El Clima en Santiago del Estero

8/3/13

PEDRO SAN GERMES Y EL INGENIO CONTRERAS

SEGÚN LA MEMORIA DESCRIPTIVA DE SANTIAGO DEL ESTERO
DE ALEJANDRO GANCEDO (1885) Por María Mercedes Tenti

Según Gancedo, Pedro San Germes, fue quien más tuvo cuadras de alfalfa sembradas hacia 1885, en Santiago del Estero (tres años antes recibía invernadas en su finca de Contreras). Con 100 cuadras de este forraje mantenían anualmente mil cabezas de ganado mayor.
En 1876 San Germes empezó por plantar 80 surcos de 7  varas de caña de azúcar, traída de Tucumán, con el propósito de iniciar la fabricación de azúcar en la provincia. Para el efecto, al fuerte capital con que contaba, aumentó la suma de 40,000 pesos bolivianos, resultado de la venta de un molino harinero a vapor.

San Germes era un empresario de origen francés, muy emprendedor, que había ensayado anteriormente en la provincia cultivos de tabaco y sorgo, además de fabricar harina.
El Ingenio Contreras de Pedro San Germes era imponente. El edificio de las máquinas ocupaba  una superficie de 3.737 metros cuadrados. Constaba de dos trapiches movidos a vapor, que podían moler 400.000 kilos de caña en un día. Dieciocho centrifugadoras completaban el trabajo, que llegaba a producir  más de dos mil arrobas de azúcar,  diariamente. En el Establecimiento se carneaban cinco y seis animales al día, en época de la cosecha, para más de 1000 peones.

La propiedad de San Germes se hallaba situada a 7 kilómetros al Sur de la ciudad de Santiago del Estero, su superficie era de 800 cuadras de un terreno llano y de fácil irrigación. La plantación de caña de azúcar ocupaba una extensión de más de seiscientas hectáreas. 100 cuadras de la misma propiedad estaban ocupadas por alfalfa, destinada al mantenimiento del ganado del establecimiento (vacuno, yeguarizo, mular). El resto del terreno estaba ocupado por bosques de algarrobos y quebrachos que proporcionaban la cantidad de leña suficiente y en parte la madera para carros y otros usos de carpintería que se confeccionaban en el establecimiento. Un canal de gran capacidad que partían del río Dulce conducía el agua para el riego de los cultivos.
En el centro de la plantación de caña se encontraba el edificio que contenía las máquinas para la elaboración de azúcar y aguardiente y las habitaciones para los administradores y empleados. El edificio de la maquinaria ocupaba una superficie de tres hectáreas de terreno, dividido en cuatro cuerpos. En la fachada principal había tres cuerpos de cuatrocientos metros cuadrados; uno de ellos servía de depósito, otro de taller a vapor, para refaccionar y fabricar todo lo que se necesitaba en el establecimiento y el tercero para la Dirección. A los dos costados se encontraban más de cuarenta habitaciones, ocupadas por empleados, administradores, despensa, etc.

Las máquinas y aparatos que servían para la fabricación del azúcar y aguardiente habían sido construidas en los talleres de la Compañía francesa Fives Lille. El azúcar se fabricaba en dos trapiches que extraían el jugo de 50 mil arrobas de caña cada veinticuatro horas y producían alrededor de 350,000 litros de jugo, los que daban 2500 a 3000 arrobas de azúcar. Diez defecadores recibían por medio de una bomba los jugos, a medida que los trapiches los producían.  Los jugos se vaciaban en un canal de hierro que los distribuían en 16 filtros que contenían cada uno veinte hectolitros de negro animal. A medida que salían de los filtros eran recibidos en dos aparatos que producían la evaporación. Concentrados los jugos eran nuevamente filtrados y purificados.
La última concentración y cristalización se hacía también en el vacío, por medio de dos aparatos llamados tachos al vacio, que contenían 140 hectolitros de masa concentrada y cristalizada. Otros dieciocho aparatos a fuerza centrífuga separaban los cristales de las mieles. Las mieles que se escapaban de estos aparatos volvían al tacho al vacio, para recibir un nuevo cocimiento, terminado el cual se depositan en 600 cristalizadores o bateas de hierro, donde se operaba la cristalización del azúcar de segunda clase. La cristalización del azúcar de tercera clase se efectuaba en 30 depósitos de hierro de 100 hectolitros de contenido cada uno, o sean 3000 hectolitros de depósito.
Las mieles que sobraban de estas tres operaciones, es decir, las que ya no contenían azúcar cristalizable, eran depositadas en cuatro calicantos subterráneos de una capacidad de 600 hectolitros, de las que se preparaba el aguardiente. La elaboración se hacía por medio de alambiques y rectificadores. Todos los aparatos de destilería se hallaban situados en una de las extremidades del primer cuerpo del edificio, separados de los demás aparatos para la producción del azúcar, por una pared. En este Departamento había 18 toneles, cuya capacidad era de 150 hectolitros cada uno, en los que se efectuaba la fermentación de las mieles.
Los alambiques daban, cada 24 horas, 60 hectolitros de aguardiente. Dos rectificadores  lo recibían y producían alcohol (3700 litros cada 24 horas).

El carbón de huesos o negro animal, que servía para la refinación del azúcar, se fabricaba en el mismo establecimiento. La revivificación del carbón se hacía en dos hornos -de 80 hectolitros— 16 calicantos para la fermentación y todos los demás aparatos necesarios, movidos por su correspondiente máquina a vapor.
La fuerza motriz que necesitaban las distintas operaciones de la fabricación de azúcar, aguardiente etc., estaban representada por 13 máquinas a vapor. Toda la fábrica estaba alumbrada por luz eléctrica producida por maquinaria de propiedad del establecimiento. Un teléfono ponía en comunicación la administración con la casa de San Gérmes en la ciudad.

El poder de la maquinaria no se limitaba a moler las 250 cuadras de caña que producía el establecimiento, sino que siempre se aumentaba con la de otros plantadores cercanos a quienes se les compraba la producción. La compañía contaba con 60 carros de 2 ruedas y 6 de 4 ruedas, que podían cargar juntos 4800 arrobas; 600 mulas y 200 bueyes.
La Industria, órgano del Centro Industrial de Buenos Aires, núm. 35, Setiembre de 1880, decía:
“Azúcar de Santiago: La muestra de este producto, elaborado en el Ingenio de los señores San Gérmes hermanos y que hace algunos días está expuesta en el local de nuestra asociación, remitida por el senador señor don- Gregorio Santillán, ha causado una agradable sorpresa a los inteligentes que la han examinado.

Los primeros visitantes han ocurrido, en la creencia de encontrar un artículo semejante al que ya conocemos como producto de las provincias, pero su vista arrancaba exclamaciones que hubieran causado verdadera satisfacción al industrial que la elabora. Entrando después a un examen detenido de sus condiciones, las opiniones de las numerosas personas que la han examinado. Están de acuerdo en que aun cuando no tiene el brillo de la azúcar francesa y americana, su blancura, calidad y pureza, la colocan en situación favorable para establecer una competencia ventajosa sobre ellas.
Su sabor es muy agradable y a pesar de la consistencia del pan o terrones, se presta fácilmente a la disolución, sin dejar el más mínimo residuo de impurezas o materias extrañas a su composición.
Tales son en resumen las unánimes opiniones de los visitantes que concurren allí diariamente, siendo cada uno de ellos un entusiasta propagador de las condiciones de este excelente producto, que atrae otros nuevos interesados en su examen; sería necesaria una gran producción para llenar el número de pedidos. Según el experimento que hemos hecho, calculamos que su fuerza de endulzar está en una proporción de un 20 por ciento más o menos sobre la mejor que nos viene del Exterior”.

Respecto de Pedro San Germes, Gancedo opinaba:
El industrial que nos ocupa, fue en sus primeros años pobre de dinero y hoy lo tenemos rico, en sentido moral y material. Hacia 1864/1865 pisó por vez primera el suelo argentino. Sin horizontes en su país, Francia, se dirigió a la Argentina. A su llegada se estableció en Rosario ganando un sueldo mensual de veinticinco pesos.
Luego empezó entre Córdoba, Tucumán y Santiago a hacer sus primeros negocios con éxito. Establecido en Santiago del Estero se hizo propietario del primer molino harinero a vapor que vendió luego a los señores Silva y Beltrán, y del terreno “Contreras”, el que destinó al principio para invernadas de ganado. Luego se dedicó al cultivo de la caña de azúcar y, ayudado por una ley que exoneraba de impuestos por quince años al establecimiento azucarero que se estableciera, se resolvió llevarlo a cabo, y en el año siguiente funcionaba ya con éxito.
El día de la inauguración de la maquinaria del ingenio Contreras, (1879), con la presencia de numeroso público, la banda de música y los silbatos de las máquinas a vapor, se pronunciaron notables discursos.
A principios del año 1880 Saint Gérmes practicó un ensayo del que obtuvo muy buenos resultados en la fabricación del extracto de quebracho (tanino). También fue propietario del primer molino harinero a vapor. La harina elaborada en ese molino obtuvo el primer premio en la Exposición de París y en otras. En 1878 fue vendido a Silva y Beltrán. Tenía un cómodo edificio con todas las habitaciones necesarias para los empleados, depósitos de trigo, harina y talleres de carpintería y herrería, etc.
Fuente: historiacriticammt.blogspot.com.ar

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