El Clima en Santiago del Estero

6/12/15

La música del coyuyo dura lo que el verano y se va en otoño después de los carnavales

Por Luis Borelli


"Ya se viene el verano", dicen los vallistos cuando a mediados de octubre escuchan al primer coyuyo de la temporada. En cambio en el Chaco Salteño sostienen que él hará madurar la algarroba. Lo cierto es que en octubre, cuando el sol rigorea los campos y a los animales, el coyuyo afina su voz, cara al sol, comienza a cantar día y noche, en todo el norte. Entonces su chirrido se expande por toda la comarca como si en las copas de los árboles se hubiese instalado un gran coro polifónico. Su música dura lo que el verano y solo se interrumpe por mal tiempo. Por eso, el criollo sostiene que cuando el coyuyo silencia solo lo hace por mal tiempo. Y luego sigue con su canto hasta que, los primeros días frescos del otoño, apagarán su voz para siempre. Entonces el vallisto dice: "Ya se ha ido el verano; se va con el coyuyo y el carnaval."

ReproducciónY mientras coyuyos o cigarras cantan y se aparean, a poco las hembras mueren luego de huevear en tallos y ramas secas. Al final del verano, esos huevos caerán al suelo transformados en larvas que permanecerán bajo tierra nada menos que de 2 y 17 años.

Humorada instructivaSobre el canto del coyuyo recuerdo una humorada ilustrativa de Gustavo "Cuchi" Leguizamón, profesor de historia y literatura del Colegio Nacional. Un curioso dato de la zoología le permitió, allá por los años 60, gastar un chiste y de paso dejar una enseñanza. Era noviembre y los coyuyos ya se habían adueñado de las acacias de la Antipalúdica, muy cerca de la vereda por donde Leguizamón solía pasar rumbo al Colegio Nacional. "A ver -preguntó una calurosa mañana-, ¿cuáles son los animales más felices del mundo? Por temor al ridículo, muchos se llamaron a silencio; pero, como siempre, uno cayó en el lazo. El chango, con voz engolada y con aires de sabiondo, espetó: "Profesor, el más feliz es el hombre. Los animales son instintivos". ­Para qué!, a todo pulmón, manos en los bolsillos y desde el fondo del aula, Leguizamón respondió: "No señor. Los más felices de la tierra son los coyuyos y los sapos machos. ¿Y saben por qué? Porque sus mujeres son mudas; sapas y coyuyas no dicen ni mu", remató, al tiempo que lanzaba una estruendosa carcajada. Por supuesto, el curso entero compartió su ocurrencia pero el sabiondo seguramente estaba rogando que la tierra se lo tragara.

Pero con esa humorada, a manera de introducción, Gustavo Leguizamón comenzó, sin querer o que riendo, a dar una clase de zoología que pocos olvidaremos. Prosiguió hablando del coyuyo: "El macho es el único que hace música. ¿Y saben dónde trajina sus instrumentos musicales? A los costados del abdomen, agregó. Eso le permite a este maravilloso animalito hacer algo que muchos querrían imitar: comer y cantar al mismo tiempo. Y ahí nomás aprovechó para enriquecer su matinal perorarta con otra humorada. ¿Se imaginan ustedes al turco (Eduardo) Falú tocar la guitarra mientras se come un cupi? ­Qué maravilloso!, lamentablemente -continuó- esto es imposible para nosotros los humanos. Nunca podremos alcanzar la perfección musical del coyuyo que canta y come hasta morir junto al verano. Pero sapo y coyuyo -prosiguió explicando con entusiasmo- también son seres exquisitamente románticos; cantan por amor; para enamorar a sapas y coyuyas, con las que después tendrá sus hijitos".

Otros datosY así fue que, por aquella entretenida humorada de Leguizamón, los changos del Nacional nos enteramos esa mañana de que el coyuyo podía vivir hasta 17 años bajo tierra. Ahí permanece hasta que un buen día (ninfa) se le da por salir. Marcha hacia la superficie por un túnel que cava exprofeso y, a partir de entonces, vive entre los árboles. Allí se transforma en adulto, se alimenta con savia y canta con tanta potencia que la frecuencia de su vibración puede alcanzar, según los biólogos, los 86 Hz (86 vibraciones por segundo). También aprendimos que el coyuyo canta para atraer a las hembras; que lo hace a cualquier hora del día pero con más frecuencia e intensidad cuando amanece y a la oración (tarde); que el sonido que emite lo produce con un aparato estridulatorio ubicado a los costados del primer segmento del abdomen. Allí posee unas membranas denominadas timbales y también unos sacos de aire que son verdaderas cajas de resonancia.


Finalmente, como buen coreuta que es, el coyuyo macho puede llegar a entregar su vida en plena función. Eso les ocurre cuando, en su interior, se produce una brusca diferencia de presión sonora.
Fuente: Patio Santiagueño

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