las más graves acusaciones.
Cuentan en
Catamarca, que en las fiestas de la Virgen del valle, cada uno de los peregrinos
se acercaba a la bondadosa imagen para agradecerle algún favor concedido o pedirle
una gracia; y dicen que cuando le tocó el turno al santiagueño, este se aproximó,
susurrándole: virgencita… yo no te pido que me des nada… solo te pido que me
pongas cerca de donde hayga”
Se pretende así
acusar al santiagueño de ser amigo de lo ajeno, confundiendo a la opinión
pública con que solo es discreción en la demanda. Imagínense la cantidad de
pedidos con que es abrumada la Virgen en esas fiestas (piense que van hasta
cordobeses); el santiagueño no quiso ser pedigüeño más, solo pidió la mitad de
la gracia, él se las arreglaba luego. Si hasta en una manito que le da a la
virgen para que esta pueda “baratito” quedar bien con él. Podría resumirse la actitud
de nuestro comprovinciano en la inversión del proverbio: “ayúdame y te
ayudare”.
Además, hemos de
confesar que esto nos viene de nuestra raíz, Clemente Cimorra, en sus
“capitanes de Rojas, descubrimiento y entrada al norte argentino”, pone en boca
de unos oficiales la expedición “llévenme –dice- a donde haya riquezas, que por
mal que se concuerde el reparto, algo me ha de tocar a mí. Siempre he pedido a
Dios y nuestra Señora que me ponga olla llena al alcance de mi mano que lo
demás corre por mi cuenta”.
Salgamos de
Catamarca al sud y llegaremos a la Rioja, allí también tienen que decir.
Cuentan que las tropas del General Taboada, al regresar a Santiago arrearon con
todo lo que pudieron, alzándose hasta con mujeres y niños. Relatan que un año
después de la llegada del ejercito a la capital santiagueña, se vio una
polvareda que avanzaba por un camino de acceso a la ciudad; y ante la sorpresa
general y el regocijo de parientes y amigos, se vio llegar, agotado y sudoroso,
a un soldado rezagado al que se daba por muerto, que se había demorado en el
camino porque venía empujando un portero riojano, único producto de su rapiña.
Tenemos que aclarar
que el cuento no tiene gracia. Con respecto a la batalla del Pozo de Vargas, preferimos no hablar para
no herir susceptibilidades riojanas. Las cosas que los santiagueños pudieran
traer desde allí no debieron ser muchas y seguramente las recogerían como
recuerdo de la campaña. Si en verdad se trajeron los niños, ya se arrepentirán
luego de criar riojanos; y con respecto a las mujeres, es lo más posible que
ellas siguieran a los vencedores.
Debe ser esto último
y aquella batallita lo que no nos perdonan la “rioja”, que nos apodan los
“planta i lana”, diciendo que los santiagueños al llegar a La rioja vieron por
vez primera plantaciones de algodón y suponían que era lana. A esto diremos que
no alcanza a los conocimientos riojanos la razón filológica que asistía a
nuestros cultos guerreros, que no satisfechos con el nombre árabe alcoton,
prefirieron la lógica del germano Baumwolle, cuya traducción literal es lana de
árbol. (Estamos abrumadoramente ilustrados).
Se comenta
también en La Rioja las especiales instrucciones que daba Quiroga a sus
oficiales sobre el cuidado que debían tener con los escuadrones santiagueños de
su propio ejército, sé que no los pusieran cerca de “donde hubiera algo”. Pero
nosotros justificamos a los santiagueños sobre todo si fueron enviados como
contribución de Ibarra con uno de esos mensajes: “le envío 100 voluntarios…devuélvame
las maneas”.
En Tucumán
pretenden denigrarnos con la copla de un “palito”
Por los cerros tucumanos
Llevan preso a un santiagueño,
Porque se encontró un bosal
antes que lo perdiera el dueño.
Con otra:
Toman preso a un santiagueño
en el paso de “Las Juntas”,
porque había encontrao un lazo
con un caballo en la punta.
Y con otra aun:
Una niña, bailando
Perdió el pañuelo
Y lo encontró en la caja
De un santiagueño.
Nos acusan
también de haber hecho peligrar la victoria de Tucumán, diciendo que las tropas
santiagueñas del ejército de Belgrano se entregaron al saqueo de los convoyes
españoles antes de terminar la lucha y de luego haber “voliao el anca”. Solo
diremos que seguramente los tucumanos estaban envidiosos de haber sido
aventajados por nuestros soldados, que si llegaron primero a los bagajes no
debe haber sido por marchar a la retaguardia del ejército nacional. Llega el
descaro de estos malos vecinos a acusarnos de robarles las eses.
Quieren así
justificar la lengua chupina que hablan (“Y como querí que hable, no vei que
etoy enfermo?”)
Junto al doctor
Barraza –gobernador de nuestra provincia en ese entonces-, participaba de un
paseo fluvial en las inmediaciones de la capital federal aquel grande hombre
tucumano que fue Don Lucas Córdoba. Nuestro comprovinciano fue afectado por el
movimiento del bote y, despojado de su dignidad por un estomago poco marino,
comenzó a arrojar violentamente por la boca, lo que por la misma vía, aunque
menos apresuradamente, ingiriera poco rato antes. El gobernador tucumano, sin
condolerse por el lamentable trance por el que pasaba su colega, comento a sus
acompañantes:
-Es el primer
santiagueño al que veo devolver algo.
Nuestro
contrataque a las agresiones tucumanas nos lleva a modificar los versos de una
copla muy conocida:
Soy santiagueño señores
Y no niego mi nación;
Prefiero ser santiagueño
Y no tucumano ladrón.
No continuaremos
enumerando las fabulas que a costa de nuestra honradez se relata; el lector las
conoce seguramente tanto como nosotros
Consideremos pues
esta serie de acusaciones de que somos víctimas. Observaremos que se nos
atribuye sustracciones de pequeña monta: un bozal, un pañuelo, un mortero, un
caballo. En la misma copla del “Martin Fierro” (que seguramente Hernández
incluyo guiándose por información mal intencionada), se habla de “hacerse la
repartija”; no se trata pues de dividir el producto de un robo propiamente
dicho, sino más bien de una ratería.
Obsérvese que en
ningún caso nos acusan de robos de importancia, ni de fracturas, ni de violencias,
ni de atracos; la más grave acusación se hace
ese abigeo inculpando de apartar ganado por estar llevándose un caballo,
y que si bien vemos, no podemos afirmar que el pobre hombre no se hubiera
compadecido de la bestia y la llevara a beber.
No somos, pues,
ladrones, solo somos rateros, distraemos efectos de poca monta con sutileza,
escamoteamos más por el fastidio que la pérdida del objeto provocara al
damnificado que por el beneficio que esperamos obtener del hurto. Hacemos
filigranas de saineo. Bueno, digámoslo ya, somos deportistas, solo eso.
Ejecutamos las sustracciones por espíritu juguetón y bromista. De la misma
manera que hacemos esgrima de palabras en nuestras charlas traviesas, de esa
misma manera que estamos tiroteando y embretando a nuestro oponente en la
conversación movida.
Y al que pretenda
dudar de esta afirmación de nuestra calidad de deportistas, lo remitimos al
cuento del santiagueño que se trajo el mortero desde La Rioja; ese no es un
ladrón, es un deportista. Y hande saber que desde entonces ostentamos el record
mundial en esa especialidad.
Hemos de tener
oportunidad de relatarles los lances de un santiagueño que participo en una
marcha hípica de Rosario a Buenos Aires con el solo objeto de “distraerle” una
fusta a un jinete porteño. Pero lo haremos en otro número de El Liberal, pues
este, de su cincuentenario, se dispersara demasiado por “el extranjero” y el
relato a que me refiero es para contarlo en familia.
Extraído de “El
Liberal, Numero del Cincuentenario 1898 - 1948”
28/1/21
La Madre del Cerro
Don Benigno Corvalán, vecino de El Zanjón, Dto. Capital, que fue “manuela” de Don Gaspar Taboada, cuenta que allá, por el año 70, se había perdido en el cerro de Guasayan, una mula cargada con tres barriles de aguardiente. Un arriero fue en su seguimiento y después de mucho andar se encontró ante una laguna, circundada de piedras de oro, que producían vivo reflejos en el agua en que se reflejaban. Quedo asombrado el arriero y al levantar, vio sobre una peña a una mujer desnuda, de singular belleza, que peinaba sus cabellos rubios con un peine de oro. Era la madre del cerro u orko maman, como se llama en quichua, de orko: cerro, y maman: madre.
Pasada la represa
que en el arriero produjo esta visión de la deidad tutelar, cargo algunas
piedras de oro y fuese para el pueblo, donde conto la extraña aventura. Los
vecinos, organizados en comisión, partieron para la conquista del tesoro. Iba a
la cabeza el arriero del cuento. Pero cerca ya de la laguna, una densa neblina
los tapo, impidiéndoles proseguir la búsqueda.
Cuentan, además,
que la madre del cerro se encolerizo cierta vez que jaloneaban las faldas de
las serranías de Guasayan por no haberla invocado ni buscado su protección. Al
ir a cavar la pica, todo el cerro se estremeció sacudido por un sismo, del que
todavía guardan memoria los pobladores de la zona
La leyenda del orko maman, en su primera versión se
asemeja a la del peine de oro de la laguna del cerro bayo de Tucumán.
Extraído del
libro “El Folklore de Santiago del Estero” Orestes Di Lullo
27/1/21
El Sachayoj
Su aparición es
siempre insólita. Con sus gritos, que asemejan a los golpes del hacha, atrae
para perder al “hachero o melero”,
que se aleja de sus semejantes. Y solo quien no conozca la existencia del sacháyoj
le toma por un hombre y se va hacia él. Pero ¡guay! De aquel que se osa
contestar sus gritos o seguirle en los recovecos de la selva: ¡su perdición es
segura! Así lo afirman los que le oyeron, llenos de temor y de angustia (XX).
Semejante a esta
leyenda existe una deidad indígena que se llama Sacha mama o madre del bosque,
y su origen seria el eco del ruido que las hachas producen en el monte.
Un día -refiere
don Gabino Ledesma, de Villa Matara- el sacháyoj le grito a un melero que
llevaba perros para hacer cazar. Atemorizado, se quedó. Pero los perros se
metieron al monte, ladrando. Al poco tiempo, uno de ellos regreso aullando
lastimeramente, como perseguido por alguien, sin embargo su dueño no pudo ver.
Del otro perro no supo nunca más. “dejuro
lo llevaría el sacháyoj” (CLV).
Esta figuración
mítica del numen tutelar del bosque, es una moral ejemplarizadora. Tiende,
seguramente, a evitar la destrucción del árbol y de los productos de la selva.
XX Andronico Gil
Rojas: Tacíoj, Dto. Copo
CLV Gabino
Ledesma: Villa Matará, dto. Sarmiento
Extraído del
libro “El Folklore de Santiago del Estero” Orestes Di Lullo
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