El Clima en Santiago del Estero

26/9/17

Elegía para Jacinto en celeste y oro

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De César Cisneros de la Hoz.
Sgo del Estero, Argentina, 26 de octubre de 1991



Se fue un amigo, se fue un poeta,
por el camino que todos temen,
hoy le lloramos con chacareras
porque sus letras no hablan de muerte.

Fue un veinticinco del mes de octubre,
pocos minutos tenía el día,
cuando Jacinto, desde la cumbre,
de todo un pueblo, vio su alegría.

Tan empinada era la cima
que todo el pueblo lo vio en las nubes,
desde lo alto –voz peregrina-
eran sus versos plegaria y lumbre.

Era el milagro de verlo vivo,
con cuerpo y alma, antes del viaje,
en ese instante, con versos, dijo
que iba a otros rumbos para cantarles.

Su despedida estaba dicha,
nadie –siquiera- supo advertirlo,
quizás querías burlar la cita
y con nosotros hacer camino.

Era plegaria, toda sonrisa,
la gran propuesta de un mundo nuevo,
por eso, amante, nos ofrecías,
toda la magia de tu instrumento.

Era tu noche jamás soñada
pero esperada con mucha entrega,
por eso estaba muy bien templada
tu fiel guitarra, tu compañera.

Guitarra y hombre ya son un mito,
son la portada de una leyenda
y en el prefacio estás Jacinto
con cara india y melena negra.

Y fue amarilla la última tarde,
del mismo oro tu madrugada,
en el camino vos te entregaste,
cual tu costumbre, de cuerpo y alma.

Hoy tu guitarra no tiene el arte
del gran maestro que la pulsara
pero está alegre porque te sabe
“cantor de amigos y madrugadas”.

Todas sus cuerdas están intactas.
cuál es el duende que las afina,
siento la magia, Jacinto cantas
música nuestra, música viva.

Por vos sabemos que los amigos,
Si son amigos, jamás se mueren;
hoy te lloramos porque te has ido
pero en tus versos, a ratos, vuelves.

Jacinto Piedra, desde tus versos,
pides al hombre fuerza y coraje,
porque Santiago no muera lerdo,
triste y cansado, viejo y sin chance.

En una estrella estás regente
para alentarnos con tu guitarra,
vamos hermanos, Santiago tiene
en este mito puntas de lanza.

Alcemos todos brazos erguidos,
cual compromiso de gran templanza,
para ofrecerle al duendecillo
que hoy nos despierta, por fin, el alma.

Jacinto Piedras “sos” el ejemplo
que nos faltaba para animarnos,
en esa lucha de un tiempo nuevo
que pregonabas con letra y canto.

De madrugada, con oro y canto,
abriste puertas, divina magia,
en cada casa que has ingresado
se hizo el milagro de tu palabra.

“Santiago Piedra, Jacinto hermano”,
sea tu nombre feliz encuentro,
todos tenemos crespones blancos
en tu homenaje, Jacinto Pueblo.

Es que fue puro cada momento
que diste abrigo con limpias manos,
te diste entero para tu pueblo
faltando horas para dejarnos.

Por es creo que no son míos
estos pasajes con metro y rima,
son de tu pueblo, tu pueblo amigo,
yo soy apenas tu fiel escriba.

Jacinto Piedra recibe, entonces,
lo que santiago ya te debía
cuando esa noche te fuiste donde
muy claramente ya los sabías.

Y tu coraje te puso a prueba,
dejaste todo por compromiso,
fuiste al encuentro de tu gran cita,
pájaro errante de finos trinos.

En cielo y oro te recordamos
porque tus tardes, muy amarillas,
tienen la tinta de lo que has dado,
hoy es orgullo de tu familia.

Música y letra, guitarra y canto,
tienen ahora sabor distinto,
tu duende viene de rato en rato,
ya lo llamamos –también- Jacinto.

Nadie se anima a hablara de tiempo,
todos sabemos lo que ha pasado,
pero queremos, qué hermoso sueño,
que por tus letras perdure el canto.

Te fuiste donde más te gustaba,
hasta el caballo que, con Peteco,
en ancho cielo lo disfrutabas,
desde tu suelo allá en el tiempo.

Fuiste poeta de letra simple
y fantasías para imitarlas,
eso nos queda porque es la estirpe
que graba a fuego toda tu estampa.

Estás vigente, “sos” perdurable,
porque lograste comprometernos,
la lucha sigue en cada tarde,
con oro y cielo como tus sueños.

Y si aprendimos de tu palabra
que nuestro pueblo puede ser grande,
ya mucha gente porta las lanzas
de compromiso para apoyarte.

Todo tu pueblo está dolido,
hacen preguntas, buscan respuestas,
por ser tu escriba he comprendido
que este misterio ya está en tus letras.

Porque sabías tu corto viaje
en esta vida cruel y terrena,
vos entregaste todo el bagaje
de tu entusiasmo en chacareras.

Eres un sabio, a tu manera,
hoy comprendimos cuánto valías,
celeste y oro es la bandera
que identifica toda mi estima.

Celeste cielo por ser eterno,
solo te fuiste para otros pagos,
oro del “inti”, radiante sueño,
en cada siesta de tu Santiago.

Busco en la siesta, siento tu canto,
en tus lapachos veo guitarras,
ya no te escondas tras de sus tallos,
la chacarera, tus pasos marca.

Kakuy hermano, estás de fiesta,
porque jacinto se fue a cantarte;
yo sé que un día su alma viajera
podrá contarme que ya no hay hambre.

Hasta ese entonces, Jacinto Piedra,
to te prometo volver en versos,
porque vos sabes de canto y letras,
esa es la forma para el recuerdo.

Jacinto Piedra ven a mi mesa,
me quedan cosas para contarte,
puedes golpear las la hora que quieras,
tienes permiso para quedarte.

Mi casa es tuya, mi rima espera,
nada pretendo por ser tu escriba,
solo recojo las cosas nuevas
que te olvidaras en tu partida

13/9/17

Omar

Por Ernesto Picco

El domingo 3 de septiembre Coo el guarachero cumple 46 años. Hace 30 que canta en la calle, y casi 10 que es uno de los personajes más populares de Santiago. Tocó con los principales exponentes de la guaracha, del folclore y del jazz. Despertó polémica cuando lo invitaron a subir al escenario del Teatro 25 de mayo. Se presenta en los festivales y eventos deportivos más importantes de la provincia y vive de eso. Pero pocos saben de dónde viene y cómo es su vida.



Después de aterrizar, Omar bajó con cuidado las escaleras metálicas desde la puerta del avión hasta la pista. Tenía dieciséis años y lo escoltaba un policía federal. Abajo lo esperaba su madre y sus hermanas, que lo habían buscado durante más de una semana y ya casi no tenían esperanzas de encontrarlo. Era el verano de 1988  y nadie sabía que Omar había estado en Buenos Aires. Descalzo, sin cambiarse, sin bañarse. Se escapaba de la casa con frecuencia y en la familia estaban acostumbrados a sus ausencias, pero nunca había desaparecido tanto tiempo. Ni se había ido tan lejos. En esa época todavía hablaba poco. Pero ya cantaba. Al bajar del avión se agarraba de la baranda con una mano. Con la otra sujetaba lo único que llevaba con él desde el día que se había ido: un cuerno de vaca y un rayo de bicicleta.

Omar vive en la casa de su hermana Miriam. Hijos de la misma madre, pero de distinto padre, después de muchos años en el barrio Ocho de Abril, se mudaron al barrio La Católica. La casa está cinco cuadras después de que termina el asfalto, sobre una calle de tierra que hacia el este viborea en leve pendiente y se pierde en el monte. Es lo último que los separa del Río Dulce, que está muy cerca de ahí, y que en la infancia también pasaba cerca de su antiguo hogar. Aquí las casas están construidas en altura, por las amenazas de desborde. Para entrar a alguna hay que subir a pasos largos desde la calle hasta el umbral. Los días son amarillos, los atardeceres rosados, y en invierno a las ocho de la noche ya no se ve nada. Los chicos del barrio juegan al fútbol en la oscuridad. El tierral que levantan en plena calle se respira pero no se ve, y el ruido de los pelotazos se mezcla con ladridos en la penumbra y el murmullo de los vecinos sentados en la vereda. La ventana abierta de la despensa de Miriam es uno de los pocos lugares apenas iluminados. Adentro de la casa, Omar es uno más de la familia, sentado en una mesa larga en el medio de un comedor de paredes verdes, que está separado del negocio por un aparador y un freezer. Es una casa con energía matriarcal. Los hombres hablan poco, y la cabecera la ocupan las mujeres:

-Nosotros al principio no sabíamos que él andaba cantando en la calle- cuenta Miriam, que es la que habla por todos. Al lado está Zulema, casi siempre callada, hermana de Omar por parte de madre y padre. Es la mayor y es su tutora legal. En la mesa están también los maridos de las dos. A la vuelta los hijos de unos y otros van y vienen por la casa.

-Yo le estaba cantando a la gente- dice Omar -Me había metido en el tren. El Estrella del Norte. Sentía que se movía, pero estaba cantando. Y me ha llevado nomás. Hasta Buenos Aires no había parada…

-Pobrecita las ampollas de mi madre- lo interrumpe Miriam -¡Lo que era caminar desde El Ocho al barrio Aeropuerto para ir a buscarlo, cuando lo han traído de Buenos Aires! No teníamos para el colectivo. Éramos muy humildes. No de bajos recursos: ¡Por debajo de lo más bajo! Antes de tener el negocio era trabajar de empleadas domésticas o de cocinera, que era lo que había. Ahora estamos bien. Pero no nos olvidamos de nuestros orígenes.

-Por Tucumán también he andado- retoma Omar, tirando puntas de una historia larga -Por Frías…

-Él andaba siempre en la calle- insiste Miriam -Pero nunca se había ido tanto y ya habíamos dado aviso a la policía. Hasta que lo han encontrado allá. Y después que lo han traído de Buenos Aires lo mismo ha seguido andando.

-Ya monedeaba- agrega él.

Pero Omar no era un mendigo. No andaba por la plata. Tampoco su merodear era por cualquier lado, ni por cualquier razón. Andaba por las calles buscando a su abuelo. Y encontró otra cosa.

***

Mario Antonio era boxeador. Cuando se murió, a principios del inverno de 1972, tenía treinta años y había llegado hasta las preliminares de las peleas centrales en las noches de box en los clubes santiagueños. Era hijo de una familia de estirpe del Ocho de Abril. Su padre, don Armush Antonio, era el dueño del almacén donde compraba toda la barriada del sur de la ciudad. Le decían Turco Negro y era uno de los personajes más queridos del Ocho. Mario, el hijo boxeador, vivió una vida más corta y extraña que el padre almacenero.

Los vecinos cuentan que como lo que hacía en el ring no le alcanzaba para vivir, Mario se dedicaba también a la riña de gallos y después llegó a regentear un baile en Aguirre y Formosa. Y también cuentan que Berta, su esposa, era la mujer más linda del barrio. Tuvieron cinco hijos, y Omar fue el último. Tenía seis meses cuando Mario sufrió la hemorragia interna que le causó la muerte. Ese fue el año que definió a la familia para siempre, por dos tragedias. La muerte opaca de Mario, que nadie sabe explicar sin recurrir a la hipótesis de un suicidio o la de una inesperada descompostura provocada por la vida que llevaba, fue la primera.

La muerte de su marido le permitió a Berta, que nunca se había llevado bien con los Antonio, se fuera de la casa. Tomó a Omar y, seguida por sus otros hijos, se fue a vivir con sus padres, en una zona más alejada y pobre del barrio. Apenas instalados, Omar se enfermó de meningitis. Esa fue la segunda tragedia. Una enfermedad que en los niños puede ser mortal, o dejar graves secuelas. A él le provocó un retraso madurativo que lo convirtió en un niño que prácticamente no hablaba.

***

-Hasta hace unos diez años atrás no lo ibas a tener sentado en la mesa como ahora- dice Miriam, mientras le llena hasta el tope un vaso burbujeante de gaseosa a su hermano. La miran atentos la hermana, el esposo y el cuñado -No tenía comunicación. No hablaba con nadie.

Inmóvil, Omar mira el vaso llenarse. Los demás la miran a Miriam, como si contara la historia por primera vez. Ella sigue:

-Él se aislaba de todo. Salvo del abuelo. Don Tita Silva le decían. El abuelo materno. Era vendedor ambulante. Él lo llevaba a pescar al río y a andar por el monte. Ahí aunque no hablaba casi nada, Omar imitaba los ruidos de los pájaros. Por eso le dicen Coo. Porque era el sonido que él hacía desde chiquito, imitando a los pájaros. Y él es un poco así. Se lo puede identificar con un pájaro. ¿El pájaro qué hace? Anda libre. De aquí para allá. Y Omar es así.

Omar toma un sorbo corto de gaseosa y deja el vaso con delicadeza. Sin decir una palabra. No parece ser la misma persona que ese cantor desaforado que anda por la ciudad y todos conocen. La hermana sigue la historia:

-Cuando Omar tenía seis años mi abuelo ha tenido un ACV, y ahí él empieza a salir a la calle a buscarlo. Porque no entendía que se había muerto. Y se iba y pasaba varios días afuera. Hasta que aparecía. Se andaba toda la ciudad. Después venía un vecino y nos contaba que lo había visto en tal lado. Los colectiveros lo dejaban subir porque ya lo conocían. Y él seguía igual, casi sin hablar. Lo que sí le gustaba eran los chicos. A los catorce años ha arreglado un carrilín viejo con rueditas y ahí los subía a los chicos y los hacía pasear. Por toda la cuadra de una punta a la otra con los chicos arriba…

-Yo lo empujaba- agrega por fin Omar, con una sonrisa a medio estirar, como abonando al relato que había escuchado en silencio.

Gracias a ese carrilín, iba a descubrir el talento le cambiaría el rumbo a su historia.

***

En 1984 Jorge Véliz inventó la guaracha santiagueña. Era el líder de Los Caimanes, que ese año sacaron Destape Tropical, un disco de treinta minutos que tenía doce canciones: diez sobre grandes romances y fracasos amorosos, una dedicada a sus padres, y otra a los peregrinos de Mailín. En la tapa había una chica con un bikini rojo y tacos altos.

Fue el principio de la transformación de un género que había aparecido en Cuba a principios de siglo, y que sesenta años después había llegado por las provincias argentinas mezclado con otros géneros tropicales. En los bailes de Santiago los hits eran grabaciones de los colombianos del Cuarteto Imperial y el Trío Rubí. Koly Arce ya había empezado a componer y grabar los primeros temas hechos en la provincia, pero musicalmente estaba en otra cosa: “Koly hacía cumbias, merengues, paseítos – dice el músico y compositor Rafa Ledesma – la guaracha santiagueña es otro género: es como una chacarera apurada, y se canta fuerte, con el corazón”.

Jorge Veliz y Los Caimanes mezclaron la música tropical con el folclore local y vendieron miles de discos. Más de una decena de bandas salieron a imitarlos. Esas chacareras apuradas, menos paisajistas y más urbanas, que contaban el desamor con alegría y como un galope, se instalaron rápidamente en los barrios santiagueños. Durante la noche en los bailes y de día en las veredas de las casas de puertas abiertas.

Por esas veredas iba y venía Omar con su carrilín lleno de chicos. Y en el carnaval de 1986 decidieron sumarlo a una comparsa.

Para los chicos armaron instrumentos de percusión con tarros de dulce de leche y latas de dulce de batata. Los subieron al carrilín, y se sumaron a la caravana en el corso del barrio Ocho de Abril. Mientras los chicos golpeteaban los instrumentos y Omar sólo los empujaba, alguno le dijo: “Coo vos cantá”.

***

-Si lo escuchas, él tiene la misma voz que el dueño del Grupo Primavera. La misma voz que Melián- dice Adrián, el esposo de Miriam, que es disc jockey y tiene oído- Para mí que ese es su modelo.

-Yo he empezado con el Grupo Primavera- lo corrige Omar -Con el Bailarín Guarachero. Esa es la primera canción que canto después en El Palomar. Íbamos con los changos ahí a cantar y ya me daban filo. Me monedeaba la gente.

-Nosotros no sabíamos que teníamos un artista en la familia- dice Miriam -Él salía de casa y le preguntaban ¿a dónde vas Omar? ¡A trabajar, decía el! Eran unos amigos de la cuadra. Hacían como timbaletas. Todo con percusión. Con tarros de leche. No tenían instrumentos. Eran improvisados. Y él cantaba. Hasta que ha empezado a venir con los cuernos. Un día ha aparecido en casa con una bolsa de arpillera llena de cuernos. Se los habían dado en el matadero de La Banda…

-Ahí iba a buscar el cuerno- se escabulle otra vez Omar -Iba en el colectivo amarillo.

-Mi casa era un cementerio de cuernos- vuelve Miriam -Y un olor que no te puedo explicar. Y él venía, y los depositaba y se iba. Y no se los podíamos tocar porque él hacía un escándalo. Aparentemente todos no sonaban lo mismo, por eso elegía alguno, lo lavaba, lo preparaba y a los demás los descartaba. Los iba cambiando. Mi hermano, que era plomero, quemaba una sierrita y se lo marcaba al calado. Y con rayos de bicicleta Omar hacía la peineta para rasparlo. Y así ha empezado a darle sonido y hacer la percusión. Y con esos cuernos de vaca él ha cantado muchísimos años. Primero por aquí por el barrio, y después se ha ido animando a cantar en el centro.

***
A Leo Genovese hay que buscarle la cara entre los rulos de la barba y el pelo largo que salen en todas direcciones y le dan el aspecto de un león. Es argentino y el look cosmopolita se le pegó en Estados Unidos, a donde se fue en 2001 y a fuerza de cuatro discos editados allá se hizo un nombre en la escena del jazz neoyorkino. Se ganó un par de grammys y después fue tecladista de René Pérez Joglar, ex líder de Calle 13. Pero no sale mucho en las fotos y salvo por su pelaje, pasaba desapercibido mientras tomaba un café en la vereda del Hotel Savoy. Era una tarde lánguida de 2012, hasta que escuchó el vozarrón de Omar estallar a media cuadra. Se enderezó en la silla:



-¿Quién es ese?- le preguntó Leo a Gonzalo Velázquez. Con el músico santiagueño preparaban, en esa mesa chica de la peatonal Tucumán, el Primer Festival Internacional de Jazz en Santiago del Estero.

-Es un chango de aquí- le contestó Gonzalo, acostumbrado -El guarachero.

Omar ya no raspaba su cuerno. Tenía un güiro de metal que su hermana le había comprado con un crédito personal en Las Malvinas. Y le estaba sacando chispas. Como sabía hacer, logró detener parte de la maroma de gente que a esa hora de la tarde va y viene chocándose por la peatonal. Algunos lo aplaudían, otros solo miraban, y los más vergonzosos cruzaban los dedos para que no se acerque a su mesa. Omar hacía un enganchado de temas cantados con fuerza y sin desafinar, mientras que Leo Genovese se arrimaba casi en puntas de pie a filmarlo con su celular. No terminaba un tema y empezaba otro. Cada estrofa era devorada por la que seguía. Aquícomienzaladiversión. Bajategorday empujlacá mioneta. Dos o tres coos para separar un tema de otro con un grito, y después seguir: dejaré lallavenmipuerta á.

Y después, como un chaparrón, así como había venido, se fue.

Leo se quedó un rato parado en la vereda mientras Omar se alejaba. Gonzalo seguía mirando lo que ya había visto un montón de veces.

El pianista de Nueva York se sentó otra vez, mientras todos en la cuadra volvían al ritmo normal, y al silencio donde el murmullo callejero era apenas una vibración suave después del sacudón que les había dado Omar. Leo miró a Gonzalo, pensativo, y finalmente le dijo:

_Este tipo tiene un sentido del ritmo y del Groove que pocas veces he visto.

Tres años después, la noche del 14 de noviembre de 2015, el público en el teatro 25 de mayo aclamó al Leo Genovese Trío cuando cerró su actuación en el Tercer Festival Internacional de Jazz de Santiago del Estero. Una presentación de piano, batería y contrabajo para exquisitos. Después del último tema se apagó la luz y de a poco se callaron los aplausos. Tras unos minutos de oscuridad, todo se aceleró de golpe. Un rasguido sobresaltó el silencio y una luz cenital bajó hasta el centro del escenario, descubriendo a Omar, que empezaba a cantar.

Esa noche hizo un enganchado de Kalama, Los Bonys y Primavera. Uno detrás de otro, sin parar. No parecía que toda esa energía saliera del cuerpo diminuto de Omar, parado solo en el medio del escenario, con los hombros encogidos y dando saltitos al ritmo de su güiro. Llevaba un saco rojo brillante, que lo habían robado del ropero de la madre de Gonzalo Velázquez. Y el pelo amarillo furioso.

En los bailes, los conjuntos de guaracha tienen formaciones numerosas, con una base de guitarra, acordeón, teclados, y batería. Los más armados suenan con cencerros, tumbadoras, y timbales. Esa noche, en el Teatro 25 de Mayo y sólo con su güiro, Omar sonaba más fuerte que todo eso junto. Abajo, casi todos se habían despegado de las butacas de cuero para largarse a bailar.

“Algunos nos han criticado porque les ha parecido antiestético – recuerda hoy Gonzalo Velázquez– pero el jazz se ha hecho elitista aquí, cuando en realidad es la música más inclusiva del mundo, era la música de los sectores populares. Y el guarachero es un exponente de la música popular nuestra muy pesado, que a veces la gente lo subestima. Esa noche no estaba en la grilla, fue una sorpresa que la teníamos preparada. Fue invitado, y cobró como un músico más. Estaba súper feliz”.
Cuando terminó de cantar, Omar se fue atrás del escenario para dejarle el lugar a Los Arcanos del Desierto, que cerraban la noche. Se quedó mirando el show desde un costado, detrás del telón, mientras se tomaba entera una Fanta de litro y medio.

***
 -Él asombra- dice el cuñado en la mesa familiar -A veces nos enteramos de cada cosa -La otra vuelta me aparece en Facebook con Piñón Fijo, que había estado con él y no sabíamos. Y después ha estado con Ricardo Fort en la plaza en frente de la escuela Normal.

-Después se ha muerto- recuerda Omar para los desprevenidos. Y sigue, ya con más confianza:

-He tocado con Peteco también, en el Patio de Froilán. Y con Jorge Veliz antes que ha muerto. Lo he conocido en Árbol Solo.

-Después ha tocado con Retúmbale- se cuela Miriam -Tenía contrato con ellos y todo. Ha salido en la televisión. Pero el contrato era de exclusividad y demoraba mucho en cobrar. Hacía más en la calle. Dos años ha estado con ellos y después ha largado, porque le convenía más andar solo.

-Los domingos voy a Froilán- retoma Omar -El lunes arranco mi trayectoria por el centro. Y después tengo todos los festivales. Voy a Mailín, al Moto GP.

-Él va solo a la terminal, se toma el colectivo, canta, hace su plata y vuelve- refuerza Miriam -Y así se ha ido haciendo cada vez más conocido. Mirá:

Miriam agarra un celular que está sobre la mesa y empieza a pasar una larga lista de contactos en la pantalla táctil:

-Este es el celular de él, que se lo tenemos nosotros. Toda esta es gente que lo ha conocido, lo ha agregado y le manda mensajes. Gente de Córdoba, de Mendoza. Unos nigerianos también. Escuchá uno:

-Hola Coo… grabá un video y pásame, mandá saludos para Tucumán. Cantá esa guaracha que vos cantas… Bajate gorda y empujá la camioneta. Me llamo Georgina, soy de Tucumán.

Sin decir más nada, Omar se levanta de la silla, se da vuelta hacia el aparador y agarra el güiro, mientras Miriam abre la aplicación de la cámara en el celular. Es una rutina que han hecho mil veces. Omar abre los ojos y la boca grandes, engrosa la voz y empieza a raspar. Se transforma:

-¡Para Georgina!¡Aguante Tucumán! ¡Coo!- y se larga a cantar el tema que le pidieron. Lo hace en menos de un minuto. Después deja el güiro de vuelta en el aparador. Y a la mesa vuelve una calma como si lo de recién no hubiera pasado.
-Así estamos nosotros todo el tiempo- dice Miriam -Grabamos y mandamos. Tratamos de que la gente se sienta bien de alguna forma. Y eso es lindo.

***
Diez kilómetros antes de llegar a Frías, el chofer del auto tomó su celular y se anunció a alguien del otro lado:

-Ya estamos. Que se preparen todos.

Omar iba en el asiento del acompañante. En el de atrás, Zulema, Miriam y su hija Fátima, que tiene cuatro años y cuando habla del guarachero dice “el Tío Có”. Era la primera vez que iban a Frías y al llegar se encontraron con una ciudad más grande de lo que imaginaban. En la vereda de la municipalidad el chofer se bajó del auto, les abrió la puerta, y al bajar los abordó un enjambre de periodistas. Más tarde, Omar llegó a la oficina del intendente Luis Lecuona, cantó el cumpleaños feliz frente a las cámaras y al día siguiente apareció en el diario como invitado de honor por los festejos del aniversario de la ciudad.

Una semana antes, Omar había subido a las redes sociales un video donde le cantaba el feliz cumpleaños a la gobernadora, y después le dedicaba un enganchado de cumbias y guarachas. Claudia Zamora lo compartió en su cuenta de Facebook y agradeció el saludo. Y después el intercambio fue noticia en los medios de papel y en internet.

Lucy Valdez, que era entonces secretaria de Cultura de Frías recuerda hoy que la visita del guarachero no estaba en los planes: “Era un viernes el aniversario, dos días antes cuando la gente del intendente estaba en Santiago, se les cruzó el Coo en algún lugar y han decidido traerlo. Había sido recién lo de la gobernadora y aprovecharon. Lo fueron a traer con autos de la municipalidad”.

Esa noche Omar cantó en el escenario mayor frente a la Plaza 9 de Julio ante una multitud contenida por vallas de seguridad. También tocaron Los Quijanos y se eligió a la reina de la ciudad. Omar y la familia quedaron invitados cuatro días con todo pago en un hotel friense. Antes de volver a Santiago le entregaron una plaqueta de reconocimiento, que hoy guarda en su casa, y la muestra con orgullo.

***
-En la calle no sabes lo que es- dice Miriam -Yo cuando salgo con él, la gente lo sigue, le pide fotos, lo filman ¡No se puede andar!

Afuera la noche sigue y en la mesa familiar hay más historias y anécdotas. En las calles de Santiago, casi todos conocen a Omar. O a Coo, porque pocos saben su nombre. Casi nadie conoce su historia. Salvo los amigos, que tiene muchos. Que de vez en cuando lo llevan a animar alguna fiesta, o de viaje a pescar. Pocos saben que con la plata que junta se compra radios y parlantes, pero no los saca de las cajas porque los colecciona así, empaquetados. Que también colecciona películas. Que escucha música desde que se levanta en un viejo discman o en el celular. Que hace poco entraron en la casa y le robaron casi todo lo que tenía. Que lo que más le gusta comer es pescado a la parrilla, y que para el Día del Niño organiza cada año una chocolateada con juegos para los chicos del barrio. Que va seguido al Cepsi a cantar a los que están internados. Que no todos se divierten con su música y más de una vez lo agredieron. Que la que más le dolió fue cuando uno le gritó comprate calzoncillos en vez de parlantes. Pocos saben que cuando murió su mamá estuvo casi un año y medio sin salir a cantar, y que después se recuperó y ahora canta más y mejor. Que después de eso empezó a usar el pelo amarillo. Que al principio se lo cortaba una chica del barrio Reconquista, un par de veces se lo decoloró en Fernández y también lo tiñeron en Fashion y en Roberto Ochoa. Que abrió una cuenta de Facebook y lo agregaron cinco mil amigos en setenta y dos horas. Que con su cara hicieron ilustraciones, stickers y pins. Que los veranos los pasa en el parque con el Grupo Especial de Rescate, porque le sigue gustando el río y ahí ayuda a los agentes a hacer prevención. Que cuando no está cantando es un tipo callado. Que da la mano con suavidad y dice siempre gracias. Que cuando le preguntan cosas importantes, responde sencillo y convencido:

-¿Qué es la música para vos?

-La música me hace sentir bien. Me hace feliz. Me hace muy bien.

-¿Y el futuro cómo lo ves?

-Bien. Como ahora. O mejor.
Fuente: subidadelinea.com

9/9/17

La historia de la estrella azul



Esta canción que Peteco hizo conocer en la segunda mitad de los `80 y que dio la vuelta al mundo en la versión de Mercedes Sosa, está basada en una conmovedora historia de la vida real. La estrella es Juan, hijo de Peteco del que está alejado.

Juancito nació a mediados de los años ’80, la relación entre sus padres se diluyó y un día sin que Peteco lo supiera, la mamá que es austriaca, se lo llevó a su nuevo destino de diplomática.

A partir de ese momento Juan cito pasó a ser estrella lejana. “Dónde estará la estrella azul/ sus ojos suelen brillar/ perdidos en la inmensidad”, escribió Peteco en las primeras horas de nostalgia y dolor. “A veces sueño que está aquí…”

La canción se popularizó por su impactante sencillez sin que el público supiera el trasfondo de la letra. “A nadie le puedo preguntar con las palabras del alma- decía el papá herido- es mi tristeza un papel que el viento no deja caer

Es que todas las cartas a la que recurrió Peteco para tomar contacto con el niño no llegaban al destinatario o iban a direcciones equivocadas ya que el único dato cierto que tenía Peteco era que Juancito y su mamá estaban en África….

Un día llegó el dato preciso: Juan vivía en Nairobi, la capital de Kenia en África oriental junto la océano Índico. Pero, ¿cómo llegar a Kenia?

Mercedes Sosa, enterada del drama de su amigo, incorporó al santiagueño en su banda como un músico más para hacer una gira por Europa, y una vez concluido el viaje le dijo: Peteco, te traje para que puedas ver a tu hijo. Desde acá no es tan lejos” y le dio un sobre con los dólares suficientes para viajar a Kenia.

Una vez en Nairobi hizo el llamado telefónico anhelado y lo atendió esa voz conocida pero lejana que le dijo que podría ver al niño solo unas pocas horas y con custodia a lo cual Peteco, por supuesto, aceptó.

Esperó dos días en el hotel donde no había nadie conocido y sin hablar el idioma hasta que otro llamado le dio la cita para encontrarse en una plaza pública con el niño.

Juan, que no hablaba ni una palabra en español, no entendía que le decía ese señor que lo abrazaba. Su madre nunca le había contado de su padre.

Igual, padre e hijo, se las arreglaron para pasar un rato junto y llegaron a sonreír con alguna broma, pero solo dos horas después, los custodios se llevaron al niño. Peteco le dejó dos regalos que le había llevado: un bombo legüero y una camiseta de Boca.

Al regresar, escribió “Encuentro”, habló de Mercedes, “en la voz de una nube amiga crucé los cielos como una herida”, de la espera “otros cielos, otras aguas, otros pueblos, otras palabras”- y de lo especial que fue el momento de los juegos “una sombra implacable mas allá de la luz, aguarda”- dejó un deseo “yo quisiera que todos puedan recupera el brillo del alma, hijos, sueños, amores, patria, voces de aquella casa”- y una certeza: “ El encuentro es un acuerdo luminoso para mañana”.
Peteco publicó la canción en su disco solista del año 1992 al que llamó “Encuentro” y en su portada lo muestra mirando el cielo, iluminado por la luz de una estrella… una luz azul

Fuente: Raíz y Patria

9/7/17

El mate es el único rito que sobrevive intacto desde 1816

Una publicación muestra cómo era la vida cotidiana durante la Independencia.
El historiador Miguel Ángel De Marco dirigió esta obra de Clarín que revela costumbres de la época poscolonial.



Por Maria de la Paz Garcia

Ex presidente de la Academia Nacional de la Historia por tres períodos, el historiador Miguel Ángel De Marco encabezó la tarea de reconstruir la vida cotidiana en la época de la Independencia. ¿Cómo se vivía hace 200 años, cómo eran las relaciones entre las familias, qué se comía? ¿Qué rol tenían las mujeres? De Marco cuenta aquí algunos pormenores que fueron desentrañados por él y sus colaboradores, los historiadores Ariel Eiris y Virginia Laporta, al realizar esta obra de Clarín.

¿Qué rasgos de la vida cotidiana de 1816 llegaron a nuestros días?

Mientras en una megalópolis como Buenos Aires la vida cotidiana se desenvuelve a un ritmo condicionado por un medio frecuentemente hostil, en las ciudades y pueblos del interior se conservan con mucha nitidez ciertos rasgos de hace doscientos años. Se duerme la siesta, se realizan reuniones familiares prolongadas, se participa en las procesiones religiosas. Sin embargo, hay un rito que proviene desde varios siglos atrás y sobrevive intacto en todo el territorio argentino: el mate.

¿Cuáles son los rasgos cotidianos que más han costado reconstruir a los historiadores?

Los que se refieren a la vida íntima, a lo que ocurría puertas adentro de las casas. De todas maneras, hay documentos que permiten aproximaciones. Los historiadores, por más que dediquemos nuestras vidas a la reconstrucción del pasado, sólo lograremos conocer una pequeña parte de él pues ni los documentos oficiales, ni las cartas íntimas, que sin duda ofrecen detalles valiosos, ni los expedientes judiciales, donde muchas veces se desnudan intereses, permiten llenar espacios recónditos que sólo conocieron los protagonistas.

¿Cuáles eran los niveles de higiene de aquellos tiempos?

Considerados desde la óptima de hoy, bajísimos. La gente no le prestaba demasiada importancia. Bastaba con lavarse (y no siempre) las manos y otras partes del cuerpo. Las dificultades para obtener agua, que eran muchas, no pesaban demasiado porque el hábito del baño era casi inexistente.

¿Cómo se cocinaba en las ciudades y en las zonas rurales?

En las casas más adineradas de las ciudades, la variedad de productos para la cocina era amplia y exigía mayor destreza para prepararlos. Era una tarea que no se solía delegar al personal doméstico sino que se reservaba la señora de la casa. En el ámbito rural, existían poquísimos productos de huerta y el alimento corriente era la carne. Los gauchos y los hacendados asaban un trozo de carne y la acompañaban con vino carlón o mates. El pan era un artículo de lujo, y pocos contaban con harina y hornos para prepararlo por lo que, cuando podían, consumían galleta, que duraba más.

¿Qué rol tenía la mujer en la sociedad y en la política?

Su papel era extremadamente importante. Fuesen “patriotas” o “realistas”, eran sumamente apasionadas. Además sabían luchar por sus ideas y sus amores, aún oponiéndose a la rígida estructura de la sociedad.

¿Qué implicancias y qué valor tiene hoy la declaración de Independencia de 1816?

Hace tiempo gran parte de los argentinos parece haber dado la espalda a su propia historia. La instauración de un relato oficial maniqueo, que se trasladó, salvo excepciones, a la enseñanza, convirtió a las grandes gestas del país en referencias remotas y sin valor práctico, con personajes estereotipados. De ahí que sea indispensable explicar la importancia de ser independientes: el ejemplo de los que llevaron adelante un proceso difícil, plagado de sacrificios y peligros, con el propósito de emanciparse de toda dominación extranjera “en unión y libertad”, debería estar siempre presente en la conciencia de la sociedad.
Fuente: Clarin

1/6/17

La obra inconclusa

Por Alberto Bravo Zamora

En la obra inconclusa de Julio Argentino Jerez, "Apologia de de la chacarera". La misma en una de sus estrofas fue modificada, en su primera version decía: "Sos mas criolla que ninguna/Tan noble como Jesus". Esto con el tiempo fue cambiado por los recitadores quedando definitivamente: "Sos mas criolla que ninguna/ Y aquí te quiero cantar". Pero además tenemos que señalar que Gerez es el autor de cuatro estrofas, por eso dicen que la "Apología..." es una obra inconclusa. De la última estrofa el autor seria el doctor José Antonio Faro.

Qué tiene la chacarera
Qué tiene que hace alegrar
A los viejos zapatear
Los mudos la tararean
Y los sordos se babean
Cuando la sienten tocar.

Es tristeza, es alegría
Es una danza es canción
Es alma de una región
Que evoca la raza mía
Ella es rara melodía
Nacida del corazón.

Su cuna fue un humilde rancho
Un bombo la bautizó
Y un paisano la cantó
Con versos improvisados
Salavina ha reclamado
Diciendo que allí nació.

Ella nació como yo
En el pago del mistol
Donde quema mucho el sol,
Se pita cigarro i chala
Donde se cantan vidalas
Y ser criollo es un honor.

Hasta aquí lo escrito por Julio Argentino; el autor de la estrofa que sigue, es decir de la última, sería el Doctor José Antonio Faro, según nos comentaran a Leandro “Meneco” Taboada y a mí, los amigos de los mencionados más arriba.

• Veamos la última parte:

Chacarera, chacarera
Melodía montaraz
Sos arrullo de torcaz
Bramido de tigre y puma
Sos más criolla que ninguna
Tan noble como Jesús.

El último verso “Tan noble como Jesús”, fue modificado por alguno de los recitadores y en la actualidad es el elegido por el público:

Chacarera, chacarera
Melodía montaraz
Sos arrullo de torcaz
Bramido de tigre y puma
Sos más criolla que ninguna
Y aquí te quiero cantar.

De estatura común, algo corpulento, rostro blanco y ojos rasgados, solterón empedernido, no tan bien parecido pero, paradójicamente, exitoso con las mujeres y, según se decía, “ellas adivinaban los tesoros líricos que aquel hombre llevaba en su interior…” Conversador amenísimo, bohemio absoluto, hermano de la noche y del vino, el que habitualmente lo alegraba, aunque a veces lo ponía nostálgico y otras un tanto alborotador. Gastó su vida en la tertulia amable, rodeado de amigos queridos en los que volcaba su ternura, pero supo dejar para sí el espacio de soledad necesario que le permitió cristalizar su bellísima obra.

Birilli” Sánchez una de las personas que más estuvo a su lado, me dijo: “Muchas veces cuando creía que estaba solo, sin advertir mi presencia, lo he visto silbar bajito, abstraído, como buceando en su memoria y tengo para mí el convencimiento de que en aquellas circunstancias, él recordaba a la bandeña de su desengaño”. Lucila Bravo se llamó la musa inspiradora de sus temas “La Engañera”, “Ya me voy” y “La Despedida”.

¡Qué inolvidables noches de bohemia aquellas en que participaba Jerez, que comenzaban en la antigua churrasquería “El Pensamiento” en la Plaza Lorea y terminaban en el “Berna”, de generala corrida, en el estruendo de los dados”.

Sus contertulios de siempre eran Félix Pérez Cardoso, Hilario Cuadros, Buenaventura Luna, Miguel Ángel Miranda, “Lito” Bayardo, José Luis Padula, “Atuto” Mercau Soria, Dardo Félix Palorma y excepcionalmente algunos más jóvenes, como Ariel Ramírez y Pedro Pascual Sánchez.

En cuanto a su material discográfico, pese a mi búsqueda incesante, solamente he conseguido dos discos de 78 revoluciones, con dos temas cada uno: el primero tiene en una faz “Coro Pampa” y en la otra “La Torcacita”. Los músicos que lo secundaron, fueron: los hermanos Andrés, Antonio y Luís Ríos en bandoneón, Raúl Infante en violín, Werfil Maldonado (guitarra), Julio Carrizo (guitarra), Pedro Pascual “Birili” (guitarra y 2ª voz) y José Antonio Faro en el bombo; en el segundo “La Candelaria” (zamba de E. Falú y Jaime Dávalos) y “La Huella”. (Danza Tradicional). En esta oportunidad lo acompañan, José Gerez y Leopoldo Díaz (bandoneón), Segundo Gennero (piano), Raúl Infante (violín), Benito Gerez (guitarra), Julio Carrizo (guitarra) y Pedro Pascual “Birilli” Sánchez (guitarra y 2ª voz) y Aníbal “Ani” Gerez, (hijo de José Gerez, en bombo).

Después de muchos años sin regresar como músico a su tierra natal, lo hace al frente de una orquesta nativa de diez ejecutantes, contratado para tres recitales en el “Parque de Grandes Espectáculos. El anuncio de su presencia causó una extraordinaria expectativa y su debut, el jueves 26 de marzo de 1953, constituyó un verdadero acontecimiento amistoso-musical. La orquesta estaba integrada por los Hnos. Andrés, Antonio y Luis Ríos (bandoneón), Pedro Pascual “Birili Sánchez, Julio Carrizo, Werfil “Catingo” Maldonado, Benito “El fiero” Gerez y Miguel Faro (Guitarra y Coro), “Atuto” Mercau Soria, (guitarra, quena y coro) y finalmente José Antonio Faro (bombo) . Todos ellos habían venido de Buenos Aires, acompañados por Santiago Adamini, en ese entonces directivo y luego presidente de Sadaic. Para dar aún mayor brillo, complementaron el espectáculo el recitador Sixto Cortinez y la pareja de bailarines integrada por Carlos Saavedra, ganador de varios concursos provinciales, y Clara Rosa Ramírez, clasificada como la mejor bailarina del año anterior.

Al día siguiente la pareja de danzas estuvo formada por Aldo Camaño Ramírez y el último día, es decir el sábado 28, por Miguel Ángel Navarro y Clara Ramírez.

Julio Jerez tenía programada una extensa gira por el norte que finalizaría en la ciudad de La Paz, Bolivia. La fuerte emoción del reencuentro y el calor y entusiasmo de sus coterráneos, le hicieron cambiar su hoja de ruta, quedando en Santiago mucho más tiempo del previsto. Esta circunstancia motivó que varios de sus músicos no pudieran acompañarlo durante toda su permanencia. Se sumaron entonces a la orquesta, Justo Marambio Serrano, Héctor Carabajal, Pedro Aparicio “Apalo” Villalba, “Chori” Paz, Rulo González y N. Maidana .

En La Banda se presentó el domingo 29 de marzo en el Centro Recreativo; el 4 de abril en Club Olímpico y en fecha no precisada, en “La Salamanca” de “Tilo” Argañaraz.

A fines de abril se presentó nuevamente en la ciudad de Santiago en “El Tinguilo”, y en el baile de “Grazziani”.

Más allá de lo profesional, cantó “de puro gusto nomás”… en clubes, bares y bodegones de aquel entonces; tal es el caso del almuerzo en el “Centro de Viajantes”, organizado en su homenaje por la comisión provisoria del “Instituto de Folklore”. Estuvieron presentes los Dres: Mariano R. Paz, Horacio G. Rava, Emilio Christensen, Juan Delibano Chazarreta, Marcos J. Figueroa, Guillermo Helman y Alfredo Gargaro; Sres. Julián Díaz (Cachilo), Hipólito Noriega, Domingo Bravo, Napoleón Únzaga, Ramón I. Soria, Alejandro Bruhn Gauna, Raúl F. Monti, Nabor Barrionuevo Justo Marambio Serrano y el “Duro” García, su cuñado. Esa misma noche y luego de una recordada jornada, Julio Jerez y el Dr. Mariano Roberto Paz se trasladaron al viejo edificio del Jockey Club, ubicándose en el salón que da a la calle.

El aplauso de los presentes y su buena disposición, crearon el clima propicio para que se improvisara rápidamente la orquesta. Acompañado por la recordada Sra. Juanita Martínez de Viaña en el piano y por el Dr. Mariano Roberto Paz en el bombo. Julio Jerez comenzó a cantar entre las mesas, convirtiendo en mágica esa noche.

El Rincón de los Artistas”, inigualado refugio de don Pedro Evaristo Díaz, situado en calle Tucumán 62, Bar “Los Tribunales” de Marcelo Contreras , en calle Libertad 477, pegado al entonces Tribunales, hoy Municipalidad de la Capital, y “Jaime Roldán” , avenida Moreno y Libertad, fueron algunos de los reductos visitados por Julio Jerez en nuestra ciudad capital.

En La Banda estuvo guitarreando en el boliche de “Los Bravo”, calle Besares al frente de la Estación Central Argentino, lugar en el que se reunían espontáneamente cantores y poetas y por supuesto que visitó “El Tenemelo” de “Tino Morales ”.

En este viaje recibe la consagración musical en su propia provincia. ¡Había logrado su sueño!

29/5/17

29 de Mayo, Dia Nacional del Folclorista

En conmemoracion al fallecimiento de don Andrés Avelino Chazarreta nació en Santiago del Estero el 29 de marzo de 1876 y allí falleció el 24 de abril de 1960. Músico, compositor y folklorista conocido como "El Patriarca del Folklore Argentino" es autor de más de 400 obras la mayoría recopiladas de motivos del folklore argentino.

Recordando al Patriarca del Folclore



Nuestra cultura folklórica argentina comienza a gestarse con la llegada de los conquistadores españoles a nuestro territorio. Con el transcurso de los años, fue adquiriendo características propias que crean nuevas formas de vida; al involucrarse con una importantísima cultura nativa, a lo que se fueron incorporando las manifestaciones aportadas por los negros esclavos.

Aproximadamente hacia 1820 podíamos considerar la existencia de una cultura propia que iba reflejando una identidad nacional.

Hacia finales del siglo XIX se origina en la argentina lo que se dio a llamar “La gran inmigración”, donde nuestro país se ve invadido por un número considerable de extranjeros llegados de distintos países de Europa.

Estos nuevos habitantes se instalan en las zonas de puertos y de tierra fértiles (Litoral Argentino, Buenos Aires, Zona Pampeana), como así también, pero en menor medida, en el norte del país. Las nuevas costumbres y expresiones culturales de los inmigrantes produjeron un afán de modernización que motivo la repentina desaparición de la vieja cultura (En las que iban incluidas costumbres) y su alejamiento hacia los más inhóspitos rincones provincianos.

La campaña Santiagueña, no se vio afectada por la gran inmigración y supo conservar todas las manifestaciones autóctonas que quedaron en resguardo y practicadas en los lugares más recónditos de los territorios provincianos.

Todo este conjunto de expresiones culturales relegadas al olvido contenían valores fundamentales de nuestra nación argentina. La música, la danza y el canto nativo formaban parte de esas manifestaciones; solo esperaban que alguien, con una profunda noción de patriotismo, las rescatara del olvido y las volviera a la vida.

Así don Andrés Chazarreta seria la persona quien recopilaría, decodificaría y difundiría todas las expresiones culturales ocultas en los suburbios más recónditos del monte santiagueño.

Nació en la ciudad de Santiago del estero el 29 de Mayo de 1876, desde su juventud comenzó a ejecutar diversos instrumentos (Acordeón, guitarra, mandolín, piano y violín) y posteriormente aprendiendo teoría musical y solfeo, junto a su profesor Octavio Esteban.

Ampliado sus conocimientos musicales, le permitieron componer piezas musicales que nacían de su su propia inspiración y formando luego una camada considerable de alumnos.

Allá por el año 1905, enamorado de las costumbres de su tierra; mientras se encontraba por la campaña santiagueña ejerciendo su cargo de inspector de escuelas. Sintió la necesidad de transportar al pentagrama, la música de tantos cantos y bailes que con sorpresa escuchaba en cada punto ejecutar a aquellos nativos, con alma y sentimiento.

Escuchando y observando de cerca los cantares de su tierra y embebido de sus motivos y anhelos, procuro por otra parte; de que todo aquello que iba observando no quedara en el olvido por descuido e indiferencia. En 1906, resolvió iniciar una obra de recopilación realizando unos arreglos al Himno guerrero de los Santiagueños, la inmortal Zamba de Vargas. Obra que desde su infancia la aprendió de su abuela.

Se observaba en sus composiciones la sencillez e ingenuidad con que son expuestas en el pentagrama, tratando cuidadosamente de que su esencia no varíe, ni cambie su aspecto musical. Comprendiendo que modificándolos, sería ir en contra de la naturaleza y el arte en cual se presenta a nuestros sentidos.

Hacia 1911 nace la idea de presentar por primera vez, a pesar de los escasos recursos, un conjunto criollo a la que se denomino “Compañía de Arte Nativo del Norte Argentino”. Su debut, se origino el 15 y 16 de Junio de ese mismo año en la confitería “El pasatiempo del Águila” de la ciudad de Santiago del Estero; debido a que tuvo que afrontar los primeros conflictos que se le iban anteponiendo en su camino.

El poder Ejecutivo de la provincia niega al maestro Chazarreta el recientemente inaugurado teatro 25 de Mayo mediante un decreto. Luego de programar su presentación en ese teatro, el gobierno de la provincia considero que dicho coliseo estaba destinado solamente para compañías de primer orden. La noticia desalentadora no le permito bajar los brazos, fue así que el gentil ciudadano francés, el Sr. Pablo Mazure, le ofreció un espacio en su confitería, para así poder concretar tan ansiado anhelo.

El debut ocasiono un lleno total esa noche, e impactados por dicho espectáculo y admirados por el coraje de salir en frente de tal compañía, los aplausos al maestro Chazarreta fueron calurosos.

Su éxito lo motivo llevar tal conjunto criollo a la Capital Federal, pero ese sueño para ese entonces fue inalcanzable dado a la falta de recursos económicos y sin el auspicio y respaldo de ningún gobierno o institución. Esto lo llevo a presentar su compañía en el teatro Belgrano de la ciudad de Tucumán, lo que para ese entonces ocasiono una concurrencia nutrida en plateas, pero al querer presentar su segunda función, se presentaron por parte del intendente, a dar por finalizado su espectáculo considerando que no era apropiado que las “botas sucias” de sus gauchos, pisaran el escenario de un teatro donde asistían los mas aristócratas de la sociedad de aquel momento.

Con esta expresión y con el corazón dolido mientras arribaba al ferrocarril, para regresar a su ciudad, fue despedido por un grupo de jóvenes con soberbios silbidos. Al día siguiente, se publica un artículo en un diario de la ciudad vecina; con respecto a la compañía dirigida por el señor Chazarreta y, considerando nuevamente, lo poco apropiado que era presentar un espectáculo de esa índole en un teatro, considerándolo bien apropiado para ser presentado en un Circo.

Dicha situación no motivó a Don Andrés a abandonar algo que había emprendido con un gran afán, esto lo llevo a continuar con pequeñas presentaciones con su compañía en diferentes teatros y confiterías de la ciudad de Santiago del Estero. Consiguiendo en medio cada fracaso una palabra de aliento, así para el año 1916, con motivo del Centenario de la Independencia Argentina publico su primer Álbum musical. Edición que fue realizada por suscriptores que respondieron para premiar su esfuerzo.

Reconocido por el Gobernador de la Provincia de Tucumán, el Señor Ernesto E. Padilla, solicita a Don Andrés Chazarreta una presentación en un salón de dicha ciudad con un verdadero éxito.

En 1914 en una visita a la ciudad de Santiago del Estero, el escritor Leopoldo Lugones, realizó una audición privada a Don Andrés Chazarreta y con el propósito de escribir un artículo para una revista de parís, un informe al que denominó “Música Popular Argentina”. En 1917 siente la motivación, nuevamente, de conquistar Buenos aires; llegando a pesar de que ningún empresario quiso hacerse cargo de su compañía, temiendo un fracaso de la misma.

Llego a Santiago y en 1918 organizó su primer conjunto infantil presentándolo ante el público santiagueño y luego en la ciudad de Tucumán. En 1920 continuó con sus giras por el norte argentino y finalizando en la ciudad de Tucumán, continuando en añatuya en el teatro Olimpo, cuyo empresario el Sr. Juan Mauri concretaría el sueño de conquistar la metropolita.

Ese mismo año, en tiempo ya concurrido y menos pensado, llego a publicar su segundo Álbum Musical con 25 piezas criollas. A comienzos del año 1921, entusiasmado comenzó a preparar su conjunto. Mientras realizaba los ensayos en el mes de enero y febrero con su compañía, el empresario Juan Mauri se encontraba en buenos aires en la búsqueda de un espacio para concretar el espectáculo que Don Andrés Chazarreta venia organizando.

Listo ya con su grupo de músicos y bailarines para presentarse ante el público porteño, hecho que se produjo el 18 de Marzo de 1921 en el teatro Politeama Argentino. Con un éxito inigualable y con un público sorprendido por las expresiones tan representativas y novedosas, resaltando como cantante criolla a la señorita Patrocinio Díaz. El éxito perduro por un mes y diez días.

Anteriormente a este triunfo, el 17 de Marzo de 1921 Chazarreta había realizado un espectáculo privado. El espectáculo estaba destinado a la prensa, escritores y al ambiente cultural en general, entre ellos el reconocido escritor Ricardo Rojas, quien al día siguiente, publicó un artículo en el diario “La Nación” denominado “El Coro de las Selvas y las Montañas”.

El público porteño había visto de la mano de Don Andrés Chazarreta renacer aquellas expresiones culturales que habían sido relegadas al olvido por diversos motivos, y que contenían valores fundamentales de nuestra nación Argentina. Ese fue el día esperado en que alguien, con una profunda noción de patriotismo, rescato del olvido y volvió a la vida a todo ese conjunto de expresiones bien Argentinas.

Luego de un rotundo éxito, la prensa se ocupo del valor cultural de ese espectáculo y la labor que venía llevando a cabo Chazarreta. A fines de 1921, regresaba de Buenos Aires luego de dar treinta presentaciones en el teatro Apolo. Luego de un espacio de dos años, continuó con sus giras. Desde 1923 hasta 1936, con otros elementos que iba incorporando a lo largo de su difusión, resaltando como cantantes Elenita Motola, Juanita Gilardi, entre otras.

Surgió la necesidad de plasmar todas esas expresiones musicales interpretadas por la orquesta dirigida por el maestro Andrés Chazarreta, y así fue que comenzaron las grabaciones en diferentes sellos discográficos, como ser Discos Nacional (Discos Odeón), TK, Music Halls, entre otros. Luego en 1929 es contratado por la reconocida empresa discográfica “RCA Víctor”, convirtiéndose más adelante en Artista exclusivo de la RCA.

Se estima que en la RCA Víctor grabo alrededor de 400 obras entre ellas de su autoría y recopilaciones. Lo hizo con su Orquesta típica de arte nativo, solos de guitarra, conjunto de guitarras y arpa, dúos etc.

La orquesta de Don Andrés Chazarreta, estuvo conformada de innumerables maneras, pero siempre respetando los instrumentos típicos para la ejecución de música folklórica y su esencia silvestre. Llego a tocar con una orquesta de veinte músicos, entre ellos resaltaron músicos excelentes y algunos con destreza, como la fue la del reconocido arpista ciego Domingo Aguirre.

En lo que respecta en la parte del canto participaron voces femeninas y masculinas, entre esas hay que resaltar a la cancionista Patrocinio Díaz, Juanita Gilardi, Elenita Motola entre otras. En la parte masculina intervinieron las voces de Santos R. Catan (Bailarín y cantante criollo) con el acompañamiento de Don Andrés Chazarreta, también el dúo Ruiz-Acuña y el dúo A. Gonzales-M. Noriega.

En la parte de danzas que conformaba el grupo de baile de la compañía, resaltaron figuras importantísimas a lo largo de la trayectoria de la compañía de arte nativo, como ser Narcisa Ledesma (bailarina competente de aproximadamente 80 primaveras), Antonio Salvatierra “Antu Puncu”, Narciso Gómez entre otros.

El grupo de baile tuvo aproximadamente entre veinte integrantes, entre ellos gente de zonas aledañas a la ciudad y conocedores de las innumerables danzas que eran practicadas en la campaña Santiagueña.

En el año 1936, luego de conquistar al país con sus presentaciones, decidió reorganizar su conjunto infantil, viendo que en niños de edad escolar, tomaban con simpatía las danzas autóctonas. En 1937 el presidente de la Republica Argentina Gral. José P. Justo en una reunión con ministro resuelve otorgar un subsidio a Don Andrés con el objetivo de llegar a Buenos Aires y ofrecer en un Teatro cincuenta presentaciones, destinados a alumnos de escuelas normales y colegios Nacionales.

Integraban numerosos niños el conjunto infantil, entre ellos Marcelo y Víctor Abalaos, realizando una pequeña gira con este grupo de bailarines a córdoba y Tucumán. Para 1938 continuo con la recopilación de motivos criollos y componiendo hasta 1948, catorce vals con los respectivos nombres de las provincias Argentinas.

En 1941, junto a su hija Ana Mercedes Chazarreta, compositora, concertista de guitarra y discípula del maestro Julio A. Sagreras, deciden crear la primera institución dedicada a la enseñanza de las danzas nativas, con el nombre de “Instituto de Folklore Andrés A. Chazarreta” Con una considerable cantidad de alumnos, quedo inaugurado la escuela de danzas en la capital federal. Con un breve discurso oficiado por el Maestro Chazarreta.

Se crea en 1942 la orquesta de arte nativo con elementos de la orquestal Buenos Aires y músicos criollos, debutando el 3 de Mayo de ese mismo año, en el teatro Ateneo contando con la presencia del Presidente de ese entonces Dr. Castillo, altas autoridades y público en general.

Ese mismo año, arriba a nuestro país el grupo Walt, empresa norteamericana dirigida por Walt Disney, en una gira por latino América en busca de nuevas expresiones populares. En su llegada a Buenos Aires, se solicita a Don Andrés Chazarreta realizar una presentación privada en la terraza de un hotel con su compañía de músicos y bailarines para la empresa norteamericana.

Las representaciones y ejecuciones de danzas tradicionales, le sirvieron de modelo para la creación del personaje “el gaucho Goofy” del la película “saludos amigos”, y más adelante para la película “Tres caballeros - El gauchito volante”.

Llego a publicar ocho Álbumes de música nativa para piano, tres para guitarra, un Álbum de coreografías descriptivas de las danzas nativas y, aproximadamente, entre cincuenta piezas sueltas para piano y guitarra. Entre sus publicaciones cabe destacar composiciones musicales de gran interés como “El Kakuy” (tango milonga) y” Santiaguito” (Tango criollo).

Entre sus recopilaciones y composiciones se debe destacar: Siete del abril, La criollita Santiagueña, El 180, Anita (Mazurca dedicada a su señora esposa Anita palumbo), el malambo, A orillas del Dulce, Cuando nada te debía, El Pala pala, la firmeza, el palito, Cuando yo me muera, entre muchísimas más.

En 1959 es homenajeado, conjuntamente con otros artistas, al cumplir las bodas del oro como artista exclusivo de RCA Víctor. En su lugar asistió su hijo Agustín Chazarreta para recibir la medalla Víctor de oro, debido a que el estado de salud de Don Andrés Chazarreta comenzó a quebrantarse.

A comienzos de 1960, a Don Andrés Chazarreta, le toca afrontar el fallecimiento de su Señora esposa Anita Palumbo, y sumado el deterioro de su estado de salud; el Patriarca del Folklore Argentino dijo adiós definitivamente minutos antes de la medianoche del 24 del abril de 1960.

La Merced recogió su silencio eterno, como fiel feligrés de nuestra señora del la Merced, fue velado en dicho templo y luego despedido con el acompañamiento de campanas. La presencia de la banda de música de infantería 18, una camada de músicos y entre civiles, que lamentaban la pérdida de un grande del folklore Nacional, ejecutaron en su acompañamiento la zamba de Vargas, la siete de Abril y el Vals Santiago del estero.

Para Chazarreta sus sueños se habían concretado, solo quedaba que el pueblo con un verdadero afán de patriotismo como lo fue el, siguiera en la lucha incansable de defender, preservar y difundir nuestra identidad cultural. Todo aquello que nos identifico e identifica como verdaderos Argentinos.

Solo queda decir, que no es posible proyectar un futuro artístico, social y cultural sino se rescata lo valioso que nos lego el pasado. Fruto de grandes patriotas, luchadores por amor al arte y las expresiones populares derivadas del sentimiento profundo de aquellos que fueron gestando una nación, e inspirados por los motivos silvestres que ofrecen estas tierras. Fuente: www.aleroquichua.org.ar