El Clima en Santiago del Estero

11/12/13

Gumersindo Sayago, figura destacada de la salud pública de Córdoba (Primera parte)

La historia de Villa Independencia es rica en personajes increíbles. Entre ellos, hay uno que sobresale no sólo por su reconocida trayectoria profesional, sino también por su calidad como vecino; estamos haciendo referencia al doctor Gumersindo Sayago.

Nacido el 10 de diciembre de 1893 en Santiago del Estero, era hijo de Rosario Gallardo y del Dr. Gumersindo Sayago, ex diputado provincial y profesor del Colegio Nacional de esa provincia. Allí terminó de cursar sus estudios secundarios, trasladándose luego a Buenos Aires para estudiar medicina. Según Ada R. del Valle Iturrez de Capellinni [2012], Gumersindo vivió en la urbe porteña una vida bastante sacrificada debido a las difíciles condiciones materiales en que se desarrollaba su existencia. Pese a ello, fue un alumno brillante, aunque no pudo continuar sus estudios debido a que se enfermó de tuberculosis. Con la meta de tratar de curarse, viajó y se radicó en la ciudad de Córdoba, donde finalmente pudo recuperarse y recibirse como profesional de la medicina. Sin dudas, la afección que tuvo que sufrir lo marcó para siempre, ya que se especializó en la lucha contra esta enfermedad. Gracias a la labor realizada en este campo durante todo el resto de su vida, Sayago terminó por convertirse en uno de los médicos más reconocidos de su época y pionero en Córdoba en el estudio y la prevención contra la tuberculosis, ese terrible flagelo que asoló nuestra sociedad entre fines del siglo XIX y las primeras décadas de la centuria siguiente.

Vale la pena, pues, conocer un poco más de su historia, la cual dejó una huella imborrable en el campo de la medicina nacional y la villa serrana, y que como justo tributo nuestra comunidad honró designando al hospital municipal con su nombre.

La tuberculosis y sus graves secuelas

El proceso de extensión y acumulación capitalista que vivió nuestro país entre el último tercio del siglo XIX y el primero del siguiente profundizó las desigualdades sociales entre quienes concentraban la mayor parte de la riqueza generada por la hegemonía de la producción agroexportadora y aquellos que, aún siendo gran mayoría, debían sobrevivir en las más difíciles condiciones de vida a causa de los magros ingresos que percibían por la venta de su fuerza de trabajo. Hacinados en pequeños espacios habitacionales, la mayoría de los cuales no tenían acceso a servicios públicos esenciales para garantizar las mínimas condiciones higiénicas, estas familias de trabajadores se hallaban fuertemente expuestas a un diverso número de enfermedades. Además, la situación empeoraba en los casos donde todavía no se había hallado un tratamiento efectivo o antibiótico capaz de detener el avance de determinado padecimiento. Uno de estos ejemplos era la tisis o tuberculosis, que se había transformado por esos años en una de las causales de mortandad más elevadas de la ciudad de Buenos Aires.

La ciudad de Córdoba, como el resto de las grandes ciudades del país, no vivía aislada de este panorama. Específicamente hablando de la tuberculosis, ésta también presentaba un alto nivel de mortalidad en la urbe mediterránea, tal como lo demuestra Adrián Carbonetti:

Partiendo en 1887 de una tasa de mortalidad cercana al 21,8 por diez mil habitantes, llega a su máximo en 1915 con 49,3. […] Con estas tasas de mortalidad la tuberculosis se transformó en la principal causa de muerte para la ciudad de Córdoba, […].” [1999: 67]

Sayago y su destacado rol en la tisiología cordobesa

Teniendo en cuenta que la capital provincial contaba con una de las universidades más prestigiosas del país, no extrañó que salieran de ella varios profesionales de la salud que, en virtud del grave problema social que representaba la tisis, se abocaran a estudiar y elaborar proyectos para tratar de disminuir su influencia. Entre ellos, se destacó el tisiólogo santiagueño Gumersindo Sayago, quien había recibido su título de doctor en medicina en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) el 16 de abril de 1919.

En este punto, vale recordar que Sayago había sido uno de los principales protagonistas de la Reforma Universitaria de 1918, siendo uno de los firmantes del Manifiesto Liminar del 21 de junio de ese año, el célebre documento donde los reformistas exponían las metas a través de las cuales se proponían democratizar y superar el anacronismo de los programas de estudios en el que se hallaba la universidad cordobesa. Como recordaría tiempo después, aquella participación en la política estudiantil imprimiría una huella profunda en su consciencia, ya que le dejaría marcado por siempre los principios de acción que tuvo a lo largo de su vida pública:

Y son aquellos días ya lejanos de mi actuación estudiantil en el año 18, llenos de fe y esperanza, los que representan para mí el mayor blasón de mi vida universitaria. En ellos se trazó un sendero de rectitud, de libertad y de justicia social, por el que siempre seguí afanosamente.” [Ibíd.]

Una vez recibido, Sayago comenzó poniendo en práctica esos principios trabajando en el hospital Tránsito Cáceres de Allende. Mientras tanto, seguía inserto en el ámbito universitario, donde comenzó su tarea docente como adscripto a la Cátedra de Clínica Epidemiológica. Los conocimientos teóricos y prácticos de los que se fue nutriendo en esos años le sirvieron para iniciarse en el campo de la investigación académica, donde ya en 1920 recibió el premio José M. Álvarez por su obra titulada “La tuberculosis en la provincia de Córdoba”.

El compromiso social asumido por Sayago se expresó concretamente en ese primer trabajo de investigación, donde expuso que la tuberculosis afectaba principalmente a los sectores socioeconómicamente más desfavorecidos, pues éstos se hallaban frente a condiciones de vida (vivienda y trabajo) que favorecían el desarrollo y propagación de esta enfermedad:

En especial para el sexo femenino y para todos aquellos que trabajan en sus domicilios, las horas de trabajo diarias llegan fácilmente a 10 y 16 horas. Es en todos estos obreros en donde la tuberculosis hace mayores víctimas, pues son sujetos que viven en un continuo surmenaje físico.” [SAYAGO, 1921: 271, cit. por: CARBONETTI, 1999: 83]

En vista de esta situación, Sayago y otros higienistas cordobeses propusieron la intervención del Estado provincial en la implementación, tal como lo define Adrián Carbonetti, de una serie de “medios indirectos” que terminarían por ayudar a reducir la difusión de la tuberculosis. Entre ellos, se propugnaba la provisión de agua corriente potable y la ampliación del sistema de cloacas.

Asimismo, también sostuvieron la necesidad imperiosa de fijar estrategias “directas”, como aislar a los enfermos en hospitales para evitar el contagio en forma masiva. En este sentido, pusieron de relieve el alto valor que tenía el clima serrano cordobés para el tratamiento de esta enfermedad, ya que el mismo obstaculizaba la reproducción del bacilo debido a la escasa humedad que presentaba la zona. En esta posición, también había influido la experiencia de los sanatorios que se habían erigido en el área serrana, y cuyos resultados habían sido hasta ese momento en buena parte auspiciosos. De este modo, apoyaron la creación a principios de los años veinte de algunos sanatorios de este tipo en la ciudad de Córdoba, como el Misericordia y el Rawson.

Las medidas tomadas entonces dieron muy pronto sus frutos, pues no sólo se detuvo la espiral de mortalidad ascendente que había alcanzado su pico máximo en 1915, sino que ya desde la década de 1920 empezó a retroceder tanto en términos nominales como relativos.

La Escuela de Córdoba o Escuela de Sayago

Los logros alcanzados por los profesionales cordobeses les valió el reconocimiento de sus pares a nivel nacional e internacional, aunque todavía no habían conseguido disponer de un espacio institucional específico. Esto se pudo lograr en 1933, luego de que se normalizara el funcionamiento de la universidad local tras la intervención del gobierno de facto. En ese momento, se procedió a crear el Instituto de Tisiología perteneciente a la Facultad de Ciencias Médicas de la UNC, cuya dirección quedó por concurso a cargo del doctor Gumersindo Sayago.

Una vez en funciones, éste reforzó los lazos con otros importantes centros de estudios especializados. En vista de ello, fue nombrado Académico del Instituto de Tisiología de Hamburgo e integrante de la Academia Real de Medicina de España.

En 1937, la Facultad de Ciencias Médicas de la UNC llamó a concurso para cubrir el cargo de profesor titular de la primera Cátedra de Tisiología que se creó en el país, la cual fue inaugurada el 19 de abril de 1938 bajo la dirección de Sayago.

A partir de la ardua labor emprendida, la Escuela de Córdoba o Escuela de Sayago –como también se la conocía debido a su máximo impulsor- brindó un renovado impulso a la investigación, generando una serie de acciones que les permitieron a sus integrantes el reconocimiento de sus colegas y del Estado provincial para estar al frente de la lucha contra la tuberculosis:

“[La Escuela de Córdoba] generó publicaciones sobre la especialidad, como la revista Temas de Tisiología; consolidó redes con los principales centros de estudio de Europa y Estados Unidos; formó, mediante cursos de posgrado, especialistas del interior del país y de países limítrofes como Chile y Paraguay; y posibilitó la inserción de varios de sus integrantes en puestos claves de organismos estatales de control de la tuberculosis.” [CARBONETTI, 2008: 203]

El gobierno impide la concreción del plan de lucha contra la tuberculosis

Tratando de encontrar una vía más efectiva para atenuar los efectos de la tisis dentro del territorio provincial, el Instituto de Tisiología propuso al gobierno cordobés la puesta en práctica de un ambicioso plan de lucha. Fundamentalmente, se basaba en la necesidad de construir nuevos centros hospitalarios dirigidos por profesionales cordobeses, donde se internarían a los tuberculosos con la meta de aplicarles el tratamiento más efectivo hasta entonces conocido: aislamiento, higiene, dieta y abundante sol.

Lamentablemente, el erario requerido para la aplicación del plan diseñado por Sayago y sus colegas no fue aportado por el gobierno provincial, aduciendo sus responsables que el mismo implicaba elevar por triplicado el presupuesto previsto para el área de salud. Esta postura, que concebía a la salud pública como un gasto y no una inversión, era tributaria de una tradicional concepción liberal ortodoxa del Estado que se venía aplicando desde hacía varias décadas en la Provincia, donde se dejaba a las entidades de beneficencia y asistencia buena parte de la responsabilidad en la atención sanitaria de los sectores populares. De este modo, se evitaba contradecir aquellos principios que postulaban lo perjudicial que resultaría la intervención estatal dentro de los ámbitos propios de la sociedad civil, aunque en la práctica, como lo ha demostrado la Dra. Beatriz Moreyra [2009], esto era usualmente evitado debido a la asistencia monetaria y material del Estado en beneficio de las entidades privadas antes mencionadas.

Las disputas políticas marcan la decadencia de la tisiología cordobesa

El notable avance obtenido a partir del trabajo de campo y la institucionalización académica comenzó a verse perjudicado a partir del golpe de Estado ocurrido en junio de 1943. Tras subscribir, junto con varios de los más afamados científicos de la época, una solicitada en contra de aquel suceso, el doctor Gumersindo Sayago fue separado de la dirección del Instituto y la Cátedra de Tisiología. En solidaridad con él, otros integrantes de aquellas instituciones renunciaron a sus cargos, lo cual ponía fin al fructífero trabajo que hasta entonces habían desarrollado este conjunto de notables profesionales.

En 1945, en un contexto de fuerte deslegitimación del gobierno militar, Sayago volvió a ser designado el frente de sus cargos universitarios. Esto originó un fuerte conflicto con la Comisión Directiva de la Asociación Tránsito Cáceres de Allende, la que se había manifestado en contra de asumiera al frente del Instituto de Tisiología. Hay que tener presente que esta entidad civil tenía una gran influencia en la toma de decisiones por parte de las autoridades universitarias con respecto a esta institución, pues tenía a su cargo las dependencias del hospital donde funcionaba la misma.

Según Carbonetti [2007], esta posición de los directivos del hospital tenía que ver con el hecho de la adhesión de la Iglesia católica –con la cual estaba vinculada esta entidad- al candidato del partido laborista, Juan Domingo Perón, lo cual se contraponía con el posicionamiento público del tisiólogo santiagueño a favor de la Unión Democrática. Esta situación dio inicio a un enfrentamiento irreconciliable entre la UNC y la asociación civil, cuando esta última recurrió al gobierno provincial para que impidiese que Sayago se hiciese nuevamente cargo del Instituto de Tisiología. No obstante, el prestigioso médico pudo finalmente cumplir con la función asignada, cuando en febrero de 1946 la UNC dio por terminado el acuerdo con la Asociación Tránsito Cáceres de Allende. Pero esto, para desgracia de sus expectativas, aún distaba mucho de haber finalizado.

Tras la intervención decretada por el gobierno peronista en el ámbito de las universidades de todo el país en 1948, Sayago fue apartado de sus funciones. Como sucedía en todas las cátedras intervenidas, tanto él como sus colaboradores fueron reemplazados por un grupo de profesionales afín con el proyecto peronista.

Pese a los agravios recibidos por su posicionamiento político, Gumersindo estaba lejos de bajar los brazos. Junto con otros colegas crearon una institución civil sin fines de lucro denominada “Centro de Asistencia Médico y Social de la Tuberculosis”, la cual se mantenía con los aportes de los propios galenos. Además, continuó formando parte de la Sociedad de Tisiología de Córdoba, desde donde pudo continuar la labor pedagógica dictando varios cursos de especialización sobre la materia.

Luego del golpe de Estado de septiembre de 1955, Sayago asumió nuevamente la dirección de la Cátedra e Instituto de Tisiología. Sin embargo, y a pesar de recuperar lo que injustamente había perdido, Sayago ya no se encontraba con las mismas fuerzas de siempre, aquellas que solía fortalecer durante sus estadías veraniegas en las serranías cordobesas. Como pudimos ver, su vida fue muy intensa, debiendo continuamente debatirse con el poder político por los continuos obstáculos que éste ponía a la hora de limitar o frenar las numerosas iniciativas que surgían de su febril actividad. En el paisaje serrano de Villa Independencia lograba recargar las energías para hacer frente no sólo a tantos problemas, sino también para abordar los desafíos que implicaban avanzar en el mejoramiento del tratamiento de tan nefasta enfermedad.
Fuente: www.lajornadaweb.com.ar/

Por José Antonio Casas / Profesor en Historia

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