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6/4/22

PERSONAJES SI LOS HUBO...DIDO SILVETTI

Por Roberto Vozza

Retrato realizado por Marcelo Augusto Argañaras

Santiago, como muchas ciudades chicas del interior argentino, ha tenido sus personajes. Aquellos que por el destino que les marcó la vida se caracterizaron por algún rasgo físico, de personalidad o temperamento que los identificaba para ganarse de ese modo la simpatía o la curiosidad de quienes lo frecuentaban y recoger de ellos un sinnúmero de graciosas anécdotas que aún quedan en la evocación.

Baste con mencionar, por caso, y cada uno en su ámbito social, al “besador” Amílcar Moyano, al conductor de coches de plaza “Bola” Buitrago que le daba gaseosa al caballo porque le divertían sus eructos, al popular “Vilila”, excelente cocinero del Hospital Regional con sus  asumidos modos homosexuales pero no exento de gracejo  en sus decires ocurrentes ; y mas al centro, “Pucho” Salvatierra y sus cultas y espontáneas palabras o definiciones que lo ubicaron también en los primeros planos del contexto humorístico en el anecdotario santiagueño.

Y aquí surge ahora el perfil de otro singular personaje: Dido Silvetti.

Alto, delgado, de cara angulosa y gruesos bigotes que se ganó la simpatía popular como boxeador, maratonista, actor de cine – “Muerte Civil”- de teatro y fakir, siempre convencido de que podía asumir todos esos roles que se afanaba y ufanaba al representar cuando eran en realidad una jocosa parodia.

En la década del 50’ cuando el Inti Club montaba sus espectáculos boxísticos, no faltaron sus numerosos enfrentamientos como parte del espectáculo con otro personaje singular como lo fue “Kid Sungo”.

Aquellos “combates” que sostuvieron no fueron otra cosa que un show humorístico imperdible e inolvidable para regocijo de la concurrencia.

Cuando el atleta etíope Abebe Bikila ganó dos maratones olímpicas consecutivas en la década del 60’, Dido hizo el intento de imitarlo – tal vez mimetizando su biotipo con el del famoso atleta - en la clásica prueba pedestre  que anualmente hace disputar el diario “El Liberal”. Entonces fue de la partida y como Bikila, corrió descalzo. Claro, al kilómetro de lanzada la prueba debió desertar porque sus pies se llenaron de ampollas, hecho que para la concurrencia no dejó de ser un episodio revestido de humor.

Pero Dido – que residía en el populoso barrio 8 de Abril, a la vera del Río Dulce y se dedicaba a la cría y venta de porcinos – tuvo otra gran debilidad: el fakirismo.

Seguía con suma atención precisamente lo que hacian aquellos magos e ilusionistas que llegaban a Santiago para mostrar sus habilidades.

Por caso, Kakuma Blacamán, que se hacía enterrar vivo y encadenar adentro de un cajón de vidrio; Joe Carson, que se hacía pasar un auto por encima; Fu Man Chú, tragando sables de fuego; Tarabei, ayunando en la vereda del desaparecido cine Splendid; Tu Sam en la cancha de Estudiantes Unidos, metiéndose lámparas prendidas en el estómago, según lo recuerda Jorge Rosemberg en su original obra literaria “Zoco de la Buri Buri”.

Y Silvetti no solo que después los imitaba sino que los quería superar, ante el reidero de la gente, a lo cual el respondía seriamente diciendo: “ellos habrán hecho todo lo que hicieron aquí, pero ninguno lo que yo hice, porque soy el único fakir en el mundo que comió mierda”.

Dido Silvetti murió hace unos años, pero sus anécdotas no quedaron en el olvido para muchas generaciones.

Fuente: Patio Santiagueño

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