El Clima en Santiago del Estero

30/1/16

La Brasa



Estudio crítico

Seguramente algún poeta ha pedido una palanca gigantesca y un punto de apoyo en la última palabra para mover el idioma.

No hacía falta la palanca para mover al mundo. La tierra cada 21 de diciembre se inclina levemente para que el sol madure el verano.

Los poetas todos los días sacuden el idioma y sobre sus palomas viajan los mensajes y los días.

Un amanecer de 1924, seis jóvenes festejaban por un nuevo libro, también recién amanecido. Uno  de ellos sugirió ir a visitar a don Manuel Gómez Carrillo, el maestro que vivía al frente de donde estaban. No era hora de serenatas ni de visitas, pero los jóvenes hacen de todas las horas un puente de alegría.

Allí don Manuel escuchó a los trasnochados y brindaron por el libro Penúltimo poema del Fútbol; su autor era un joven abogado que parecía el más serio de todos; los otros se apresuraban por  leer poemas del libro, mientras afuera amanecía.

Al despedirse, el maestro los invitó a volver. Estos jóvenes querían saber su opinión ya que pensaban crear una institución de artes y letras. Todavía bullía la acequia de agua de la vieja alameda en la avenida Belgrano, la primera obra de irrigación en el país, desaparecida “en nombre del progreso”.

Cinco abogados, un médico y un músico

Pasaron los días de ese año 1924, que se vencía en el almanaque y volvieron a la casa del maestro cinco abogados y un médico, todos estos jóvenes ocuparon después altos cargos en el Gobierno de la Provincia de Santiago del Estero.

Llegaron  a la amplia sala llena de instrumentos musicales, era una orquesta muda: un piano, un arpa, varias guitarras, violines, cajas vidaleras, bombos y en el  centro de la sala  una alfombra roja, delante de la alegría  del maestro de  volver a verlos.

Algunos de los recién llegados, dicen, que fue Canal Feijóo, quien expreso su admiración: -¡Parece una brasa!- dijo, refiriéndose a la alfombra. Se miraron todos, buscaban un nombre para la nueva institución y dijeron a coro: ¡La Brasa!

El maestro Gómez Carrillo se acercó al piano. Sonó una chacarera. El Dr. Mariano “Nano” Paz acompañó con el bombo, mientras en el centro de la alfombra se abrazaban y sonaban  las palmas acompasando el hallazgo.

Los abogados, Bernardo Canal Feijóo, Emilio Christensen, Oscar R. Juárez, Horacio Germinal  Rava y Mariano Paz, y un médico, Orestes Di Lullo, todos ellos, después  estuvieron juntos en la Convención Constituyente Provincial de 1939, con sus significativos aportes.

Gobernaba la Provincia de Santiago del Estero en esa época, el Dr. Pío Montenegro que fue intervenido por el Presidente de la República Roberto Ortiz.

Siempre conviene tener en cuenta el aspecto social y político, que en definitiva es lo que más se recuerda. El análisis político se comprende mejor con la historia de los pueblos y de los hombres. Una simple anécdota nos aproxima a la realidad y perdura en nuestra memoria.

En provincias donde se ha vivido  intervención tras intervención a los gobiernos, conviene recordar las palabras de Baltasar Olaechea y Alcorta escritas en 1905, hace más de cien años y reeditadas en 1907; repasa todos los gobernadores de Santiago del Estero desde 1810 hasta 1905; Son noventa y cinco años y termina la enumeración diciendo:

“...Es decir, entonces, que en el transcurso de noventa y cinco años hemos tenido 50 aplicados a Ibarra y Taboada, y en los cuarenta y cinco restantes noventa y cinco mandatarios sin contar los comisionados pacificadores...”

País republicano y federal, la provincia simple  juguete del “devenir histórico”, por eso no ha sido extraño que el gobierno central haya llamado al gobernador Montenegro y por esos años comenzaba a surgir el nombre de la actriz Mecha Ortiz en el cine. Cuando vuelve a  Santiago del Estero el Dr. Pío Montenegro (gobernador en ese momento), los periodistas lo esperaban en la estación del Ferrocarril  y le preguntaron: Si seguía siendo gobernador.

-“¡No! –respondió- ¡Mecha Ortiz!

Realmente quería decir que lo echaba Ortiz y todos rieron. Una anécdota que pinta de cuerpo entero una realidad en la que viven las provincias.

Era y es una triste costumbre; se recibía así, también simplemente el destino de una Provincia. El único Gobernador que ha propuesto como candidatos a los intelectuales para la reforma de la Constitución Provincial, fue el Dr. Pío Montenegro.

Por eso, cuando se ve la vida provinciana y se  piensa en los jóvenes de La Brasa se da cuenta, que eran épocas difíciles.

Pero veamos el nombre de los disertantes que han invitado los jóvenes a Santiago. Esto lo dice el profesor Emilio Carilla   y lo recuerda en su libro La Brasa, Marta Cartier de Hamann.

Interés por temas de cultura universal como lo prueban los actos realizados con la presencia de invitados de diversa procedencia, que sobresalen  en la plástica, las letras, la arqueología, la historia, la música, el folklore, la ciencia.

En la nomina están los nombres del Conde de Keyserling, Waldo Frank, Drieu La Rochele, Roger Caillois, Eugenio Noé Jiménez de Azúa, Ramón Gómez de la Serna, Jorge Nicolai, Victoria Ocampo, Alfonsina Storni, Arturo Capdevilla, García Sanchiz, Atilio Chiapori, Jorge Romero Brest, Pedro Miguel Obligado, Enrique de Gandia, Sofía Knoll, Julio Forgent, Juan Prieto, Juan Alfonso Carrizo, Carlos Ibarguren, Valiente de Moctezuma, Juan Mantovani, Fryda Schultz de Mantovani, Nicolás Olivari, Ralph Boggs, Luis Fernán Cisneros, Rafael Alberti, María Teresa León, Aviv D’Estéfano, Raúl Orgaz, Pablo Pizzurno, Ilka Krupkin, Horacio Rega Molina, Julio Barcos, González Carbalho, Rafael Jijena Sánchez, Miguel Lozano Muñoz, Berta Singerman, Emilio Pettoruti, Oliverio Girondo, Artemio Zeno, Juan Carlos Dávalos, Miguel Figueroa Román, Norah Lange, Sara Tornú de Rojas Paz, Pablo Rojas Paz, Francisco Luis Bernardez, Leonilde Barrancos de Berman, Samuel Eichelbaum, Alberto Pinetta, Ana Emilia Lahitte, Carlos Alberto Erro, Alejandro Sirio, A. Cambours Ocampo, Xavier Bóveda, Margarita del Campo, Silverio Boj, Ernesto Sábato, etc”.

No es una simple enumeración de nombres, se trata de un movimiento único, casi como en Buenos Aires; adviértase que el profesor Carilla, culminó la enumeración de nombres dejando abierta la nómina.

A las altas personalidades que visitaron Santiago y de paso llegaron a otras provincias del Noroeste, se iban sumando muchas más y esto era una ardua tarea de organización que  por cierto estaba en manos de escritores que también brillaron en su tierra.

La Brasa  duró o se proyectó prácticamente hasta 1950, a pesar de que se habla de su disolución  años antes, para algunos  fue en 1948, fecha de la radicación de Canal Feijóo en Buenos Aires.

En realidad, sus integrantes separados por la distancia, continuaron produciendo hasta avanzado el siglo; algo más de treinta años después de la disolución del grupo.

Tres mujeres santiagueñas en La Brasa

Clementina Rosa Quenel, comparada por Roa Bastos “Como el Horacio Quiroga mujer”, primer premio de la Comisión Nacional de Cultura – 1948 -por su novela El bosque tumbado.

Blanca Irurzum, Inspectora General de Escuelas, Poeta, Historiadora, Pintora y premiada por su libro Changos – cuentos y Emoción y sentido de mis llanuras – ensayo- Primer Premio de la Comisión Nacional de Cultura.

Irma Reinolds, fallecida a los 31 años, publicó en vida su Poemario Dehiscencia. Después de su muerte sus amigos de La Brasa publicaron sus poemas inéditos en un libro titulado Póstumas; su obra ha sido elogiada por Canal Feijoo en su época y posteriormente por Carlos Alberto Artayer en Cuadernos de Cultura  Nº 11 de la Municipalidad de Santiago del Estero (1977).

Si en un ensayo se puede aplicar un adjetivo diremos que eran mujeres de una singular belleza, sus apellidos eran “gringos” como se dice por estos lugares. Blanca Irurzum, nacida en 1910, nos recordaba que en La Brasa, “jóvenes formalistas” no la dejaron “firmar” el manifiesto porque tenía 15 años.

El manifiesto de La Brasa

El grito de la Brasa” como lo anuncian al final del manifiesto. Esto según parece se produce el 21 de septiembre de 1925 :

“...se anticipa en la magna sinfonía de la primavera, ‘La Brasa’ lanza al aire su grito cordial a todos los hombres de espíritu...  etc.”.

Conviene transcribir del libro de Marta Cartier de Hamann , que incluye el texto integro del manifiesto. En pie de página de ese libro  se aclara: “hoja impresa que se encuentra  (en forma de volante) en el Museo Histórico Provincial, Urquiza 354 – Santiago del Estero”.

A continuación transcribimos una parte sustancial de ese Manifiesto,  por lo tanto incluimos algunos fragmentos:

“...Es posible que la respuesta para el núcleo de hombres de “La Brasa” comenzara a esbozarse en septiembre de 1925 cuando lanzan el manifiesto que, con la firma de Bernardo Canal Feijóo, Ciro Torres López, Manuel Gómez Carrillo, Emilio Wagner, Orestes Di Lullo, Emilio A Christensen, Oscar Juárez, Carlos Abregú Virreira, Pedro Cinquegrani, R. Ponce Ruiz, Santiago Dardo Herrera dice así:

‘La Brasa’ quiere ser lo que hace falta: un centro  de pura actividad espiritual. Como aquí las cosas, las grandes iniciativas mueren, tal vez, de un exceso de organización, ‘La Brasa’ ha tratado primero de descubrir el modo de no acabar de constituirse. No es una sociedad de beneficencia, no es una empresa comercial de corretajes artísticos. Es una inquietud, un problema de porvenir planteado entre muchos. ‘La Brasa’ no se propone redimir a nadie, no pretende hacer de un leño una antorcha, no ofrece dulces mentiras para curar a nadie de su amarga verdad. ‘La Brasa’ quiere ser lo que hace falta por ahora y nada más: un problema serio propuesto a todo aquel que sea capaz de recogerlo.

‘La Brasa’ no tiene estatuto, para mantenerse siempre mas fiel a su necesidad. No tiene comisión directiva. Para evitar en su seno vanas emulaciones presidencialísticas. Pero tampoco cobra cuota y, -condición  terriblemente restrictiva- no exige a sus miembros otra contribución que la de su pequeña parte sana de espíritu.

Sesiona una vez por semana, los sábados a la noche; libre de todo reglamento no podía haber escapado al rigor del número siete, cuando menos...

...Así, y también al principio, ‘La Brasa’ se propone organizar conferencias, conciertos, exposiciones de arte, pruebas de estímulo artístico, y propiciar todo acto de afirmación espiritual que pueda servir eficazmente al problema de cultura que se ha planteado.

Más de tres meses lleva ya vividos ‘La Brasa’ sin una sola traición a su programa de fondo, habiendo traspuesto cabalmente con ellos la estación en que el tiempo no ayuda a la conservación de las temperaturas interiores. Hoy, que ya está conseguida la prueba decisiva, y toda voz de exaltación se anticipa en la magna sinfonía de la Primavera, “La Brasa” lanza al aire su grito de llamada cordial a todos los hombres de espíritu; a los que creen que la cultura es una justificación de la vida, y el arte su más alta aspiración...”

Había algo de místico en los propósitos y en el trabajo arduo de los primeros quince años. Si observamos el manifiesto, deja huellas claras de circunstancias que no se habrían consignado sin una visión acabada de su futura historia; por ejemplo, estamos escribiendo estas palabras ochenta años después y nos dicen:

“...Transpuesta cabalmente la Estación en que el tiempo no ayuda a las temperaturas interiores...”
Se refieren al invierno, nos hablan de tres meses. Fijar propósitos, épocas, formas, para que el futuro no tenga inconvenientes de saber  aún, estos pormenores.

Canal Feijóo y La Brasa

Bernardo Canal Feijóo no solo ha sido un gran poeta y ensayista, tenía una gran virtud: descubrir a los hombres y guiarlos como maestro.

Parece simple, pero si pensamos que el único y el último del siglo XX que podía señalar y dar los sagrados óleos de poeta, fue Leopoldo Lugones. Ser amigo de él, era ser reconocido. Lanzó a la fama a Enrique Banch, Francisco Luis Bernárdez, Conrado Nalé Roxlo y  otros; a todos ellos los  conoció el país al otro día de la publicación de Lugones.

No es el caso  de Rubén Darío, que hizo el prólogo de Alberto Giraldo en Buenos Aires; se ha publicado en los diarios y no ha tenido la misma repercusión.

Si nos retrotraemos al fenómeno La Brasa, el profesor Emilio Carrilla, nos da sesenta nombres de los mas importantes intelectuales, seguramente el único que conocía a estos escritores era Bernardo Canal Feijóo.

Desarrolló su actividad en Buenos Aires en la época de Boedo y Florida, luego en el movimiento de Poesía Buenos Aires  y además fue Presidente de la Academia Argentina de Letras;  todo esto nos muestra que ha vivido entre la intelectualidad del siglo XX.

En ese entonces, seguramente, podía sindicar a sus coterráneos y distinguió siempre a Horacio Germinal Rava y a Luis Manzione entre los poetas de La Brasa,  a los que se agregaron posteriormente Blanca Irurzum, Clementina Rosa Quenel y Cristoforo Juárez.

En cuanto a los integrantes de La Brasa que no fueron poetas distinguió al músico don Manuel Gómez Carrillo, autor de la  obra musical  La Rapsodia Santiagueña  y  al conocido  pintor  Ramón Gómez Cornet .

 El cuadro general de La Brasa se extendió, como lo dijimos anteriormente, hasta la aparición del libro “Shunko” de Jorge W. Abalos en 1948, este libro recibió el espaldarazo de Miguel Ángel Asturias, quien también estuvo en Santiago del Estero y prologó el libro que posteriormente fue llevado al cine.

Tanto Asturias, premio Nóbel de literatura, como Witold Gombrowicz, quien escribió el libro Diario Argentino, fueron de los últimos visitantes de una época, y en esta semblanza  recordamos que estuvieron en Santiago del Estero el poeta peruano Xavier Abril y el español León Felipe, estos últimos en el año 1949.

Canal Feijóo, con su libro Penúltimo Poema del Fútbol, inicia para el NOA la poesía de vanguardia. Mucho se ha hablado sobre este libro en relación con el surrealismo, pero creemos que está más cerca del creacionismo, aunque esto lo veremos en páginas siguientes.

 El poeta que está más cerca de la obra de Canal Feijóo, fue  Horacio G. Rava.

Ahora pasamos a un croquis evocativo por cuanto de esto no se ha documentado casi nada.

Entre las figuras que también se destacaron en épocas de La Brasa y que no perteneció al grupo, fue Marcos J. Figueroa, también abogado, que seguramente no se integró  por su posición contraria a las innovaciones. Marcos J. Figueroa que representa a la “resistencia”, constituyó un grupo coetáneo, con el lingüista y poeta Domingo A. Bravo y Héctor Domingo Argañarás y, el hermano de éste último, Absalón Argañarás un artista plástico santiagueño.

Entre los músicos estaba el conocido folclorista Andrés Chazarreta, que venía precedido del resonante éxito que tuvo en el Teatro Politeama, de Buenos Aires, en el año 1921.

Santiago del Estero se convirtió en un teatro de Batalla Cultural. A La Brasa se sumaron los músicos “hermanos Díaz”, y usaban una antigua casona (que pertenece aún  a descendientes de  la familia Salazar) para las reuniones en la calle La Plata 717.  Allí, músicos y poetas  todavía se reúnen  en recordación de esos momentos de La Brasa. Por su parte el otro grupo, más “profesional” actuaba en el desaparecido Teatro Ollantay.

Recordamos esto, porque también se repetía en distintas provincias la división entre vanguardistas y tradicionalistas.

Rava Manzione y Cristóforo Juárez

Horacio Germinal Rava, escribió Panorama de las letras Santiagueñas, un valioso documento de la época de La Brasa. Es un minucioso relevamiento de doscientos cincuenta escritores que se completa con  una antología de los poetas santiagueños.

Con anterioridad Moisés Carol publicó en 1946 Letras santiagueñas que incluye a veinticuatro escritores; la parte antológica comprende narraciones breves y poemas.

Rava, también es el creador de la revisa Vertical que alcanzó a publicar doce números, valioso material, hoy, difícil de encontrar. Cabe destacar a algunos colaboradores de Vertical como Álvaro Yunque, Córdoba Yturburu, Ángel Ossorio y Gallardo. Publicaron además todos los integrantes de La Brasa.

A Luis Manzione, hermano mayor de Homero Manzi, sus hijos le publicaron un libro póstumo de poemas, titulado Bracho. Luis Manzione como poeta tradicionalista tuvo muchos seguidores en su tiempo, aún el mismo Homero, su hermano, que aseguró alguna vez entre amigos:

–“En casa el único poeta es Luis”-.

Homero, que nació en Añatuya, Santiago del Estero y Luis que nació en Buenos Aires, pero poéticamente cambiaron su lugar de nacimiento: Homero le cantó a Buenos Aires y Luis a Santiago del Estero. No escapa la influencia de Luis, sobre su hermano, en algunas teorías sobre el realismo, que afirmaba que en  muchos casos surge de los indicativos “este, ese, aquel”.

Se leerán en la parte antológica los poemas de Luis, pero recordemos una obra de Homero, el tango “Ninguna”.

Esta puerta se abrió para tu paso,
este piano tembló con tu canción,
esta mesa, este espejo y estos cuadros
guardan eco del eco de tu voz

Esto parece un hecho mínimo, pero también tuvo gran influencia por ejemplo el “retruécano” que es una simple figura literaria y que se terminó por considerar que fue una escuela, el “conceptismo quevediano”, al igual que el futurismo de Marinetti que en definitiva eran los temas nuevos de aquel momento.

Luis Manzione  fue profesor de literatura,  historia y un experto en problemas educacionales; ocupó altos cargos en la docencia y fue Presidente del Consejo General de Educación de la Provincia de Santiago del Estero, al igual que Cristóforo Juárez que ocupó esta función de presidente y otros cargos en la docencia.

Cristóforo Juárez también perteneció a La Brasa, a pesar de su poesía costumbrista. Estamos hablando de poesía costumbrista en un mundo que se asomaba con una revolución literaria.
Transcribimos un párrafo del libro de Rava, Panorama de las letras santiagueñas, para advertir  que teorías literarias se manejaban en  1930.

Rava dice, al referirse a Canal Feijóo:

“...Él pertenecía a una generación renovadora, disconforme, que recogía los efectos de la primera guerra mundial y que en el arte había visto nacer el futurismo, el cubismo, el dadaísmo y el surrealismo; generación que había bebido ya en las aguas de Baudelaire, de Rimbaud, de Lautréamont, de Apollinaire y que vivía la pasión de Bretón, de Eluard, de Aragón. El gustó las nuevas expresiones y las hizo suyas con acento personal. Así, en ‘Penúltimo Poema del Foot-Ball’ (1924), trajo a Santiago del Estero el brillo deslumbrante de los poli ritmos y encendió los primeros asombros; las audacias formales de ‘Dibujos en el Suelo’(1927) poemario de mayor hondura conceptual y de ‘La rueda de la siesta’(1930) ahondaron el desencuentro...”

Cristóforo Juárez nos dio libros de una autenticidad asombrosa. Esta afirmación talvez genere interrogantes.

La respuesta pueden darnos Pablo Rojas Paz y María Adela Agudo, cuando comentan sobre la aparición del libro Reflejos del Salitral de Cristoforo Juárez.
De Pablo Rojas Paz:

“...Los que entendemos su lenguaje telúrico llegamos hasta la esencia de su poesía de pueblo castigado, de alma sedienta, de sol rajante, de ceniza caliente, de árbol con las raíces del aire...”
De María Adela Agudo:

“...¿De dónde viene esta tristeza grandiosa que traspone lo épico y lo  trágico, puesto que ya no protesta ni maldice, ni se desespera, ni renuncia, ni se queja, sino que canta y canta...?”

María Adela Agudo perteneció a La Brasa como una de las últimas que llegó a los convivios seculares, pero se sentó primera en el otro gran movimiento iniciado en Tucumán en 1944 que, como La Brasa, tuvo también su símbolo.

Poetas llegados de Jujuy, Salta, Santiago del Estero, a la Capital del Noroeste (Tucumán), conforman la nueva agrupación llamada La Carpa.  El pintor Luzuriaga pintó  el logotipo de la nueva agrupación. El parante central,  es la aguja de la brújula, y en lo alto una “N” señalando el Norte. Una carpa a cielo abierto, a la intemperie en la tierra, bajo las estrellas.   La Carpa es otro símbolo.

Tradición y vanguardia

Toda revolución, principalmente cultural, en cualquier tiempo o lugar supone un enfrentamiento o al menos una división, en cuanto  los protagonistas asuman una dirección u otra.

Ocurre lo mismo en diversas generaciones, a veces con relación al pasado y al futuro, según aboguen por conservar tradiciones y quienes pretendan sacudir supuestas formas arcaicas.

En literatura, hasta el siglo XX, no ha existido una separación absoluta en estos enfrentamientos, llamémoslos teóricos.

No es el caso de las vanguardias, que nacen en forma totalmente opuestas a la literatura tradicional.
Pensemos por ejemplo en Leopoldo Lugones, cuyo conocimiento sobre poesía ha llegado a tal grado, que si tuviésemos que hablar solamente del endecasílabo en el soneto, sus posibilidades en cuanto a acentos son infinitas. Veamos algunos ejemplos de versos endecasílabos:

 Acento en la 1° sílaba:

                                  “Árbol y fuego de mi propia vida
Acento en la 2° sílaba:

                        “Detente sombra de mi bien esquivo

Endecasílabo llano:

                        “Pobrecita la vaca que hoy temprano

Podemos distinguir los primeros acentos: si combinamos los acentos en las demás sílabas, las posibilidades son infinitas y el poeta no necesita contar sílabas ni escoger determinados acentos, es parte de su conocimiento natural o estudiado y perfeccionado como el músico o el pintor.

Un ejemplo clásico de Sor Juana Inés de la Cruz, de su famoso soneto, la combinación únicamente del primer acento, este acento está en la segunda sílaba en el primer verso y en el segundo, en el tercer y en el cuarto verso lo lleva a la primera sílaba.

Detente sombra de mi bien esquivo
imagen del hechizo que más quiero
bella ilusión por quien alegre muero
dulce ficción por quien penosa vivo

Tenemos fuera de los acentos, las cuatro rimas finales y dos interiores, “ilusión – ficción” y “esquivo – hechizo – quiero” como rimas asonantes, un retruécano: “muero - vivo”, además de todos los acentos interiores y  del sentido totalizador de la vida y perfectamente destacados: la admiración y el amor. Toda una sinfonía.

Multipliquemos el conocimiento de Lugones en todos estos mundos y mecanismos a los cuales ha llegado la poesía hasta las vanguardias  y podemos multiplicar también el asombro de los poetas ante la nueva poesía.

Posiblemente las vanguardias han introducido de alguna manera, no la iluminación poética sino la libertad de descomponer estructuras rígidas.

Volvamos a Lugones: ¿Qué pensaría de los dadaístas?, cuando recortaban palabras sueltas de diarios y revistas las ponían dentro de un sombrero, las mezclaban, las sacaban al azar y las colocaban formando versos. Nosotros podemos inventar como si sacáramos palabras sueltas, por ejemplo:

mesa- de- ojos- en- el- pliegue- ciclón- sueño
volvamos a sacar palabras de la galera:
soñamos- mañana- águila- dentadura- ninguno
así podemos seguir creando este tipo de versificación que tenía su razón de ser.

Esta fórmula  se llevaba a cabo entre los años 1917-1918, a fines  de la primera guerra mundial. Los poetas consideraban que la cultura vigente sólo lleva a la guerra y a la muerte. Ciudades destruidas y millones de muertos. Admitieron y con mucha razón que la cultura debía comenzar de cero; no aceptar nada del pasado. Debía empezar desde el primer balbuceo, pensaron que cuando el niño comienza a hablar lo hace con “ma-ma” o “da-da” de allí lo de “dadaísmo”; que después hicieron leyenda y hablaron de un Dios “Dada” y otras invenciones alrededor del término. También hicieron concursos en los  cuales ofrecían 50 francos a quienes supiesen o conociesen  lo que significaba “Dada”.

Lógicamente no había una obra de arte (la poesía es otra cosa) y así lo entendieron los surrealistas y los creacionistas. Pero la puerta ya estaba abierta.

Si observamos dos palabras de los versos anteriores, por ejemplo:
águila- dentadura

Podemos demostrar que no está bien en poesía:

1. La imagen acústica que nos crea en la mente, ambas palabras, se rechazan a sí mismas.

2. No dice nada, ni sugiere nada. Dos palabras que se juntan amplifican la idea, no ocurre en este caso, no se unen, se repelen entre sí.

3. La metáfora es la multiplicación más grande a la que pueda llegar la imaginación humana.
Rubén Darío decía en Los Raros, precisamente al hablar de Lautréamont que:

“...Edgar Poe y LautréamontT experimentaron la atracción de las matemáticas, que son, con la teología y la poesía los tres lados por donde puede ascenderse a lo infinito...”

Darío nos ha dejado el enunciado, pero no lo ha resuelto.

Nosotros alguna vez leímos, que un periodista le preguntó a Albert Einstein sobre Dios; el sabio podía haber dado por respuesta un número físico o matemático, la energía a la enésima potencia. O podía haber contestado un número religioso: el todopoderoso, el absoluto, el eterno. Sin embargo no lo dijo; prefirió una metáfora, que es la multiplicación absoluta de la poesía, y respondió:
 “-La luz es la sombra de dios-”.

Y así, frente a nuestros ojos, descubrimos que la ecuación de Darío quedó resuelta. Probablemente el sabio nunca supo que ha  resuelto también una ecuación poética.

La lección de los maestros

Bernardo Canal Feijóo tenía un gran conocimiento relacionado con la poesía y esto se advierte en forma palmaria a través de  sus poemas.

Carlos Alberto Artayer y quien escribe estas líneas, hablamos con el maestro en su antigua casona de 9 de julio 333 de Santiago del Estero. Canal Feijóo quería escuchar a los poetas jóvenes y esto ocurrió hace más o menos cuarenta años. Estaba presente el Dr. Mariano Paz, amigo inseparable del poeta. El Dr. “Canal” como lo llamaron siempre los santiagueños cariñosamente, volvía todos los años por varios días a su viejo Santiago.

En un momento de nuestra lectura (no recordamos quién leía en ese instante el poema) dijo, interrumpiendo.

- Ese paréntesis no está bien-.
Alargamos triunfalmente el texto para mostrarle.
- Pero doctor, no tiene ningún paréntesis.-

Y allí aprendimos la lección.

En poesía toda explicación es un paréntesis. En efecto, la mayoría de los versos explicaban, aclaraban, describían, narraban. Comprendimos que el conocimiento científico es horizontal, porque necesita explicar, demostrar. El otro conocimiento, el del arte, es vertical. Uno explica, el otro ilumina. El mundo  pragmático es frío, el arte tiene sangre. Vive.

Huidobro sostenía: “El poeta es vertical a Dios” “La poesía es un atentado celeste”. “El poeta es un pequeño dios”.

Sería, seguramente, por aquello de Homero en la Odisea: cuando la diosa se enamora de Ulises y le pide que se quede en la isla y que ella lo haría inmortal; Ulises no acepta: “mortal obstinado” y le niega la “inmortalidad”. Homero, pequeño dios, le otorga la inmortalidad a Ulises, a la diosa y a todos los dioses del Olimpo.

Hablábamos del conocimiento horizontal y vertical de la ciencia y el arte. Para la filosofía, la estética es un valor, la poesía es una parte de la estética, lo que la convierte en una simple categoría axiológica.

La poesía no es un valor y sin embargo alcanza límites superiores al valor mismo, por cuanto es gnoseología como conocimiento, y además es un ser existente, real, por lo mismo, ontológico.
Todas estas disquisiciones no son en vano; estamos desbrozando el camino para hablar de un momento importante de la poesía en el noroeste.

En  el grupo La Carpa  teorizaban sobre los movimientos de vanguardia con profunda solvencia. Estos temas son incluso inherentes a los creadores posteriores a La Carpa, principalmente los jóvenes próximos a los fines del siglo XX; entonces, no es casual cuando enuncian los escritores de La Carpa su teoría: 

La poesía tiene tres dimensiones:

“Belleza, afirmación y vaticinio”.

Resolver el enunciado nos lleva a grandes sorpresas; podemos inferir de la siguiente manera, al preguntarnos: -¿La rosa es una poesía?

1.  Tiene belleza según nuestros gustos humanos.

 2.  Tiene afirmación en el tiempo, porque precede al fruto y este, a la semilla; así hasta completar el ciclo.
3. ¿Tiene Vaticinio? No lo tiene. Esta dimensión es la que falta.

El vaticinio corresponde a los profetas, es propio del hombre sensible al futuro y entre ellos se encuentran los poetas, los vates.

Por lo tanto, la rosa no es una poesía, es un tema de poesía. El tema de la poesía es todo lo que existe y lo que no existe y lo que no existe de lo que no existe, así hasta el infinito.

  La poesía actual no ha descubierto nada nuevo. Estilo, elocuencia, elegancia, profundidad, indagación de lo insondable en el universo.

Muchos desdeñan la poesía tradicional, al igual que en su momento, muchos conservadores blasfemaban en contra de las vanguardias. La poesía tradicional se maneja con otra ecuación: podemos analizar este enunciado. La poesía es:

Forma – Contenido – Ritmo

Borges sostenía que toda poesía es “ritmo” y naturalmente toda poesía  tiene que tener “contenido”.
Los vanguardistas, creen haber terminado con la “forma”. Pensaban que el soneto, los cuartetos o los tercetos limitaban la búsqueda precisamente de ese infinito insondable.

Pero no existe contenido sin continente. Tampoco existiría ritmo en la nada, toda “forma libre” tiene forma. Tampoco los términos  “verso libre” sirven como sinónimo para designar a la poesía de vanguardia.

Ya escribían en verso libre Almafuerte (Pedro B. Palacio), Evaristo Carriego y aún antes, en Colombia, José Asunción Silva. 

La poesía de vanguardia, no ha matado la forma, lo demuestran los poetas de La Carpa de Tucumán, que escribían sonetos, romances y coplas con un lenguaje de vanguardia, al igual que Federico García Lorca y otros grandes poetas, que no se apartaron del soneto.

Algunos sostienen que, quien no puede escribir un soneto no tiene oído para la poesía, por lo tanto no tiene ritmo que es lo esencial, aún en verso libre.

En poesía la libertad es su propia existencia y también su búsqueda del “infinito”, por su multiplicación absoluta.

Cuando Jaime Dávalos dice:

soy el que canta detrás de la copla

¿Quién canta detrás de la copla si ella es la que canta?

Podemos multiplicar: detrás de la copla canta el pasado, la tierra, el dolor, y todo lo que existe y lo que no existe hacia ese “todo” o hacia esa “nada”. Cantan detrás de la copla casi todo lo que nombra el diccionario desde la  A a la Z, desde el Amor  hasta un  campo de Zarzas. Repetiremos hasta el cansancio: la metáfora es la más alta multiplicación a la que puede llegar la imaginación humana.

Y lo de Jaime Dávalos, es un verso, repetimos, un verso de una baguala, la más antigua de nuestras canciones tradicionales junto con la chaya y las vidalas.

Si preferimos la búsqueda del infinito, también en un solo verso y esta vez de vanguardia, recordemos a María Adela Agudo:

no oyes venir la memoria

¿Qué viene con la memoria? ...Todo.  Repetimos:

 La metáfora  se multiplica al infinito y  más aun  la poesía.

Llamamos metáfora a todas las figuras poéticas, que son más de doscientas, con las que se confunde principalmente a los alumnos. La metáfora las encierra prácticamente a todas: sinécdoque, alegoría, onomatopeya, paromasia, metalepsis, silepsis, zeugma, oxímoron.

Decía Octavio Paz, refiriéndose a la confusión que crean muchos profesores con un desconocimiento de los movimientos literarios.

“...El libro de Baciu se propone poner fin a las habladurías. También al negocio. Al amparo de la confusión reinante se han publicado muchas tesis doctórales, librotes y libracos sobre el surrealismo español e hispanoamericano. Esta actividad se ha convertido en una rama menor de esa industria que llamamos “crítica universitaria”. Una manera de ganar becas, viajes y cátedras. En Italia apareció hace algunos años una antología de la poesía surrealista española: ninguno de los poetas incluidos, de Larrea a Prados, fue jamás surrealista...”

La poesía, la música, la danza, el teatro y  hasta la plástica o la arquitectura son emociones, estremecimiento.

El ideal es que a los poemas se los aprenda de memoria, con este procedimiento se incorporará al espíritu, que es uno de los fines del arte.

Luis Franco, nos da también su lección, en el libro “Constelación” bajo el título de “poesía y destino” dice entre otras cosas:

“...La belleza es la primera realidad del mundo, algo que denuncia, no que encubre, la profundidad del ser, las nupcias de apariencia y existencia, o sea que la poesía es, ante todo, revelación, conocimiento..”

La belleza es un concepto cultural que responde a la estética o a los cánones estéticos de las épocas, de las geografías o de las etnias a lo largo del tiempo.

Nadie pinta porque ve un paisaje ni escribe porque se enamora. El arte es una suma a lo largo del tiempo; se intenta pintar o escribir porque se tienen algunas condiciones para ello, pero más, porque se ha visto que existe la pintura, el poema y la novela y que hay posibilidades infinitas para la creación. Además se descubren formas y se elaboran teorías a partir de concepciones, que conforman los distintos estilos.

En el arte vive un ideal de  belleza inserto o relativo a la forma, como la arquitectura de las ideas y el manejo del lenguaje. Los temas del arte pueden tratar de la muerte, del crimen, de las llagas; eso no priva que haya una concepción estética, según las ideas de Baudelaire.

Las plazas de las ciudades son trazadas con un concepto de belleza dentro del ideal humano.
La naturaleza tiene su principio;  es caótica y  su conformación  es el bosque, la selva, la montaña, el mar. No tiene canteros prolijos, calles apropiadas y árboles  que formen  filas como soldados en un desfile.

La naturaleza da vida, el clima la distribuye”, según un principio universal. El arte tiende a ser natural como la vida y, por lo mismo,  caótico en busca de su libertad.

En cambio el idioma puede seguir guardando sus leyes para seguir conservando y perfeccionando su vigencia. La poesía es la licencia del idioma, la música de las palabras, la esencia de las ideas y la segunda conciencia de los pueblos. Fuente: sgodelest.blogspot.com.ar

Artículo con la firma de Alfonso Nassif, publicado en la revista El punto y la coma.

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